Entrevista a Natalia Calcagno: “Esta gestión diluye lo colectivo, lo político y lo cultural como derecho”

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Fernando Toyos[1] entrevistó a Natalia Calcagno[2], Gerenta de Servicios Culturales del Fondo Nacional de las Artes. Un diálogo necesario sobre políticas públicas, mercado y cultura.

 

E: Teniendo en cuenta la coyuntura actual, marcada por la degradación del Ministerio de Cultura, desde Épocas nos parece interesante contar con una perspectiva de la política cultural. ¿Cómo ves el campo de la cultura actual, teniendo en cuenta las transformaciones en el Estado?

NC: En primer lugar, tengo que decir que hay una deficiencia histórica del Estado argentino respecto a qué hacer con la cultura. No hay un modelo, en ningún momento histórico en la Argentina, en el que uno puede decir que el área rectora de la política pública cultural desarrolló una política que uno toma como modelo. No hay un organismo rector de la cultura, en parte porque la cultura es viscosa y difícil de definir. Entonces, lo que hay es una política de patrimonio y bellas artes, desde una mirada restrictiva de la alta cultura y el patrimonio cultural. Es el modelo francés de asociar la identidad nacional con una idea de “ser culto”, entendida como la “cultura legítima” de Bourdieu.

En América Latina tenés otros casos, como el de México, que en los inicios del PRI[3] incorporó lo indígena, lo popular como parte de lo patrimonial y entonces vos vas a la Embajada de México y hay murales, artesanías y cuadros que remiten a lo originario. Aparecen las expresiones populares, un poco cosificadas, pero aparecen.

Natalia Calcagno, Socióloga e Investigadora. Gerenta de Servicios Culturales del FNA.

Hay que diferenciar la gestión cultural, como modelo de política pública, y la dimensión cultural que permea toda la política, sin que se le pueda dar una orientación centralizada. Entonces aparece un archipiélago de intervenciones: la biblioteca del Ministerio de Educación, la Secretaría de Medios -que hace una política respecto a la pauta oficial, etc. que son parte de una misma política, pero nunca fueron discutidas o analizadas como un todo. Faltó siempre una definición más profunda, orgánica y programática en torno a qué hacer con la gestión pública cultural. Hubo pequeños intentos, sobre todo en el gobierno anterior, como los festejos del Bicentenario y Tecnópolis, que fueron dos grandes hitos de la política cultural en donde uno ve que se generó algo inclusivo, identitario. A todas esas cosas el Ministerio de Cultura las vio pasar, a lo lejos… (José) Nun tuvo, de hecho, la idea de tomar al Bicentenario, en 2006-2007, pero esto fue un espasmo que quedó ahí. Entonces, ni siquiera los eventos que uno puede tomar como modelo surgieron del Ministerio de Cultura. Surgió de casualidad, surgió por la cabeza de Cristina (Fernández de Kirchner). Es algo muy poco orgánico.

Por otro lado, están las políticas regulatorias, las leyes que impactan en cómo se produce, circula y accede a la cultura. Eso tampoco se piensa como parte de una política cultural. ¿Qué pasa con la Ley del Libro, el cine, el teatro, las nuevas tecnologías, el derecho de autor, la Ley de Medios? Son todas leyes que van surgiendo de sectores puntuales, o por problemáticas coyunturales, el avance tecnológico. Yo creo que hay un déficit por parte del Estado: hablamos mucho de la “batalla cultural” y no tenemos idea a qué nos referimos con eso. Suena bien, entendemos que no tiene que ver con lo tangible, que es algo popular, pero falta una definición. Falta una mirada integral de la política cultural, que la asocie con el área de comunicación, que sirva como eje desde el cual regular.

