Venezuela y el Socialismo del Siglo XXI: Realidad o apariencia, por Humberto Rojas Danglade

Hay que comprender la realidad como es y no como aparece.

Carlos Marx

 

 

Lo que se expresa con la actual crisis económica en Venezuela, al lograr identificar la causa de la misma, es el agotamiento del modelo de crecimiento y distribución apalancado en el petróleo (nuestra ventaja comparativa), su industria petrolera con sus productos derivados y establecido históricamente sobre los ingresos extraordinarios obtenido de la Renta Petrolera (su base material). Al achicarse las entradas de divisas, a consecuencia de la disminución de la venta de los diversos bienes y servicios petroleros, aparece un aspecto de la crisis que estaba sumergida bajo la bonanza y el dispendio, por lo que nos permite ver, al desnudo y expuesto, la brutal disputa que existe, en los últimos años, entre las dirigencias política (gubernamental) y la económica dominante (la burguesa y la trasnacional -automotrices, farmacéuticas, las dedicadas a la rama de la alimentación, que al elaborar sus productos, corrijo, más bien ensamblar en nuestro país, obtienen una rentabilidad superior, como promedio, a la ganancia media internacional- succionando de ésta manera las divisas que antes habían entregado desde las metrópolis) pugnando en la actualidad por la apropiación de residuos (sobrantes) de la renta, en donde el pueblo trabajador, al no ser actor protagonista, por no tener estructura, tradición y tejido organizativo sólido para defender  sus intereses de clase, queda a merced de las intenciones y dadivas que arrojen los despojos de aquella confrontación.

 

Como se pueden dar cuenta, el problema de fondo en Venezuela, no es únicamente el mal manejo de la economía, la ineficiencia, desbalance fiscal o el modelo gatopardiano capitalista. Si fuese así, estaríamos tan solo ante un problema de eficiencia, de gerencia o paradigma cultural de moda, y aunque algo de eso hubo y hay, no nos podemos quedar ahí, sería reproducir, una vez más, una argumentación superficial, coyuntural y por elemental, insuficiente… sería quedarnos en el madurísimo, chavismo, los 40 años de la cuarta República, el perijemenismo, o en el gomecismo. Venezuela se ha quedado, a través del tiempo, como un país donde convive una gran industria petrolera, generadora de grandes ingresos rentísticos con una estructura económica no petrolera hueca.

 

Tenemos que trascender lo aparente, porque una cosa es lo que se percibe en la superficie y otra es lo que sucede en el fondo de las profundidades. Buscar explicaciones sólidas, rigurosas, científicas, hurgar con agudeza en lo oculto y desmontar con paciencia las distintas manifestaciones y marañas de intereses, que no permiten ver la realidad con claridad, con objetividad, para encontrar las causas, la raíz de la crisis, su reiteración en el tiempo y así poder transformar la estructura y cimiento de la misma.

 

En nuestro país hay varios aspectos particulares de la economía venezolana que son necesarios ahondar. De lo externo, cómo se presenta internamente el capital internacional (global) en su insaciable dinámica de acumulación de capital en los linderos de nuestro territorio (no hay que olvidar que el capital es mundial por su contenido, como por su expansión y nacional por su forma). El papel asignado al país (una especie sutil de determinismo histórico, pero poderoso y arbitrario dogal de acero, especie de  mecanismo de encadenamiento económico totalitario) como proveedor seguro de materia prima (energía barata) del espacio con las principales reservas de petróleo del mundo, en la constituida División Internacional del Trabajo, (estructura de exportación) es decir, una dependencia articulada, abierta y absoluta al orden capitalista mundial, por lo que lo especifico de la economía venezolana hay que buscarlo en cómo se manifiesta en el ámbito nacional el proceso global de acumulación del capital, ya que una de las particularidades del proceso de acumulación del capital en Venezuela tiene en la desvalorización del bolívar como una forma concreta de realizarse. El Modo de Producción imperante en Venezuela es capitalista. La economía capitalista en Venezuela funciona con base a la captura de la Renta Petrolera. La lógica del capital es mundial, el plusvalor obtenido (su realización) se concreta en cada nación y se apropia en la circulación mundial, en donde nuestro país es parte de ese engranaje.

