Editorial – Dossier n° 6 – El futuro que ocurre a cada rato

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Todo hecho cultural, todo objeto de la cultura en el capitalismo tardío o la posmodernidad  (siempre, neoliberalismo) es la cara de una moneda que del otro lado lleva impreso un hecho económico. Sin embargo, sus lógicas de operación se nos aparecen a momentos por distintos carriles. Cualquier reducción de un fenómeno cultural a la lógica de la ganancia empantana los análisis que permitan alcanzar algunas certezas acerca del movimiento de la cultura que ya no tiene como objetivo la ilustración y en cambio segmenta poblaciones como potenciales clientes, compradores, consumidores e “influencers”. El mundo no está dormido, se mueve entre tantas imágenes, información y contenidos que, aun sin entrar en un estado de pasividad, no sabemos cómo apoyar el pie para bajarnos de la cama.

Lo de ayer es aburrido y hay que soltarlo, y el futuro ocurre a cada rato. Habitamos un ambiente cultural que nos invita a vivir en el constante presente y a ser categóricamente felices. Para ello, las industrias culturales tienen en oferta un stock de productos y experiencias pre fabricadas que indican a través de imágenes que funcionan como modelos y esquemas de percepción, no sólo qué consumir si no cómo consumirlo, cómo construir una relación válida con esos productos y servicios para distinguirnos.

Los museos montan sus salones de exposición aptos para selfies; las empresas de seguros y los bancos auspician teatros en la calle Corrientes; las iniciativas de los gobiernos locales nos ofrecen participar de ferias de colectividades que luego desprecian; se eligen embajadores culturales por cantidad (de años, de seguidores, de fans, de rating) y no por calidad (que requiere ciertos paradigmas evaluativos que nadie pareciera estar dispuesto a delinear); la Casa Rosada abraza para sus empleados y empleadas los talleres de coaching emocional mientras Alejandro Rozitchner asesora al presidente de la nación sobre alegría y motivación. Los creativos publicitarios son los artistas oficiales de estas últimas décadas y los emprendedores el nuevo self made. Como afirmara Terry Eagleton, la industria cultural atestigua menos la relevancia de la cultura que las ambiciones expansionistas del sistema capitalista tardío, que ahora puede colonizar la fantasía y el entretenimiento tan intensamente como en su momento colonizó Kenia y Filipinas.

¿Dónde encontramos la legitimidad cultural en medio de consumos tan disímiles que otrora eran imposible de conectar en las prácticas de una misma persona o sector social? ¿En qué punto se distancian o se acercan las elites culturales, los sectores medios, las culturas populares y las industrias del entretenimiento? ¿Qué esconde el multiculturalismo transversal? ¿Cómo se diseñan a sí mismas las personas – los individuos, los sujetos, los agentes – para poder triunfar, estar adentro y no afuera? ¿Qué implica estar adentro o estar afuera, ser un outsider o un marginado?

Sí, se puede. Se puede decir algo sobre todo esto y es la propuesta de este nuevo dossier de Épocas.

Comité Editorial
Noviembre 2018

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