Si llegaste hasta acá es porque vos podés: coaching y gestión de emociones para maratonistas

 

Por Nemesia Hijós[1]

¿Por qué hay cada vez más gente que corre? ¿Cuáles son sus motivaciones? ¿Qué lugar ocupa el running en sus vidas? ¿Cuánto se puede desafiar al cuerpo? ¿Cuál es el límite? ¿Es una locura pagar para correr? Desde hace unas décadas, el furor por correr aumenta año tras año a un ritmo exponencial. Saliendo de la pista de 400 metros donde se practican diferentes pruebas de atletismo, el running[2] propone nuclear a personas de edades, géneros, profesiones y condiciones socioeconómicas diversas, invadir las calles de las ciudades a través de una variada oferta de carreras y hacer de los espacios públicos un escenario festivo y para todos. En mis observaciones de campo[3] encuentro quienes aducen que su práctica se debe al afán por mantenerse en forma y quienes rinden pleitesía por sus virtudes como relajante mental. También se puede asociar su preferencia al crecimiento del individualismo en la actualidad: el hecho de sentirse bien, de conectarse con uno mismo, de superarse o de alcanzar un tipo de cuerpo.

¿Por qué correr una maratón? Porque no hay otra alternativa[4]

Las personas que construyen una trayectoria en el running transitan una secuencia de cambios en sus prácticas cotidianas que los conducen a participar de entrenamientos grupales e inscribirse en carreras por placer, una sensación que puede estar estimulada por prescripciones médicas ligadas a la salud y el bienestar, las aspiraciones de una vida saludable o la obtención de ciertos objetivos físicos. Estos grupos de entrenamiento (running teams) presentan algunas analogías con los gimnasios de boxeo tal como los caracterizó Loïc Wacquant (2006), ya que pueden entenderse como una verdadera “escuela de moralidad en el sentido de Durkheim, es decir, una máquina de fabricar el espíritu de la disciplina, la vinculación al grupo, el respeto –tanto por los demás como por uno mismo– y la autonomía de la voluntad” (p. 30). Así, los cuerpos y los deseos de los corredores son modelados dentro de estos espacios de entrenamiento. Para ellos, el running comienza siendo una práctica recreativa que luego se formaliza con modificaciones importantes en sus vidas, reorganizando actividades, consumos, sociabilidad y prioridades afines, debido al lugar que empieza a ocupar esta actividad en su planificación cotidiana. Tal como ocurría con los apasionados de la ópera (Benzecry, 2012), la producción de los runners continúa principalmente fuera de los lazos familiares, por redes de amistades, compañeros de entrenamiento y a través de la idea de comunidad y de un nosotros homogéneo que trasciende la heterogeneidad intragrupal. A medida que incorporan ciertas categorías y prácticas, los corredores amateurs se convierten en conocedores: “como los expertos en los vinos finos, son capaces de especificar dónde creció determinada planta y en qué época del año fue cosechada” (Becker, 2014, p. 70). El siguiente paso en esta carrera será aprender a disfrutar, sentir el gusto por estas experiencias, lo que se adquiere socialmente, en los entrenamientos o competencias. Conversando en las clases grupales y en las entrevistas personales, los corredores asumen que los efectos de estos aprendizajes y prácticas pueden resultar físicamente dolorosos. Para poder comprender estas experiencias, las hice carne como practicante y etnógrafa: atravesé síntomas de extenuación, cansancio y dolor y pude entender que (para pertenecer) es esperable que uno pondere las sensaciones placenteras, reconsiderando cualquier displacer que pudiera aparecer para superarlo, redefiniendo los conceptos de vulnerabilidad, aprendiendo a sentirse cómodos aun sintiéndonos molestos, trabajando en un gusto por ello. Los corredores identifican estos sentidos, los conectan de forma consciente con el hecho de haber entrenado su cuerpo y su mente, pero también con el deseo de vivir sensaciones nuevas como el dolor placentero y la satisfacción de poder sobrepasarlo para ir en búsqueda de algo más.

Si bien es difícil establecer a partir de qué hito o instancia los aficionados pasan a ser runners, a vivir esta disciplina deportiva como una identidad y un estilo de vida sostenido, de acuerdo a lo que me han dicho durante mi trabajo de campo, uno se consagra cuando termina una maratón, esa experiencia los convierte en verdaderos corredores, distinguidos, honorables, de otra categoría. Con esto no quiero proponer que haya un único camino para transitar el running, porque somos conscientes que incluso quienes han acumulado un caudal de conocimiento en la práctica pueden improvisar y desviarse de las normas aprendidas y de lo que hay que hacer sin que se los castigue por ello. Sin embargo, tanto para aquellos que asumen la práctica en serio como para los que lo hacen de manera menos formalizada pero quieren ir tras grandes hazañas, no hay otra alternativa: la maratón funciona como un gran rito de paso que los transforma y los consolida como corredores. Esto supone que todas las personas que se entrenan regularmente y desarrollan una carrera como corredores, tarde o temprano, considerarán la posibilidad de convertirse en maratonistas. Más allá de la discusión de si es necesario contar con años de experiencia y meses de preparación o simplemente alcanza con creer en uno mismo, lo importante es que en las percepciones de los corredores con los que conversé existe una diferencia sustancial en esta decisión. No todos se preparan de forma grupal, gran cantidad de corredores elige entrenar de forma individual, siguiendo un plan publicado en internet o monitoreado por un instructor. La mayoría de mis interlocutores primeramente se sumaron a un running team y empezaron a conocer las claves para mejorar el rendimiento (como entrar en calor apropiadamente, incorporar rutinas de musculación para fortalecer y evitar lesiones, elongar después del ejercicio, escuchar al cuerpo y descansar, realizar masajes deportivos, respetar la planificación del entrenamiento sin compararse con otros corredores) y complementar con hábitos saludables (como hidratarse correctamente, mantener una dieta equilibrada acorde a las necesidades de cada persona con alimentos energéticos, ricos en hidratos de carbono y proteínas, consumir bebidas isotónicas, geles deportivos o frutos secos en momentos de exigencia y disminuir o evitar el consumo de bebidas alcohólicas). Pero para los más exigentes, correr esta distancia implica hacer varios ajustes y organizar su vida en torno a este objetivo. Ellos entienden que la maratón implica grandes sacrificios y una entrega total de la corporalidad al entrenamiento y la planificación.

