[ENTREVISTA A LAUREN REA] “Es cada vez más difícil que alguien con un doctorado consiga un cargo académico permanente”

Por Ramiro Coviello

Entre los temas de investigación en Ciencias Sociales y Humanidades que fueron cuestionados a través de medios de comunicación y redes sociales a fines de 2016 en la Argentina se cuentan aquéllos vinculados con las producciones culturales para niños/as y las imágenes y representaciones sociales asociadas a ellas. Con el objetivo de comprender mejor la relevancia social de ese tipo de investigaciones, Épocas dialogó con Lauren Rea, una investigadora inglesa enfocada en la historia de la cultura popular y de masas latinoamericana, con especial énfasis en el caso argentino. Lauren obtuvo su PhD en el King’s College London y actualmente se desempeña como docente (Lecturer) en el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Sheffield. Su investigación titulada “El proyecto centenario de Billiken: literatura infantil y niñez en la Argentina, 1919-2019” ha sido distinguido con el financiamiento del Arts and Humanities Research Council (AHRC) del Reino Unido, en el marco del programa “Early Career Leadership Fellowship”. La entrevista no sólo presenta un caso significativo que cuestiona la reciente ridiculización de las investigaciones relativas a estos temas, sino que también aporta elementos para re-pensar, en clave comparativa, el vínculo entre investigación y universidad en la Argentina contemporánea.

RC: Lauren, nos gustaría que, en primer lugar, nos cuentes un poco cuáles son los temas de investigación en los que has trabajado y qué despertó tu interés en ellos.

LR: Actualmente estoy trabajando en un proyecto sobre la revista Billiken, pero mi doctorado fue sobre la radionovela argentina de los años treinta. La historia que me lleva hasta esos temas comienza cuando tenía ocho años y mis padres me llevaron a ver a la “ópera rock” Evita en Sheffield, mi ciudad natal. Entonces me dije que algún día iba a ir a Argentina. Eso sucedió una década más tarde, cuando fui a Mendoza a enseñar inglés. Al volver a Inglaterra empecé mi carrera de grado, que acá es un poco distinta a lo que podría ser estudiar idiomas en Argentina. Las carreras de idiomas en Gran Bretaña tienen un perfil humanístico bastante amplio. Además de estudiar el idioma, se estudia también la historia, la literatura y la política de la cultura en cuestión. Muchos de nuestros estudiantes trabajan después en sectores comerciales o culturales y sólo algunos se inscriben en programas de posgrado para formarse como profesores o traductores. Yo estudié español, portugués y literatura latinoamericana, y en particular me interesaba la obra de Manuel Puig. En paralelo conocí a un argentino que hoy es mi marido y, de pura casualidad, resultó que tenía contacto con la madre de Puig. Era vecina de sus padres. Pude conocerla y eso profundizó mi interés por la cultura popular, en especial por la radionovela, sobre la base de lecturas como Boquitas pintadas. Quería ver, a través del trabajo de archivo, cuál era el trasfondo de esas radionovelas. Eso lo empecé durante mis estudios de maestría, lo seguí durante el doctorado y, finalmente, se convirtió en mi primer libro [Argentine Serialised Radio Drama in the Infamous Decade, 1930-1943, 2013]. Mi proyecto actual sobre Billiken es producto de mi deseo de continuar con el trabajo de archivo y de ampliar el período. Esto último es también un requisito para la obtención del financiamiento del AHRC, ya que exige un proyecto ambicioso, especialmente si pretendés investigar sobre un país como Argentina, del cual no se conoce mucho en Inglaterra.

RC: ¿Dónde te formaste como investigadora? ¿Con qué tipo de financiamiento (público/privado) contaban esas instituciones?

