Venezuela acosada y sin socialismo, por Fernando Hugo Azcurra

Hacer referencia a la situación socio-económica de Venezuela puede parecer ocioso al lector informado, pues los datos de la degradación económica y social de su población por una economía en continuo desmoronamiento la vuelven irrelevante. Es cierto, pero sin embargo hay que subrayar siempre la causa principal de tamaña descomposición: las acciones ofensivas del Imperialismo; de esa burguesía financiera, beligerante de los EE.UU. y de sus aliados europeos con no menos responsabilidad en sus actos delictivos.

El avance de los procesos político-sociales, el deterioro del Estado de bienestar en Europa a partir de los años ’80 y la nueva etapa de un capitalismo financiero dominado por los grandes “holdings” vuelven imperativo afirmar sin rodeos que  las burguesías capitalistas han llegado a un estado de sus intereses que no quieren saber nada de reformismo, distribucionismo, chavismo, populismo, progresismo. Y es forzoso reparar en que no se habla de “socialismo” o de “comunismo”, sencillamente se oponen a la más leve modificación del status económico y social establecido. Modificaciones que en todos los casos que se pusieron en práctica en América Latina como movimientos y gobiernos “progresistas” (kirchnerismo- Argentina; lulismo-Brasil; correísmo-Ecuador; morales-Bolivia; chavismo-Venezuela) no tocaban la estructura fundamental de la explotación del trabajo por el capital, por lo tanto la persistencia del trabajo asalariado y de la apropiación de la riqueza generada por millones de trabajadores  para los pocos miles de propietarios. Como nunca antes en la historia de la lucha de clases queda patente que a esas burguesías no les interesa la “libertad”, la “igualdad”, la “fraternidad” y la “democracia” ¡que nunca les interesó! como no hubiera sido (y es) sólo para su propia clase y su dominio.

A lo anterior es imposible no “sumarle” los socios internos en Venezuela: la gran burguesía, acérrima opositora, desestabilizadora, acaparadora de productos, agiotista, financista de la “guerra interna” y, a su vez, financiada desde el exterior por sus hermanas para derrocar al gobierno que, quiérase o no, fue elegido por el pueblo de Venezuela. De manera que la burguesía venezolana más la burguesía financiera externa constituyen un sólido bloque de clases que resiste los cambios en pro del pueblo.

Por si fuera poco para el pueblo venezolano, es obligatorio añadir otro factor causal de sus penurias: el propio “des-gobierno” de Maduro & compañía que se muestra inepto para enfrentar esa guerra de clases, que es siempre guerra política, no movilizando a la clase trabajadora y sus instituciones con una contra-ofensiva para detener primero y aplastar luego a tales enemigos. La dualidad de poder establecida en Venezuela desde que Hugo Chávez llegara al poder político, no ha podido ser resuelta a favor del pueblo, y la burguesía interna reaccionaria pro-imperialista tampoco ha podido, desde 1999, derrotar el proceso que iniciara aquél. Este “empate” se mantiene hoy pero cada vez con más debilidad por parte del chavismo devenido hoy en madurismo que ha desandado el camino trazado por Chávez.

Es preciso decir sin eufemismo que madurismo ya no es chavismo. ¿Hacia dónde se dirigía con Chávez? Pues desde un inicial reformismo nacionalista fue moviéndose hacia una radicalización socialista como objetivo central de su política anti-burguesa; la clase trabajadora venezolana se había convertido en sostén vital de tal proceso que, con todas las insuficiencias teóricas y prácticas tenía un norte claro propuesto por su líder y aceptado por las masas laboriosas. Cuatro características decisivas se destacaban:

1º) Acceso de Chávez y su equipo al poder político del Estado por la vía democrático- burguesa eleccionaria. Tal hecho creó de inmediato situación de dualidad de poderes que, poco a poco, en la medida que la legislación distribucionista hacia los sectores populares se fue haciendo realidad, agudizó el enfrentamiento con la burguesía y el Imperio.  ¿En qué consistía y aún consiste exactamente esta dualidad de poderes en la realidad del conflicto de clases en Venezuela? Pues en que el movimiento chavista se apoderó del poder político del Estado y de la mayor empresa petrolera (PDVSA), lo que le permitió disponer de la renta y de la reorientación en la distribución social de la misma; pero además se agregó a lo anterior el que concentrara la capacidad “represora” en términos de coacción policial-militar, las FF.AA venezolanas se hicieron “chavistas”.