Distancias como los 42,195 metros funcionan como un tipo de rito social que puede ser identificado como “de paso” porque indica la transformación de un estatus social al siguiente, conmemorando este pasaje como un hito personal en la trayectoria del corredor. Los que se preparan esta distancia, tal como señaló Arnold van Gennep (1986) primero y Victor Turner (2013) después, deberán atravesar tres etapas: la fase de separación del grupo o del individuo de su anterior situación (para seguir la planificación de entrenamiento específica para fondistas,[5] acomodando la alimentación, restringiendo las salidas nocturnas y limitando las bebidas alcohólicas), el estado transicional de liminalidad y la incorporación nuevamente al grupo. El sujeto que atraviesa estas fases “alcanza un nuevo estado a través del rito y, en virtud de esto, adquiere derechos y obligaciones de tipo ‘estructural’ y claramente definido, esperándose de él que se comporte de acuerdo con ciertas normas de uso y patrones éticos” (Turner, 2013, p. 104). En definitiva, la maratón actúa uno de los hechos primordiales en la trayectoria de los corredores, un momento crítico de transición hacia un nuevo estatus (como maratonista), determinante en la conformación de su identidad como runner, una experiencia ritualizada que lo enaltece y marca públicamente frente al grupo.

La maratón no es sólo la planificación del entrenamiento, la alimentación y el descanso, otro detalle importante es todo el despliegue previo al gran día. Uno de los acontecimientos que los (futuros) maratonistas esperan es la Expo Maratón, evento donde se hace entrega del kit, la remera y el dorsal para los inscriptos en la competencia. La edición del año 2017 tuvo lugar en el Golden Center de Parque Norte, frente a Ciudad Universitaria en la ciudad de Buenos Aires. El horario de la Expo se extendía desde las 10 hasta las 20 horas durante el viernes y el sábado previo a la carrera. Teniendo en cuenta los 10 mil inscriptos, decidí ir temprano el viernes para recorrer la feria, participar de las charlas, animaciones y activaciones de los sponsors, y descansar al día siguiente, tal como recomendaban los entrenadores y los corredores más experimentados para mi debut en la distancia. Al entrar al salón, tres promotoras mostraban las musculosas de la carrera: amarillas para varones y naranjas para mujeres, invitando a probar el talle antes de retirarlas. Al cruzar la puerta principal, aparte de los stands de indumentaria de los principales sponsors, se exponía el circuito oficial de los 42 km, indicando los puestos de hidratación, abastecimiento y carpas médicas en una imagen ampliada. Continué por uno de los pasillos, fui atravesando los puestos de las distintas marcas de productos deportivos mientras observaba cómo otros corredores esperaban para sacarse selfies con el banner de promoción de la carrera que decía “#TakeChargeBuenosAires” rodeado de una estructura de letras tridimensionales que formaban la palabra “RUN”, sobre la que posaban los corredores exhibiendo sus dorsales. Como varios compañeros del Migueles Team advertían por WhatsApp que había mucha espera para retirar los kits, no me detengo en ninguno de los stands y voy directo hacia el final del salón. Allí me piden la documentación (DNI, número de corredor, deslinde de responsabilidades y apto médico) y el tiempo probable de finalización de la carrera para asignarme una pulsera de color,[6] y entregarme el kit en una mochila blanca de tela, junto con el reglamento y varios folletos de los distintos auspiciantes. Antes de retirarme, consulté si iban a ofrecer talleres o brindar una conferencia de prensa como había ocurrido en la Expo de la Media Maratón en septiembre pasado. Me confirman que a las 16 horas comenzaba la charla “Cómo superar mis muros, gestionando mis emociones y mi diálogo interno” a cargo de dos especialistas en coaching ontológico, quienes prometían hablar del famoso muro de la maratón, uno de los puntos más emblemáticos para los corredores de esta distancia. Me pregunto si realmente existe el muro, cómo se presenta y cuál debería ser la forma para poder derribarlo. ¿O acaso es otra construcción del emprendedorismo espiritual –funcional a la posverdad– que se supera con educación emocional, “management del yo”, cursos de mindfulness y programas orientados a vencer el estrés y las emociones negativas?

Dejarme afectar

Recorriendo los puestos de la Expo, me encuentro con el entrenador Luis Migueles. Le comenté de la charla y decidió sumarse. Nos acercamos al lugar donde ya había unas cinco o seis personas esperando, mientras miraban el merchandising oficial que estaba a la venta: mates de cuero, tazas, vasos y llaveros con el logo de la maratón. Minutos después, un hombre con un traje azul tomó el micrófono anunciando el inicio de la actividad, invitando a los tímidos que estaban dando vueltas a acercarse. Algunos tomaron las banquetas, otros los puff que estaban alrededor. Otro hombre de unos 40 años, con pantalón de vestir y camisa a cuadros comienza a hablar. Por su vestimenta y su estado (los botones que le quedaban tirantes en la zona abdominal), intuyo que no debe ser muy apasionado por el ejercicio, sino más bien por la gestión deportiva: Nosotros somos Derribando Muros, mi nombre es Diego Coria. Me formé en coaching ontológico, en programación neurolingüística, además soy guardavidas e instructor de gimnasia. Y me acompaña Miriam Ferro, mientras la señala a su izquierda. Miriam aparenta unos 50 años, tiene una aspecto totalmente distinto al de su compañero (un look entre lo deportivo y urbano), lleva una musculosa al cuerpo, unas calzas grises ajustadas que resaltan sus piernas esbeltas, unas botas de caña alta negras con peluche en la parte de arriba y unos pompones colgando, además su pelo enrulado está revuelto, descontracturado y amarrado con un broche, pero estoy segura que le llevó tiempo acomodarlo así. Toma el otro micrófono y se presenta:

– Soy Miri, soy profe de Educación Física, coach ontológico, PNL,[7] pero uno de los títulos más lindos que tengo es que soy corredora, así que en primer lugar quiero felicitarlos, correr 42 km es un flor de desafío, porque no solamente necesitamos entrenar nuestro físico, sino que también necesitamos entrenar nuestra mente, nuestros pensamientos, saber elegirlos. Esto es lo que vamos a hacer hoy.