 

De lo interno, la incapacidad de análisis para indagar las causas domésticas de reproducción cíclica de la crisis. ¿Cuál es el contenido y expresión concreta de las políticas económicas oficiales más allá de la forma de presentarla? Y lo otro ¿Cómo manifestamos, cómo realizamos en la práctica diaria, cotidiana nuestra manera de entender el socialismo?

 

Venezuela no es un país quebrado. Si utilizamos, de forma elástica pero didáctica, la imagen contable de una empresa, tenemos sus activos, pasivos y patrimonio. Si sus activos son superiores a los pasivos, el patrimonio de la empresa es sólido. Venezuela tiene activos (recursos naturales con condiciones difícilmente  reproducibles en otros países) superiores a sus pasivos (deudas, obligaciones), por lo tanto, no está ¨técnicamente¨ quebrada, pero en la actualidad tiene un tremendo y grave problema de liquidez. Para ser más preciso, en la actualidad, Venezuela tiene las Reservas Internacionales más bajas de los últimos 20 años, se estiman en unos 9 mil millones de dólares, de los cuales, tan solo 3 mil millones son operativos (corrientes o líquidos). ¿Cuál es el significado de esto? Que nuestros egresos (adquisiciones y gastos) son superiores a nuestros ingresos (divisas y financiamiento) y cuando el desbalance es pronunciado, como en el caso nuestro, las cuentas de un país se descuadran y la economía tiende a graves desequilibrios logrando, por lo tanto, que muchos sectores del mismo colapsen.

 

En esencia, más allá de la retórica, hay que comprender la dinámica real de las relaciones de producción capitalista en nuestro país. ¿Cuál es el Proyecto Económico de la Revolución Bolivariana (Chavismo)?: Forzar la acumulación del capital nacional desde la fuerza económica y política del Estado, convenciendo a la burguesía nacional, o por lo menos, a sectores importante de ésta, de abandonar su histórico parasitismo y volverse ¨productiva y nacionalista¨; promover nuevos actores económicos. El Estado, dada su particular fuerza económica, sería el articulador, transfiriendo la renta pública a una hipotética burguesía ¨nacionalista y productiva¨, asociando a éste desarrollo capitales transnacionales amigos… así sería la ¨siembra del petróleo¨. Esa fue y es la apuesta del proceso bolivariano, por eso se insiste e insiste, a pesar de lo exiguos resultados, con ésta política.

 

Lo primero que tenemos que caracterizar es cuál es el modo de producción imperante en Venezuela y si ya, a ésta altura de lo que hemos revisado tenemos claro que es capitalista, nuestro análisis debe corresponder a ésta caracterización.

 

Dentro de esta determinación un elemento importante es la sobrevaluación del bolívar, con su contraparte, el abaratamiento del dólar; esto parece contradictorio, pero es históricamente, el principal mecanismo utilizado para la apropiación de la renta, tanto por los factores internos como los externos. La manera concreta de explicar la misma, es que el que se dedica a la exportación (vender) recibe menos en moneda local por cada dólar de producto exportado, mientras el que compra dólares los consigue barato para importar (adquirir) diversos productos. Todo un mecanismo de transferencia que permite la apropiación legal de la renta por parte del sector no petrolero, en otras palabras, no hay incentivo para producir y exportar, sino todo lo contrario. De esa manera, las necesidades del país se resolvían a fuerza de importaciones masivas, a pesar de que en ese mismo periodo se quintuplicó la importación de maquinaria y equipos industriales (bienes de capital) con una aparente política de producción nacional. Pero la realidad es la siguiente: las importaciones en el año 2003 fueron de 14 mil millones de dólares, en el año 2012 fue de 80 mil millones de dólares.

