Cecilia Zapata – Crisis habitacional y desigualdad social en Buenos Aires

La ciencia y la tecnología argentina están en crisis. Los acontecimientos de diciembre pasado explicitaron una situación que ya se sentía desde el último año, pero que mostró su cara más brutal en las “fiestas” con 500 investigadores despedidos, investigaciones científicas desfinanciadas, equipos de investigación desguazados y las ciencias sociales y humanas siendo objeto de un fuerte cuestionamiento social. Este escenario puso en el centro de debate si el Estado debe financiar investigaciones en Ciencias Sociales. La realidad pareciera responder por si sola este interrogante.

Según investigaciones propias en base al último Censo de Población, Hogares y Viviendas, estadísticas del Gobierno de la Ciudad y fuentes alternativas, la Ciudad de Buenos Aires cuenta con 2.890.151 personas. Ese universo, emplazado en el centro económico de la Argentina, presenta profundas asimetrías que disponen una verdadera grieta a saldar, pero de la que no se habla.

A pesar de ser la ciudad que concentra las mayores riquezas del país, un cuarto de los porteños, más de 600 mil personas, viven bajo alguna condición de precariedad habitacional. Más de 200 mil personas habitan en villas. Unas 140 mil viven en hoteles e inquilinatos. Más de 200 mil son ocupantes de viviendas. Unas 17 mil personas viven en la calle. Más de 21 mil hogares porteños no tienen cloacas. Unos 89 mil hogares no tienen gas de red. Y casi 5 mil no tienen agua de red. Números que explican por sí mismos una situación habitacional en la que el mercado es ley y el Estado un actor que sólo consolida su presencia para garantizar las reglas del mercado y del sálvese quien pueda por sobre los derechos de su población.

Pero los problemas habitacionales de los porteños no terminan ahí. A esas cifras hay que sumarle la población que vive en complejos y núcleos habitacionales transitorios construidos por el mismo Estado que actualmente, por desidia y abandono, muestran problemas estructurales de magnitud. Distintos organismos contralores del Gobierno de la Ciudad (defensorías, la legislatura, etc.) denunciaron que más de 25 mil viviendas sociales (involucrando a casi 108 mil habitantes) se encuentran en situación de precariedad física y legal y en riesgo inminente de accidentes.

Y como se trata de un fenómeno dinámico, en pleno progreso y que posa sus tentáculos sobre la totalidad de los sectores, en los últimos años se profundizó (y extendió) el desarrollo de un mercado informal de alquiler en villas y hoteles e inquilinatos que dispararon el índice de inquilinos de la ciudad. Esta situación evidencia las restricciones que existen, por un lado, para acceder formalmente a un alquiler y, por otro, para que los sectores populares puedan acceder al crédito y a la (utópica por estos días) vivienda en propiedad.

Cifras que grafican las desigualdades de la ciudad más rica del país, que concentra las mayores oportunidades de cumplir con el sueño americano y con un PBI per cápita de aproximadamente USD 41.000, superior incluso al de varios países desarrollados de Europa. Y estas desigualdades se hacen palpables en el territorio, ya que los porteños del norte de la ciudad además de vivir en mejores condiciones urbanas, habitacionales y ambientales con acceso a mejores infraestructuras sociales, acumulan ingresos en promedio 70% superiores a los porteños del sur.

En ese territorio, como contracara del mismo fenómeno, es posible identificar casi 300 mil viviendas vacías (un 20% del parque habitacional de la ciudad, concentrado en el norte -a pesar que la mayoría de la población vive en el sur-) que se supone esperan mejores momentos para salir a la venta, en medio de una alarmante (y creciente) especulación inmobiliaria.

Los investigadores están donde no está el Estado

Ahora bien, trolls, “referentes de opinión” de redes sociales, periodistas y/o grandes medios, estigmatizan –desde el año pasado- a las ciencias sociales en base a prejuicios, mentiras y falacias. Tomaron un puñado de títulos de artículos de investigaciones científicas (que ni habrán leído en su integridad) y realizaron una campaña de desprestigio de los autores  investigadores, para desvalorizar nuestro trabajo. Que no sólo no conocen, sino que intencionalmente banalizan. Apoyada en esta campaña, los decisores de políticas públicas decidieron que el peso del ajuste caiga específicamente en el área.

Pero el desarrollo de investigaciones en ciencias sociales y humanas ha demostrado a las claras que no es una “mala inversión”. Por el contrario, los resultados de investigaciones científicas de esta área produjeron saberes que impactan en la vida social. Permiten, por ejemplo, entender mejor el mundo en el que vivimos, cómo nos organizamos, como reproducimos nuestra vida social, las formas que asume la pobreza (y también la riqueza), quiénes somos, cómo son nuestra instituciones; aporta ideas, conceptos e informaciones a debates de actualidad y, fundamentalmente; aporta empiria para el desarrollo de políticas públicas que busquen resolver los problemas reales y (mayormente) olvidados.  

Específicamente en mi área de estudio (el urbanismo desde un abordaje social), caracterizar la problemática habitacional local y nacional, estudiar las políticas públicas ejecutadas y producir propuestas integrales de solución, atadas a una lógica de derecho, me pone al servicio de lo que 600 mil porteños necesitan y se les niega. Comprender acabadamente la problemática habitacional para poder aportar al debate de soluciones es una tarea fundamental para la ciencia argentina. Más aun siendo una temática entregada por el Estado al mercado en un juego de roles complementarios, que impacta con distinta intensidad en el deterioro de la vida de millones de argentinos.

Clara la relevancia de los trabajos, el recorte a las ciencias sociales no es otra cosa que un ladrillo más en la pared de la retirada del Estado de la vida de los argentinos y un intento de silenciar todo aquello que no le es funcional en ese proceso.

Un comentario en “Cecilia Zapata – Crisis habitacional y desigualdad social en Buenos Aires

  1. Daniel dijo:

    Demasiado tiempo en investigaciones, prefiero màs acciones directas, analizar y repicar lo que ya se hizo bien, por ejemplo, hace muchos años se implementò a nivel gobierno el sistema de ” Ayuda mutua y esfuerzo propio” El gobierno facilitaba los terrenos y la supervisiòn tècnica, la compra de materiales, los interesados aportaban horas de mano de obra necesarias para construir las viviendas que luego de terminadas se sorteaban y se pagaba el costo restante en còmodas cuotas.La gente aprendìa un oficio, a trabajar en equipo con sus futuros vecinos, luego en forma espontànea se reunìan y decidìan -como ciudadanos- que otras obras hacer entre todos: clubes, etc. Este sistema permitirìa hacer grandes cantidades de viviendas por su economìa de costo y para los que estèn dispuestos a trabajar, aportar en sus horas y dìas libres mano de obra, en construcciones de mejor calidad que las que se contratan en los ùltimos años y evitar la corrupciòn que vivimos donde ineptos corruptos se convertìan en nuevos empresarios de la construcciòn,asì desaparecieron miles de millones y siguen faltando millones de viviendas.

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