En las palabras de Diego y Miriam se ven intentos de acercamiento al público, para mantener un diálogo dirigido pero “de igual a igual” con los presentes, con calidez y simpatía, aunque su presentación esté guiada por lineamientos propios de la formación en gestión y administración. Diego y Miriam saben dominar la gramática empresarial, los fundamentos de la gerencia y el marketing, conocen las estrategias y las reglas del mercado porque participan en el mundo de los negocios y hoy las trasladan al campo del deporte. Influenciados por la psicología experimental, el furor actual por las neurociencias, por los conocimientos, libros y conferencias acerca del cerebro y la mente, la inteligencia emocional, el mindfulness y el emprendedorismo, estos especialistas “empujan la maleabilidad de lo humano” (Bayardo, 2015) y promueven un estilo de vida responsable, saludable y activo, con un argumento moral sobre lo que está bien y hace bien a la mente y al cuerpo, en el desarrollo de prácticas como el running. Miriam ofrece su experiencia como maratonista para ser consumida. Desde su lugar de corredora interpela a los presentes, los anima a compartir sus reflexiones, constatando si todos debutaron en la distancia y sus motivos para correr una maratón. Un hombre que está atrás, en el medio del semicírculo, asiente con la cabeza. Miriam lo invita a sumarse y contar su experiencia. Debe tener unos 60 años, de estatura media y pelado, luce muy bronceado, tiene un poco de panza y lleva puesta una remera de la carrera de New Balance. Sí, es la Nº 19, dice, con una sonrisa. Wow, qué locura, admirable, se escucha detrás y empiezan a aplaudir:

– Mi nombre es Vicente, soy de Chile, tengo 60 años y si sale todo bien, la próxima sería Río, es un sueño… Pienso que cada carrera que uno hace, para uno es la primera, la ansiedad, los nervios, todo vale, todo es nuevo en cada carrera.

– Qué bueno lo que dice Vicente, porque dice que cada carrera es una experiencia diferente, ansiedad, miedo ¿Qué podemos decir?, dice Miriam invitando a dialogar con su pareja de coaching.

– Vamos directo a lo que vinimos, vamos a hablar del muro ¿Qué es el muro, Miri?

– El famoso muro de los 30 km es un hecho fisiológico, es algo que se presenta y que no vamos a poder salir. Para algunos será a los 30, para otros antes, para otros después, depende del estado atlético que tengamos, del entrenamiento que hayamos tenido. ¿Y cómo se representa en nuestro cuerpo? Nuestras piernas se empiezan a sentir cansadas (se toca los cuádriceps), nuestra respiración es diferente, nuestro corazón empieza a latir de manera distinta y nuestros pensamientos (pone énfasis en esta palabra, la divide en sílabas) también son distintos, porque lo que en su momento fue euforia, alegría, ante el cansancio ya empiezan a modificarse y empiezan a entrar los miedos, las dudas. Ahí es donde nosotros vamos a empezar a trabajar. ¿Cómo podemos modificar ese estado de ansiedad en un estado de tranquilidad? ¿Para qué? Para poder cuidar la energía que vamos a necesitar en los últimos km.

– Pero antes vamos a preguntarles a ustedes, a los más experimentados, qué es el muro para cada uno… sobre todo para compartir con los nuevos.

Diego sigue actuando como mediador entre Miriam y el público, se lo nota más rígido y acartonado en sus movimientos, en cómo habla. Lo mira a Vicente, que participa:

Una pregunta que me he hecho es: “¿Qué hago acá?”. De repente, dan ganas de abandonar, me ha pasado. En una maratón, un chico que iba en una bicicleta, se baja y me dice: “Si llegaste hasta acá, vas a poder”, me hizo pensar que había entrenado tanto y que tenía que seguir… hay carreras que te salen los tiempos, hay carreras que te vas muy lejos. Esa es mi experiencia…

Qué interesante lo que nos dice Vicente, él en el momento de su muro, viene alguien de afuera que le dice: “Si llegaste hasta acá, vas a poder”. Si no aparecía esa persona, ¿qué pasaba? ¿te ibas para abajo? Eso es lo que vamos a ver hoy: cómo preparar nuestra mente a favor, para que aunque no aparezca ese ángel que te apareció a vos en la carrera, nosotros seamos nuestros propios ángeles y en ese momento del muro, potenciemos nuestros recursos para poder atravesarlo.

En las intervenciones de Diego aparecen dimensiones que alientan a los corredores a avanzar: relatos de salvación que aluden a los ángeles y la reconstrucción de la persona, que incluye el conjunto de cambios subjetivos para llegar al ideal de individuo buscado (Ramírez, 2017): que se esfuerza, se pone a prueba y busca la autosuperación. Me acerca el micrófono: ¿Vos escuchaste algo del muro? Comentanos qué es lo que pensás ya que es tu primera experiencia. Pude decir lo que mis compañeros me habían dicho: algo que uno no puede superar, que aparece en el km 30 o 32 y que no dan ganas de continuar.

-Si tuvieran que elegir una palabra representativa del muro, ¿cuál sería? Para mí, cuando la hice por primera vez, fue desafío (remarca esta palabra, la dice más lento). ¿Claudia, cuál fue tu desafío?