LR: Mi carrera comenzó en el año 2000 en el King’s College London, donde hice mi B.A (Bachelor of Arts) en Español, Portugués y Estudios Latinoamericanos. En Inglaterra casi todas las universidades son públicas y antes eran gratuitas. Por ejemplo, cuando estudiaron mis padres era así y, además, te daban becas para que siguieras una carrera universitaria. Creo que fue a partir de 1998 que se comenzó a pagar por ir a la universidad pública, pero un valor mínimo, algo así como 1000 libras al año. Esto fue aumentando progresivamente y al día de hoy se pagan alrededor de 9000 libras anuales. También me tocó la época en que comenzó el sistema de préstamos estudiantiles, que se comenzaban a devolver una vez que conseguías un salario como graduado. Una vez que terminé la carrera me fui a Cambridge para hacer un máster en el Centro de Estudios Latinoamericanos de esa universidad. Eso me llevó un año y fue financiado por mis padres. Luego volví al King’s College para el doctorado, gracias a una beca completa del AHRC, que incluía un salario y los costos de inscripción al programa de posgrado. Recientemente hubo unos cambios en ese plano y para presentarte a la beca ya no lo podés hacer directamente ante la institución financiadora, sino que tenés que aplicar a través de las universidades, que reciben una determinada cantidad de dinero del AHRC. Entonces se compite con otros departamentos de humanidades de la universidad en cuestión, que quizás suelen recibir más fondos, como los de Historia o los de Inglés. Por lo tanto ahora es más difícil conseguir financiamiento para estudios doctorales en ciertos temas. El AHRC depende del gobierno británico, al igual que el Social Sciences Research Council y otros Consejos de investigación. Esta es una diferencia con lo que sucede en el CONICET, acá cada área de investigación tiene su propio Consejo.

RC: Tu tesis de doctorado fue acerca de las narrativas de construcción de la nación en el radioteatro argentino de los años treinta. ¿Cómo creés que se explica el hecho de que instituciones británicas financien la formación de académicos que estudian la cultura de otros países?

LR: Es muy simple. Las tres instituciones en las que he estudiado y trabajado son parte de un grupo que se denomina “Russell Group”. No es oficial y no tiene que ver con financiamiento, sino que se caracteriza por reunir a las universidades que le dan más importancia a la investigación. Luego, los estudiantes que se inscriben en las carreras de esas universidades lo hacen porque saben que quiénes enseñan en ellas son los mejores investigadores. De hecho, nuestras investigaciones están constantemente presentes en las clases que damos. Eso lleva a que esas universidades tengan la necesidad de formar doctores en todo aquello que compone su oferta académica. Por ejemplo, si vas a sostener carreras de Idiomas que, a pesar de todos los recortes que estamos sufriendo, nadie pone en duda que sea un campo valioso, las tenés que financiar tanto como si fuera un departamento de historia. En nuestro caso el problema viene por el lado de los estudiantes, ya que tenemos cada vez menos inscriptos en idiomas. Al principio, la importancia de los idiomas y la idea de que formaran parte de lo que se enseña en una universidad tenían que ver con la relevancia que acá se le da a lo internacional, al estar mirando siempre hacia afuera. En definitiva es una cuestión lógica, si vas a tener Español en una universidad del “Russell Group”, tendrás que dar becas para estudios sobre Argentina o sobre otros países de habla hispana.

RC: Recientemente obtuviste una importante distinción del AHRC para financiar tu investigación acerca de la revista Billiken, la literatura infantil y la niñez en la Argentina. ¿Qué podrías decirnos acerca de este proyecto?