La burguesía opositora, por su parte conservó su poder económico: aún dispone de una red privada bancaria; de las operaciones de comercio exterior aunque el Estado sea quien administra las divisas para las importaciones del sector privado; retiene la capacidad de abastecimiento interno de la población; mantiene, y ha multiplicado, sus conexiones políticas y de negocios con la burguesía mundial. Sin dudas que carece de la capacidad represora que todo Estado tiene por su propia naturaleza de arma de clase, es por eso que apela sin escrúpulo ni miramiento alguno a financiar sabotajes, secuestros de personas, asesinatos de personas comunes y políticas, acaparamientos, planes de desestabilización institucional por medio de bandas de sicarios y de hampones, etc. La burguesía ha sido ubicada por este proceso político mismo en condiciones de comportarse como subversiva y delictiva.

La dualidad de poderes muestra la escisión de las dos instancias primordiales de todo Estado de clase: la instancia socio-económica, y la instancia de represión política. Estas dos propiedades son esenciales en la realidad y en el concepto del Estado. Cuando una clase las resume en sí misma, ellas parecen confundirse, la violencia (fuerza) y la propiedad económica se muestra como un todo único. La clase dominante, en tal caso, ejerce el poder del Estado como una cualidad única. Cuando una clase se ve obligada a renunciar, o a no poder apelar a la violencia de modo permanente (fuerza), como en la sociedad burguesa de la Venezuela actual le queda la potencia (no la fuerza) de la propiedad (Capital, acumulación, inversión, finanzas, comercio, etc.) y la utiliza como un arma política emanada de su poderío económico para recuperar el poder de la violencia y la represión institucionalizada bajo la forma de Estado del “orden”.

2º) Las FF.AA. forman parte asociada del movimiento popular y todavía lo sostienen. Esto significa que el proceso de cambio es dirigido por una alianza cívico-militar, circunstancia que ha permitido hacer sostenible su perdurabilidad y sus políticas contra el liberalismo financiero dominante.

3º) El liderazgo de Chávez, una vez llegado al poder político, produjo un movimiento socio-político “desde arriba”, quiere decir que no surgió como una irrupción y sublevación del pueblo que fuera, luego, acaudillada por Chávez. Los cambios de política económica y social se hicieron dentro del Estado burgués y con las herramientas forjadas por esa clase, que desde ese entonces en más modificaron las políticas económicas de clase.

4º) Con el golpe de Abril de 2002 ejecutado por la derecha en connivencia con el Imperio, la situación político-social experimenta un viraje y aceleración notables. El pueblo trabajador y la fracción nacionalista de las FF.AA. rescatan a Chávez y lo reinstalan en el poder; nace un nuevo Chávez que responde al golpe con un salto hacia adelante y en profundidad: el chavismo sale fortalecido y cohesionado.

Como consecuencia de lo anterior debe señalarse con nitidez otros aspectos:

1º) Las fuerzas del pueblo en movilización fueron tomando conciencia política de sus derechos y de que constituían (constituyen) la columna vertebral proceso popular abierto.

2º) El partido PSUV y aliados “dirigen” el proceso desde la administración del aparato estatal. La apropiación de la producción principal (petróleo) y la distribución de la renta obtenida en la comercialización de los mercados internacionales aportan con sus ingresos la sostenibilidad económica del proceso.

Y además deben agregarse otras innegables enseñanzas que se desprenden de la dualidad de poderes que generara:

3º) La burguesía venezolana no ha sido completa y definitivamente debilitada en su poder político y económico de clase.

4º) El Estado como estructura de clase, sigue siendo burgués, no ha sido destruido, eliminado ni sustituido por otro que represente a los trabajadores, a la población trabajadora toda y sus intereses inmediatos e históricos.

5º) Una fracción importante de la pequeña burguesía más los asalariados no obreros (la llamada clase media), mejoradas sus condiciones de vida bajo el chavismo, al agravarse la lucha impuesta por la burguesía & sus socios contra el gobierno popular, tienden a inclinarse y hasta aceptar el discurso del enemigo y de su guerra de desgaste económica y social,  sumándose de hecho a sus huestes reaccionarias generando en los últimos años una inmigración hacia países vecinos con su letanía pro-capitalista anti-chavista.

6º) Objetivamente, el  gobierno más el PSUV, comandan el movimiento popular basados en una concepción pequeño burguesa de la economía, la política y la sociedad, con lo cual el PSUV no se muestra como un partido del cambio revolucionario de la sociedad burguesa, sino más bien como un aparato político electoral que integra la propia estructura burguesa del Estado todavía hoy bajo el gobierno de Maduro.