 

Parece que Miriam conoce a una mujer joven que está en el público, sentada en una de las banquetas, la mira a ella y la llama por su nombre. Todo esto despierta algunas de mis sospechas, me hace pensar que en algún sentido la charla pudiera estar armada, con conocidos en el público que pudieran insertarse en un momento determinado y con un fin específico. Pero por momentos esta experiencia de coaching ontológico y este tipo de trabajo grupal también configuran un escenario contemporáneo en el que se desarrollan y ganan legitimidad iniciativas más religiosas, de orientación espiritual.

-¿El que me hizo continuar…? El año pasado el muro me surgió en los 38, no podía más, y bueno, yo había parido hace poco y me decía: “Si pude parir, puedo con esto”. Y bueno, llegué (se ríe)

Soy Mario. Bloqueo mental, total.

Dolor, bloqueo, quería terminar…

Soy Marcelo, es un estado de querer abandonar porque está todo mal, ya pasó la euforia, sólo queda la desazón, no responde nada y viene el pesimismo, para mí es eso: bloqueo y pesimismo.

A mí no me ha pasado nunca, no lo he sentido al muro… Es que simplemente hay que seguir, yo me digo: “Haz comenzado esto y hay que seguir”.

Soy Petrona, mi meta es llegar, llegar con dolor, con llanto, con lo que sea, pero llegar.

Soy Carlos. El año pasado lo sentí al muro, pero me pasó un poco antes, en el km 28, decidí parar al baño, y una vez que paré, pasé ese momento. Uno es cabeza dura y está ahí para terminarla. Como dice la señora, caminando, de la manera que sea, vinimos a terminarla. Uno se va poniendo metas, a veces tratar de hacerla un poco más rápido, sentirse mejor, uno sabe que va a pasar, trataremos de estar cada vez más preparados y que sea el menor tiempo que estemos peleando contra eso.

Lo que sentí fue como una lucha entre mente y corazón, y ganó el corazón, tenía que seguir…

 

Le ofrecen el micrófono a Luis Migueles, Miriam insiste en que participe. Se hace silencio, es la voz de un experto:

– A veces vemos que a muchas personas les aparece en el km 28, en el 30 o Muchas veces pasa porque uno no respeta el ritmo que tiene que correr. Si uno va, como dicen los españoles, “a tope”, el muro aparece antes. Si uno tiene una planificación que dice que tiene que correr a 5 minutos el km y los primeros km de la maratón va a 4’50’’ o 4’30’’, el muro va a aparecer antes. Yo creo que si uno respeta lo que tiene programado y entrenado, quizás el muro no aparezca o aparezca más tarde.

 

Gracias. Muy bueno el aporte, dice Diego y continúa:

-Dijeron “dolor y sufrimiento”, pero también aparecieron frases como: “Si pude parir, puedo con esto” o “Si llegué hasta acá, puedo terminar”. Esas frases son creencias, y cuando no las uso como recurso, me puedo quedar. Lo importante, como dijo Luis, es respetar la planificación pero también trabajar con los recursos, para que no dependa del azar, para saber cómo trabajar y qué me voy a decir en el muro. ¿Alguien tiene alguna sensación de miedo, de desconfianza, para no llegar? ¿Alguien está en duda con sí mismo, no confía?

¿Qué se dicen cuando viene el cansancio? No. Voy a llorar. No estoy preparado. ¿Qué estoy haciendo acá?

Esas son las más comunes, agrega Diego.

¿Qué es lo que los incita a poder seguir, a llegar a la meta?, sigue Miriam, ¿Qué se dicen, qué les pasa, qué sienten, qué ven?

Sería importante que si hay algo de duda lo puedan identificar, porque es mínimo y si apareció en el entrenamiento o por estos días, es probable que el domingo les vuelva a aparecer. Entonces, estemos atentos a eso. Si lo tienen ahora, si a alguien le aparece, lo pueden traer y lo trabajamos.

 

Nuevamente silencio cuando termina de hablar Diego, pero se escucha la voz de Vicente de lejos, hasta que le alcanzan el micrófono.

-(…) porque uno empieza a dudar, cuando uno llega al 30 o por ahí…

Pero no la tenés ahora la duda, puede aparecer, intenta convencerlo Diego.

Hace un año y medio atrás tuve un problema cervical y me dijeron que no podía correr más. Pero seguí corriendo, hice el cerro Uritorco, hice dos medias maratones y después de eso 42. Tengo una duda, sé que no me va a pasar, pero bueno… (mientras hace una mueca de incertidumbre, de duda)

¿Y qué te gustaría pensar, qué frase te querés decir el domingo que pueda anular esta duda?

Que voy por la 20. Que voy por la 20…

Más fuerte por favor. Con más polenta, ¿cómo es?, le pide Diego a Vicente.

Que voy por la 20, porque la 19 me va a marcar para poder ir por la 20, dice más fuerte, con más seguridad. Con 61 años quiero llegar a la 20, ¡a la Nº 20!

Ahí está ¡Muy bien! ¿Vieron ustedes cómo se puede trabajar todas estas cuestiones? No hace falta que venga alguien con la bici, ¿sí? Sino que cuando Vicente se encuentre con su muro, se dice: “Voy por la 20”, ¿sí? Esto que decimos es así: cada uno tiene que identificar cuál es la frase para el momento específico del muro, para trabajar esas frases, ¿sí? ¿Hay algo más que quieran aportar sobre esto? ¿Pensaron si alguno tiene alguna frase negativa que sientan que los limita o están bien?

 

Claudia, la mujer que se ubicaba sobre la banqueta que entiendo que conocía de antes a estos coaches ontológicos que estaban dirigiendo la charla, levanta la mano y dice:

-Yo caminé a Luján, tengo miedo que me juegue en contra, pero me prometí que iba a ser mi regalo del día de la madre, así que todo el tiempo voy a evitar que se me venga ese pensamiento negativo.

¿Y cuál fue ese pensamiento?, interrumpe Miriam.

Tengo miedo que los 60 km que caminé hace dos semanas, me jueguen en contra para estos 42, pero no va a pasar.

