Rodolfo Elbert – Trabajadores formales e informales: experiencias, identidades y acción colectiva

En el marco del conflicto generado en diciembre de 2016 por el recorte en Ciencia y Técnica y la expulsión del sistema científico de más de 500 investigadores recomendados para ingresar al Conicet, se lanzó una campaña de desprestigio hacia los científicos con el objetivo de justificar el ajuste implementado por el gobierno de Mauricio Macri. La campaña incluyó desde declaraciones de altos funcionarios del Ministerio de Ciencia y Tecnología (con frases del estilo de “los científicos no pueden investigar lo que quieren”) hasta trolls pagados por la jefatura de gabinete y macristas de escritorio cuya principal militancia durante el conflicto fue reproducir las mentiras e infamias de los trolls (sobre el ataque orquestado desde twitter ver el artículo de Pablo González en El Gato y La caja)[1]. Uno de los principales cuestionamientos que lanzaron estos cruzados del ajuste fue la supuesta irrelevancia de numerosas investigaciones en ciencias sociales y humanas.

Este cuestionamiento interpela directamente a los que investigamos en sociología, ya que se trata de una disciplina que tiene una gran tradición de reflexividad, de pensar sus condiciones de producción y las implicancias de sus investigaciones (Bourdieu y Wacquant, 2008). Es verdad que no necesitábamos la basura virtual emanada del troll center para reflexionar sobre esto, pero ante el desafío (por más malintencionado que sea) es bueno recoger el guante y preguntarnos: ¿Qué relevancia tienen nuestras investigaciones?

En mi caso particular, desarrollo hace varios años una investigación que propone un diseño multi-método para el análisis de las relaciones entre trabajadores formales e informales en la Argentina post-2001, tanto a nivel de la estructura social como en sus experiencias de vida, identidades de clase y estrategias de acción colectiva (Elbert, 2013). La investigación tiene una parte cuantitativa donde se analizan mediante encuestas los vínculos familiares entre trabajadores/as formales e informales y la interconexión entre formalidad e informalidad en las trayectorias laborales de trabajadores/as. El componente cualitativo de la investigación consiste en un trabajo de campo con entrevistas y observaciones junto a trabajadores, delegados gremiales de fábricas y vecinos en barrios de la zona norte del conurbano bonaerense con el objetivo de analizar los vínculos entre estrategias de acción colectiva de trabajadores formales e informales de la zona.

¿Cuál considero el hallazgo más relevante de esta investigación? Mientras estaba haciendo el trabajo de campo en uno de los barrios en el año 2011, fui testigo de la lucha de un grupo de vecinas y vecinos que se organizó para exigir al municipio mejoras en la infraestructura barrial y llevó adelante una toma de tierras públicas por un período de dos meses. Los reclamos incluían el pedido de viviendas sociales para el terreno, una solución permanente a las inundaciones que afectaban el barrio, la pavimentación de algunas calles y el fin de la contaminación del arroyo por parte de ciertas empresas. El grupo estaba formado principalmente por trabajadoras y trabajadores informales, desocupados/as y beneficiarios de algún tipo de plan social. Sin embargo, también participaron algunos trabajadores y trabajadoras empleados en el sector formal, entre los cuales se destacó la participación protagónica en la toma de un delegado de la comisión interna de un frigorífico vecino. La red de solidaridad de la toma incluyó a las comisiones internas del sindicalismo de base de algunas fábricas de la zona y a bachilleratos populares del barrio. La comisión interna de los trabajadores de un frigorífico cercano, recientemente conquistada por una lista de izquierda en el marco de la emergencia del sindicalismo de base, apoyó a los vecinos a difundir el conflicto y brindó alimentos para la olla popular de la toma, entre otras acciones.

Cuando pienso en la relevancia de esta historia vivida durante el trabajo de campo se me ocurren dos aspectos principales: por un lado, es relevante dar a conocer una lucha que unificó a trabajadores formales e informales, hacer sociología pública rescatando del olvido historias que difícilmente puedan trascender los límites del barrio o la fábrica en la cual ocurrieron. La otra relevancia tiene que ver con el lugar de este tipo de acciones de lucha en los debates teóricos sobre la formación de la clase trabajadora en América Latina. Esta sorpresiva alianza entre la lucha barrial de trabajadores/as informales y las comisiones internas desafía supuestos muy difundidos respecto de la fragmentación de las luchas populares en América Latina.  En particular, cuestiona la visión que la fragmentación socio-económica de los trabajadores llevó a la emergencia de una nueva clase social denominada “proletariado informal” (Portes y Hoffman, 2003) o “precariado” (Standing, 2011) que se distingue de la clase trabajadora formal tanto en su posición estructural como en sus identidades, experiencias de vida y estrategias de lucha.

Por el contrario, experiencias como las de la toma de tierras me permitieron profundizar en una definición amplia de clase trabajadora que si bien identifica diferentes fracciones según sus condiciones socio-económicas no divide de antemano las luchas, las experiencias de vida e identidades de clase de los trabajadores debido a una supuesta división de clase entre ellos. En términos teóricos, los resultados de mi investigación refuerzan una noción marxista de que los diferentes grupos de trabajadores son parte de la misma clase social, debido a que comparten una posición subordinada en relaciones de explotación y dominación y por tanto un mismo interés material de clase. En términos de tareas de investigación, propone un proyecto de investigación sociológico enfocado en analizar las relaciones existentes entre diferentes fracciones de la clase trabajadora y las estrategias de acción colectiva que refuerzan o debilitan estas relaciones, en vez de asumir que necesariamente la fragmentación socio-económica se traduce en el aislamiento de los diferentes grupos de trabajadores.

Volviendo al tema de la relevancia de las investigaciones en ciencias sociales, los funcionarios del ministerio de Ciencia y Tecnología expresaron durante el conflicto que la relevancia pública (o utilidad) de la ciencia debe estar dada por su contribución al desarrollo económico del país mediante la creación de empleo y la transferencia de conocimiento al sector productivo[2]. ¿Qué utilidad puede tener mi investigación según este criterio? En mi opinión, ninguna, ya que para cumplir con estos objetivos me debería proponer un conocimiento científico orientado a reforzar las pautas del desarrollo capitalista. Por el contrario, pienso que debemos generar conocimiento científico relevante para el proyecto colectivo de cuestionar diferentes formas de opresión y la emergencia de condiciones sociales para que las grandes mayorías populares vivan una vida plena (Wright, 1994 [2010]), algo que no es posible en el sistema capitalista.

Siguiendo esta definición puede haber diversos caminos para desarrollar una ciencia social crítica del capitalismo y orientada a objetivos emancipatorios. Por ejemplo, podemos mencionar investigaciones enmarcadas en la ecología política crítica del extractivismo y la depredación ambiental, estudios feministas que analizan críticamente el entrelazamiento entre capitalismo y patriarcado o algunas de las investigaciones e intervenciones de Pierre Boudieu diseccionando la violencia simbólica que reforzaba la dominación de los sectores populares durante la fase neoliberal del capitalismo. De las diferentes vertientes de sociología crítica mi trabajo de investigación se enmarca en la propuesta del marxismo sociológico (Burawoy y Wright, 2002), que utiliza los métodos más avanzados de la sociología para diagnosticar las causas y consecuencias de la desigualdad de clases asociada a las dinámicas de explotación capitalista, evaluar estrategias de superación de estas desigualdades y las posibilidades de funcionamiento de un sistema social alternativo basado en la democratización de la producción y el reparto igualitario del producto social (i.e. socialismo).

