“Una crónica bolivariana: Mujeres en Revolución”, por Florencia Catelani

En Venezuela hay brujas. No se trata de creer, sino de que las hay. Las vi, andan por los barrios, por los campos, se meten hasta en las instituciones. Se juntan, intercambian aprendizajes, resuelven todo tipo de problemas, todo el tiempo. Conocen de plantas y sus usos, también manejan saberes del alma. Portan una fuerza que puede dar hasta temor, al menos respeto. ¿Será por eso que las tratan de dominar? Quizás por cobardía, por el miedo del hombre a la mujer sin miedo, como decía Galeano, o quizás porque resultan peligrosas para el poder establecido.

 

Si las mirás a los ojos notás que en sus rostros poseen esa mezcla de dureza y ternura, que delatan una vida nada fácil, muchas veces larga, aunque sea de pocos años. Los hombros los llevan cargados de responsabilidades. Sus rasgos son mestizos, aunque las hay también negras, blancas, de todos los colores y tamaños. Aman bailar, y cuando lo hacen se libran de cualquier tipo de pudor y de dolor. Andan por todos lados, sus huellas para algunos necios son invisibles, pero hay marcas que no se borran ni con el tiempo.

 

Esas brujas son chavistas, cosa e´ mandiga como se decía en el campo, cosas del diablo aunque era de esperar. Las mujeres son el sujeto político masivo de la Revolución Bolivariana. Estando en Venezuela, lo primero que salta a la luz es que son ellas las que andan organizando a la gente en los territorios, cargando y repartiendo las cajas de comida que el Estado facilita para enfrentar la suba arbitraria de precios, copando las calles en marchas y actos, y lo hacen con alegría entre cantos y danzas. Sostienen todas las políticas sociales del gobierno, esas que han dignificado la vida de tantxs. Encima lo hacen con amor y con la misma convicción con la que sostienen sus ideales. Si hay que ser leales a Chávez, seguramente son las primeras.

 

Bueno, aquí se puede comprobar en la cifra que nosotras somos la vanguardia en el movimiento social. En las misiones, en los consejos comunales, dígame ahorita en los CLAP [Comités Locales de Abastecimiento y Producción], eso es una maravilla, las mujeres al frente. No todas tienen el mismo nivel de comprensión del feminismo, pero la certeza de que de ellas depende el avance de la sociedad, la tienen todas. Y trabajan con un furor que asombra (…) Las mujeres en todos los terrenos, en el dolor, en la pérdida de sus familiares, en la educación, en la salud, en la cultura, en el movimiento político, en todo estamos siendo ejemplo.” Esas son las palabras que me compartió María León en una entrevista que tuve la suerte de hacerle. Ella cuenta que tiene 80 años y 60 en la lucha revolucionaria. Es una de esas brujas que nos siguen enseñando y que ojalá no dejen nunca este mundo.

 

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Con Chavéz hay un antes y después para todo. Para ellas significó dignificación y reconocimiento. Hubo un proceso de empoderamiento en el que las mujeres se metieron en manada a la vida política, de prepo y sin pedir permiso, como siempre nos toca hacer a lxs de abajo. No se puede negar que el ámbito de la política aún es machista, las esferas más altas de poder están apropiadas por hombres. Pero, sin dudas, hoy la casa ya no es el único lugar para desarrollarse que tienen las mujeres. Ellas salen a hacer política, de esa que construye poder y que es herramienta para la transformación de la realidad concreta.

 

Les toca enfrentar una cultura patriarcal y religiosa muy arraigada, en la cual la familia, la maternidad y todos los mandatos que de éstas se despenden se imponen en sus vidas. Y ahí van sorteando las contradicciones, entre sus deseos y libertades frente a las imposiciones y violencias cotidianas que viven. Muchas tienen que afrontar hasta una triple jornada laboral: sus trabajos “oficiales”, el trabajo doméstico y el comunitario. Del lado de los hombres, demasiada des-responsabilización, ya sea en tareas del hogares, trabajos, militancia o paternidad. ¿Cuántas historias habrá de padres abandonadores, esporádicos, cuando no violentos?

