“Hacer política en la teoría”. Reflexiones en torno a “Un nuevo marxismo para América Latina. José Arico: traductor, editor, intelectual”, de Martín Cortés

Por Agustín Artese[1]

I . La traducción como producción, o por qué la ortodoxia es el método

“En 1921, aprobamos en el III Congreso [de la Tercera Internacional] una resolución sobre la estructura orgánica de los partidos comunistas y los métodos y el contenido de su labor. La resolución es magnífica, pero es rusa casi hasta la médula; es decir, se basa en las condiciones rusas. (…) No porque esté escrita en ruso (ha sido magníficamente traducida a todos los idiomas), sino porque está sobresaturada de espíritu ruso”[2]. Las lecciones de octubre tenían un problema, señalaba Lenin en una de sus últimas apariciones públicas, su literalidad ofrecía falsas garantías. Reflexionando desde la derrota en la cárcel de Turi, Gramsci recogía tal precaución mientras anotaba que “[e]n 1921, tratando de cuestiones de organización, Vilici escribió y dijo (poco más o menos) así: no hemos sabido «traducir» a las lenguas europeas nuestra lengua”[3].

En Un nuevo marxismo para América Latina. José Aricó: traductor, editor, intelectual, Martín Cortés reconstruye histórica -pero más importante aún-, conceptualmente, aquellas desventuras del marxismo para problematizar productivamente realidades excéntricas a la europea, identificando que tal incapacidad no se encuentra tanto en su matriz analítica, como en la rigidez del discurso producido con su nombre. La fundamental figura de José Aricó (1931-1991) sirve como excusa a tal primordialmente política tarea. La labor del cordobés, la traducción, edición y producción de ese inacabado y plural material que es el marxismo, es la forma que adquiere la deconstrucción polémica del heredado como discurso sistemático, para ser revolucionado y comprendido en su fragmentariedad necesariamente histórica. Como señala Cortés, “el marxismo de Aricó es, ante todo, el despliegue de una inmensa estrategia de traducción”, orientado por la necesidad de restituir la potencia crítica de sus categorías, capaz de trabajar internamente con la especificidad de las realidades concretas, evitando la exogeneidad que le ha impedido convertirse en concepción del mundo, en filosofía de las masas en América Latina.

La búsqueda de Cortés se articula en torno a la reconstrucción de la obra de Aricó, en un sentido amplio, comprendiendo no sólo su producción en sentido estricto -entre los que se encuentran aportes fundamentales, como Marx y América Latina-, sino también su labor editorial, esa vasta tarea arqueológica de exhumación, traducción y publicación de voces opacadas del marxismo. Acompañadas de incontables introducciones, advertencias o prólogos redactados por el propio editor, Martín Cortés muestra cómo Aricó produjo un aporte decisivo a la izquierda latinoamericana, incorporando discursos, proveyéndole materiales heréticos, ayudándola a pensar más allá de la doctrina cristalizada. Contra la producción de un discurso canónico, la apuesta de Aricó supuso visibilizar y extraer las «lecciones de método» ofrecidas por Marx, Gramsci o Mariátegui, mostrar cómo el marxismo podía pensar productivamente las realidades periféricas, reconstruyendo lo singular sin perder de vista la universalidad. Como sostiene Cortés, tal universalidad no debía ser eje de las respuestas que el marxismo podía dar, sino que estaba condensada en las formas particulares que hacían al objeto de su crítica.

La tarea de José Aricó como traductor significó, en este sentido, un intento por superar el universalismo abstracto, así como el exotismo ingenuo: refundar los principios para rechazar los dogmas.

  1. La revolución contra «El capital», o los fantasmas que recorren la crisis

Marx está obsesionado por el todo, pero el todo-no-está; de allí lo imposible y su consecuencia: la imposibilidad del cierre. La Obra se le escapa de las manos. El capital no se termina porque el capital es interminable. La muerte de Dios significa eso[4].

Oscar del Barco

El itinerario biográfico, intelectual y político de José Aricó puede ser comprendido como una apuesta desmitologizadora: como señala Cortés, el esfuerzo del cordobés podría entenderse como una búsqueda por remontar al marxismo hasta el punto mismo de bifurcación donde fue susceptible de ser encerrado en un cuerpo sistemático y doctrinario. Tal indagación está movilizada y rodeada por una serie de nombres, de fantasmas, que otorgan la fuerza contextual necesaria para comprender su vocación. Un Marx, viejo y cansado, desviado con Irlanda, Turquía y Polonia, pero especialmente obsesionado con Rusia; aquel Lenin que buscaba dar cuenta de las formas contradictorias que adquiría el desarrollo capitalista en la periferia; la recurrencia del saludable fantasma del Gramsci carcelario. Todas aquellas son referencias -algunas casi paganas para el “marxismo”- que emergen cuando éste entra en crisis. Allí, otra presencia constante en la reconstrucción que realiza Martín Cortés: la crisis del marxismo, el clima de debate condensado por el fracaso de los “socialismos reales” y la derrota de las revoluciones en Occidente, incorporando la pregunta sobre la existencia de una teoría política marxista y los problemas de la conceptualizaciones heredadas sobre el Estado y la organización política.

La crisis del marxismo abrió, entonces, la posibilidad de desembarazarse de aquellas lecturas que hubieran hecho del discurso marxiano un manual de certezas. Por el contrario, la actualidad de la crisis demandaba una intervención sobre ese mismo cuerpo, reinstalando las tendencias que mostraran su estructural fragmentariedad, su potencia de crítica inmanente y el rechazo del conjunto de orientaciones apriorísticas abstractamente universales. En tal sentido, argumentando la necesidad de desandar la dogmatización, proponía Oscar del Barco que “Marx no pudo cerrar su obra porque el objeto que al que la obra pretendía conocer como un en-sí era incerrable en cuanto tal”[5]. La constatación de la obra de Marx como una no-obra ampliaba el horizonte de posibilidades, masificaba productivamente la crisis.

En esa clave, Cortés presenta las armas desplegadas por Aricó para combatir los dogmas y las certezas que habían condenado al marxismo no sólo a la crisis, sino a su imposibilidad para convertirse en sentido común en aquellas realidades donde la sociedad, las clases y el Estado no fuesen clasificables en las construcciones arquetípicas del canon. De este modo, la impugnación del marxismo como filosofía de la historia permitirá que Cortés hable por Aricó al conceptualizar las herramientas teóricas que éste formula en estado práctico: así, emergen los tópicos de la asincronía entre economía y política al respecto de la ecuación entre Estado y sociedad civil; la particular óptica del «atraso» de la periferia y sus virtudes epistémicas; la necesidad de reconstruir la variedad de mediaciones que empañan sugerentemente la lectura de las sociedades latinoamericanas; la vinculación orgánica entre socialismo, democracia y hegemonía.

El punto de anudamiento que condensa todas estas reflexiones puede ser nombrado: la nación, no como metafísica ligazón no contradictoria o nostalgia chauvinista, sino como problema político. Como problema susceptible de dar un sentido a la larga búsqueda de Aricó, en tanto “nación” es el momento del singular; el territorio de la historia de la clase obrera, de su experiencia, de su constitución como sujeto político, de su integración a la vida estatal; de las mediaciones y las formas opacas para la ortodoxia; de la accidentalidad imprescindible de ser comprendida en su especificidad para que la política revolucionaria sea orgánica y no artificial; el terreno donde, siguiendo a Gramsci, la teoría política, la filosofía de la praxis, se convierte en experiencia y filosofía de masas, en concepción del mundo.

La “nación” es el reverso de la constante que articuló la reflexión del intelectual cordobés, el irresuelto drama del desencuentro entre la izquierda y el movimiento popular en América Latina. Allí adquiere relevancia sustantiva la querella contra la filosofía de la historia; la impugnación del marxismo liberal y positivista del socialismo de comienzos del siglo xx; del etapismo científico de los partidos comunistas; el reemplazo de las deducciones legalistas por la primacía de una práctica política histórica; en definitiva, la pregunta por la construcción del movimiento revolucionario partiendo de las premisas contenidas en la formación social, buscando la contradicción en la especificidad de sus formas.

III. Lecciones de método

Las páginas de Un nuevo marxismo para América Latina. José Aricó: traductor, editor, intelectual de Martín Cortés corren rápidamente, al calor de la búsqueda de respuestas, de certezas que guíen en la lectura de la escurridiza realidad latinoamericana, que permitan dar cuenta de su especificidad, comprender sus tendencias e interpretar sus asincronías. Lejos de arribar a estas conclusiones nunca prometidas, el trabajo de Cortés satisface otros objetivos: restablece el lugar de la pregunta, reivindica la necesidad de la crítica y refuta la superficial seguridad de las garantías matemáticas. A tal efecto, reconstruye la refutación de Aricó al relato teleológico del marxismo sacralizado; recupera las perspectivas veladas o silenciadas; muestra que, más allá del reconocimiento del “modelo de regularidad”, la reflexión no puede ser sino fragmentaria ante un objeto que se fuga. Entonces, en la tradición del intelectual cordobés, Un nuevo marxismo para América Latina ofrece una lectura del método, brinda las herramientas y propone los problemas, sabiendo que las soluciones no están supuestas de antemano, sino que debe ser elaboradas dialécticamente -valga la mención- en la propia búsqueda, en el análisis concreto de la situación concreta.

Al mismo tiempo, el trabajo constituye un material fundamental para leer, a través de la obra y el pensamiento de José Aricó, los dilemas de la izquierda latinoamericana -y sus intelectuales- para asir los rasgos complejos y ocasionalmente contradictorios de las formaciones sociales de la región, produciendo en tal intento una renovación teórica tan novedosa como necesaria. A este fin, la reconstrucción de la vida editorial de Aricó -el casi centenar de Cuadernos de Pasado y Presente, la monumental Biblioteca del Pensamiento Socialista de Siglo xxi, la Editorial Folios- trasciende la anécdota, para constituirse en un parteaguas en la difusión de materiales fundamentales del marxismo en castellano, un modo iconoclasta de revolución científica que derribó un paradigma para introducir muchos otros.

En definitiva, la lectura de Un nuevo marxismo para América Latina no es tanto una justa revisión de la obra de Aricó como una actualización de los campos problemáticos que se le abren al marxismo emergido tras la crisis. Paradójicamente, el reconocimiento de sus faltas no ha puesto a la reflexión en suelo firme, sino que los tópicos de la teoría que lo habían hecho crujir -los márgenes del Estado, la organización política, el sujeto- nunca dejan de imponerse como los «problemas candentes de nuestro movimiento».

Acerca del libro

Cortés, Martín. 2015. Un nuevo marxismo para América Latina. José Aricó: traductor, editor, intelectual. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, 2015. 264 p. ISBN 978-987-629-594-9

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[1] Agustín Artese es Licenciado en Ciencia Política (UBA), maestrando en Estudios Sociales Latinoamericanos (FSOC-UBA) y doctorando en Ciencias Sociales (UBA). Becario de CONICET. Docente de la materia “Sociología Política” y del seminario “Teoría y praxis política en el pensamiento de Antonio Gramsci”, ambos en la Carrera de Ciencia Política (UBA).

[2] “Cinco años de la revolución rusa y perspectivas de la revolución mundial”, informe presentado por Lenin el 13 de noviembre de 1922 en el IV Congreso de la Internacional Comunista. En Lenin, V.I. Obras completas. Tomo XLV (Moscú: Progreso, 1981), 278-294.

[3] Antonio Gramsci, “Cuaderno 11”. En Cuadernos de la Cárcel. Edición crítica a cargo de Valentino Gerratana. Tomo 4 (México DF: ERA. 1986), §<46> , 317.

[4] Oscar del Barco, “Sobre el problema del «método» marxista”. En El «otro» Marx (Buenos Aires: Milena Caserola, 2008), 43.

[5] Oscar del Barco, “Hacia el otro Marx”. En El «otro» Marx (Buenos Aires: Milena Caserola, 2008), 24.

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