En Venezuela no ha habido, no  hay revolución en un sentido radical socialista. Sí ha habido ¿quién lo negaría? una irrupción popular de los trabajadores  y de los sectores más pobres de la República burguesa establecida, que surgió como revolución bolivariana y aunó la lucha por la independencia y la soberanía del siglo XIX con las luchas actuales retando, desafiando, a esa burguesía y sus aliados externos, transgrediendo las “formalidades rutinarias” de la administración del poder por parte de las “conspicuas familias” rentistas y explotadoras en asociación y connivencia con la burguesía mundial, en particular, la de los EE.UU.  Y esto es y será inaceptable para tales fuerzas.

El proceso abierto por Chávez puso, desde su origen, en movimiento y conflictividad a tres clases de la sociedad venezolana: a) burguesía rentista reaccionaria, apoyada, sostenida y financiada por la burguesía mundial en especial la burguesía yanqui; b) asalariados obreros y asalariados no obreros, y c) pequeña y mediana burguesía. La clase asalariada en cuanto a su división objetiva entre obreros y no obreros, es una clave para la comprensión de los fenómenos de lucha de clases en Venezuela y en otros países de A.L. e incluso en Europa.

 

Pero es inevitable decir que de aquel proyecto de Chávez que no era puramente teórico sino que estaba desarrollándose en la práctica no ha quedado nada con Maduro & compañía. La realidad política de Venezuela muestra que desde una radicalización socialista bajo Chávez, Maduro ha ido virando hacia un reformismo pqburgués, impotente, conciliador, “nacional-capitalista”; con políticas “asistencialistas-distribucionistas” para mantenerse en el poder. Es alarmante advertir la inexistencia de políticas de poder desde la clase trabajadora y ver como el contenido objetivo de sus decisiones y de su discurso es el de la pequeña-burguesía. Las  vacilaciones a la hora del conflicto y de las políticas a implementar no dejan de señalar esta transformación negativa de todo el proceso por un nuevo “modelo”

Este “modelo” puesto en práctica de hecho por el gobierno, el PSUV y sus asesores actuales puede ser sintetizado en los siguientes breves ítems:

1º) Consideran que se ha agotado el “modelo” rentista petrolero en Venezuela, por eso se ha vuelto imprescindible su reemplazo por un “modelo” económico productivo, industrial y exportador. El plan para alcanzar la realización de tal objetivo consistía hasta hace unos años en:

 

2º)  Reconocer que El Estado solo no puede desarrollar la economía y transformarse en el sujeto ineludible del proceso de construcción socialista bolivariana, esto, afirman sus sostenedores, deben entenderlo todos los chavistas y el propio pueblo de una buena vez.

 

3º) La alianza del Estado, dominado por la vanguardia socialista (PSUV y aliados), con el sector más productivo del capital nacional, deben ser quienes estén dispuestos a construir el nuevo “modelo” económico productivo (¡sic!), diseñar un aparato industrial con capacidad para producir en cantidad y calidad bienes que satisfagan la demanda del mercado interno, resolviendo las necesidades fundamentales de la población (sobre todo, la más pobre) y generando excedentes para el mercado internacional, lo cual se resolverá en que se pueda ir eliminando el modelo rentístico petrolero en la economía nacional.

 

4º) Lo estratégico que es para obtener el triunfo del modelo productivo,  la alianza política explicita con un sector del empresariado o capital nacional, sobre todo los pequeños  y medianos empresarios, dispuestos a invertir y producir junto al Estado para el abastecimiento interno.

5º) Que la política interna debe ser  incentivar el diálogo. Evitar la confrontación y los niveles de agresión, sobre todo, en el terreno económico con aquellos sectores productivos dispuestos a crear alianzas con el gobierno y sus objetivos.

6º) Insistir en que la Política económica central es la de mejorar la redistribución de la renta petrolera a favor de la población, pero también concediendo apoyos, estímulos fiscales, subsidios etc. al capital nacional, sin olvidar a la pequeña y mediana producción, mediante planes claros y equilibrados que deben ser llevados a la práctica con fuerza y “eficiencia”.

7º) Acreditar el papel del Estado en el modelo productivo deber ser por tanto de control y regulación de la economía capitalista, y la promoción de los nichos y espacios de economía que perfilen el nuevo sistema socialista bolivariano en construcción.

8º) La responsabilidad que las empresas del Estado deben tener un funcionamiento administrativo de alta eficiencia y productividad como las de capital privado. Si no fuera así, pues deberán ser privatizadas para que retomen el sendero de la producción para cumplir con los planes gubernamentales.

9º) Concretar el Objetivo inmediato: lograr un estado de bienestar general bolivariano (¡sic!).

10ª) Desarrollar políticas económicas y sociales que permitan el progreso, el cambio, la movilidad y ascenso social,  en un clima de estabilidad y seguridad, en otras palabras, hacer que la mayoría social se asiente en la esperanza de un futuro de más prosperidad a partir de realizaciones económico-sociales concretas de la realidad actual y de su permanencia en el tiempo.

