De ferrocarriles y pelotas: clubes de barrio en un ramal de la zona sur

Por Juan Facundo Carnevale y Gabriela Siri (Coordinadora de Hinchas) (1)

El partido de Lomas de Zamora fue creado en 1861 y conserva en su inquietante historia, hasta el día de hoy, diferentes contrastes sociales, acontecimientos culturales, sucesos, leyendas y alguna que otra hazaña local. Situado en el tercer cordón del conurbano, con una superficie de 89 kilómetros cuadrados, su geografía presenta desniveles propios de la pampa ondulante. Mientras los vecinos de Turdera viven en las lomas más altas – a 24 metros sobre el nivel del mar – los barrios de Cuartel Noveno soportan la planicie de inundación del Riachuelo en las zonas más bajas. La población, según los datos del último censo realizado en 2010, es de 616.279 habitantes, situándose segunda entre las ciudades más pobladas del área bonaerense, luego de La Matanza.

A 20 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, podemos destacar a las localidades de Lomas, Banfield y Temperley como los centros urbanísticos principales dentro del partido. Las mismas presentan (entre otras cosas) una característica de identificación y arraigo por sus respectivos clubes de barrio. Cada uno con su identidad particular y especificidad, con un sentido de pertenencia diferente y con una rivalidad sociocultural, el Club Atlético Los Andes, el Club Atlético Banfield y el Club Atlético Temperley concentran las miradas deportivas del distrito.

Estos tres clubes ya son centenarios. Nacen a partir de la última década del siglo XIX con el desarrollo del tendido de las vías del ferrocarril, pensado por los británicos básicamente para trasladar la materia prima hacia el puerto de Buenos Aires. Tanto los obreros como jefes y gerentes de nacionalidades inglesa, irlandesa y hasta galesa que realizaban la construcción del mismo fueron los primeros en armar equipos de fútbol. La leyenda cuenta que cuando los trenes cargados de tarros de leche llegaban provenientes de los tambos del sur de la provincia a la Estación de Temperley (centro de transferencia intermedia del -ahora- tren General Roca) y se descargaban, para poder diferenciar la distribución se pintaba en sus tapas color rojo para la localidad de Lomas, verde para Banfield y celeste para Temperley.

El distrito posee una rivalidad muy especial -de creciente evolución durante los últimos años- entre dos de esos clubes a los que sólo los separan unas 20 cuadras. El Club Atlético Temperley (apodado “gasolero” por el torneo Nacional de fútbol de 1975 en el que se había conformado un equipo con jugadores de muy bajo presupuesto, quienes terminaron apuntándose una excelente e inesperada competición) y el Club Atlético Los Andes (el “mil rayitas”, denominado así por poseer una gran cantidad de bastones angostos rojos y blancos verticales, tanto en su escudo como la camiseta).

Temperley fue fundado oficialmente el 1° de noviembre de 1912 y su primera cancha estuvo situada frente a la plaza de Turdera. Tuvieron que esperar diez años (por inconvenientes con el trámite de la personería jurídica) para adquirir los actuales terrenos donde hoy en día funcionan todas las instalaciones de la institución, en las calles 9 de Julio y Dorrego. El entonces presidente del club,  el Doctor Alfredo Beranger, un joven de fuerte carácter y líder por naturaleza, militante radical, puso su patrimonio personal como garantía para concretar el proyecto, de manera desinteresada. Pero al poco tiempo, el dirigente fue asesinado en un confuso episodio en la puerta de su domicilio por un casero del Ferrocarril del Sud que se habría sentido perjudicado por sus decisiones. Su enorme contribución quedó reconocida para siempre, con su nombre, en el actual estadio de fútbol.

En lo estrictamente deportivo, el objetivo del ascenso a Primera División se hizo realidad a fines de 1974 con un equipo de fútbol formado y conducido por uno de los valores surgidos de las inferiores, Jorge Ginarte, quien faltando pocas fechas para la finalización del torneo renunció a la dirección técnica del equipo por tener discrepancias con algunos dirigentes. El sueño en la máxima categoría culminó en el torneo Metropolitano de 1977, pero esos años son recordados hasta el día de hoy por sus hinchas.

Otro ascenso a primera división ocurrió en el año 1982 en el Estadio Alfredo Duco,  del Club Huracán. La final fue disputada contra el bohemio de Villa Crespo. Esa noche se patearon la mayor cantidad de penales en un partido, y con 25 de ellos ejecutados desde la línea del penal, Temperley se queda con ese ascenso.

Un suceso paradigmático y muy recordado de la entidad celeste fue en el año 1991 cuando la desorganización tanto deportiva como administrativa y financiera llevaron a la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) a prohibirle participar de sus torneos oficiales luego de que un juez dictaminara la quiebra, lo que significó el cierre total del club. Dos años después, y luego de varias gestiones judiciales de la llamada “Comisión de Apoyo” y del sostén fundamental del hincha, lograron la incorporación del equipo al Torneo de Primera C y la reapertura institucional en lo que puede denominarse como una verdadera resurrección. Un componente humano fundamental de esa gesta fue Edith Pecorelli, quien puso sus bienes en garantía junto a otras cuatro familias, lo que la llevaría tiempo más tarde a convertirse en presidenta de la entidad elegida por los socios al  ganar las elecciones.