LR: En primer lugar te diría que el financiamiento del AHRC con el que cuento actualmente es para el desarrollo de un proyecto de investigación individual. No es una beca porque el proyecto no se inscribe en el marco de un grupo de investigación. Es lo que acá se denomina Fellowship, un tipo de financiamiento que tiene que ver con cómo funcionan las universidades acá, que, según entiendo, se diferencia bastante de lo que sucede en Argentina. Por ejemplo, mi cargo en la Universidad de Sheffield, que es Lecturer, forma parte de una carrera en la que eventualmente llegas a ser Professor. Entre tus obligaciones, se supone que una tercera parte de tu tiempo de trabajo lo dedicás a dar clases, otra a las cuestiones de gestión y administración del departamento, y la restante a la investigación. Ahora, lo que sucede en realidad es que nunca hay tiempo para investigar. Sin embargo, hay presión para publicar, como en todas partes del mundo. Más o menos cada cinco años el gobierno evalúa formalmente la calidad de nuestras publicaciones y las califica numéricamente. Las calificaciones que pone a cada departamento de cada universidad son las que luego se usan para determinar la cantidad de dinero para investigación que se le va a aprobar a cada departamento. El financiamiento que tengo ahora lo que hace es darme tiempo. El AHRC paga mi salario durante dos años y medio, período en el que puedo dedicarme exclusivamente a mi proyecto de investigación. Es una de las pocas maneras de desarrollar un gran proyecto en Gran Bretaña. Una vez concluida la investigación volvés a tu cargo en la universidad e integrás tu investigación a las clases que das.

RC: Junto al mérito académico del investigador, los organismos que financian investigaciones científicas suelen evaluar la relevancia social de los proyectos que se presentan a sus convocatorias. ¿En qué sentido creés que tu investigación actual es relevante para la sociedad británica? ¿Y para la Argentina?

LR: Desde hace relativamente poco tiempo se viene desarrollando aquí el compromiso de que los académicos entablen un diálogo con el público en general. Lo que se pretende es encontrar distintas formas de presentar las investigaciones a la sociedad. De ahí viene que el financiamiento que obtuve se denomine “de liderazgo”. Se supone que vas a “liderar” tanto en tu campo académico como en lo que respecta a hacer llegar los resultados de tu investigación al público en general. Básicamente se trata de justificar el uso de fondos públicos y de crear “impacto”. Por eso exigen un proyecto ambicioso que logre captar la atención del público. El hecho de tener la revista infantil de frecuencia semanal y con la trayectoria más larga a nivel internacional en la Argentina, cosa que nadie sabe fuera de ese país, y el estar hablando de literatura para niños supone un interés bastante universal. Es significativo mirar esos casi 100 años de Billiken como legado y ver hacia dónde va, pero desde el punto de vista académico lo que pasa concretamente con esa revista es que no hay muchos estudios sobre el contenido literario. Hay muy buenos trabajos, como los de María Paula Bontempo, los de Mirta Varela y los de Paula Guitelman, pero se centran en algún período en particular y se enfocan en otros aspectos de la revista. Mi idea es ver el aspecto literario a lo largo del tiempo. No las historietas, sino los cuentos cortos y los cuentos por entrega, que al principio eran traídos de Europa y traducidos cuando era necesario. Me interesa ver cómo fue cambiando eso a lo largo del tiempo y también cómo se fue construyendo el lector o la lectora desde el punto de vista editorial, lo cual se puede analizar a través de la composición de la página y del diseño gráfico de la revista. ¿Cómo se transforma eso en relación a los cambios en el contexto histórico-político? Pero el eje central es la literatura. Por otra parte, creo que algo que sumó para conseguir el financiamiento es el hecho de que sea interdisciplinario: la parte de literatura infantil es de Humanidades y la cuestión de la niñez responde más a las Ciencias Sociales. En el mundo de habla inglesa son campos que se han ido desarrollando separadamente, con poca interacción. Mi propuesta representa un modo de integrar a los dos y, además, de presentar algo que el mundo de habla inglesa no conoce. Un mundo que no puede leer a Sandra Carli porque no habla español. Es una posibilidad de acercar el caso argentino a ámbitos académicos y a una sociedad que no lo conocen.

RC: ¿Qué te exige la AHRC como contraparte del financiamiento otorgado?