 

Paralelamente, desde décadas atrás, las multinacionales se aprovecharon de la política de ¨industrialización por sustitución de importaciones¨, gracias a dichas políticas de protección y estímulo industrial, también pudieron apropiarse de la renta, para acumular una excedencia igual o superior a la de sus casas matrices, pero trayendo como contraparte y tarjeta de presentación, el espejito de una tecnología ya obsoleta. Esto por el lado tradicional y ¨legal¨, pero hay otro ¨tranco¨, ´grueso´ y peludo¨ vinculado a todo lo relacionado con las importaciones fraudulentas, expediente denunciado por la Presidenta del Banco Central de Venezuela, Edmee Betancourt, el cual le costó el cargo. Este es una especie de iceberg, es más lo que no se ve que lo que ha sido expuesto y necesitaría investigar y penetrar en el tema de la corrupción, un contenido vinculado a lo tratado, pero trama para otro artículo.

 

La novedad del proceso bolivariano, en particular y muchos de los progresismos de América Latina es que expandió el gasto público, en términos absoluto, beneficiando a los sectores populares a través del gasto social, abaratando (subsidios) bienes y servicios (expansión del consumo) como símbolo cabal e íntegro de su compromiso de saldar la inmensa deuda social. Como ejemplo tenemos que en Venezuela Chávez comenzó a saldar ese pasivo histórico: mejoró la salud (bajó la mortalidad infantil, amplió dramáticamente la cobertura primaria con Barrio Adentro, se mejoró la cobertura por maternidad); la educación (bajó a niveles mínimos el analfabetismo, se incrementó exponencialmente la matrícula universitaria); creció la asistencia social directa a los más pobres; se dio comienzo a la construcción masivas de apartamentos y casas a través del sistema Gran Misión Vivienda Venezuela, primero a un millón y luego a dos millones de familias. Estos para mencionar algunos de sus más destacados logros. Mientras las materias primas (commodities) se mantuvieron en alza esas políticas se desarrollaron, pero tras la caída de los precios de las mismas, cambiaron las políticas económicas.

Nuestro problema económico estructural y endémico es que vendemos nuestras materias primas sin transformarlas prácticamente, es decir, no tenemos manufactura exportable, no  desarrollamos nuestro valor agregado; la crisis se debe en lo fundamental a nuestra incapacidad por producir valores de usos que satisfagan las necesidades de la población. De la política expansivas se pasa a la austeridad y de éstas a los ajustes, las políticas sociales (servicios públicos) se ven afectadas en proporciones parecidas o mayores. Se acabó la conciliación social entre la rentabilidad del capital y los aumentos salariales. Cuando la renta cayó, el ingreso fue reemplazado con deuda externa y rebajas salariale. La ¨torta¨ a repartir es pasado y lo que se dosifica hoy al pueblo trabajador es ´bagazo¨, ¨pellejo¨ de aquello… muchas veces tenemos ese empeño  que no permite ver más que un único aspecto de la realidad, pero ya las contradicciones afloran por doquier, veamos los siguientes ejemplos:

Hay sectores capitalistas que atacan el signo monetario venezolano, manejan una cotización paralela al cambio oficial del dólar, y con ella un sistema de precios que ahoga al trabajador y al pueblo (disputándole el mercado a dólar today han aparecido varios cotizadores de precios de divisas), pero el Estado venezolano sigue asignando dólares a grandes sectores corporativos privados que tienen intereses ocultos en esos mercados ilegales y obligan de hecho, en la práctica cotidiana del país, a ojos vista de todo, a que el país asuma su política cambiaria y monetaria.

El gobierno dice que combate a las  mafias que mercadean (bachaqueros) y contrabandean alimentos y los billetes del cono monetario venezolano, otra vez el Gobierno financia a viejos y nuevos capitalistas, espera que se beneficien pero que se porten bien, que no vendan lo que producen con el financiamiento del Estado a tramposos que comercian y se lucran en las fronteras. El Gobierno ha financiado a los empresarios capitalistas con divisas ¨duras¨ (ejemplo, el dólar preferencial) a través de los sistemas Dipro (Divisas Protegidas), Dicom (Divisas Complementarias) y Simadi (Sistema Marginal de Divisas)