Foto: Florencia Downes/archivo/Télam/dsl

Además, está la cuestión de la plataforma digital, que vos mencionabas: vos tenés un entramado público para sostener a la cultura pensado desde el soporte analógico, y en el medio, la sociedad se fue para otro lado. Nadie compra el diario, y vos seguís poniendo la publicidad en el diario y bancando los diarios barriales. En el medio, nadie compra discos y vos ponés un Instituto de Música que da subsidio para los discos, y están todos haciéndolo digital, y así. La reconversión tecnológica fue tan veloz que ya es masivo el uso, el acceso y el disfrute de la cultura por medios no tradicionales, y todo el andamiaje, las regulaciones, los organismos, están pensados para una cultura que no se habita del mismo modo. Mucho menos los jóvenes. El problema que tienen hoy los chicos de sectores más humildes es que tienen que pagar un paquete de datos para acceder a leer algo. Eso está mal, ¿por qué tenés que tener una línea de teléfono para poder acceder a internet con un smartphone? Sale mucha plata y no lo usan, lo que quieren es usar internet para poder leer, mirar, escuchar… y le hago pagar una línea de teléfono. Cambiaron la producción y el acceso, y el Estado sigue regulando como sí eso no hubiese pasado.

E: ¿Y cómo ves todo esto a partir del cambio de Gobierno?

NC: Es un desastre. Ya era difícil, por todo lo que decía antes, pero ahora se retrocedió en muchísimos aspectos. La UNESCO recomienda que la inversión pública en cultura represente el 1% del presupuesto. Eso nunca se logró, salvo en la ciudad de Buenos Aires y un tiempo en Chaco, que lo sancionó en una Ley Provincial durante la gestión de (Jorge) Capitanich. No se puede entender que no estén unidos Cultura y Comunicación, me parece que es un déficit de la política. Hay que entender ambas esferas como una sola, y desde ahí regular, pero regular en serio. Lo que está haciendo este Gobierno es todo lo contrario, es dispersar,  desfinanciar, desaparecer y a la que te criaste. Eso se ve en la cuestión económica: cualquier indicador de actividad o ingresos de cualquier sector de la cultura está en una situación dramática, hasta el cine.

E: ¿Es solo ajuste o hay una idea detrás de la desregulación?

NC: Hay una idea por detrás: Al sector lo despresupuestaron con alegría, les parece que la gestión pública cultural es “bancar vagos”, es la mirada que tienen desde el primer día. La mirada del emprendedurismo y la innovación es meramente enunciativa, es un discurso que usan para justificar el ajuste. Esta gestión diluye lo colectivo, lo político y lo cultural entendido como un derecho. Lo “amplía”, lo mira como la “creatividad humana” de manera totalmente descontextualizada y en todo caso te tira un par de tips para que aprendas a hacer buenos memes y llames la atención (risas). Esta mirada se ve en el ex Ministerio de Cultura de una forma superlativa y escandalosa, en los nombres, las políticas, los discursos de los funcionarios y en lo que está pasando ahora con la degradación a Secretaría.

Alejandro Rozitchner diseña talleres de entusiasmo y alegría para los funcionarios públicos

 

E: ¿Cómo ves ese pasaje?

NC: Vamos a ver como sigue, pero en principio es meramente enunciativo, porque el recorte ya se hizo en un 80%. No quiero exagerar, pero la mitad de lxs trabajadorxs del Ministerio no tiene tareas hace meses: llegan y marcan con el control biométrico – porque si no, no les pagan- cumplen entre ocho y doce horas de trabajo para cubrir horas extra y no hacen nada.

E: Avelluto dijo que no iba a haber despidos…

NC: Dijo…y dijeron que no iba a venir el FMI (risas).

E: ¿Es mentira o ya echaron a todos los que había que echar?

NC: Faltan echar bastantes…hay mucha gente sin tareas, es grave. El decreto (que oficializa la degradación del Ministerio a Secretaría) dice que por sesenta días se mantienen las mismas estructuras y que después los secretarios van a evaluar. Con el solapamiento de las estructuras de Cultura, Ciencia y Técnica y Educación, hay tres áreas de RRHH, tres áreas de Asuntos Jurídicos, con lo cual van a decir que eso es inviable, lo cual -además- es cierto. Los sindicatos están en pie de lucha.

E: ¿Qué vino a hacer este gobierno con la política cultural?

