“El chavismo tiene el desafío de reafirmar su apuesta por el socialismo”. Entrevista a Reinaldo Iturriza López, por Fernando Toyos

Sociólogo y autor de numerosos libros sobre la realidad de su país, Reinaldo Iturriza López fue ministro venezolano del Poder Popular para la Cultura y también titular del Ministerio del Poder Popular para las Comunas y los Movimientos Sociales. En esta conversación con Fernando Toyos para Épocas, analiza la actualidad política del chavismo, las confrontaciones planteadas por la oposición, y algunos de los desafíos que la Revolución Bolivariana tiene por delante.

Después de un año muy intenso, marcado por meses de violencia insurreccional y tres procesos electorales, ¿cómo llegó Venezuela al 2018?

Lo más importante es que llegó con paz. Durante 2017 estuvimos en varias oportunidades al borde de una lucha fratricida. Cualquiera que se forme una opinión sobre lo que ocurre en Venezuela a partir de la línea editorial de las principales transnacionales de noticias puede estar persuadido de que la violencia era algo inevitable: bien porque a la oposición, muy a su pesar, no le quedaba otra alternativa que apelar a la violencia para enfrentar a la “dictadura”, bien porque la “dictadura”, tal y como ocurre siempre con los regímenes represivos, no puede evitar apelar a la violencia para contener las protestas de la oposición.

No obstante, la realidad es muy distinta: el Gobierno nacional y, más allá, el chavismo como fuerza política, actuaron casi siempre como muro de contención, y en aquellos casos en que funcionarios policiales o efectivos militares estuvieron incursos en violaciones de derechos humanos, el Estado procuró actuar de manera ejemplarizante. Las líneas de fuerza que encabezaron las manifestaciones contra el Gobierno entre abril y julio hicieron todo lo posible por que la situación se desbordara, atacando de manera sistemática centros educativos públicos, centros de salud públicos, unidades de transporte público, el Metro de Caracas, oficinas gubernamentales, centros de acopio, vehículos de la red pública de transporte de alimentos, bases militares y por supuesto personas, llegando al extremos de linchar y quemar personas por ser o “parecer” chavistas.

¿Qué efectos tuvieron estos acontecimientos en términos políticos para el Gobierno y para la oposición?

Sabemos perfectamente bien que de estas situaciones poco o nada trasciende mediáticamente, mucho menos fuera de Venezuela, y que predomina la idea de un régimen autoritario, profundamente antipopular, que atropella a su pueblo. Lo cierto es que los niveles de crispación fueron tales que incluso una pequeña parte de la base social del antichavismo salió a votar el 30 de julio, para elegir Constituyente. Fue la primera vez desde 1998 que la base antichavista empleó el voto castigo contra su clase política, que apoyó en pleno, por acción u omisión, los hechos de violencia. Luego, el 15 de octubre, en las elecciones para gobernadores, la clase política volvió a ser derrotada, fundamentalmente por encontrarse fracturada, pagando el costo político de la derrota que significó la elección de la Constituyente y, con ella, el fin de la violencia.

Derrotado políticamente, el antichavismo volvió a concentrarse allí donde es más fuerte: en lo económico. La brutal agresión de la que es víctima la sociedad venezolana desde mediados de 2012, arreció después de la elección de la Constituyente. En nuestro país, las fuerzas económicas que controlan el mercado han impuesto un verdadero estado de excepción.

En Argentina, los medios dominantes vaticinaron la caída del gobierno de Nicolás Maduro durante la primera mitad del año, y sin embargo el chavismo sorprendió con sus victorias electorales. ¿Cómo se explican las mismas en un contexto que es, a todas luces, adverso?

Lo mismo hizo la oposición venezolana en 2016: vaticinó la caída del Gobierno durante la primera mitad del año. Acababa de obtener el control de la Asamblea Nacional, en diciembre de 2015. Luego, los distintos partidos que la integran no fueron capaces de ponerse de acuerdo en torno a la manera de sacar a Maduro.

¿Cómo se explican las victorias? Tiene que ver, justamente, con la manera como se lidia con la adversidad. Me parece que es justo reconocer que el chavismo en general, y Nicolás Maduro en particular, han acertado al optar por dirimir el conflicto de manera política, electoral. Desde que inició la Revolución Bolivariana, el hecho electoral fue dejando de ser un mero trámite para convertirse en una oportunidad para decidir entre dos proyectos de sociedad antagónicos. La violencia, a la que apeló en varias oportunidades la oposición en todos estos años, siempre generó el rechazo mayoritario de la sociedad, incluyendo una parte muy importante, y diría que casi siempre igualmente mayoritaria, de la base social del antichavismo.

Luego, lo comentaba más arriba, está el hecho de las fracturas en el seno del campo opositor, luego de la derrota que significó la elección de la Constituyente. Se podrían mencionar otras circunstancias, como por ejemplo el hecho de que la clase política antichavista no constituye una alternativa política, sino el retorno de lo mismo. La clase política chavista puede ser severamente cuestionada por el pueblo chavista en tanto que considera que no está siendo consecuente con el legado de Chávez, pero ¿qué legado va a defender la vieja clase política?

En nuestro país, los mismos medios dominantes que mencionamos anteriormente suelen referirse al Gobierno Bolivariano como “una dictadura”. ¿Podría desarrollar, a grandes rasgos, el funcionamiento del sistema político-electoral venezolano? Las reformas que el chavismo introdujo en el mismo, ¿van en el sentido de una ‘restricción de la democracia’, como suele decirse?

Es un sistema inclusivo: hoy votan millones de venezolanos que en el pasado ni siquiera tenían cédula de identidad. Su existencia como ciudadanos ni siquiera era reconocida por el Estado. Luego, los centros electorales comenzaron a distribuirse democráticamente. Se automatizó el sistema, se garantizó observación electoral nacional e internacional, pero sobre todo se garantizó que fuera un sistema auditable y, en tal medida, transparente. La oposición venezolana nunca ha podido probar una sola denuncia de fraude, incluyendo casos en que ofrecieron públicamente presentar tales “pruebas” y no lo hicieron. Eso sí: en aquellos lugares en los que gana la oposición, nunca tacha los resultados de fraudulentos.

¿Cómo llegaron a las elecciones de este año el gobierno y la oposición? Más allá de la coyuntura electoral, ¿en qué estado se encuentra el ‘chavismo salvaje’, ese chavismo de base al que te referís como el “sujeto de la revolución”?

El chavismo llegó unido y la oposición fracturada. La decisión de la mayoría de los partidos opositores de no participar tiene que ver en parte con esta situación, y con el hecho de que Estados Unidos hace todo lo posible por deslegitimar los resultados y, por tanto, al nuevo Gobierno.

Más allá de lo electoral, el chavismo tiene serios desafíos: contener a las fuerzas reformistas que anidan en su seno, revertir el proceso de repliegue de la política de parte importante de la población, renovar su clase política, reafirmar su apuesta por el socialismo, por la democracia participativa y protagónica, por la Comuna. Todo lo anterior nos permite orientarnos a la hora de tomar decisiones en lo económico, sin duda el problema central de la sociedad venezolana. Es decir, las decisiones que tomemos en lo económico deben conducirnos a derrotar el reformismo, fortalecer la Comuna, etc.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *