Victoria D’hers – Medio ambiente degradado, cuerpos contaminados

Por invitación de los que coordinan la Revista, me propuse dar cuenta de la relevancia del trabajo que desarrollo en el CONICET y en la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires. Me permito entonces, dado el marco de este escrito, relatar muy brevemente cómo llegué hasta aquí, para dar sentido cabal de las indagaciones actuales.

Desde el año  2004 dicto clases en la Carrera de Sociología, en la cátedra Ciencias Sociales y Medio Ambiente, titular Héctor Sejenovich. Cito esta fecha dado que en aquellos años no se leía tan habitualmente como ahora sobre la temática, y el ambiente no era vivido como un problema en general. Ya trabajando en la universidad, ad-honorem, inicié mi camino de investigación con becas de la UBA y luego del CONICET, y al día de hoy me desempeño como investigadora de esa misma entidad. Mis primeros pasos en la investigación me vincularon con profesionales de otras disciplinas en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, UBA. Este paso fue central para mi formación, y a la vez para comprender más cabalmente la relevancia de la mirada desde las ciencias sociales. Por una parte, trabajar con biólogos y arquitectos me permitió aprender el uso de varias herramientas informáticas para elaborar mapas y caracterizar desde el trabajo en escritorio a los basurales a cielo abierto, usando imágenes satelitales y aplicando estadísticas  socio-demográficas a dichos mapas. Este trabajo nos permitía seleccionar los basurales ocupados por asentamientos y de ellos, identificar los que presentaban las condiciones de mayor precariedad para poder aplicar estudios de campo y analizar la contaminación ambiental originada en la presencia de residuos no controlados. Por otra parte, en ese ámbito, la mirada que prevalecía era que el rol de los cientistas sociales se vinculaba exclusivamente a aplicar encuestas relativas a la presencia o ausencia de enfermedades ligadas la contaminación ambiental. Al acercarnos al “trabajo en terreno”, a la realidad de dichos espacios mapeados y caracterizados estadísticamente, fue que pudimos comenzar a hacer las preguntas adecuadas para comprender algo más de lo que aparentemente sucedía.

Frente a la idea de que la población no sabía dónde estaban asentados, no conocían que sus barrios estaban sobre terrenos que fueron basurales, rellenados sin control alguno, cada entrevista mostraba que esto no era así. Más aún, el saber la historia de dichos terrenos, el hecho de haberla vivido, los dotaba de otro valor dentro de la trayectoria habitacional de cada entrevistado. Consecuentemente, a la pregunta sobre la contaminación, y la idea de un “no saber”, si bien podían desconocer los efectos concretos de la presencia de metales pesados en sus cuerpos, la frase que prevalecía (en tonos jocosos, incluso), era “nosotros estamos contaminados”.

Entonces, luego de mucho trabajo, el punto de inicio de la investigación vigente son las conclusiones previas referentes a la invisibilización/silenciamiento de las relaciones con el ambiente en condiciones de habitabilidad precaria, vinculado con la necesidad, y percepción de tener una casa propia. A lo largo de años de indagación sostenida, y en cruce con trabajos en grupos de estudio e investigación, se visibilizó la operación que denominamos acostumbramiento como parte de los mecanismos de soportabilidad social,[1] concretándose en la construcción de las expectativas en directa relación con las posibilidades objetivas.[2] A partir de allí, se avanzó en la aplicación de estrategias expresivas de indagación para reconstruir colectivamente la historia de los asentamientos, haciendo explícitas las sensibilidades ligadas a dicho espacio físico y social, “hechas cuerpo” a lo largo de los años. Partiendo del hecho de que nada, ni gestos ni sensaciones pueden ser considerados como algo natural o a-social,[3] asumimos que en este proceso de construcción social de las sensibilidades podemos observar el funcionamiento de mecanismos de soportabilidad social. Éstos se estructuran alrededor de un conjunto de prácticas hechas cuerpo que se orientan a la evitación sistemática del conflicto social, con procesos de desplazamiento de las consecuencias de los antagonismos, que se presentan como escenarios especulares y desanclados de un espacio-tiempo: la vida social “se-hace” como un-siempre-así.

Dichos escenarios conforman cierta estructuración del poder, una política de los cuerpos; es decir, las estrategias que una sociedad acepta para dar respuesta a la disponibilidad social de los individuos. De este modo, el objetivo general de la investigación vigente es comprender las relaciones entre percepción, sensibilidad y contaminación ambiental en sus conexiones con las formas de construcción social de las sensibilidades, en condiciones de habitabilidad precaria. La perspectiva propuesta profundiza en la percepción en su vinculación con la línea de trabajo desde Sociología de los Cuerpos y las Emociones, es decir, en tanto parte de la configuración de las sensibilidades sociales y cierta política de los cuerpos. Se delimitan sus vinculaciones con la sensibilidad, dentro de la investigación de más largo alcance de procesos de configuración de cierto habitus de clase, en la forma de esquemas de percepción y acción. Luego, se establecen las relaciones de la citada percepción con la construcción de la espacialidad.

Finalmente, cabe destacar que luego de un largo recorrido donde se vienen poniendo en cuestión las prenociones y sentidos comunes (tanto lego como académico), es que es posible vincular la configuración de las sensibilidades sociales en ámbitos contaminados, con cierta política de los cuerpos, y sistemático acostumbramiento a condiciones de habitabilidad precaria. Buscando comprender no sólo por qué es que se forman barrios sobre terrenos no aptos para la vivienda, sino cómo es que esto es posible, y más aún para muchos habitantes de nuestro país deseado en tanto significa no alquilar casas en villas (signadas por la estigmatización social), no vivir en espacios sujetos a condiciones de violencia creciente, y percibir una mejora en su trayectoria habitacional. Comprender que esto es parte de una forma de dominación social resulta vital para cualquier sociedad que se llame a sí misma democrática.-

Referencias bibiliográficas:

D’hers, Victoria (2011). Configuraciones de las sensibilidades y Soportabilidad social en hábitats precarios. Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires (2007-2011). Tesis Doctoral para optar por Título de Doctor en Cs Sociales, UBA. Mimeo.

Le Breton, David (2002). Sociología del cuerpo. Buenos Aires: Nueva Visión.

Scribano, Adrián -comp.- (2007). Mapeando Interiores. Cuerpo, Conflicto y Sensaciones. Córdoba: Jorge Sarmiento Editor.

 

[1] “…Es posible intuir que la expansión imperial puede ser caracterizada como: un aparato extractivo de aire, agua, tierra y energía; la producción y manejo de dispositivos de regulación de las sensaciones y los mecanismos de soportabilidad social y; una máquina militar represiva.” (Scribano, 2007: 119). Dichos mecanismos funcionan junto con los dispositivos de regulación de las sensaciones, procesos de selección, clasificación y elaboración de las percepciones socialmente determinadas y distribuidas. La regulación implica la tensión entre sentidos, percepción y sentimientos que organizan las especiales maneras de “apreciarse-en-el-mundo” que las clases y los sujetos poseen. Así, los mecanismos de soportabilidad social no actúan ni directa ni explícitamente como “intento de control”, ni “profundamente” como procesos de persuasión focal y puntual. Operan “casi-desapercibidamente” en la porosidad de la costumbre, en los entramados del sentido común, en las construcciones de las sensaciones que parecen lo más “íntimo” y “único” que todo individuo posee (véase D’hers, 2011: 15).

[2] Brevemente, se naturaliza la contaminación circundante, se valoran fuertemente los logros en la construcción de la propia casa insistiendo en la presencia de basura por debajo, y en el pasado, literalmente tapada por el propio esfuerzo y sufrimiento. Véase D’hers 2011.

[3] En palabras de Marcel Mauss, “No solamente el llanto, sino que todo tipo de expresión oral de los sentimientos, no son esencialmente un fenómeno exclusivamente psicológico o fisiológico, sino fenómenos sociales, marcados eminentemente con el signo de la falta de espontaneidad y de la más perfecta obligación” (en el artículo “La expresión obligatoria de los sentimientos, Revista de Psicología, 1921, publicado en Ensayos de Sociología, ed. Minuit, Paris, 1968, tomado de Le Breton, 2002: 54).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *