¿Qué se juega en Venezuela?, por Julio C. Gambina

Con la revuelta popular conocida como el “caracazo”, en febrero y marzo de 1989, se inicia un periodo de ascenso de la lucha social y política de Nuestramérica que abrirá el camino al cambio político de la primera parte del Siglo XXI en la región.

Desde entonces se suma al clima de época el levantamiento zapatista en Chiapas (1994) y una serie de movilizaciones populares nacionales en los 80/90, e iniciativas de articulación en campañas continentales y globales entre las que destaca el Foro Social Mundial en 2001 y la lucha contra el ALCA que adquirió fuerza masiva entre 2001 y 2005.

Muchos de esos procesos aportaron a comienzos del Siglo XXI a la construcción de gobiernos críticos con la política hegemónica de corte neoliberal instrumentada entre los 70 y los 90 del Siglo XX, generando expectativas de transformación social, incluso con novedosas formulaciones que retomaron en algunos casos el discurso anticapitalista y por el socialismo, que aparecía derrotado por la ofensiva de las dictaduras de los 70 y sus proyectos monetaristas, de ajuste y liberalización.

El liderazgo de Hugo Chávez fue emblemático hacia el interior del proceso venezolano, entre 1989 y 1999 en que asume la presidencia del país, y desde ahí en la construcción de la revolución Bolivariana, incluso como legado histórico luego de su muerte, en 2013.

Desde esa experiencia, la figura y el papel de Hugo Chávez adquirió envergadura y trascendencia en la región, con propuestas de integración alternativa a la subordinación que pregonaba el modelo hegemónico de liberalización, con su máxima aspiración en el ALCA, proceso discontinuado en el 2005 entre la convergencia de las Cumbres populares y el accionar institucional del Mercosur y Venezuela.

Fue el vínculo entre Cuba y Venezuela, especialmente desde fines del 2004 y el surgimiento del ALBA, luego ALBA-TCP, que se reinstaló la perspectiva socialista en el debate del rumbo posible para la región Nuestramericana. Así emergió en el discurso de Chávez la propuesta por el Socialismo del Siglo XXI, que luego se formularía desde Bolivia, en 2010, con la propuesta por un Socialismo comunitario y, en 2011, la renovación económica del socialismo en Cuba, proceso aún en desarrollo.

Todo ello se materializaba como una experiencia inédita en la región, lo que incluía a las categorías del “vivir bien” o el “buen vivir”, el carácter plurinacional de los Estados y los derechos de la naturaleza como nuevos horizontes civilizatorios, con las especificidades locales necesarias, entre las que destaca la política social de las “misiones” en Venezuela o la innovación de las “comunas” para el despliegue de una gestión con participación popular en la toma de decisiones.

El carácter transformador y creativo de esa etapa es lo que denomino “cambio político” en Nuestramérica, que fuera contrarrestado con un accionar deliberado y consciente de las clases dominantes de la región y del mundo, con procesos de reversión del rumbo crítico a las políticas hegemónicas de carácter reaccionario de la etapa inmediata anterior, mucho más si se proponía una orientación en sentido anticapitalista, antiimperialista y anticolonial.

Por eso, hay que considerar la nueva estrategia golpista en la región, que ya no adopta la forma de intervención militar tradicional, sino que acude a procesos desestabilizadores que promueven y/o potencian las dificultades y limites económicos de los procesos de cambio. Los llamados golpes blandos contribuyen a desplegar la iniciativa política del poder para retrotraer la situación de los países de la región a una “normalidad” por la liberalización, agenda privilegiada por los gobiernos en los 80 y 90 del Siglo XX¹.

De allí, la fuerte iniciativa política e ideológica de las derechas para erosionar la acumulación de fuerzas de poder popular y toda estrategia de cambio económico para habilitar una reinserción de Nuestramérica en la lógica de acumulación que definen las transnacionales y el poder mundial con la liberalización, más allá del “proteccionismo” de Trump o el Brexit británico. Ambos en la búsqueda de recrear el poder global perdido a manos de otros procesos que disputan la hegemonía mundial, sea China, Alemania, Europa, Japón o los llamados países emergentes.

Esa iniciativa política, con acciones diversas, entre ellas las “no-violentas”, copiadas y apropiadas de la experiencia de la izquierda y el movimiento popular por décadas, están asociadas al accionar de los principales medios privados de comunicación. Estos actúan en red multimedia y, además de disputar plusvalor, intervienen en la construcción de conciencia en la sociedad para desandar caminos y transitar otros más propicios para la acumulación de capitales y la perpetuación del capitalismo.

De ahí, los procesos de “golpes blandos” en Haití, agravados con la presencia militar de la región en la MINUSTAH (2004), en Honduras (2009), Paraguay (2012) y Brasil (2016), ahora exacerbado con los triunfos electorales en la Argentina de Mauricio Macri desde el 2015. Son en conjunto la precondición para intentar cambiar el clima social y político de época.

Ese es el marco que propicia el Grupo de Lima (acción multilateral de aislamiento de Venezuela y cara visible de la ofensiva externa), que retoma la agenda de la liberalización, el acercamiento a Estados Unidos, aun con el desprecio explícito que propicia Trump a sus aliados más cercanos, caso patético del gobierno mexicano. Pero es la condición necesaria, también, para desarmar la relativa nueva institucionalidad gestada en ese tiempo, caso de la UNASUR, de la que 6 países acaban de desvincularse por las perturbaciones que supone la existencia de Venezuela y de Bolivia².

 

Venezuela en el centro de la atención imperialista

La situación venezolana está en el centro de la discusión regional, sea derivada de la iniciativa de la política exterior de EEUU que asume a Venezuela como una amenaza, aunque también por sectores de izquierda críticos al proceso en curso, especialmente luego del deceso de Hugo Chávez, dirigente histórico del proceso bolivariano. En el medio se constituyen diversas variantes de apoyo, matizadas en la crítica, a una experiencia en permanente proceso de evaluación ante dificultades principalmente económicas.

De este modo, la cuestión venezolana no resulta indiferente para las distintas lecturas sobre lo que ocurre, su historia y devenir, no solo para Venezuela, sino para la región en su conjunto. En definitiva, es parte del debate estratégico entre quienes sustentan una lógica de defensa y promoción del orden capitalista y los que confrontan con esa orientación y no siempre desde la misma trinchera. Esto último divide colectivos sociales y políticos en el establecimiento de una estrategia alternativa común y que reconoce defensores de los procesos de cambio, caso de Venezuela, o aquellos acérrimos críticos por izquierda.

Todos sabemos de la riqueza potencial por tenencias de reservas petroleras que contabiliza Venezuela, del mismo modo que se reconoce la necesidad de Estados Unidos y del orden capitalista por apropiarse de los bienes comunes, en lógica mercantil: los abundantes recursos materiales naturales que posee Nuestramérica, y especialmente la tierra de Bolívar y Chávez, en tanto los hidrocarburos son insumo estratégico no renovable de la producción mundial.

Siendo importante la base material y natural venezolana, lo que más preocupa al poder global del capitalismo es la experiencia de cambio instalada desde el discurso crítico, más aún si adquiere carácter masivo, tal como se presenta en Venezuela. Me tiento en pensar en Cuba, cuyo peligro más importante para Estados Unidos y el poder mundial es el ejemplo de que, aun con límites, se puede ir contra la corriente y el pensamiento hegemónico.

Además, si al valor ético, social o de revolución que incluye Cuba en el imaginario popular, se asocia un proceso sociopolítico, Venezuela, asentado en cuantiosas reservas pasibles de transformarse en recursos económicos; entonces, el problema es serio para el orden capitalista.