11º) La implementación de políticas específicas de inclusión de la clase pequeño burguesa y de la “clase media”, para abrirles horizontes de expansión, seguridad y progreso.  

En los hechos este programa ha significado: 1º) dar por tierra con las formas de lucha política popular que sostenía Chávez para transitar hacia el socialismo, como mínimo desde 2006; 2º) Mantener el Estado burgués y sus instituciones;  nada de “pulverizarlo”; 3º) La erradicación de todo plan que haga efectiva la participación, administración y control de las empresas y del Estado mismo por parte de los trabajadores (democracia participativa revolucionaria).  El Estado y la política debe estar en manos de “eficientes gestionadores” del capital y de lo público; 4º) Postergar, retrasar, definitivamente todo programa de fomento, estímulo y sostenimiento de las empresas comunales y de trabajo asociado. Los incentivos deben orientarse prioritariamente a los empresarios, ya que son quienes producen; 5º) Reconocer el comando político efectivo del Estado por la pequeña burguesía  para establecer acuerdos con la burguesía importadora y socia del Imperio. 6º) Renunciar al cambio en las relaciones de producción capitalistas por las socialistas o comunales al considerar que es posible “mejorar” equitativamente las actuales relaciones,  con políticas de distribución prudentes que no perjudiquen la acumulación de capital de las clases empresariales productivas.   

Es un verdadero catálogo en el que no se plantea aplastar a la burguesía rentística-comercial, no se propone la transformación del aparato estatal burgués, tampoco la efectiva superación de la prensa vil, golpista y embustera, etc. no tiene entre sus fines más importantes tomar decisiones revolucionarias a fondo, es por otra parte no reconocer lo que se puede ver a diario: la burguesía venezolana a pesar de sus derrotas en la lucha por recuperar el poder estatal, no renuncia (nunca renunciará) de ningún modo a su retorno político y a su papel de dirigente ideológico- económico, y es, como se puede confirmar en estos 19 años, la clase más poderosa que el movimiento popular. La pequeña burguesía parece más empeñada en que el Estado burgués permanezca antes que desaparezca.

A lo sumo podría pensarse que estas posiciones descansan en el convencimiento bona fide de la dirigencia chavista, que al socialismo se puede llegar por un proceso de naturaleza puramente económica, pero ya está claro que no es eso lo que este elenco gobernante se ha propuesto, del cual la política económica es de enorme importancia para tal logro porque permitiría la ejecución de medidas de carácter plenamente social a favor de la población trabajadora. Pero esta situación no es posible de ser sostenida porque el gobierno chavista no tiene la totalidad del poder económico, se encuentra en una confrontación agresiva de la reacción interna; sólo si tuviera todo el poder podría abrir el frente de lucha interna a la clase trabajadora por la productividad, el abastecimiento y el crecimiento constante del PBI porque no debería esforzarse diariamente de neutralizar, detener, e imponer a su enemigo y sus políticas. El problema de la geopolítica del petróleo y de la minería lo muestra.

Es de lamentar que las consecuencias del reformismo pequeño-burgués inocuo e inestable no hayan sido las que se han propuesto y no lo serán nunca. Obvio es que esto no es socialismo aunque cada vez es menos encontrarlo siquiera fuere en el discurso del gobierno; no es tampoco, al menos, mejora en el standard de vida de la población; el  socialismo es el Estado en poder de la clase trabajadora, los medios de producción en sus manos, sumisión de la burguesía y sus secuaces a la nueva sociedad, y abolición del trabajo asalariado, toda otra cosa es puro engaño y, en general, auto-engaño de quienes dirigen o pueden dirigir el proceso de cambios sociales y políticos. Hasta ahora lo que se comprueba es impotencia en la resolución del conflicto interno, dejando toda acción revolucionaria, en estos momentos cuando más se exige  decisión, coacción, violencia revolucionaria, ofensiva de clase, aplastamiento de la reacción interna-externa. No hay ofensiva antiimperialista tampoco.

¿Hasta cuándo la irresolución del “doble poder”? No es posible saberlo. Luego de las elecciones próximas de las que saldrá ganador Maduro sin dudas ¿habrá más años de desastre y “castigo” al pueblo trabajador por las políticas pequeño-burguesas que Maduro & compañía aplican?, son políticas que  no sirven para resolver el conflicto de clases y sólo demuestra que, en realidad, no saben cómo enfrentar tal conflicto. Las recientes medidas de “ajustes” salariales no son expresión de otra cosa que ineptitud y desconcierto.

Mayo de 2018

 

Notas:

Docente y economista

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