“En Quilmes se puede hacer un quilombo enorme” – Entrevista a Matías Festucca

Por Ana Clara Azcurra Mariani (1)

Matías me quemó los libros de comunicación. La gente se engancha con él porque siente que lo completa, que le puede aportar algo.

Martín, uno de los asistentes de Matías Ezequiel Festucca, me anticipa una lectura del pre candidato a intendente de Quilmes. Festucca tiene 32 años, es abogado y concejal en funciones del distrito desde 2017. Chequeo el cronograma de actividades al que me voy a sumar, le agradezco y me desea suerte. Desde que me propuse acercarme a algún candidato de Quilmes, en mi cabeza giraba la charla TEDx de Hugo Alconada Mon del año 2018 en la edición Río de la Plata.

Les garantizo que la realidad en este país supera a la ficción (…)

Si alguno quiere competir por la presidencia, va a necesitar cien millones de dólares. Si querés competir para intendente de Escobar o La Plata, necesitas entre quinientos mil dólares y un millón. En algunas ciudades, el comprar tu puesto para el tercer lugar en la lista de concejales de una ciudad mediana, cuesta cien mil dólares.

Y aclaro algo: esto lo saben todos. Lo saben los políticos, lo saben, los empresarios, lo saben los narcos. De hecho, lo saben los organismos de control. Solemos definir al financiamiento electoral como el pecado original de la política: arrancaste pecando.

Te vas a tener que embarrar más allá de tus buenas intenciones, remata Alconada Mon. Quien pregunta, también pisa el lodo, pensé. Allá fui.

Villa Luján, Quilmes

Soy quilmeña. Nací en una clínica privada de la calle Brandsen que ya no existe. Me fui a vivir a Capital Federal dos años entre 2014 y 2016 sólo para re confirmar que Quilmes es mi hogar y todo lo demás está después. Como distrito, Quilmes es el quinto en cantidad de población de la provincia de Buenos Aires según el censo de 2010 (580.829 habitantes) con una superficie de 125 km². Integrado por cinco localidades principales (Don Bosco, Bernal, Quilmes, Ezpeleta y San Francisco Solano). Antes su extensión era mayor, pero en 1960 Berazategui, la tierra de los Mussi, se emancipó de Quilmes y se transformó en Partido.

Parte del segundo cordón del conurbano bonaerense, Quilmes es territorio testigo de la historia y la política incluso antes de que Argentina fuera nación, en varios sentidos palpables y para nada forzados. Su nombre, por ejemplo, deriva a la manera de homenaje entre cínico y vergonzante, del pueblo Kilme, originario de los valles calchaquíes del actual Tucumán.  Más de dos mil personas fueron traídas a pie y represión en 1666 por los colonos,  aunque sólo la mitad llegó y logró asentarse hasta su completa desaparición.  La costa del Río de la Plata de la zona quilmeña recibió el tráfico de negros y el desembarco de las tropas inglesas en 1806.

Para fines del siglo XIX, Quilmes se convirtió en la ciudad de la cerveza cuando arribó la dinastía de los Bemberg y creó la ciudad industrial.  En un irrespetuoso flashforward, hoy esta ciudad del Gran Buenos Aires sur tiene 20 pre candidatos a intendente (sólo una mujer en carrera, la diputada nacional Mayra Mendoza).

Si es por el trabajo a nivel local, cualquiera puede ser merecedor. Pero en Quilmes si no tenes referencia nacional, no competís, asegura Matías cuando me subo al auto y comentamos la cantidad de jugadores a la intendencia . Su padrino político es Aníbal Fernández, y acompaña la lista Fernández- Fernández. Lo de él, es al cubo.

AC: ¿Tenes registrado un momento bisagra o una anécdota con la que se te haya despertado el gusto por la política?

MF: Mucho antes de la adolescencia, sí. En el ’91/’92 me acuerdo de Aníbal Fernández cuando era intendente  y lo veía bajar del auto con el celular ladrillo y el teléfono que antes tenían los autos, otro ladrillo gigante. Esa vida era un formato que me llamaba la atención. A los once años ya le decía a mi viejo que quería ir a las reuniones en las que participaba él cuando Scarabino era intendente. Él me decía que no, pero llegó un momento a mis 14 años que le dije, si no me llevas, voy yo directamente. Tuvo que ceder. En 2003 se compite una interna en Quilmes donde van Juan Carlos Tuzzolino, Alberto De Fazio y Sergio Villordo. Ahí yo participo con Tuzzolino que es mi padrino. Había unas planillas con los datos de los vecinos que iban a votar en la interna cerrada para los afiliados al partido, distinto a la interna abierta como es ahora. Yo iba con la planilla a hablar de la propuesta con los vecinos y llevaba luego la planilla al local donde las cargaban. En esa elección gana Villordo con 26 mil votos, De Fazio saca 24 mil y Tuzzolino 11 mil. Esa fue mi  primera experiencia a los 16 años. Mi viejo en el 2005 es electo concejal de Quilmes y empiezo a trabajar con él armando la juventud peronista quilmeña, la juventud peronista Puerta de Hierro. En 2011 voy de candidato a quinto concejal de Gurzi que compite contra el Barba Gutiérrez (nota: Gutiérrez es ex intendente de Quilmes, el único reelecto hasta el momento en la historia del distrito, quien perdió contra Martiniano Molina de Cambiemos en 2015). Entran cuatro concejales de Gurzi, y el segundo,  Fabián García se va al PAMI y yo paso a ser concejal hasta el 14 de marzo de 2014 que vuelve García al Concejo.  Después empezamos a trabajar por la gobernación de Aníbal en 2015.

El 10 de diciembre de 2017 asumo la concejalía. Es  más responsabilidad, sos la voz del vecino en el concejo deliberante. Al menos podes decir “che, miren que allá tienen un quilombo eh”. Se lo volves a decir hasta que se acerca el funcionario responsable de esa área.

 

La agenda indica que nos dirigimos a la Villa Itatí, ubicada entre los barrios Don Bosco y Bernal, lindante con Wilde, partido de Avellaneda. Según datos estadísticos surgidos de una investigación de la Universidad de General Sarmiento (UNGS), Quilmes se ubica después de La Matanza como la segunda ciudad del conurbano con mayor precariedad habitacional: más del 20% de sus habitantes se distribuyen entre 48 barrios populares, 41 villas y 32 asentamientos. En este cuadro, la Villa Itatí es una de las más pobladas del Gran Buenos Aires y la más antigua del municipio. Luego de la crisis de 2001, se catalogó al territorio como uno de los más peligrosos del país por la cantidad de asesinatos. Como todo, cuando se mira el mapa de arriba, los defectos se descubren con facilidad. Pero si se acerca una lupa, hay otras cosas que se vislumbran. En Itatí se creó una de las asociaciones más grandes de cartoneros,  la Cooperativa de Cartoneros Villa Itatí. En sí mismo, esto no habla de calidad de vida, sino de calidad humana, organización y comunidad colaborativa. Existen otros valores más allá del delito. Por otro lado, la situación de vulnerabilidad es heterogénea en cuanto a niveles de ocupación, de educación y precariedad. La zona más precaria de Itatí es conocida como La Cava.

En Itatí nos recibe Clara, una vecina que nos invita a pasar a su casa. A Matías ya lo conoce. A mi me cuenta que antes, durante el kirchnerismo, tenía un comedor en su casa llamado “Las Unidas” donde recibía alrededor de 170 niños/niñas. Pero ya no tienen alimentos para ofrecer. Matías pregunta cómo está funcionando el comedor en los colegios, qué comida llega. Una adolescente que se acercó a la reunión le dice que en general, les entregan un sanguchito y una fruta. Y a veces, nada.

Al municipio le roban, porque la comida para las escuelas se paga y llega la leche vencida. El otro día en una escuela nos decían que les bajaron dos zanahorias y una mandarina por alumno. Es una vergüenza, concluye Matías.

La gente quiere cosas Mati, traé un camión con mercadería y vas a ver cómo se acercan,  dice Clara. Leandro, uno de los militantes que nos acompaña, responde que esas prácticas ya las conocen. No lo dice, pero su expresión no lo aprueba. El intercambio de voluntades por recursos materiales es milenario. Es una negociación por la vida, pienso. Una negociación degradante pero efectiva. Matías no opina. Clara le cuenta que en la plaza de Don Bosco los lunes y los jueves desde hace cinco meses se realiza una feria de trueque, y que la organizadora lo quisiera conocer. Matías arranca. Nos vamos a la plaza.

La plaza Don Bosco tiene forma de triángulo y un mástil en el medio. Fue uno de los lugares donde jugué, anduve en bicicleta, me trepé a los árboles, y dónde encontré de cachorra a mi primera perra. La feria del trueque, nos enteramos, comenzó con cinco personas ofreciendo pertenencias varias (ropa, herramientas, bisutería, utensilios de cocina, incluso leche que entrega el estado) para trocar y hoy recibe a más de veinte personas, en su mayoría, mujeres.

El sistema es de espíritu comunitario. Cada participante ofrenda un alimento como aporte simbólico. Al finalizar la jornada, los alimentos se reparten entre los feriantes. Además, hay una manta donde se pueden dejar elementos de donación para que quien los necesite, los recoja, y se venden rifas por $10, recaudación que al final del día se sortea. No hay lucro individual.

Esto es una forma de trabajar. Lo que acá se produce es ayuda, explica Patricia, la mujer que comenzó con la organización. Matías recorre, saluda y pregunta qué se necesita. Unas mujeres le piden un baño químico para las jornadas de feria porque no tienen a dónde ir. Se compromete a elevar el pedido desde el Concejo deliberante.