El Gobierno aduce que la inflación (no habla de hiperinflación) es inducida y es producida por factores externos a su responsabilidad, pero técnicamente la hiperinflación no es solo un problema especulativo, hay múltiples factores que lo producen y convergen en él, entre los que podemos señalar están  el financiamiento de los enormes déficits públicos por el BCV a través de la creación masiva de dinero inorgánico (sin respaldo) lo cual se ha traducido en una expansión desmedida de la oferta monetaria, al mismo tiempo hay una escasez crónica de bienes y servicios, es decir, hay más recursos (instrumentos) monetarios, pero cada vez menos bienes y servicios, debido a que las empresas públicas no producen de acuerdo a las expectativas creadas por el mismo Estado y las privadas, sus precios se establecen en base a los costos esperados de reposición, los cuales, a su vez, dependen en gran medida del encarecimiento previsto de la divisa, por lo que se traduce en una espiral expansiva de precios. Además, esta disminuida oferta interna, no ha podido ser compensada con importaciones por la escasez de divisas existente, producto de los mermados ingresos petroleros (que por cierto, para mayor calamidad, ha venido reduciendo paulatinamente el nivel de barriles producidos) y por los elevados compromisos de pago de deuda pública externa, más los recursos desviados por los canales de la corrupción.

 

Veamos la variación del dólar paralelo:

01-12-2014                159,02

01-12-2015                982,45

01-12-2016             4.609,37

01-12-2017         103.024,27

12-03-2018         216.164,25

09-04-2018        362.831,54

08-05-2018        661.824,52

Estos valores nos demuestran claramente la degradación del valor a ha llegado el signo monetario venezolano.

 

Dos elementos claves a tomar en cuenta en las actuales circunstancias:

 

1)    El capitalismo imperante se encuentra en una etapa crítica del ciclo de la globalización neoliberal, en un periodo de búsqueda de amplio beneficios, tratando de mitigar o evitar la disminución de su tasa general de ganancias, es decir, ocultar la crisis de rentabilidad de la economía real a través de medidas especulativas (burbujas financieras), produciendo nuevas contradicciones en el interior de sus sociedades y rea-lineamiento entre la vieja y nuevas potencias capitalistas: Estados Unidos, Europa, Japón vs los miembros del BRICS. Multiplicando y ampliando el descontento social por el profundo deterioro que han ocasionado en las condiciones laborales y de vida de la clase trabajadora, ahora bien, si no lo consigue, su opción histórica ha sido la guerra, de ahí lo peligroso del momento presente por el que atraviesa la humanidad entera.

 

2)    Al caracterizar el proceso bolivariano hay que decir que históricamente su curso ha sido básicamente nacionalista, con una visión continental, con fuertes rasgos anti-imperialista, anti-neoliberal y humanista, con políticas populistas, asistencialista y clientelar, pero no es un proceso, en la actualidad, de naturaleza socialista, aunque se proclamen así. Es decir, el chavismo realmente no ha tratado de cambiar estructuralmente el Modo de Producción y las Relaciones Sociales que contiene en su sustancia el orden económico capitalista. A lo más que ha llegado es a un capitalismo de Estado, por el específico y peculiar perfil del Estado venezolano: a lo interno, distribuidor entre las clases sociales de la Renta Petrolera y a lo externo, como economía periférica, proveedor seguro, como hemos mencionado anteriormente, proveedor seguro de energía, en su rol mono-productor de materia prima (modelo de desarrollo extractivo) al orden internacional establecido, con baja generación de valor agregado, para sí ensamblar con su otro rol, el de importador de toda clase de productos y de esa manera exportar, como en una especie de ¨rueda¨ inversa, las divisas que ingresaron por las ventas de petróleo.

 

Y es tan así, que luego de 20 años del proceso bolivariano el 97 % de las divisas que ingresan al país es por exportación de petróleo, también podríamos decirlo de esta manera, que desde el siglo pasado cuando comenzó la explotación petrolera hasta el presente, los que han dirigido la patria han  hablado toneladas de gamelote” e implementado “contenedores” de planes, pero el resultado final es que por cada 100 dólares que entran a nuestro territorio, apenas  3 proceden de la tan mencionada  sustitución de importaciones (meta objetivo). El mecanismo de acumulación originaria del capital, en nuestro caso, ni siquiera ha desarrollado a una burguesía nacional con sentido de espacio territorial y del aprovechamiento de las ventajas comparativas que da el país.

 

El crecimiento vegetativo de la población en Venezuela es de 2.5%  anual por lo que el crecimiento económico debería estar alrededor del 5%. En resumen, no hemos construido un aparato productivo distinto al petróleo.

 

Por supuesto, la oposición y el imperialismo están jugando su papel de sabotaje, sería ingenuo pensar, suponer que no lo hacen. Pero adicionalmente a ese cuadro, tenemos un cáncer en el fondo en nuestra economía: la debilidad de un aparato productivo no sostenido y diversificado, de ahí la necesidad de importar prácticamente cualquier rubro que esté ubicada en la dispensa de nuestras carencias, el desabastecimiento, el  acaparamiento, la escasez, la especulación, la inflación, la devaluación, la insuficiencia de dólares en el mercado que garanticen las importaciones y el pago del servicio de la deuda, la reducción de las reservas internacionales; el financiamiento externo, con las sanciones, está prácticamente cerrado. La población paga un impuesto regresivo como el IVA el cual pecha con 12% en cada compra, en fin, estamos ante la dramática y progresiva pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores y a esto se le añade la corrupción, la inseguridad, los apagones, el deterioro de las Misiones y de los servicios y entre ellos destaca el transporte público.

Un elemento a destacar: dejamos de producir para importar, con el agravante de que los alimentos  a nivel mundial se hacen cada vez más caro porque el capital financiero lo está convirtiendo en commodities, en  refugios para sus inversiones especulativas internacionales.

 

Otro elemento que no debe de pasar por debajo de la mesa, es que a pesar de los grandes esfuerzos que se han realizado en los últimos 20 años por la redistribución de la renta petrolera y así mejorar la calidad de vida del venezolano, seguimos “encajados” en el Modo de Producción Capitalista. En realidad, éste ha sido un proceso anti neoliberal pero no anti capitalista, y aquí resalta el problema de la gestión pública. Es incoherente, contradictorio la falta de continuidad de  políticas públicas de mediano y largo plazo en los distintos ministerios, cada vez que llega un ministro nuevo, la alteración que se realiza son de la magnitud de un cambio de Gobierno, eso por un lado, por otro y es lo categórico ¿Por qué no se ha promovido, fomentado la Democracia Participativa en donde los trabajadores, como columna vertebral de un proceso socialista, asuman la gestión pública en cada una de las instancia del Estado?

 

Preguntas ¿Si estamos ante o en una “guerra económica “quiénes son los responsables de las “empresas de maletín” y los funcionarios vinculados al defalco de 24.000 millones de dólares ($ 24.000.000.000,00)? ¿Qué estamos esperando para meterlos presos? Este ha sido un año complicado, construir el socialismo no es “soplar y hacer botella”, ni “pelar mandarina” y la historia no los demuestra. Ahí están las experiencias de Rusia y la Unión Soviética (más de 70 años fogueando el cambio; toda una escuela para exprimir lecciones a borbotones, “puro lomito” para ser escrutado y examinado desde el principio al final: La Preparación de la Insurrección. Todo el Poder a los Soviets. La Primera Constitución socialista de la Historia. La Participación Masiva de los Obreros, Soldados, Campesinos y Mujeres. La Formación de la URSS. La Guerra Civil. El Comunismo de Guerra. La Nueva Política Económica, NEP. El Debate Sobre la Industrialización. El Conflicto Interno entre los Líderes Históricos. El Estalinismo. La Segunda Guerra Mundial. Su desarrollo y logros para llegar a ser la Segunda Potencia Mundial. La Guerra Fría. Prioridad de la Industria Pesada sobre la Industria ligera. La Implosión Soviética). La experiencia China. La experiencia cubana. La experiencia vietnamita, La experiencia chilena, todas trataron o tratan de construir el socialismo. Con todo ese legado histórico, la reflexión, la investigación, el estudio son necesarios e indispensables.

