“La Faraona”: La construcción de empatía en tiempos de redes sociales

 

Por Carolina Duek[1]

 

Introducción

 Nadie puede discutir hoy la presencia de las redes sociales en la vida cotidiana de la población, conectada a Internet de alguna manera. Con cuentas propias, compartidas, con limitado o nulo acceso a las redes sociales, ellas forman parte de las formas contemporáneas que adquiere la comunicación. La valoración que podamos adjudicarle a los usos, las apropiaciones, los significados y la periodicidad (algunos hablan de adicción a las redes) se vincula con nuestras propias trayectorias, nuestro vínculo con y a través de las redes. Muchos investigadores afirman, desde hace décadas, que las tecnologías no son ni buenas ni malas, sino que es en los usos en donde se articulan las valoraciones.

Según Statista, una de las fuentes más confiables en lo que refiere a estadísticas de usuarios de redes sociales, en 2018 Facebook cuenta con 2196 millones de usuarios, YouTube con 1900, WhatsApp con 1500, Instagram con 1000 y Twitter con 336 millones de personas que tienen cuentas activas. ¿Qué nos indican estos números? Por un lado, la indiscutible presencia de las redes sociales, pero, por otro, la imposible generalización de los usos y apropiaciones que los usuarios y productores de contenido hacen de las redes que utilizan. Entre las formas de uso que se han consolidado en los últimos tiempos aparecen roles con novedosos nombres que es indispensable analizar: influencers, YouTubers e Instagrammers son algunas de las denominaciones que se repiten en notas periodísticas, artículos y definiciones.

El consenso entre múltiples definiciones es que un influencer es alguien que tiene el poder de afectar las decisiones de compra de otros mediante su autoridad, conocimiento, posición social o relación con la audiencia. Pero también, un influencer es quien tiene seguidores de un nicho particular con el que se vinculan de forma activa quien produce contenido y quien lo recibe o produce. YouTubers e Instagrammers son personas que producen contenido para esas redes sociales generalmente orientados a una temática específica que cultivan con tiempo, paciencia y en algunos casos con una inversión económica, para ganar seguidores y hacer redituables sus cuentas.

Y es en este punto en donde aparece el núcleo de este artículo: uno de los personajes que más creció en los últimos meses ha sido “La Faraona”, el alias de Martín Cirio, un argentino con un canal homónimo en YouTube con 350 mil suscriptores y una cuenta de Instagram que supera los 600 mil seguidores.

 

La Faraona

Martín Cirio vivió en diferentes países. Cansado de su trabajo como docente de inglés, decidió desarmar su departamento alquilado, preparar una mochila y viajar por el mundo. Así fue como comenzó su periplo por América Latina que luego lo llevó a Europa, Asia y otros destinos en los que permaneció una cantidad variable de tiempo. El país en el que más residió (que incluyó un visado de residente) fue Egipto. Junto con videos que comenzó a subir en su canal de YouTube se fue gestando el personaje de “La Faraona”.

Formas de hablar, gestos, temas y problemas aparecieron lentamente en los videos que subía miércoles y domingo de forma sostenida. Cirio se permitía contar lo que hacía en Egipto, las formas en las que la sexualidad en el mundo gay se ordenaba en torno de aplicaciones como Grindr y, en menor medida, Happn o Tinder, las decepciones, las compras en mercados callejeros y sus viajes.

 

Lentamente su cuenta fue creciendo, sumando contenido diverso y revitalizando una sección que preexistió a sus viajes: “El consultorio”. En ella leía mails (cortos) con consultas puntuales de sexo o de relaciones y respondía siempre con claridad y sin vueltas. La Faraona no tiene vericuetos ni pudores, todo se transmite, comenta, comparte y se graba. Todo se ventila.

Su crecimiento en Instagram se multiplicó exponencialmente desde 2017 con un tipo de contenido que no es apto para todo público: enemas en vivo, deposiciones, relatos detallados de encuentros sexuales (fallidos o no), preservativos usados y demás elementos visuales componen el universo del Instagrammer. Nadie podría afirmar que edulcoró su contenido para crecer en seguidores o en reproducciones en YouTube. Es más, quienes lo siguen desde hace tiempo reconocen que no sólo no moderó sus videos, sino que los volvió aun más explícitos en el último tiempo. Cirio no teme contar lo que le sale mal, lo que lo hace sentir “del orto”, lo que lo inquieta y molesta. Ha filmado videos llorando, angustiado, pero, también, contento y exaltado. No tiene miramientos en contar sus encuentros sexuales, sus decepciones, los llamados y ofertas de “canje” a cambio de publicidad, entre otras situaciones que aparecen en sus historias casi en tiempo real. Nada novedoso puesto así en palabras pero entonces, ¿Dónde reside el crecimiento y la popularidad de su canal y de su personaje? Proponemos para este artículo tres claves de interpretación: la empatía y la identificación, el posicionamiento en temas de agenda y el humor y el uso del lenguaje.

 

Empatía e identificación

Una característica interesante del uso del lenguaje es que Cirio habla de sí mismo en masculino o en femenino de forma indistinta. No hay conflicto ni motivos profundos: su sexualidad está públicamente expuesta. Es gay y problematiza constantemente qué implica serlo, cómo se construyen los estereotipos de género, las relaciones pasajeras mediante aplicaciones y sus preferencias. Una de las líneas de contenido del canal de YouTube son los “videos reacción” que consisten en revisar perfiles públicos en redes sociales de citas y analizar los textos que los usuarios cargan de sí mismos como caracterización. En el humor de Cirio hay burla pero, más que nada, hay una empatía constante con quienes buscan, se exponen, se muestran inseguros o quebrados por experiencias previas o por la vida misma. Acaso una característica distintiva de sus contenidos es la identificación constante que él mismo establece con lo que lee, lo que ve y lo que recibe de sus seguidores.

Una de las particularidades de los influencers y de los instagrammers en la que coincide la bibliografía especializada, es en el uso intensivo de filtros y trucos para mejorar lo que se ve, lo que se muestra para invisibilizar cualquier imperfección. La cuenta de Cirio podríamos caracterizarla como anti-influencer: no usa filtros, se graba en el baño, eructa en cámara, no edita sus historias en Instagram ni busca hacerlo. La identificación se construye, siempre mediada por la tecnología y por los discursos que nos atraviesan en múltiples niveles. La clave radica en que, en el momento en el que encontramos algo que nos emparente, comienza a construirse la fidelización. El público que ve el contenido de Cirio (y de muchas otras cuentas de diferentes redes) es, por ello, variado. Rupturas amorosas, trabajos no gratificantes, rutinas aburridas, vínculos complejos con padres y madres y conflictos en el terreno sexual, son algunos de los tantos territorios que circulan el canal de “La Faraona”. En diferentes contextos y circunstancias, la identificación se construye por la ficción de una cercanía que puede vincularse con una opinión, una experiencia vivida o una expectativa.

Una vez establecida la identificación, lo que Cirio ofrece es empatía. Si bien ha tenido conflictos con personas (públicas y anónimas) que no han entendido sus chistes o que, simplemente, los entendieron y no comparten los modos ni los contenidos, la empatía con quien la pasa mal en el amor o en las relaciones siempre está presente en su canal. Por ejemplo, frente a un caso de desamor y una consulta en la sección “Consultorio de La Faraona” sobre si tener sexo con un ex afirma “Y sí, no vamos a decir que no. Somos tan putas que duele”. ¿Hay novedad y ruptura en este tipo de respuestas? No. Lo que sí aparece es un corrimiento de un discurso hegemónico de autopreservación lindero a la autoayuda que humaniza una consulta (que no sabemos si es o no real) y que ubica una respuesta en un territorio de empatía con quien la escribe.

 

El posicionamiento en temas de agenda

Una de las características complementarias de los influencers es la prevalencia de presentes y futuros negocios con marcas a futuro. Son muy pocos los YouTubers e Instagrammers que pueden vivir de su actividad en redes sociales, pero son muchos los que apuestan a buscar un sustento mediante el apoyo de marcas o de los pagos (siempre menos a lo esperado) que hace YouTube en función de las publicidades visualizadas antes y durante los videos de los canales. Los temas polémicos o de agenda política suelen no aparecer en sus cuentas. Nadie quiere arriesgar nada.

El caso de Cirio es, aquí también, especial: no sólo se pronunció a favor de la legalización del aborto, sino que fue a las marchas en el Congreso, grabó historias e hizo pública su participación de todas las formas posibles. Explicó, discutió con quienes le decían que no acordaban con él y asumió el tema en su propio contenido al punto que una de sus tres canciones “Mi feto will go on” (se encuentran en Spotify) tematiza el aborto y el lugar de la “percha”, tan vinculada con los abortos clandestinos. Nadie que siga a Cirio desconoce su postura sobre el tema. Muchos famosos, actores, actrices y celebridades de distintos ámbitos se pronunciaron en torno del aborto. Cirio llevó su apoyo a todos los niveles de su contenido sin solemnidad y con el tipo de humor que lo caracteriza.

Por otro lado, un posicionamiento muy interesante es el vinculado al consumo de drogas. Cirio nunca negó consumir ni haber consumidos diferentes tipos de drogas pero, en una serie de historias recientes, cuenta de qué forma el consumo de marihuana en un contexto especial lo afectó y concluyó que, si las personas van a experimentar con sustancias, deben hacerlo en contextos seguros y amigables. No poder valerse por sí mismo en un contexto de desconocidos o de falta de herramientas fue una de las claves de su “recomendación”. Ni apologético del consumo de drogas ni moralista, Cirio se ubica una vez más en el espacio que se trama desde la empatía con sus seguidores. No se trata, dice, de negar que mucha gente consume sino de ayudarlos a hacerlos de forma segura sin poner en riesgo su integridad física.

En síntesis, las posturas que asume en torno de los temas de agenda lo ubican en el espacio de las libertades individuales responsables. El aborto y las drogas son dos de los temas que más recurrentemente aparecen en sus posteos e historias y coinciden en ser prácticas vinculadas con el deseo individual (o no) de llevar adelante acciones sobre el propio cuerpo. La libertad en tanto eje explica gran parte del contenido que  produce Cirio.

El humor y el lenguaje

Es muy sencillo identificar a sus seguidores. Muletillas, gestualidades y códigos se fueron generando entre él y sus “FaraFans” (así los llama, así se reconocen). “¿O sí?”, “¿O no?”, “Mate alert”, “Lanús alert”, “Violador alert”, “Tiene una humildad que me pone de rodillas”, “Me transmite mucha paz”, entre tantísimas expresiones que se van acuñando en el ida y vuelta de Cirio con quienes lo siguen. Sus formas de hablar y de expresarse son características del tipo de registro que se construye cotidianamente y es infinito. Estas expresiones vienen acompañadas de acciones que pueden vincularse con la realización de un enema (explicación incluída) y grabarla integralmente como la selección de algún posteo de algún “famoso” y tematizar, durante segmentos de tiempo, sus acciones, publicaciones y demás. Morena Rial, Luciana Salazar, Maru Botana, Rodolfo Barilli y Cristina Pérez, Mariano Martínez y Axel son algunos de los famosos “tomados de punto” por Cirio y sus seguidores. Decimos tomados de punto porque lo que tiende a ocurrir es que los posteos de los famosos, tematizados en las historias de Instagram de Cirio, se llenen de comentarios de “Farafans” que son incesantes y bastante similares entre sí dejando en claro el código común que los emparenta.

Maru Botana, cocinera mediática, dijo sentirse “asustada” por la cantidad de comentarios que recibía de los seguidores de Cirio y denunció en los medios una acción de “CyberBullying” en su contra. La respuesta del Instagrammer fue sencilla: se disculpó si le molestó algún comentario desubicado de algún seguidor pero aclaró que no fue hostigamiento sino una forma de construir interpretaciones con humor de material públicamente disponible. No todos comparten las formas de hacer humor ni debieran hacerlo. Cirio y sus seguidores pueden ser insistentes y multiplicarse de a miles en apenas un instante en publicaciones ajenas. Algunos “famosos” se tomaron con humor estas acciones (Barilli y Pérez, Salazar, Axel) y otros lo bloquearon y denunciaron en la red social los comentarios considerados hirientes.

De un enema en vivo pasando por preservativos usados y el análisis de publicaciones de famosos, las formas y los contenidos que se plasman en el lenguaje construido entre Cirio y sus seguidores es peculiar. Muchos de ellos utilizan la frase “maldito homosexual me cagaste el cerebro” para relatar momentos en los que no pueden evitar usar las expresiones, los tonos y las gestualidades más frecuentes en su canal de YouTube o en Instagram.

El contenido de Cirio es cambiante y retoma los temas que aparecen en la agenda político-social, en la farándula o mediante sugerencias que le hacen sus seguidores. El plus que tiene como Youtuber e Instagrammer son sus shows en vivo: autogestionado al comienzo y en pequeños bares y, ahora, con producción y en teatros, sus ingresos se capitalizan mediante presentaciones en las que replica los contenidos que produce para las redes sociales con variantes y diferencias. Las tres canciones que editó fueron virales en Spotify (de las más escuchadas) y son una parte central del espectáculo. Consultas, lecturas de textos, relatos de sí mismo, lo ubican como un gran showman que utiliza su cotidianidad como forma de construir contenido sin filtros y sin poses.

 

¿Nuevos roles, nuevos espacios?

Una de las cuestiones que aparece con más frecuencia frente a personajes novedosos se vincula con lo “nuevo”. Si retomamos las tres claves de análisis aquí propuestas concluiremos rápidamente que lo innovador en el contenido que produce Cirio se vincula con la falta de filtros y con mostrarse “sin caretas”. Esta afirmación no va en desmedro de su contenido sino que intenta visibilizar formas de construcción de perfiles, personajes y contenidos que tienen relación con formas preexistentes. La historia de los medios ha problematizado en los últimos cien años el rol de quienes influencian con sus opiniones y directrices a sus pares y a conocidos de todo tipo. Pensar en influencers como sujetos “de las redes sociales” es un error teórico importante. Es innegable, por otro lado, que la posibilidad de producir contenido de forma cotidiana en redes sociales como Instagram, Twitter o YouTube es una novedad respecto de la accesibilidad y la cantidad de visualizaciones por historia y posteo.

La búsqueda de lo nuevo suele tener una doble mirada: lo nuevo como emergente de un contexto particular o lo nuevo como una degradación de lo preexistente. En ambos casos lo que se busca discutir es la legitimidad de los consumos culturales. La investigación en consumo y medios indica, desde hace mucho tiempo, que la discusión sobre el gusto y la estética no pueden establecerse sin comprender en profundidad las motivaciones y significados que las prácticas adquieren para quienes las sostienen. No se trata, entonces, de que todos entiendan el humor de Cirio ni que todos lo compartan.

El caso de “La Faraona” es interesante para analizar y seguir encontrándole matices porque aparece como un anti-héroe que desconoce “activamente” los criterios hegemónicos de estética y de publicación en redes sociales y, mediante su desconocimiento casi contestatario del canon, establece nuevas formas de comunicación, de tematización y de producción de contenidos. Esto no lo convierte en un ser especialmente dotado para la comunicación en redes sino explica cómo la construcción de un universo temático y discursivo específico es posible utilizando las mismas plataformas que se usan para fotografiar platos, paisajes o poses corporales.

La perdurabilidad del personaje es un tema que aparece en las historias de Cirio. “Cuando se termine esto, chicos, de algo tengo que vivir”, dice cuando publicita en Instagram la venta de entradas. Shows en todo el país, propuestas de televisión y radio junto con una serie web que produjo UN3, forman parte de su espectro laboral actual. El futuro de “La Faraona” es desconocido. Tal vez sea mejor así… O no.

[1] Investigadora Adjunta del CONICET. Docente UBA. duekcarolina@gmail.com

 

2 comentarios en ““La Faraona”: La construcción de empatía en tiempos de redes sociales

  1. Daro dijo:

    Muy bueno el análisis de influerncer! .
    Artículo de una explicación a los acontecimientos actuales , año 2018. Desde una mirada objetiva de relaciones sociales, tegnologia y nuevos referentes.

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