Las condiciones económicas iniciales de la Rusia o la China revolucionaria dificultaban cualquier estrategia imaginable de superación del capitalismo, algo que cambia al momento de la revolución cubana, con una inserción en la división internacional de trabajo definida por el campo del socialismo en los años 70/80, ya en plena guerra fría y competencia bipolar del sistema mundial. Son condiciones que desaparecieron con la caída del muro (1989) y la desarticulación de la Unión Soviética (1991). Los acuerdos de fines del 2004 entre Cuba y Venezuela gestaron la condición de posibilidad para pensar en una base material de lanzamiento de un ciclo que recreara la potencia del anticapitalismo.

Cuba aportaba la solidez de su historia revolucionaria con las debilidades económicas derivadas, entre otras cuestiones, de los cambios tecnológicos en los 60 (de procedencia y dominación estadounidense a tecnología soviética) y nuevamente en los 90, con los límites de recursos económicos para una compra exigida al contado en los mercados globales. Venezuela aportaba el petróleo en momentos de máxima elevación del precio internacional del petróleo, sin perjuicio de otros proyectos trascendentes como es el caso de Petrocaribe, con acción más allá de la Isla. Las ventajas específicas asociadas generaron enorme expectativa en la renovación de un proyecto regional por el socialismo.

Esto es lo que el imperialismo y las clases dominantes se propusieron detener, porque la asociación entre Cuba y Venezuela se extendía en novedosas iniciativas políticas que habilitaron la integración sin Norteamérica (Estados Unidos y Canadá), caso de la CELAC, ahora amenazada con el resurgimiento de la OEA a mano de las derechas y claro, de la ineficacia o debilidad de los propios procesos de cambio en Nuestramérica, que incluye la corrupción, que ya no es solo patrimonio de los gobiernos tradicionales y la derecha.

Venezuela pretende ser recuperada para el proyecto hegemónico de dominación capitalista. Tiene enormes reservas petroleras en momentos de crisis energética, en tanto parte de una crisis capitalista integral que tiene a los hidrocarburos como insumo estratégico del modelo productivo y de desarrollo mundial. Pero más importante aún es el ejemplo que instaló, incluso discursivamente, de una potencial revolución socialista.

Es importante recordar que en 1989 empezaba el derrumbe de la bipolaridad del sistema mundial y se ventilaban estrategias ideológicas discursivas sobre el “fin de la ideología” o de la “historia”, augurando un tiempo pacífico de dominación capitalista como horizonte deseado para la civilización contemporánea. Al mismo tiempo emergían los pueblos desde Caracas y más tarde desde Chiapas, del Alto en Bolivia, en Ecuador, en Argentina y en distintas ciudades y países para mostrar que la historia no es unidireccional y que la lucha de clases se manifiesta en acontecimientos que parecen predeterminados por la lógica de quienes dominan hasta que el pueblo hace visible su lucha.

Al tiempo que el capitalismo aparecía ganando su batalla contra el socialismo, desde la lucha popular y en especial desde Venezuela se iniciaba una nueva experiencia que generó expectativas populares de cambio político en todo el mundo. Se volvió a instalar la condición de posibilidad para pensar en la transición del capitalismo al socialismo, una asignatura pendiente a discutir en este bicentenario del nacimiento de Carlos Marx, o si se quiere, a 150 años de publicado el Tomo I de El Capital, y/o a 100 años de la revolución por el socialismo en Rusia.

También es cierto, que el proceso de transformación revolucionaria contiene los problemas internos, o que se asumen en las diferentes estrategias al interior del proceso en cada experiencia. Es un tema a balancear en la experiencia rusa y soviética³; china, cubana o vietnamita; incluso en las más recientes de Nicaragua o El Salvador, las que se reconocen en un mismo tronco teórico y práctico por la transformación socio-económica.

Al respecto, el economista venezolano José Félix Rivas señala que: “La confrontación por Venezuela tiene como objeto no sólo obtener un bajo precio del petróleo, sino principalmente garantizar el acceso a este recurso natural. Venezuela es poseedora de reservas naturales de gran importancia para el autómata global del Siglo XXI. Cuenta, además de grandes reservas de oro y petróleo, con otro tanto de minerales estratégicos. Además, posee agua y reservas vegetales. La economía venezolana es clave para el actual reacomodo estructural del capitalismo mundial”4.