LR: Varias cosas. Una parte del financiamiento la puedo destinar, por ejemplo, a traer a alguien de Billiken o de la Editorial Atlántida a Inglaterra para hacer un simposio académico o para dar una charla en el festival de literatura local, o bien para hacer alguna actividad con la Embajada de Argentina en el Reino Unido. Todos esos eventos entran también en el programa de actividades financiados por la universidad. Se está haciendo un esfuerzo muy grande para realizar festivales públicos desde los distintos departamentos para interactuar con la comunidad local. Por ejemplo, en un par de semanas voy a participar de un evento de narradores, en los que me dan 10 minutos para presentar mi investigación en forma de cuento, para que sea lo más sencillo posible, pero también para hacerlo más interesante. Si bien mi trabajo es fundamentalmente de archivo, voy a llevar allí una linda historia de un lector colombiano que cuenta cómo leía Billiken en Colombia en 1935. Este señor, que actualmente tiene 96 años, trabajaba cultivando café y no pudo terminar la escuela. La revista lo ayudó a completar su educación. Con el dinero que ganaba compraba Billiken. El vendedor la traía a mula, dada la falta de carreteras. Voy a contar su “cuento”, porque es una manera de mostrar los lazos afectivos que una persona guarda con las experiencias culturales de la niñez y por qué esas cosas son importantes. Por otro lado está la parte, mucho más compleja, de medir o demostrar el impacto de nuestras investigaciones. El gobierno quiere las cifras de ese impacto y esto es, sin dudas, el aspecto más difícil para cualquier disciplina humanística. Por suerte hay aquí bastante interés por la cultura argentina, aunque conduce siempre al mismo lugar: carne, fútbol y tango. Pero te da una puerta de entrada, genera empatía y eso ayuda para la divulgación de otras cuestiones que, si bien nadie las conoce, tienen un valor enorme.

RC: Hacia fines del año pasado, alrededor de 500 doctores/as que pasaron satisfactoriamente todas las instancias de evaluación para ingresar a la Carrera de Investigador Científico del CONICET fueron expulsados por “falta de presupuesto”. A raíz de eso estalló un importante conflicto en el espacio académico argentino qué puso en el centro de la escena pública la cuestión del financiamiento a la investigación básica, especialmente en el caso de las Ciencias Sociales y las Humanidades. ¿Tuviste noticias de esto? ¿Qué opinión te merece?

LR: Casualmente estaba de vacaciones en Argentina y fui a tomar un café con Ezequiel Adamovsky. Estábamos por Palermo y me dijo de ir al Ministerio de Ciencia y Tecnología para que viera la protesta que se estaba desarrollando allí. Ese mismo día fui a hablar con un grupo de la Universidad de Buenos Aires que trabaja sobre temas de niñez. Así que estoy bastante al tanto de lo que sucedió en diciembre. Lo que aprendí es que, de nuevo, hay diferencias muy grandes entre los sistemas académicos de ambos países. En Inglaterra es muy difícil tener una carrera de investigación. Te diría que casi no existe. Si vas a hacer una carrera de investigación tenés que ir aplicando a proyectos de 2 o 3 años de duración. Vas saltando de proyecto en proyecto. La manera de tener una carrera académica acá es entrar a trabajar en una universidad, que implica las tres tareas que te comentaba antes: docencia, administración/gestión e investigación. Pero ni el AHRC ni los Consejos de Investigación de otras áreas emplean académicos de manera directa. Es muy distinto. Además, acá los recortes no son tan drásticos. Existen, pero son progresivos. De hecho es cada vez más difícil que alguien con un doctorado consiga un cargo académico permanente. Siempre lo fue, pero ahora es peor. Te encontrás con gente muy preparada, que cuenta con un doctorado y que hace años no consigue un trabajo estable, como le pasa a una persona que hizo la licenciatura y el doctorado a la par mía. Cubren licencias por maternidad y suplencias, saltando de empleo en empleo, de universidad en universidad. Cada vez más gente queda en esa situación, pero, como te decía, es un proceso progresivo, a diferencia de lo que pasó en CONICET en diciembre de 2016.

RC: ¿Cómo es el ingreso a la carrera docente en el Reino Unido?

LR: Te presentás a una convocatoria de la universidad y competís como en cualquier otro trabajo. Cuando yo conseguí mi cargo actual en 2008 hubo 120 solicitudes. Hoy la situación es mucho peor. Yo no había terminado el doctorado todavía. Ahora me parece muy difícil que alguien en esa situación consiga un trabajo académico. Todo se ha vuelto cada vez más competitivo. Además, con los recortes presupuestarios, si se va alguien ya no lo reemplazan. Es decir que hay cada vez menos puestos de trabajo disponibles en el sector académico. Ahora, como te decía al principio, esto va de la mano con el alza del precio de la matrícula anual y la consecuente caída en el número de estudiantes que ingresan. No obstante, lo cierto es que el incremento del precio de inscripción ha sido progresivo y no tuvo el efecto de shock que tuvo sobre el académico lo que sucedió en el CONICET a fines del año pasado.

RC: Debido a tus temas de investigación, en los últimos años has viajado varias veces a la Argentina. ¿Cuáles son tus principales impresiones acerca del ámbito académico local?

LR: Lo principal para mí es la calidad y la facilidad de acceso a los trabajos académicos, lo cual es algo muy notable. Si yo quiero leer un artículo sobre Billiken escrito por María Paula Bontempo, lo encuentro disponible y puedo acceder inmediatamente, sin pagar nada. Si vos querés hacer eso con un trabajo mío, no vas a poder. Porque además tardamos mucho en tener los artículos publicados. Acá los tiempos son muy largos y los costos de acceso muy altos. Sin haber tenido aún mucho contacto con el ámbito académico de la Argentina, eso es algo que considero que tiene un valor enorme para mostrarle al resto del mundo el trabajo fantástico que están haciendo sus investigadores.

RC: Justamente eso es algo que se ha puesto en cuestión ¿no? ¿Cuál es el valor económico de ese aporte académico y cultural?

LR: Sí, acá también. Pero lo que tienen en Argentina más establecido es la construcción de un puente entre los académicos y la sociedad. Siempre me pareció que Argentina es un país donde eso funciona muy bien. La sociedad está muy interesada en la política, muy informada, mucho más que acá. Lo que tenemos en Inglaterra es un sitio web, The Conversation ( https://theconversation.com/uk ), que publica noticias escritas por académicos que trabajan directamente con editores profesionales. Existe también en otros países. La idea es hablarle al público en general sin el filtro de los principales medios de comunicación. Ahí podés encontrar una forma de comunicar diferentes instancias de tu investigación para el público interesado en los temas que estudiás. Creo que esas cosas ya existen en Argentina.

RC: En varios países europeos el sector de ciencia y técnica también está sufriendo recortes presupuestarios. ¿Qué nos podés comentar al respecto? ¿Cuál es la situación de Gran Bretaña? ¿En qué áreas se han sentido más fuertemente las políticas de austeridad?

LR: De la que más sé es de la situación de España. Siempre que se abre un puesto en la universidad se presentan muchos españoles, que están muy bien formados y que no consiguen trabajo en su país. Por otro lado, en el Departamento de Idiomas de nuestra universidad tenemos obviamente mucha gente que trabaja con otros países europeos y la novedad que nos afecta es el Brexit. En términos más generales, el problema es que buena parte de los fondos que el Reino Unido consigue para investigación provienen de la Comunidad Europea. Esto ha venido sembrando una gran preocupación entre los académicos. Por otra parte, está el problema de que nosotros mandamos a los estudiantes a estudiar a otro país durante un año. En el caso de los estudiantes de español, pocos van a América Latina porque es demasiado caro el viaje. Muchos van a España, con cuyas universidades teníamos vínculos Erasmus de intercambio. Ahora tendremos que renegociar esto con cada institución de manera individual y es un trabajo administrativo que nadie quiere hacer. Así que hay varios problemas potenciales en el horizonte para el sector académico británico.

RC: ¿Algo más que quieras aportar?

LR: No. Simplemente agradecerles por la entrevista. Para mí siempre es un placer estar en contacto con Argentina y dar a conocer mis investigaciones.

RC: Muchas gracias por tu tiempo, Lauren. Esperamos ansiosos los resultados de tu investigación sobre Billiken.

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