Pero contanos hace cuánto estás entrenando y cuál es tu objetivo mayor, le pide Miriam.

Estoy entrenando para hacer mi primera carrera larga, El Origen, así que esto forma parte del entrenamiento y sé que va a pensar en mi cabeza cuando esté allá en marzo, voy a pensar en eso.

Ese es un pensamiento más positivo, agrega Miriam.

Agrego algo más a lo que dice Miri, aportando a lo que dice Claudia: No es casualidad, no quiero que aparezca. Ojo con esto porque el cerebro se va a ir para el no, entonces pensarlo directamente desde de lo positivo, como decía recién Vicente: “Voy para la 20”, a veces fijarse en ese pensamiento nos lleva a la meta y lo otro hay que dejarlo, porque cuando voy por uno, lo otro se anula, ¿se entiende?

Pensamiento positivo, signo más, dice Miriam (lo acompaña con el gesto en sus manos formando el signo +). Y repite. Es importante hacernos cargo de estos pensamientos, porque justamente estos pensamientos son los que me van a sumar más y más km. Los pensamientos negativos restan. Los positivos suman.

¿Cómo es la corporalidad en el muro? Yo puedo venir con la técnica, ¿pero cómo está mi cuerpo en ese momento, cómo está mi postura? Pensemos cómo quiero que esté y cómo debería estar. Vamos a invitar a Claudia a pasar acá para que nos represente cómo quiere estar cuando esté en el muro.

 

Ay no, dice Claudia, pero no lo duda y se acerca al frente, donde estaban ubicados los coaches. Mientras tanto un hombre pelado se acerca a saludar a Luis, después de unos segundos, me pregunta de qué estaban hablando: ¿De psicología?, y se sienta al lado.

-Dale, mostranos, bien arriba, le pide Diego a Claudia. Ella se acomoda derecha, con el pecho en alto, simulando estar en pose de corredora.

Y la frase que podés usar puede ser la que nos dijiste antes, ¿o no? ¿Cómo era?

 

Claudia no sabe bien qué decir. Pero Diego continúa, esperándola para que lo gritaran juntos, la mira, diciendo: Si parí, puedo con esto. Miriam se para al lado y empieza a sobreactuar la escena, imitándola en pose de corredora, con el brazo derecho levantado, con el puño apretado y con un gesto de aliento en la cara. La invita a hacer lo mismo. Ay no, Miriam, ¡¿qué querés que haga?! Pero termina accediendo a repetir el gesto que le indica. Se ubica al medio de Diego y Miriam, y riéndose, afirma: Si parí, puedo con esto.

-Vamos, bien ahí, bien arriba… ¡bien arriba!, la alienta Diego y le agarra el brazo para que lo tenga en alto, señalando el puño cerrado como triunfante.

¡Vamos… mierda, carajo!, grita fuerte Claudia.

Bueno, muy bien, gracias, sigue Diego. Claudia se retira para sentarse entre el público.

Es importante esto de la corporalidad porque el cansancio nos lleva a ir cada vez más para adelante (y lo dramatiza, encorvada). Y tener una postura lineal, los ejes abiertos, es lo que nos va a permitir tener respiraciones mucho más profundas, para poder oxigenarnos (va acompañando con gestos, se lleva una mano al pecho y va gestualizando su respiración, lenta, pausada), así como vamos a tomar geles para poder tener glucosa y nuestros músculos sean más eficientes y eficaces, tener pensamientos oxigenados también nos va a ayudar para poder preservar la energía.

Además otro tema de la postura, sigue Diego. Desde la programación de la lingüística, tenemos tres sistemas que utilizamos: visual, auditivo y kinestésico. El kinestésico, que tiene que ver más con las sensaciones, las percepciones y el diálogo interno, tiene que ver con un pensamiento… digamos, más como conectado con la cabeza hacia abajo, más en esta postura (y también dramatiza la pose como si fuera un corredor extenuado, agotado). Si nosotros llegamos al muro en esa postura, fisiológicamente vamos a estar más conectados con las sensaciones y con nuestro diálogo interno, ¿sí? Por eso, cuanto más erguidos estemos, además del aspecto fisiológico que nombraba Miri recién, hay un aspecto más de lo emocional, al no estar tan conectado con lo que estoy sintiendo físicamente, ¿sí? Y no voy a estar tan en diálogo interno ¿Hasta acá están de acuerdo? ¿Se están viendo en el domingo? (mira al público, busca complicidades). Esto que hizo Claudia es vital, muy importante, que cada uno piense su frase y se vea en la postura ¿sí? Lo que vamos a hacer ahora es un recurso más, es un pequeño ejercicio. Les vamos a pedir que, así como están sentados, traten de dejar lo que tienen en la mano (señala, haciendo referencia a aquellos que estaban con los celulares), es muy breve, muy potente y muy eficaz (mientras tanto los presentes se van parando, dejando sus celulares en los bolsos, las mochilas con el kit de la carrera en el piso o acomodándolas en las sillas). Traten de estar lo más cómodos posibles, les pido que cierren los ojos y se vean a ustedes mismos corriendo, como si fuese corriendo adelante, como si estuviesen en el cine, ¿sí? Ustedes están sentados en el cine y se ven a ustedes mismos corriendo adelante. Si no cierran los ojos, igual lo pueden hacer con los ojos abiertos (siento que me lo estaba diciendo a mí, yo estaba abriendo y cerrando los ojos, tratando de espiar lo que hacía el resto). Veo que Luis, al lado mío y recostado sobre el puff, mantiene los ojos cerrados. Claudia, al igual que otros presentes, está apoyada sobre la banqueta también con los ojos cerrados. Miriam se mantenía al costado, parada con los ojos cerrados y las manos en el abdomen. Me siento una imbécil haciendo esto, tengo vergüenza de ser la única, entonces abro y cierro los ojos, tratando de espiar qué hacen todos aunque buscando concentración.

Lo importante es como si pudiesen ver, proyectar, su imagen adelante, ¿sí?