El hallazgo de la solidaridad entre trabajadores formales e informales en la zona norte del conurbano, por ejemplo, demuestra que más allá de diferentes inserciones laborales, bajo determinadas condiciones ambos grupos de trabajadores pueden desarrollar estrategias de lucha unificadas. En particular, la investigación muestra que la emergencia de un sindicalismo de base y democrático fue una condición necesaria para el desarrollo de estrategias de acción colectiva orientadas a unificar a las demandas de diferentes fracciones de la clase trabajadora. Por el contrario, la hegemonía en el lugar de trabajo por parte de sindicatos de orientación burocrática y las lógicas clientelares impuestas desde arriba por funcionarios y punteros en los barrios fueron un impedimento para la emergencia y/o el desarrollo de este tipo de estrategias inclusivas.

Algunos se podrían preguntar por qué estos resultados son relevantes siendo que la mayor parte del movimiento obrero está de hecho bajo direcciones burocráticas que bloquean el desarrollo de estrategias solidarias. El motivo es que la sociología no debe ocuparse sólo de lo posible o lo predominante, sino también desarrollar un conocimiento científico de las estrategias que intentan trascender los límites del sistema social existente (Wright, 2016). Estos pueden ser gérmenes de un sistema social alternativo (como las empresas recuperadas) o estrategias para combatir más eficazmente las dinámicas de explotación y dominación que caracterizan el capitalismo. La evidencia de mis investigaciones muestra que incluso en contextos desfavorables de sindicatos burocráticos y precarización laboral, el sindicalismo de base y democrático logró construir alianzas que unificaron al núcleo formal del proletariado con las fracciones precarias e informales de la clase trabajadora. La capacidad del movimiento obrero de enfrentar la actual crisis económica y ajuste regresivo en marcha depende del éxito de este tipo de estrategias. Es una de las tareas de la sociología anticapitalista comprender las potencialidades y los obstáculos para su desarrollo.

 

Referencias

Bourdieu, Pierre y Loic Wacquant (2008) Una invitación a la sociología reflexiva, Buenos Aires: Siglo XXI Editores.

Burawoy, Michael y Erik O. Wright (2002) “Sociological Marxism” en Jonhatan Turner (ed.) Handbook of Sociological Theory, Nueva York: Kluwer Academics/Plenum Publishers.

Elbert, Rodolfo (2013). “’Uniting What Capital Divides’: Union Organizing in the Workplace and the Community under the New Politics of Labor Informality in Argentina (2003-2011)”. Tesis Doctoral, Universidad de Wisconsin-Madison (mimeo).

Gonzalez, Pablo (2016) “Jugada preparada” https://elgatoylacaja.com.ar/jugada-preparada/ publicada el 27 de Diciembre de 2016, consultada el 18 de abril de 2017

Standing, Guy (2011). The Precariat. The New Dangerous Class. Londres: Bloomsbury.

Wright, Erik Olin (2010[1994]) Preguntas a la desigualdad. Ensayos sobre análisis de clase, socialismo y marxismo, Bogotá: Universidad Nacional del Rosario.

Wright, Erik Olin (2015) “How to be an Anticapitalist Today?” https://www.jacobinmag.com/2015/12/erik-olin-wright-real-utopias-anticapitalism-democracy/ publicada el 2 de Diciembre de 2015, consultada el 19 de abril de 2017.

 

[1] Si bien se dio mucha publicidad a los ataques que recibió la comunidad científica, también las redes sociales dieron muestras de solidaridad y compromiso con el desarrollo científico. La cuenta de twitter de @JcpBuenosaires, por ejemplo, pasó de tener 20 seguidores a más de 800 después de la toma del Mincyt y hashtags difundidos por la comunidad científica llegaron a ser trending topic durante varios momentos durante el conflicto.

[2] No voy a evaluar aquí la sinceridad de estos objetivos. Sólo cabe mencionar que estos funcionarios expresaban una supuesta preocupación por crear empleos de calidad mientras implementaban un ajuste que dejó a más de 500 investigadores sin un trabajo estable para el cual habían sido evaluados positivamente.

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