 

Ahora bien, estamos en Venezuela, año 2018 en un proceso auto-llamado socialista por la dirigencia del PSUV. Prácticamente rodeado por sus cuatros costados, llenos de errores, pero también vilipendiado, pero todavía palpitamos por una sociedad mejor… ¿Pero qué es El Socialismo hoy? Teóricamente: es la organización de la sociedad por parte de los trabajadores, es decir, El Trabajo Sobre el Capital. Cambiar integralmente las Relaciones Sociales de Producción. Asumir los Medios de Producción.  Pero, no solamente es eso, implica: democracia, participación, desarrollar la dialéctica entre dirección y horizontalidad, resoluciones abiertas de las contradicciones. Todas, entre otras, condiciones necesarias e indispensables para edificar unas relaciones económicas estructuralmente distintas y superiores a la sociedad capitalista. Más allá de la oposición que ofrezcan los capitalistas y sería iluso pensar que no lo harán, está la construcción de esas distintas Relaciones Sociales de Producción todos los días, todas las horas, todos los minutos, hasta convertirla en cultura.

 

El trabajador está acostumbrado a operar la empresa y no a dirigirla, por lo que hay que apropiarse el siguiente paso: la Gestión. Tenemos que aprender a formular y elaborar proyectos, a planificar, al uso práctico y regular de la táctica y estrategia, a organizar, a ejecutar, a evaluar, al seguimiento de los mismos, a registrar cada una de las actividades, máxima atención y comprensión al proceso, al camino y por supuesto, a los resultados; a discutir, a “escuchar dos veces y hablar una vez”, ejercer la contraloría, a manejar los datos e indicadores económicos y estados financieros, a prever, a invertir, a examinar y escudriñar en la estructura de costo, al empleo de la contabilidad y la administración, a decidir entre los intereses individuales y colectivos de la empresa y a su vez, de ésta con la sociedad, a superar la fragmentación histórica del trabajador y tener la percepción, pericia e inteligencia de saberse parte articulada de un todo, en fin, un Modo de Producción en donde el trabajador administre y opere las empresas de toda la sociedad con conciencia, visión y responsabilidad. Inclusive hay más, el trabajador tiene que desarrollar las Fuerzas Productivas y en la actualidad estamos inmersos en la Tercera Revolución Industrial (micro-electrónica, informática, automatización, nano-tecnología y una variedad infinita de posibilidades) lo que requiere de trabajadores cada vez más calificado, cada vez más científico, cada vez más colectivo, con contenido de no establecerse limite a su conocimiento.

 

Una de las claves fundamentales del socialismo es la justicia, por lo que la distribución es vertebral a su naturaleza y razón de ser. Ahora bien, si no producimos y generamos los bienes y servicios necesarios para que la población satisfaga las demandas inherentes a su crecimiento natural, que vamos a distribuir, ahí se comienza a vulnerar su carácter de sociedad superior a la capitalista. La médula y salida a éste antiguo y vetusto problema está en la democratización de la economía, es decir, el pueblo ejerciendo, ejecutando la economía, no una economía para el pueblo sino una economía del pueblo y ese es un cambio colosal, gigantesco, titánico, prácticamente será pasar de la pre-historia a la historia de la humanidad. Las crónicas mundiales han demostrado que los revolucionarios sabemos tomar el poder, pero hasta ahora, nuestro “talón de Aquiles” ha sido la economía, aquí en Venezuela y en el resto del mundo.

 

El desplome del poder adquisitivo del trabajador (los bienes y servicios que puedan ser adquiridos por el) en la actualidad arroja una diferencia tan significativa que se convierte en brecha (imagen de una tijera abierta) entre la valorización del salario y la hiperinflación, es decir, pierde prácticamente toda su capacidad adquisitiva. Y aquí se da la paradoja de la apariencia: cobra más (ingreso nominal) pero la masa de dinero que tiene no le alcanzará para obtener los bienes y servicios que disponía anteriormente (ingresos real), lo que se traduce en una realidad dolorosa: hoy somos más pobres. Si el aumento de los ingresos de los trabajadores y jubilados es inferior a la hiperinflación, se produce (se causa) la pérdida del valor adquisitivo, en otras palabras, hay un desbalance notorio en la relación entre los ingresos y los egresos de los trabajadores. Se están licuando, vaciando los salarios, prestaciones sociales y ahorros de los trabajadores venezolanos. Hay una caída diaria, real y dramática en la capacidad de compra de los trabajadores. Ésta parece ser una de las razones (el avestruz escondiendo la cabeza) del por qué el BCV (Banco Central de Venezuela) ha dejado de publicar el I.P.C. (Índice del Precio al Consumidor).