 

Diego empieza a enumerar a cada uno de los que habían participado y sabía su nombre, pasando por al lado de cada corredor presente: Luis se ve corriendo a sí mismo… Claudia… Vicente… Miri… cada uno como si estuviese en 3D proyectando la imagen. Espera unos segundos, sigue caminando entre nosotros. Ya tengo los ojos abiertos, pero el resto sigue lo pautado de mantener los ojos cerrados.

Despacito… vamos volviendo, cada uno a su tiempo (lo dice con un tono lento, pausado, su voz se torna más angelical, suave) ¿Qué fue lo que hicimos? Disociarnos. Es el recurso que vamos a utilizar frente al muro. Ya vimos que tenemos el recurso de la postura, el de la frase que nos refuerza, que ya me contaron que les fue útil. Ahora vamos a pensar en esta técnica que se llama disociación. Es PNL. ¿Para qué sirve? Para no estar asociado a las sensaciones. Si bien no van a estar cerrando los ojos en la carrera, pueden volver a conectarse y verse a sí mismos adelante, proyectarse. Esto los va a ayudar a no estar tan conectados con las sensaciones físicas que, como decía Miri, son un hecho. Ahora estamos viendo recursos que dependen de cada uno para poder trascender el muro. Y para terminar, les vamos a pedir si nos podemos parar y hacer una ronda (hace el gesto con las manos para levantarse del piso, nos invita a sumarnos a la ronda).

Corren los cables de los micrófonos, acomodan los puff y las banquetas, y se forma el pequeño círculo entre los 15 aproximadamente que estábamos presentes.

Muchas veces somos conscientes por qué corremos, cuál es nuestra ambición, para qué. A veces es en homenaje a alguien. Para la carrera del domingo lo que queremos pedirles es que cada uno nos cuente cuál va a ser su estrella ascendente. ¿Qué persona de su vida los va a acompañar y motivar para que lleguen a la meta? (asocié lo de la estrella ascendente a la astrología y el horóscopo, pero también pensé que estos presentadores son muy astutos, por ello la mayoría de los que hacen coaching son exitosos y dictan charlas en distintos ámbitos, apelando a nuestras emociones).

Alrededor, algunos se mostraban sonrientes, otros cabizbajos, pensativos.

Qué persona… o personaje, intercede Miriam. O sea, por quién se sienten motivados. Si hay algo o alguien que tenga una emoción particular que en este momento.

Vamos pasando y cada uno va a decir: ‘Mi estrella ascendente es…’ y nombra a una persona.

 

Me acerca el micrófono a mí, alrededor hay silencio, entiendo que el resto está pensando en “su estrella ascendente”, tratando de decidir por esa persona o personaje. Yo también había hecho el ejercicio y tenía en claro quién iba a ser. Primero pienso que Diego y Miriam son muy obvios al apelar a los sentimientos, después asumo que son unos fenómenos, que logran emocionarnos con estas cosas. Lo esquiva a Luis y es mi turno:

-Por mi papá, porque viéndolo a él yo empecé a correr. Hoy él no puede hacerlo por un problema cardíaco y bueno, eso… (después me arrepiento de haber hablado tanto).

En mi caso va a ser por mi hija Nahir y por mi señora, son las dos personas que me aguantan todos los días… siempre las tengo en la mente cuando corro.

Yo voy a correr por mi abuelo, dice Claudia, con una sonrisa y los ojos brillantes.

Por mi nieto que está empezando a correr. La semana pasada lo hice correr una cuadra.

 

El resto se ríe frente a lo que dice Vicente, pero también veo un par de ojos llorosos, a mí se me estaba empezando a hacer el nudo en la garganta con todo esto.

Por mis tres hijos, dice un hombre de unos 40 años, llevaba un look muy deportivo, con lentes cuadrados de marco azul, sentado en la banqueta.

A mí me acompaña Dios, dice una mujer, que estaba parada más atrás.

Mi familia… y también en mi caso Dios porque gracias a él corro, dice otro hombre.

Yo corro por mi hijo que es discapacitado, por eso siempre voy para adelante, hace diez años que corro por él, dice otra mujer. A esta altura varios estaban con pañuelos en las manos.

También por mi familia, mis hijos, mi nieto y mi esposo que son los que me acompañan, en especial lo que me va a dar fuerzas en mis primeros 42 km, es que yo he venido corriendo carreras de 5, 10, 21 y esta es la Nº 100, así que quiero coronar mi carrera N° 100 terminando los 42 km, dice una mujer de rulos de unos 60 años con acento del interior, se ubicaba en el puff, al lado de Miriam.

 

Lo que viví en esta actividad es parte de una herramienta que se viene implementando y consolidando en el desarrollo profesional del ámbito empresarial y ejecutivo. De larga data, la psicología deportiva ha trabajado para que los atletas tengan más recursos a la hora de controlar sus emociones cuando se enfrentan, por ejemplo, a sus rivales en una prueba. Sin embargo, el coaching promete ir más allá, aportando la compañía de un guía que colabora con el deportista, para clarificar objetivos o preparar competencias. La oferta del servicio dictado por coaches como Miriam y Diego ha ido aumentando en los últimos años, extendiéndose como un beneficio en el área del deporte, buscando incrementar la motivación que el atleta o aficionado necesita para mejorar. Algunos manuales explican que el coaching supone un punto de apoyo para que la persona pueda ver con perspectiva dónde está y tomar las decisiones más adecuadas. Desde esta perspectiva, una de las claves es que la motivación no proviene desde el exterior, sino que nace en nuestro interior, y es ahí donde el coaching ontológico y deportivo tiene su campo de actuación. Los coordinadores de esta charla presentaron recursos a través de los cuales los corredores pueden gestionar las emociones, manejar la incertidumbre, exorcizar temores, no paralizarse y superar el llamado muro que aparecería hacia el final de la carrera. Los ejercicios realizados, las palabras de los coaches y la forma de interpelar a los deportistas amateurs fueron exhibidos para que pudieran ser conscientes de sí, descubrieran su potencial para lograr un mayor rendimiento y superar los obstáculos que pudieran surgir durante la maratón. Así, el coaching ontológico y deportivo toma elementos de la gestión empresarial, en línea con la cultura del emprendedorismo, para que los individuos ejecuten un “management del yo” a través de la acción eficaz en pos de optimizar el rendimiento con logros reales. Los corredores elaboran un plan para alcanzar la meta, con ejercicios que anticipan cómo sobreponerse en momentos de dificultad, para conquistar de este modo una felicidad que pueda ser exhibida. Esa felicidad (en este caso materializada en la medalla que comprueba la transición hacia el nuevo estatus) se convierte en un mandato –resultado de la ética neoliberal de competencia continua y transversal– pero también en una fuente de motivación para seguir avanzando en el mundo del running.