NC: Tienen una mirada profundamente neoliberal, tienen una bronca con lo público y el Estado. Piensan al empleado público como el personaje de (Antonio) Gasalla: entre un maltratador y un quedado, tienen esa idea de que el empleado público no quiere aprender, que no sabe ni siquiera usar el Excel, no les interesa aprender inglés…le tienen una tirria importante al Estado. Entonces, todo lo que sea “eficientizar”, “modernizar”, “renovar” les da placer, y eso se nota. Después, los veo muy entusiasmados con el cargo, les gusta mucho ser funcionarios…odian al Estado, pero tener el cargo de funcionarios, tener secretaria, chofer, gastos de representación, reuniones en la Casa Rosada. Son tipos que no tienen una trayectoria intelectual, ni en gestión cultural, no son parte de la academia ni del mundo del arte, ni referentes políticos…son tipos que estaban ahí, que más o menos saben hablar y saben ser obsecuentes, muy obsecuentes. No saben a qué vienen.

E: Pensando en otro tipo de referencias culturales del macrismo, Rozitchner, el “sí se puede”, la filosofía del entusiasmo, ¿ves alguna relación entre esa propuesta y el ajuste sobre la cultura que describís?

NC: Van de la mano.

E: ¿Hay una política neoliberal de la cultura que no está representada por el actual Gobierno, o es imposible pensar en algo así?

NC: Claramente hay una política cultural del neoliberalismo, y estos tipos la representan: es el discurso de la meritocracia y el individualismo, que en cultura se expresa como la idea de la “libertad de acceso”: vos sos dueño del control remoto, si no te gusta apagalo. ¿Qué tiene que hacer el Estado interviniendo ahí? Todo eso va de la mano. Libre elección implica que no me quitás nada, pero tampoco me das…no me das la computadora, me la consigo yo. Vos la computadora la tenés que querer…sino la vas a usar de pisapapeles. ¿Para qué abrir universidades en el conurbano, si no va nadie? Y si van no terminan, y sin terminalidad, ¿para qué tenés una universidad? Es una mirada bien liberal, que analiza la política por el (supuesto) resultado.

E: Contanos un poco sobre el Fondo, ¿qué es y qué hace?

NC: El Fondo Nacional de las Artes es un organismo autárquico y descentralizado, cuyo presupuesto proviene del Dominio Público Pagante, un impuesto que se cobra a las obras que entran al Dominio Público – luego de 70 años de fallecido el autor. Ese impuesto es usado por el Fondo para realizar Concursos, Becas, Subsidios y Préstamos. El Fondo fue creado en 1958, poco antes de que asuma Frondizi. Victoria Ocampo motorizó la creación, con esta mirada novedosa que implicaba que los artistas, a través del Dominio Público (y otros impuestos que luego se fueron perdiendo) financien a otros artistas. El destinatario es claro: es “de las artes”, no de la cultura. Otra particularidad, además de la recaudación, es el tema de los préstamos: es un organismo que, desde su origen, está habilitado para dar préstamos con finalidad artística, con tasas subsidiadas y mejores condiciones que el sistema bancario. Eso lo vuelve distinto, porque en general a los artistas les cuesta el acceso al crédito. Tenés casos paradigmáticos: (Antonio) Berni se compró el estudio, Leonardo Favio se compró la filmadora y Sara Facio se compró la cámara de fotos con préstamos del Fondo, que históricamente tuvieron tasa subsidiada, aunque este Gobierno está tratando de que no sea así.

Otra particularidad es la autarquía: el Fondo tiene un Directorio, como el Directorio de un banco, con representantes de todas las disciplinas artísticas, que toma las decisiones en torno a cómo se ejecuta el presupuesto. De esta forma puede trabajar de una manera bastante autónoma y regular, de hecho, el Fondo tiene sesenta años ininterrumpidos de dar préstamos, becas, subsidios y concursos.

Ahora bien, también hay que decir que históricamente el Fondo tiene una mirada muy tradicional y bastante elitista sobre la cultura. Esta mirada de “las artes” es bastante restrictiva. Recién en 2017 se incluyó al rock como categoría para el concurso de música, y eso generó bastante resistencia. No logré incluir la cumbia todavía (risas).

E: ¿Cuáles son las disciplinas con las que empezó el Fondo?

NC: Letras, Artes Visuales, Música….

E: ¿Música académica solamente?

NC: Sí, había premios para el folklore, pero estaba en una categoría que se llamaba “Expresiones folklóricas y artesanías”.

Ha tenido presencia el arte audiovisual, desde que se creó el Fondo, aunque sea con un premio. Aunque el cine argentino no le debe nada al Fondo – le debe todo al INCAA – muchos grandes cineastas – Favio, Torre Nilsson, etc. – recibieron un premio del Fondo.

Entonces tenés Artes Visuales, con una participación muy destacada, al igual que Letras: Borges, de hecho, fue el primer premiado por el Fondo, en 1960. También hay una editorial que ha publicado libros, documentos, catálogos de artes, etc…

E: ¿Qué impacto tuvo el ciclo político anterior en el Fondo?

NC: Mucho. Se intentó trabajar con el folklore, se lo convocó a Juan Falú para integrar el Directorio, se trató de federalizar la asignación de recursos. También se abrió la Casa de la Cultura en lo que era la casa de Victoria Ocampo, con salas que llevaban nombres de artistas populares…lo primero que hizo la actual gestión fue renombrar este espacio como “Casa de Victoria Ocampo”, transformando esa mirada que intentaba ser popular en una mirada de mucha reivindicación de Victoria Ocampo. Sin embargo, incluir el rock en el concurso de música es algo que pudimos hacer en esta gestión, pudimos colar eso porque el organismo tiene cierta autonomía y cierta diversidad, que se expresa en la conformación del Directorio.

E: Para ir cerrando, te quería preguntar si hay algo del ajuste en el área de cultura, que mencionabas antes, que haya llegado al Fondo.

NC: Yo entré a trabajar en el Fondo con la actual gestión, antes trabajaba en el ex Ministerio de Cultura, así que no conozco de primera mano la historia previa del Fondo, la voy conociendo a partir de leer las memorias, hablar con lxs trabajadorxs, etc. Pero, como te decía, la llegada de la actual gestión fue una llegada que, entre otras cosas, me incluye a mí, funcionaria saliente de la gestión anterior, cargo al que renuncié el 10 de diciembre de 2015.

E: ¿Qué cargo tenías en Cultura?

NC: Era Directora Nacional de Industrias Culturales, con lo cual correspondía que presente la renuncia porque era un cargo político. Cuando presento mi renuncia, que es aceptada inmediatamente, trato de volver a mi cargo anterior, adonde estuve ocho años, como Coordinadora del SINCA (Sistema de Información Cultural de la Argentina).

E: ¿De qué se ocupaba esa área?

NC: Es un área que todavía existe, que genera información sobre la cultura, información dura: tiene un mapa cultural, banco de leyes, estadísticas…es como un mini INDEC de la cultura.

El FNA es un organismo plural, que tuvo en estos años un derrotero distinto a los demás organismos del Ministerio de Cultura. No sufrió achiques, sino que creció: creció la planta de trabajadorxs, creció el presupuesto, crecieron las líneas de beneficios, creció la cantidad de inscriptxs y beneficiarixs – tenemos una plataforma virtual con 70000 personas inscriptas – es un organismo muy chico, lo cual creo que también ayuda, que viene creciendo un montón, de manera organizada y planificada, aunque ahora con el achique de Cultura veremos si no se complica.

 

Si querés saber más sobre el Fondo Nacional de las Artes, podés visitar su sitio web: https://fnartes.gob.ar/

[1] Sociólogo, becario doctoral y docente (IEALC/UBA). Anteriormente fue Coordinador de Análisis Estadístico en el Fondo Nacional de las Artes.

[2] Socióloga y docente (UBA). Gerenta de Servicios Culturales del Fondo Nacional de las Artes.

[3] Partido Revolucionario Institucional, gobernó México entre 1929 y 1989.

 

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