 

Hay que decirlo, convertirse en sujetas políticas ha permitido a las mujeres tener mayores herramientas para salir de las situaciones de violencia, construir redes de solidaridad y encontrar otros sentidos a la vida, diferentes de los que estamos destinadas según órdenes del Patriarcado. Los avances en tiempos del chavismo también se plasman a nivel institucional. Por ejemplo, con la sanción de la Ley Orgánica por el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, que es modelo en el mundo incluyendo 19 causales. Gracias a ésta, por primera vez en Venezuela se tipificó el feminicidio como delito. Podemos sumar a la cuenta la creación de un Ministerio del Poder Popular para la Mujer y la Igualdad de Género, encargado de transversalizar el enfoque de género en las políticas públicas, planes, programas y proyectos del Estado Venezolano.

 

Falta, sí, y mucho. Hay una deuda con las mujeres que no ha sido saldada. La realidad actual del país complejiza aún más la situación.  La guerra económica tiene como blanco principal a las mujeres. El imperio entendió cuáles son las fortalezas del proceso bolivariano, ahí dirige sus ataques. Las dificultades de la vida cotidiana, las colas para comprar alimentos, la falta de medicamentos y su búsqueda angustiante de farmacia en farmacia, los precios que suben por las nubes gracias al manejo arbitrario del dólar paralelo, la falta de insumos y de camas en los hospitales que rebotan a las parturientas, el aumento de la violencia machista en momentos de crisis, entre otros etcéteras que afectan especialmente la materialidad de la vida de las mujeres, quienes son mayoritariamente las encargadas de los hogares y del cuidado de la familia.

 

El bloqueo y la guerra económica son criminales, y la necesidad de construir respuestas y alternativas urge. Pero no todo es oscuro en el panorama. Si pensáramos eso el enemigo ya habría ganado. Existe un piso alto de acumulado en organización popular y conciencia. Con estas armas cuenta el pueblo.

 

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Para el 25 de noviembre de 2017, “Día Internacional contra la Violencia hacia la Mujer”, Gioconda tuvo la valentía de contar en una nota, luego de que pasaran 35 años, el femicidio de su madre. Ella es una compañera más que se animó a poner en palabras el dolor -claro está, después de mucho trabajo emocional, como ella misma dice-. También nos recuerda que detrás de cada número que aumenta la cifra de feminicidios “está la vida truncada de una mujer, su historia, su proyecto vital, sus hijos e hijas si los tuvo, sus sueños y anhelos”.

 

¿Por qué se animó a hablar ahora, luego de 35 años? ¿Qué es lo que permite que una mujer se decida a hablar y denunciar la violencia? Sin duda muchas cosas, procesos personales, el entorno afectivo, pero también escenarios políticos y sociales. Tenemos una certeza: es desde adentro de la Revolución Bolivariana que existen mejores condiciones en Venezuela para dar la lucha feminista, aunque aún falte mucho camino por recorrer. Necesitamos entonces contar las historias, narrar las desigualdades, politizar nuestras vivencias, transformar el dolor y la rabia en lucha política, colectiva y organizada, para así abrir nuevas posibilidades de futuro.

 

Tengo la sensación, y hasta diría la convicción, de que existe en potencia en las mujeres venezolanas la posibilidad de tomar masivamente el feminismo como herramienta. Cuentan con toda una historia de luchas desde las cuales partir, el feminismo es memoria de los combates. Decidirán cuándo y cómo será la explosión, el momento en que se lancen a surfear la cuarta ola feminista que crece en Latinoamérica y el mundo. En ellas reside la potencia y la fuerza que es capaz de radicalizar y renovar la revolución, en tiempos en los que el desgaste y la resistencia constante frente a un enemigo inmenso parecen llevarse todas las energías.

 

Chávez entendió que sin feminismo no hay socialismo, hoy la posta está en manos de su pueblo. Felizmente, contamos con muchas brujas para eso.

 

Notas:

Psicóloga (UNR), residente en Venezuela.

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