 

Punto de llegada: algunas consideraciones sobre lo que significa correr hoy

La ortodoxia neoliberal del siglo XXI plantea como moneda corriente la versión ofertista de los individuos, un rol necesario y estratégico donde las personas son las que asumen desafíos con ansias de ser productivas, auténticas y superarse día a día, en un panorama cargado de incertidumbre y ante el repliegue de un aparato estatal que les da la espalda. Más allá de las ideas político-económicas que se hayan intentado instaurar en los últimos años, particularmente durante los gobiernos progresistas en América Latina, el neoliberalismo nos deja como herencia la hegemonía de sus valores y su forma de vida, comenzando por el individualismo contemporáneo, que subraya la desafiliación, la disolución de los lazos sociales conocidos y la ausencia de solidaridad. Este modelo funciona como una religión que promete el paraíso si se siguen sus recomendaciones (Chaves, 2017). Resulta muy cómodo para quienes incrementan su poder y dinero ante las decisiones aplicadas en esa línea, entretanto el resto de los ciudadanos deben esforzarse, sufrir y reinventarse para sobrevivir. En el caso argentino esta corriente se sostiene sobre un discurso tecnocrático y de objetivos ambiguos no cuantificables. Sus portavoces, incorporando en el lenguaje un léxico proveniente del mundo de los negocios, proponen formas de vivir desde otra perspectiva, que contemplan el gerenciamiento de las vidas de las personas buscando soluciones técnicas a problemáticas sociales, políticas y económicas. A la luz de las dificultades reales de las poblaciones, en el discurso de los tecnócratas aparecen palabras –objetivos no cuantificables– como alegría y felicidad, usualmente sostenidas por recursos como los libros de autoayuda y la superación personal. Mientras tanto, el sujeto se mantiene y vive en crisis, expulsado de las instituciones, desatendido del Estado, desamparado y solo. La propuesta del modelo neoliberal es que gestione su autosostenimiento en escenarios cambiantes, depositando en la persona la confianza para hacer un “empresario de sí” con exigencias y deseos, replicando interiormente la letanía bien aprendida del optimismo capitalista (expresada en frases como “¡sí se puede!”, “puedo más” y “vos podés”), o la declaración del quebranto anímico. Como sucede en otras partes del mundo donde predomina este escenario cultural y político, en Argentina logró erigirse un “neogerencialismo” o un “capitalismo gerencial”, en el que los cuadros gerenciales o los CEOs circulan una subjetividad a través del lenguaje, mediante juicios y prejuicios donde se valora lo justo y lo injusto, lo deseable y lo posible, lo probable y lo improbable, lo que conviene y lo que no conviene para cada ámbito de nuestras vidas. Son juicios que crean una épica que genera esperanza, alientan al esfuerzo, promueven la pasión e invocan al amor compartido acerca de una idea de país o del mundo. Es así que el espíritu de época imperante global propaga la apelación de las emociones desde la “ontología de los negocios” para crear una nueva verdad y un nuevo sentido común de las cosas.

Elias y Dunning (1992) adhieren a que los seres humanos buscamos la emoción –el “entusiasmo” aristotélico– en nuestras actividades recreativas, la otra cara de la moneda del control y de las restricciones que coartan nuestra expresión emocional en la vida corriente. Los autores desafían la polarización convencional que existe entre ocio y trabajo, para plantear la idea de que las actividades recreativas son un complemento de las laborales. En sociedades relativamente bien ordenadas como la nuestra, la rutinización invade todas las esferas de la vida, incluidas las de mayor intimidad. Al haber disminuido las inclinaciones hacia la emoción de tipo serio y amenazador como ocurrían en la antigüedad, aumenta la función compensadora de la emoción lúdica donde las personas estarían buscando un modo de liberarse de todas las actividades mentales que los agotan en las pesadas rutinas cotidianas. ¿Por qué será que en nuestro tiempo de ocio buscamos pasatiempos que nos estimulen? En cierto sentido, la domesticación deportiva pretende evitar emociones negativas, especialmente las que se expresaran de forma acometedora (como tomar alcohol o participar en juegos de azar). Por eso, uno de los análisis más comunes sobre el deporte es aquel que lo identifica como liberador de tensiones, como una escapada respecto al estrés de la vida cotidiana. Pero el deporte, tanto de práctica como de espectáculo, también genera tensiones y otra forma de excitación a menudo asociada con el temor o la tristeza, tantas o más que las laborales o familiares, que impiden el relajamiento y la necesaria abstracción. Este razonamiento ilustra que las emociones dominantes son las mismas para el negocio que para el ocio.

Le Breton (2009) también pone en duda al deporte como relajante mental y sostiene que en una sociedad donde los puntos de referencia son incontables y contradictorios, las actividades de riesgo y contacto con la naturaleza donde uno prueba la fuerza de carácter, su coraje y sus recursos personales, las personas logran entablar una relación cercana con significados profundos. En prácticas realizadas en el tiempo libre o en vacaciones (rafting, canyoning, trekking, escalada, parapente y running) no necesariamente se compite contra otros sino que el individuo está buscando resistir al sufrimiento, sometiéndose a prueba su propia capacidad para soportar el dolor creciente. En las experiencias asociadas a la supervivencia, el individualismo contemporáneo se expresa mostrando que el hombre sólo es capaz de enfrentar la inmensidad del mundo, la depuración de las limitaciones y las facilidades de la vida en sociedad, exaltando capacidades como la resistencia, el esfuerzo, la lucha, la fuerza y el sudor. Todo lo que no contribuye a enaltecer estos atributos es lo que debe ser superado, llevando al extremo la figura individualista, moralmente superior, la cual opta por reducir los lazos sociales a un grupo que comparta el mismo esfuerzo, unidos en la búsqueda de situaciones estresantes que en su momento fueron planificadas como ocio.

Este escenario de masificación de prácticas deportivas como el running ocurre en conjunto con la aparición de lo que podría ser un “individuo pragmático”, como modo de individuación propio de la época neoliberal (Rubinich, 2011), donde las personas se ven envueltas en la cultura del rendimiento y en el relato de la autosuperación constante, de ponerse a prueba una y otra vez incluso entrenando sin una meta precisa pero con la obligación moral de tener que hacerlo diariamente (Rodríguez, 2016). No es detalle menor que la sociedad posmoderna considera a sus miembros primordialmente en calidad de consumidores. Las industrias ligadas al running saben dominar el lenguaje del marketing e interpelar a los corredores para desarrollar nuevas aspiraciones, convertir algunos de sus deseos en necesidades, quitar legitimidad a otras atracciones, y tener la capacidad de aprovechar la oportunidad cuando se presenta. El ocio ha estado (y aún continúa) atravesado por el mercado económico. Por ello, las iniciativas que rodean al tiempo libre se han convertido en “gestores de sensaciones” vinculadas al consumo a través de la producción de emociones. Se corre una maratón, dos o tres continuadas por año, sin descanso. También encontramos cada vez más personas que sueñan con aventuras y descubrimientos, y que a veces hacen de estas travesías una espectacularización creciente, ya sea en sus relatos o en sus posteos en las redes sociales. Para mis interlocutores, vivir estas experiencias es un método de reforzar la voluntad personal y de vencer el sufrimiento. Ellos pasan de una dificultad a otra. Bajo ninguna circunstancia, correr debería ser limitado como una práctica de tiempo libre pasivo, ligado a un “tiempo estéril”, un tiempo que no implica gastos por lo cual es improductivo para el mercado. Muy por el contrario, la práctica del running es configurada como una práctica de placer recreativo y ocio activo, sobreentendida cada vez más como un ejercicio de compra de bienes y servicios que revitalizan la economía, un ejemplo que demuestra que buscamos tensión y excitación en nuestro tiempo libre.

 

Referencias bibliográficas

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Benzecry, C. E. (2012). El fanático de la ópera. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.

Chaves, G. J. (2017). La batalla de las ideas. La disputa por la verdad. Los hechos y su interpretación. La producción de sentido común. La “posverdad”. Redea. Derechos en acción, (3), 261- 266.

Elias, N. y Dunning, E. (1992). Deporte y ocio en el proceso de la civilización. Madrid: Fondo de Cultura Económica.

Le Breton, D. (2009). Pasiones de riesgo y contacto con la naturaleza. Educación Física y Ciencia, 11, 13-31.

Ramírez, R. (2017). El proceso de conversión en los tratamientos en instituciones católicas. En Camarotti, A. C., Di Leo, P. F. y Jones, D., Entre dos mundos: abordajes religiosos y espirituales de los consumos de drogas, pp. 189-210. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Editorial Teseo.

Rodríguez, A. D. (2016). El gimnasio, el crossfit y el running aportan pistas para pensar un nuevo modo de individuación. Voces en el Fénix, (58), 50-55.

Rubinich, L. (2011). Productores privilegiados de visiones del mundo. Nociones de libertad en disputa. En Rubinich, L. y Miguel, P. (Ed.), Creatividad, economía y cultura en la Ciudad de Buenos Aires 2001-2010, pp. 9-44. Buenos Aires, Aurelia Rivera.

Van Gennep, A. (1986). Los ritos de paso. Madrid: Taurus.

Turner, V. (2013) [1980]. La selva de los símbolos. Aspectos del ritual ndembu. México: Siglo XXI Editores.

Wacquant, L. (2006). Entre las cuerdas. Cuadernos de un aprendiz de boxeador. Buenos Aires: Siglo XXI Editores.

[1] Universidad de Buenos Aires. Facultad de Ciencias Sociales. Instituto de Investigaciones Gino Germani (IIGG). Buenos Aires, Argentina. CONICET. Buenos Aires, Argentina.

[2] La cursiva en el cuerpo del texto debe entenderse como una apropiación del discurso de mis interlocutores, términos significativos desde el punto de vista nativo y expresiones de los actores; también es utilizada para resaltar palabras en otro idioma.

[3] Mi trabajo de campo se desprende de una investigación autoetnográfica y comparativa con corredores amateurs que asisten a Nike+ Run Club (NRC), el running team auspiciado por la firma Nike en la ciudad de Buenos Aires, y al Migueles Team (MT), equipo dirigido por el ex atleta argentino Luis Migueles.

[4] El subtítulo alude a la frase “There is not alternative” de los discursos de Margaret Thatcher de los años ochenta, y convertida en un mantra del neoliberalismo.

[5] Los fondos o rodajes largos son carreras de distancia con el objetivo de desarrollar resistencia mental y física, y habituar el cuerpo del corredor.

[6] De acuerdo al ritmo estimado por km y por tiempo de carrera, la organización entrega una pulsera para dividir a los corredores en “corrales” y así prever un mayor orden.

[7] La tarjeta profesional que me dio Miriam los presenta como “Derribando muros: coaching deportivo y PNL”. La Programación Neurolingüística (PNL) es una estrategia de comunicación, desarrollo personal y psicoterapia, que busca identificar y usar técnicas de pensamiento para influir sobre el comportamiento de una persona como una manera de mejorar la calidad y la efectividad de la vida.

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