Este suceso marcó un hito en el fútbol argentino, ya que demostró que con la unión y la organización de todos los socios y socias, un club puede resurgir como ave fénix, de las cenizas.

Por su parte,  Los Andes también fue constituido un 1° de enero pero de 1917, por un grupo de adolescentes integrado por Marcos Panizzi y Adolfo Langet, quienes eran guiados por un ambicioso y visionario dirigente como Eduardo Gallardón. Ellos se inspiraron en una proeza histórica de dos aeronautas que cruzaron en globo la cordillera para darle nombre a lo que luego sería una institución centenaria. Un incansable Gallardón se puso inicial y literalmente el club al hombro, tanto en el ámbito deportivo (llevándolo a la elite del fútbol argentino en los años ‘60) como en lo social (construyendo una pileta olímpica inédita para el barrio y la época) lo que llevó al club a lograr una masa societaria cercana a las 20 mil personas.

En 1960 el conjunto Mil Rayitas logró su primer ascenso a la máxima categoría de AFA, consagrándose como el mejor equipo del torneo de Primera B (se lo denominó por aquel entonces “La Máquina del Sur”), lo que impulsó posteriormente un plan de remodelación de su estadio para adecuarlo a las nuevas exigencias. La campaña llamada “Bolsa de Cemento” es muy recordada por los socios, quienes se comprometieron a comprar un bono que tenía el valor de una bolsa de material destinada a la ampliación de las instalaciones para poder albergar a 35 mil espectadores. Ocho años más tarde los hinchas disfrutarían de la mejor producción deportiva en Primera A de la historia del club (recordada por los espectáculos futbolísticos de gran nivel, más allá de los resultados).

Un acontecimiento institucional de gran envergadura para el club Los Andes fue la  recuperación del edificio de su sede social – el 23 de mayo de 2012 – ubicado en la Avenida Hipólito Yrigoyen. Esto demandó varios años de luchas, reuniones y asambleas (inicialmente de parte de sólo un grupo de socios autoconvocados que luego conseguirían armar una sub comisión con respaldo oficial) para ponerle fin a la concesión de un contrato abusivo que se extendía hasta el año 2047. Esa fecha se transformó en un día festivo para los simpatizantes mil rayitas, ya que se conmemora año tras año el “Día del Hincha”.

Tanto Temperley como Los Andes han conseguido traspasar las fronteras barriales y esas pocas cuadras que los separan, reconvirtiéndose en clubes más amplios e inclusivos a través de sus filiales y peñas no sólo dentro del país sino también en el exterior, en un mundo altamente globalizado. Además, han podido lograr, con diferentes matices entre sus socios e hinchas, un sentimiento y una pasión que no sólo incluye ir a ver los fines de semana al equipo de fútbol, sino el disfrute de las  instalaciones. 

Si hay algo que caracteriza a éstos clubes es el ambiente familiar de cada uno de sus deportes recreativos, en los cuales se desarrollan (con sus aciertos, virtudes y las carencias propias de las entidades civiles sin fines de lucro) proyectos deportivos en las variadas disciplinas amateur, como: boxeo, gimnasia artística, básquet, natación, patín artístico, pelota paleta, taekwondo, futsal, jockey, handball -entre otras- que hacen que los clubes tengan tamaña cantidad de oferta social.

Algo similar ocurre con los espacios de cultural y educación, y la de varios departamentos y subsecretarías integrado por voluntarios, que trabajan en forma mancomunada junto a las respectivas comisiones directivas. Como, por ejemplo: el Departamento Solidario, de Deportes Amateur, de Relaciones Públicas, de Derechos Humanos, de Cultura, de Obras, y el Departamento de la Coordinadora de Hinchas, entre otros. Temperley dio estreno a la creación del jardín de infantes hace dos años. Y Los Andes cuenta con los tres niveles de enseñanza completos (inicial, primaria y secundaria) lo que podría considerarse un orgullo de la comunidad lomense.

Ambos ostentan esa rivalidad, ese clásico barrial, que comenzó deportivamente (allá por el 22 de julio de 1939) y donde con el correr de los años pudo acrecentarse cuando compiten en cada uno de los partidos de las diferentes disciplinas. Ya sea en el campo de juego, en las tribunas con sus hinchas, banderas y colores con los que se identifican, el famoso folclore. Que empieza a palpitarse desde la semana previa a los partidos, basta con observar las pintadas de las paredes (murales callejeros) de los barrios como expresan y delimitan con la diversidad las diferentes zonas, muchas casas pintadas de celeste y otras de rojas y blancas, se percibe esa mística con el fervor del clásico más grande del sur.

 

(1) FB: https://www.facebook.com/CoordDeHinchas/

 

 

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