El autor venezolano agrega que: “Esto significa que, detrás de los actores aparentes del conflicto político venezolano (la MUD, Almagro-OEA, entre otros) se agazapan los actores fundamentales como las grandes trasnacionales del petróleo, la banca de inversión y aquellas corporaciones mundiales que pueden beneficiarse de los recursos naturales y especialmente los minerales.” Continúa diciendo que “En el fondo, la confrontación que se expresa en el plano político como una insurrección de la derecha, es en realidad una faceta de la confrontación política por el control de la renta petrolera y, específicamente, por el dominio político del aparato del Estado. Esto lleva aparejado la intención de recuperar el control pleno de la política económica, junto con las otras políticas públicas y, de las instituciones fundamentales (Petróleos de Venezuela –PDVSA-, Banco Central, Ministerios de la Economía, banca y empresas públicas) que el proceso chavista, a pesar de las grandes limitaciones, ha logrado promover a través de ella una orientación a favor de los intereses nacionales. Para ellos es fundamental desmantelar la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, porque la fidelidad de la MUD es con el Comando Sur y la IV Flota.” Finaliza destacando: “De tal manera que, se trata de instalar un Gobierno de transición para el desmontaje del marco legal e institucional que actualmente le concede al Estado la administración soberana de los recursos naturales, que permite a la población trabajadora acceder a la tierra, a la vivienda, a la salud, a la alimentación, a la educación, a la tecnología, al control de la producción”5.

Corresponde la prolongada cita para entender con la propia prosa de un intelectual y profesional con responsabilidades en el proceso venezolano, los límites estructurales del capitalismo dependiente en Venezuela y los intereses en pugna para la reproducción de la lógica de la dependencia capitalista, lo que supone una disputa por la producción de riqueza.

 

Relación entre economía y política

No hay frontera clara entre ambas categorías, Economía y Política y, de hecho la disciplina teórica en origen respondía  a la denominación de Economía Política. Solo por razones ideológicas se transformó en la técnica de la “economics”, intentando una desvinculación de todo análisis social y menos de la crítica de la Economía Política que fundamentó Carlos Marx hace siglo y medio. Las matemáticas y la técnica desplazaron a las consideraciones históricas y sociales originarias en los estudios clásicos de la Economía Política.

Por eso, como no hay una sin otra, ni crítica a la una sin la crítica a la otra, es que no funcionan, a nuestro criterio, los análisis de realidad que asumen la falsa separación de la lucha de clases nacional, regional o mundial para considerar cualquier situación nacional. El cambio político en la región se frena al no avanzar en modificaciones estructurales de las relaciones sociales de producción y, éstas no se proyectan o procesan porque son débiles las iniciativas políticas populares que favorezcan nuevas culturas de consumo y producción que convoquen a constituir mayorías político-programáticas que sean condición de posibilidad para la transición del capitalismo al socialismo.

No alcanza con mediciones tradicionales para una crítica a la experiencia venezolana, aun cuando sean necesarias a los efectos de medir tendencias y procesos comparables con la lógica de evolución de la economía mundial capitalista.

Por eso, es que aun cuando habitualmente aludimos a datos que recogen las estadísticas oficiales, siempre hay que relativizarlos con análisis cualitativos con relación a la situación estructural de consolidación o no de una determinada configuración de relaciones sociales de producción.

Muchas críticas al proceso económico en Venezuela, que se extienden a la faz política remiten a consideraciones  sobre la evolución del PBI, claramente a la baja en los últimos años en Venezuela o al funcionamiento de la macroeconomía según paradigmas mundiales que recogen las estadísticas de ofertas y demandas ofrecidas por las contabilidades nacionales, donde el desabastecimiento corrobora la caída del consumo de los sectores populares en Venezuela. Los mercados capitalistas, existentes en Venezuela, son dominados por el monopolio que ejerce el poder de la producción y circulación del capital, por lo que define el tipo de cambio real y con él el ilegal o paralelo con acciones inducidas para su sostenimiento. En ese marco juega el endeudamiento público, y claro, los límites de una política económica condicionada por la hegemonía de las relaciones capitalistas no superadas en la formación económica social venezolana.

La crítica de la Economía Política e incluso los teóricos clásicos de la revolución no avanzaron históricamente en la definición del nuevo modelo productivo y de desarrollo, tarea que corresponde a la creatividad del sujeto de la transformación revolucionaria de la sociedad. No hay en Marx camino trazado para la construcción del socialismo; ni en Lenin, más allá de las políticas asumidas bajo su liderazgo para correcciones en el proceso de la coyuntura, caso de la NEP. Fidel Castro comentando los cambios en el modelo económico del 2011 señalaba que no había definición ni modelo sobre la construcción del socialismo. Por eso insistimos en varias intervenciones en que el socialismo, al estilo de Mariátegui “no será calco ni copia, sino creación heroica”.

Por ello, se impone la simultaneidad del ensayo de construcción de la nueva sociedad del tránsito de las relaciones sociales de producción con la nueva forma de organización de la comunidad, incluso con perspectiva de transitoriedad de las relaciones estatales, algo que constituye parte del ensayo de las comunas en Venezuela. No hay dos tiempo, el de la política y el de la economía. Ambos se procesan en conjunto y por eso ante la desestabilización política promovido desde el poder mundial entre 2014 y el presente, diverso en iniciativas, el trasfondo ocurría con el descontento ante la insatisfacción de abastecimiento de necesidades de parte de la población más empobrecida. La respuesta gubernamental fue simultánea, con los CLAP, Comités Locales de Abastecimiento y Producción6,  y el poder en las comunas, diferenciado y a veces contradictorio con el poder burocrático estatal.

Aludiendo al poder comunal, Gilberto López y Rivas sostiene que “En el memorable documento Plan de la patria, más vigente que nunca en condiciones de riesgo extremo, el comandante Chávez planteó lo siguiente:

“Para avanzar hacia el socialismo, necesitamos de un poder popular capaz de desarticular las tramas de la opresión, explotación y dominación que subsisten en la sociedad venezolana, capaz de configurar una nueva sociedad desde la vida cotidiana, donde la fraternidad y la solidaridad corran parejas con la emergencia permanente de nuevos modos de planificar y producir la vida material de nuestro pueblo. Al presentar este programa, lo hago con el convencimiento de que sólo con la participación protagónica del pueblo, con su más amplia discusión en las bases populares, podremos perfeccionarlo, desatando toda su potencia creadora y liberadora”.

Agrega que “Es así que surge el Estado comunal, que es definido en la Ley orgánica de las comunas como la:

“Forma de organización política social, fundada en el Estado democrático y social de derecho y de justicia establecido en la Constitución de la República, en la cual el poder es ejercido directamente por el pueblo, con un modelo económico de propiedad social y de desarrollo endógeno sustentable, que permita alcanzar la suprema felicidad social de los venezolanos y venezolanas en la sociedad socialista. La célula fundamental de conformación del estado comunal es la Comuna.” (Ley orgánica de las comunas. Ministerio del Poder Popular Para las Comunas y Protección Social, 2010, Artículo 4.10).7

La alusión que hacemos a las comunas y a los CLAP lo asociamos al aprendizaje de la revolución bolivariana. Ya hemos mencionado que la prédica por el socialismo emerge a fines del 2004, ya que previamente el horizonte de construcción era de crítica al orden neoliberal hegemónico8, que empieza a tener horizonte por el socialismo desde la práctica concreta, desde el ejercicio del gobierno entre 1999 y 2004. Es la experiencia concreta la que define que no alcanza con la crítica al neoliberalismo, sino que se requiere ir más allá y en contra del capitalismo. Ese es el momento de la preocupación máxima del poder y el crecimiento del hostigamiento, exacerbado ante la muerte de Chávez y contra la nueva gestión de Nicolás Maduro.