 

En estas condiciones, hay una redistribución de las riquezas del Trabajo hacia el Capital (sobre todo, hacia el sector que tiene sus activos financieros en divisas internacionales). Los pasajes del transporte público han subido tanto que han colocados a los trabajadores, que perciben ingresos mínimos, en la disyuntiva de ir al trabajo o quedarse en su casa y si vamos a los remedios, nos terminamos de enfermar definitivamente.

 

Hay que luchar por el cambio de la política económica actual. Hay que desnudar dicha política y combatirla. El Gobierno no puede seguir implementando las mismas medidas económicas que ya han fracasado y que colocan el peso de la crisis sobre la espalda de los trabajadores. ¡Los trabajadores tenemos que organizarnos! ¡Los trabajadores tenemos que luchar por nuestros derechos! ¡Los trabajadores tenemos que luchar por la sociedad socialista!

 

El Gobierno busca desesperadamente tiempo, pero la crisis se agrava cada día, sobre todo en las esferas alimentaria y salud. Durante años se viene implementando una política económica ficticia, “hueca”, más presuntuosa que real. El malestar crece y estos problemas fundamentales, vitales siguen sin resolverse. Se hace necesario no caer en el “chantaje” del Gobierno de que cualquier crítica que se realice favorece a la oposición o al imperialismo, y bajo el concepto de “lealtad”, envuelve y políticamente manipula para contrarrestar el descontento. Se hace ineludible, imprescindible cambiar el rumbo de las políticas actuales, que están en dirección contrarias a los intereses de los trabajadores, es decir, el Gobierno debe dejar de estar “administrando“ al capitalismo criollo. Las políticas económicas actuales no funcionan, es un modelo económico inviable. La base material productiva del país está colapsada. Hay que presionar y exigirle al Gobierno el cambio de las políticas económicas. Salida revolucionaria a la crisis estructural del capitalismo dependiente y rentista de Venezuela, no más concesiones y estímulos  como créditos blandos, subsidios, condonación de deudas, exoneraciones de impuestos, políticas fiscales regresivas, Mesas de Negociaciones, precios acordados, dólares preferenciales en su proceso de acumulación de capital, por lo que tenemos que ver la situación en forma integral y no de manera fraccionada. Hay que enfrentar éste complejo desafío en paralelo y simultáneamente, con dos frentes históricos a resolver: a.- El imperialismo con su enorme y terrible maquinaria y con una correlación de fuerza internacional actual desfavorable a nuestro país, b.- La necesaria confrontación de clase como elemento definitorio en la determinación por la orientación y dirección del proceso revolucionario. El Gobierno, con sus distintas anuencias con el capital nacional, se ha venido desdibujando, o para ser más preciso, se ha venido derechizando en su afán por mantener el equilibrio entre clases e intereses antagónicos. Uno no se puede perder en la travesía, por más intrincada y enmarañada que sea(n) la(s) tormenta(s), si tienes claro el norte, pero aprobando legislaciones para atraer a la inversión extranjera como la Ley de Promoción y Protección a las Inversiones Extranjeras, espacios como el Arco Minero o las Zonas Económicas Especiales, definen la bifurcación del camino.

 

Las políticas económicas actuales no funcionan, es un modelo económico inviable para los trabajadores, su consecuencia, entre otros males, es la hiperinflación, la pérdida de la capacidad adquisitiva y la subsistencia para la población en general. La base material productiva del país está colapsada.

 

Hay que presionar y exigirle al Gobierno el cambio de la política económica. Salida revolucionaria y popular, enfrentar científicamente la crisis estructural del capitalismo dependiente en Venezuela, apoyándose en la capacidad y potencialidad de los trabajadores para la transformación del país. Hay que cambiar la forma y el fondo de cómo está organizado el tejido social en la vida económica de la nación, por uno donde el trabajador (obreros, campesinos, técnicos, profesionales) sea el que lidere la estructura productiva venezolana.

 

Notas:

* Economista, director del Centro Interdisciplinario de Investigación, Formación y Documentación de la Economía Cooperativa, Social y Pública (CIRIEC, Universidad de Los Andes, Venezuela).

 

 

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