Nayla Luz Vacarezza – La problemática en torno al aborto

En los últimos meses hemos escuchado con frecuencia que las Ciencias Sociales y las Humanidades proporcionan recursos a la sociedad para pensarse a sí misma. Creo que, además, brindan herramientas que se construyen colectivamente –en el diálogo, la polémica y el intercambio entre pares– para la transformación social y para imaginar –con la mirada puesta en el presente o en el pasado– que los tiempos venideros pueden ser de otra manera: más justos, más equitativos, más democráticos.

Este carácter colectivo y transformador de las Ciencias Sociales y las Humanidades puede no constatarse empíricamente en la producción de cada resultado de investigación, pero ciertamente funciona como una promesa y una guía que nos convoca cotidianamente a seguir trabajando.

El amplio campo de la investigación social con perspectiva feminista y de los Estudios de Género y Sexualidades donde se inscribe mi trabajo tiene ya una trayectoria de varias décadas de diálogos, discusiones y acuerdos en la producción de conocimientos. Estudiamos los modos en que las diferencias sexuales son producidas y socialmente jerarquizadas en sistemas de desigualdad que legitiman formas de opresión y violencia hacia las mujeres y hacia quienes viven por fuera o en los márgenes de la norma heterosexista. Pero también estudiamos las formas de resistencia hacia estos sistemas opresivos y los modos en que se transforman.

Para muchas de las precursoras en estos temas, la militancia y el exilio vinieron antes que la legitimidad para producir y transmitir conocimientos dentro de los espacios científicos y académicos. Esa historia le imprime a este campo de estudios un carácter que desentona con el ideal de ciencia autónoma, neutral y distanciada de las necesidades y problemas de la sociedad. Se trata, más bien, de un conjunto diverso y no siempre armónico de voces que se destaca por su compromiso con lo social y con la transmisión de conocimientos y de herramientas técnicas hacia afuera de las instituciones académicas.

En mi caso personal, me encuentro investigando hace diez años sobre la cuestión del aborto desde una perspectiva que estuvo centrada, primero, en la experiencia y, más recientemente, en los afectos. Mi trabajo forma parte de un conjunto de investigaciones comprometidas con la lucha por la legalización del aborto que han logrado resultados científicamente relevantes y han proporcionado herramientas certeras y fundamentadas empíricamente para los debates públicos sobre la legalización. Entre otros logros, se ha establecido la dimensión social del problema a nivel cuantitativo (fueron 55 las mujeres muertas por aborto en 2015 y son alrededor de 500.000 los abortos que se practican cada año en Argentina); se estudió el impacto negativo de la ilegalidad en la salud y la vida de las mujeres; se ha comprobado la disposición social para debatir el tema y su aceptación en la opinión pública; se historizó la trayectoria del activismo y sus estrategias; se analizó críticamente el modo en que los medios se hacen eco del problema; y, también, se consideró al derecho al aborto como una cuestión de ciudadanía de las mujeres y se produjeron argumentos de Derechos Humanos para fundamentar la legalización.

La perspectiva que elaboramos con July Chaneton en nuestro libro La intemperie y lo intempestivo. Experiencias del aborto voluntario en el relato de mujeres y varones (Marea, 2011) permite comprender, a partir del análisis de la palabra de varones y mujeres de distintas edades y procedencias socioculturales, los efectos de la clandestinidad del aborto sobre los cuerpos y las subjetividades. Cuestiones urgentes relativas a la autonomía y la justicia reproductiva se revelan en el estudio. Las entrevistas permiten afirmar que la criminalización del aborto genera un medio ambiente de incertidumbre y miedo que pretende doblegar la autonomía de las mujeres, restringiendo sus acciones posibles. Sin embargo, pudimos comprobar que –con o sin la compañía de los varones participantes de la concepción– mujeres de todos los sectores sociales ejercen su autonomía y abortan. El efecto de conjunto de la prohibición incumplida del aborto es una situación de profunda injusticia donde se generan ganancias para un lucrativo mercado clandestino, al mismo tiempo que se distribuye desigualmente la criminalización y la vulnerabilidad corporal entre mujeres de distintas clases sociales.

Una de las cuestiones que motivó aquella investigación estaba relacionada con los afectos y su carácter político. Notábamos una falta de empatía social frente a la cuestión del aborto y consideramos que los relatos de la experiencia tenían un enorme potencial para incorporar nuevos argumentos cargados de afectos a un debate público saturado de razones de tipo legal, médico y ético que tendían a volverse abstractas. Esos argumentos fueron bien recibidos y, en 2012, cuando se avivaba el debate parlamentario de la legalización, el libro fue declarado de interés cultural por la Cámara de Diputados de la Nación.

Continúo actualmente profundizando en la investigación acerca del rol de los afectos en las luchas por el derecho al aborto en América Latina. A grandes rasgos, lo que guía mi interés es la pregunta por el cambio social en las “estructuras de sentimiento” que hacen del aborto una cuestión que solamente puede inspirar terror, culpa y asco. Advierto que, cada vez más y de maneras más originales, estos afectos debilitantes de la capacidad de obrar de las mujeres están siendo desafiados por el amplio movimiento por el derecho al aborto. El análisis de las producciones artísticas y culturales del movimiento muestra que la indignación, la rabia y el descontento con respecto a las injusticias, las muertes y los encarcelamientos por aborto son afectos que movilizan deseos de transformación social. Pero también, el aborto comienza a asociarse con emociones como la serenidad, la alegría, la determinación y el alivio. Estas tonalidades afectivas expresan un renovado esfuerzo político por desestigmatizar, legitimar y apoyar las decisiones no reproductivas de las mujeres y, en general, de las personas con capacidad de gestar.

Los resultados que empieza a mostrar esta nueva línea de investigación no solo aportan saber experto sobre una cuestión poco estudiada hasta ahora y renuevan diálogos académicos en curso con especialistas en el tema a nivel regional. También, esos resultados vuelven a las organizaciones y activistas que los hicieron posibles, contribuyendo al intenso trabajo reflexivo que llevan adelante sobre sus estrategias políticas y sus producciones artístico-culturales. En el horizonte colectivo donde se trama este trabajo palpita un deseo de justicia y transformación social porque el aborto legal, seguro y gratuito continúa siendo en nuestra región una deuda de la democracia.

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