María Maneiro – Trayectorias suburbanas y representaciones sociales

Hacia fines del año pasado, cuando la comunidad académica reclamaba el cumplimiento del crecimiento del plantel de investigadores tal como lo determina el -formalmente vigente- Plan Innovadora 2020[2], el ministro Barañao afirmó que “ningún país con el 30% de pobres aumenta la cantidad de investigadores”, mientras  al mismo tiempo reclamaba  “que los investigadores tengan otro perfil” y “que se inserten en los procesos productivos y en la solución de problemas sociales”[3].

El argumento del ministro resulta paradójico y controversial: ¿los países con índices altos de pobreza no tienen derecho a la producción de conocimiento? ¿El desarrollo científico es el responsable de la pobreza? ¿Cuál es el fundamento que sustenta la relación entre el recorte en el sistema científico y la pobreza? En un contexto en el cual desde el Estado se promueven diversas medidas que contribuyen a la distribución regresiva del ingreso, la asociación que propone el ministro es desafortunada y falaz.

Sin embargo, poco después, el ministro afirma que lo que se está promoviendo no es la retracción de la investigación, sino la mutación de perfil; ahora se priorizaría la actividad científica “útil”; ¿pero cuáles son los criterios sobre los cuales se define esta utilidad? ¿Cuál es el estatuto de la comunidad científica en relación a la definición de esta vinculación entre la noción de utilidad y la de producción científica? ¿La producción de saber no constituye en sí mismo un criterio de utilidad?

El trabajo que desarrollo dentro de mi plan de trabajo en la carrera de investigación del CONICET se interroga acerca del estatuto de las representaciones sociales en contextos de incertidumbre social. Para ello retoma la noción de zona gris, formulada por Primo Levi y revisitada por Javier Auyero, como ámbito de indeterminación social, para plantear como hipótesis de trabajo que las representaciones sociales construyen fronteras morales (estrategias  securitarias) que permiten  afrontar estas situaciones. Este trabajo construye  su base empírica mediante entrevistas semi estructuradas en las cuales se exploran las trayectorias y las representaciones sociales en torno al hábitat, al trabajo y a la politicidad popular de los habitantes de los barrios marginalizados del conurbano.

Profundicemos cada una de las dimensiones. Nuestra indagación en relación al hábitat explora la biografía habitacional de los vecinos de estos barrios: sus migraciones, la forma en que accedieron a su vivienda, las características de la misma y del vecindario como así también las modificaciones generacionales producidas. Sobre esta misma dimensión se pesquisan sus representaciones en torno a la responsabilidad personal, familiar y estatal respecto de la construcción de un espacio social habitable.

Acerca de la cuestión laboral, nuestra investigación profundiza las modalidades de inserción en la trayectoria de cada vecino y los itinerarios de trabajo indagando las modalidades de inclusión productiva y en torno a derechos;  dentro de esta red de exploraciones se profundiza el conocimiento de esta trayectoria y la de las generaciones previas y siguientes. Asimismo a se investigan las representaciones sociales respecto del imperativo productivo y en torno a los derechos sociales, explorando fronteras sociales, distinciones y valoraciones barriales.

En tercer lugar la dimensión relativa a la politicidad popular congrega la exploración de las modalidades de participación barrial y las redes de colaboración comunitaria; como así también los conflictos de intereses y la articulación con mediatores político-estatales como modalidades de resolución de problemas. Ligado a lo anterior indagamos las representaciones sociales acerca de estas experiencias personales, los sentidos que las invisten, los umbrales que se demarcan y los criterios de merecimiento que se construyen.

Tal como se desarrolla en los párrafos previos, la propuesta de trabajo que presentamos contiene un tipo de investigación en la cual los protagonistas son los habitantes suburbanos: sus historias y sus modalidades de interpretación.

Estos sujetos frecuentemente habitan espacios con problemas de contaminación, viven en casas más o menos precarias que fueron y son producidas –trabajosamente- por ellos mismos; las formas de tenencia de estos terrenos condensan historias de informalidades varias; estos vecinos, en muchos casos estuvieron y/o están débilmente insertos en las relaciones laborales, y frecuentemente vieron despreciados sus derechos sociales; estos sujetos -participantes o no  de redes políticas de subsistencia- viven su cotidiano cerca de la política territorial, se confrontan de diversas maneras con sus capacidades para la distribución de recursos y sus modalidades resolución de problemas. Entendemos que las representaciones sociales –que expresan imperativos morales y fronteras de inclusión/exclusión- constituyen un elemento intrínseco al proceso de dotar de certidumbre una vida cotidiana con quiebres en la seguridad social. Estos sujetos cuyas vidas están fuertemente ligadas a la contingencia y a la desprotección están viviendo hoy una nueva proscripción. Conocer sus trayectorias de vida, sus modalidades de subsistencia y sus representaciones sociales acerca de su propio habitar no resulta un tema útil para las directrices del CONICET. La presentación del dato cuantitativo en torno a la pobreza se expresa como un fundamento para el recorte y no como un desafío para la producción de conocimiento desde y con las fracciones marginalizadas.

Nuestra investigación no tiene un correlato inmediato en relación a la resolución del problema social sobre el que se asienta. Sin embargo conocer estos elementos en profundidad es un paso sustancial en relación al diagnóstico situacional. Durante estos años mediante los proyectos de extensión universitaria fuimos avanzando en el reconocimiento de los problemas sociales del barrio y colaboramos en la elaboración de estrategias de demanda de derechos  por parte de los propios vecinos de estos barrios. Seguramente se podrían pensar mediaciones para que estos resultados de investigación se transformen en sustratos de políticas públicas. No obstante, un estado sólido; promotor de derechos, profesionalizado y con trabajadores bien pagos sería una condición de posibilidad para la resolución de problemas en el marco de una complementación entre la investigación académica y las políticas públicas. Los científicos sociales, sin duda, estaríamos interpelados en la producción de este tipo de utilidad democrática. Sin embargo las políticas en curso se están desarrollando exactamente en una dirección contraria.

 

[1] Profesora de la Carrera de sociología. Facultad de Ciencias Sociales- UBA /Investigadora del CONICET con sede en el IIGG.

[2] Ver http://www.argentinainnovadora2020.mincyt.gob.ar.

[3] Ver http://www.perfil.com/politica/baranao-ningun-pais-con-30-de-pobres-aumenta-la-cantidad-de-investigadores.phtml.

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