Claro que enunciar el horizonte socialista no supone en sí mismo construir el socialismo, sino que resulta la premisa imprescindible como formulación para disputar consenso social masivo para revolucionar la sociedad. Recordemos el traspié electoral con Chávez en la conducción del Estado venezolano cuando se quiso constitucionalizar el rumbo socialista. El socialismo solo puede construirse con una subjetividad masiva y consciente para construir una nueva sociedad, contra el capitalismo y por el socialismo. Esa es la condición de posibilidad para afirmar el tránsito del capitalismo al socialismo.

Por eso las “guarimbas” y hasta el desconocimiento del legítimo ejercicio de la presidencia de Maduro, exigiendo elecciones anticipadas al tiempo que se ejercía el boicot económico, con desabastecimiento y mercado negro, claro que, también, con complicidades de la corrupción, que lamentablemente no desaparece en los gobiernos con pretensión de cambios profundos. La respuesta fue en la política y en la economía, con los CLAP, las comunas y la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente – ANC, luego en ejercicio y debate, para alimentar el consenso social al tiempo que se construye economía y política bajo condiciones de desestabilización por parte del poder local y mundial.

Es curioso cómo una vez que se asumió la convocatoria anticipada a elecciones, reclamada por la oposición, ésta demandó la postergación y ante la concesión, una mayoría opositora desistió de protagonizar la convocatoria, lo que pone de manifiesto el carácter no democrático de la estrategia opositora y la definición por una retomada de la estrategia del poder global para restituir a Venezuela al redil de la lógica capitalista. Este 20 de mayo, día previsto para la elección presidencial en Venezuela, no sólo se juega la continuidad del proceso venezolano sino, que podemos decir, también, el futuro de Nuestramérica.

 

Notas:

Doctor en Ciencias Sociales, UBA. Profesor titular en las Universidades Nacionales de Rosario y San Luis. Profesor de posgrado en Universidades públicas de Argentina. Presidente de la Sociedad Latinoamericana de Economía Política y Pensamiento Crítico, SEPLA. Director del Instituto de Estudios y Formación de la CTA Autónoma. Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP.

1. Marcos Roitman Rosenmann. Breve manual actualizado del golpe de Estado. Editorial Sequitur. Madrid, 2017. El texto incluye Métodos de la Acción no violenta de Gene Sharp y Operación Venezuela Freedom-2, del Comando Sur de EEUU.

2. Los 6 países son: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú.

3. Imprescindible leer la investigación del cubano José Luis Rodríguez bajo el título “El Derrumbe del Socialismo en Europa”, editado por RUTH Casa Editorial en La Habana, 2014.

4. José Félix Rivas Alvarado. “Venezuela: Enfrentando a un golpe no tan blando”. En: “Nuestra América XXI. Desafíos y Alternativas” Boletín n° 9 de Julio 2017, del Grupo de Trabajo de CLACSO sobre Crisis y Economía Mundial. http://docs.wixstatic.com/ugd/12e354_19b870c568ae48f4b634fb947c9d893f.pdf

5. Ibidem

6. Nicolás Maduro twiteó el 12/3/2018: “Ante las adversidades que enfrentábamos el 2016, comenzó el proceso de creación de los Comité Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP). Después de dos años, podemos decir con orgullo que funcionó. Venezuela está protegida”.

7. Gilberto López y Rivas. “Poder comunal-popular en Venezuela”. Texto completo en: https://www.lahaine.org/poder-comunal-popular-en-venezuela

8. El horizonte político de Hugo Chávez fue por el definido en ese tiempo como un proyecto de “Tercera Vía”, una lógica político ideológica inspirada en Anthony Giddens y asumida por Tony Blair y Bill Clinton.

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