Emprendemos la caminata de regreso a la casa de Clara. Un pibe en bicicleta se acerca a Matías pero no frena, sólo lo rodea. ¡Aguante Mayra Mendoza! le espeta. Matías se ríe. La semana que viene venimos con más tiempo, hay que hablar con las feriantes, generar vínculo, le dice a una de sus asistentes.  

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Los vecinos de Villa Luján

Bueno a ver, decinos qué propones, vamos al grano. Porque acá ya vinieron muchos.

La reunión no es cómoda. Está pactada, lo que no significa que haya glorias y laureles para Matías. Los vecinos de Villa Luján lo esperaron más para la catarsis que con el anhelo de que el encuentro produzca alguna respuesta efectiva a sus reclamos históricos. Matías pide a Evelin y Pamela, las fotógrafas, que apaguen las cámaras. Evelin se  me acerca y me cuenta al oído que el agua de la canilla en el barrio está contaminada con heces. Los vecinos agregan que llevan muchos años esperando el asfalto, pero como en provincia la calle figura asfaltada, esa obra jamás comenzará.

Yo como concejal puedo hacer fuerza para que el municipio haga el trámite que corresponde en provincia para que la calle deje de figurar asfaltada, y puedo pedir el asfalto. Pero no les voy a mentir, si ustedes se organizan, se ponen de acuerdo y van al municipio con una nota, van a tener más éxito que yo. Como soy de la oposición, si lo pido yo no va a salir porque creen que uno quiere anotarse puntos con los vecinos. Pero si ustedes lo llevan, yo me comprometo a hacer presión.

Vecinas y vecinos de Ezpeleta

AC: En las tres jornadas que compartí con vos y tu equipo constaté la diversidad de espacios y sectores que visitas. Villas, comercios,  PYMES, clubes, etcétera. Supongo que no sólo te encontras con quejas por los malos servicios municipales, sino con una confrontación llamémosle en principio “imaginaria”, entre estos distintos sectores sociales que dificultan la panacea de la unidad y el trabajo mancomunado que en general se proyecta.

MF: Eso es sociológico. La identidad empieza en tu casa, en tu barrio, en tu zona, en tu ciudad, en tu provincia, y en el país (Matías junta las manos y las va separando para ilustrar el paso de micro a macro). Hay muchísimos quilmeños que se sienten más identificados con su barrio que diciendo “soy argentino”. Te dicen que están orgullosos de ser argentinos, pero les propones ir a vivir a Córdoba y te responden “yo de mi barrio no me voy ni en pedo”, se identifican de abajo para arriba. En los barrios vemos, por ejemplo, vecinos que compran un parlante de diez; al otro día el vecino de enfrente compró uno de veinte, entonces el de diez se compra uno de treinta; y otro va y se compra uno de 50, en volumen me refiero. Terminan en una guerra por quién pone el volumen más alto. Entrar al barrio y hablar en esa circunstancia implica hacerlos entender que si se unen, es mejor para ellos.

Les digo que si se juntan y  hablan con el intendente van a tener soluciones en su barrio, y algunos vecinos se enojan, creen que les decís que hay que apretar al municipio, Te digo la verdad: el intendente funciona así hoy día, se juntan los vecinos, se organizan, se ponen de acuerdo en ”queremos esta obra” y el intendente la hace, porque ve vecinos organizados conscientes y de acuerdo sobre la problemática. Ahora, si ves que un vecino no está de acuerdo, el otro tampoco, nadie se habla, no te enteras de lo que pasa, el intendente no camina el barrio, (aunque ojo, hay intendentes que se caminaban todo y tampoco garantizaron una mejor calidad de vida)… No es el intendente, el estado y los vecinos por separado: no, estamos todos juntos. Todo lo otro es cuento, porque el poder es ficticio. Son cuatro años, te fuiste a tu casa y no tenes nada.

(Pero, diría Lenin, mientras dure, todo es ilusión menos el poder , pienso)

No conozco a los 700 mil habitantes, estoy convencido de que dentro de Quilmes hay un montón de personas capacitadas, con vocación, con voluntad, con ganas y buenas ideas para transformar la ciudad, pero lamentablemente no las conocemos. La idea que tiene una persona la podemos ejecutar entre todos, porque la cosa no es esperar que Matías tenga una idea milagrosa: vamos a buscar a las personas que se involucren. Hay que buscar constantemente personas que participen en política, y sobre todo empezar a levantar la ciudad que hace muchísimos años que no se le da una manito. Si está el equipo de laburo, están los recursos, y está la vocación, la fuerza, las convicciones, en Quilmes se puede hacer un quilombo enorme. Un presupuesto de diez mil millones de pesos tiene el municipio, y Martiniano Molina se gasta 300 millones en un Metrobus.

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La pegatina es lo que menos importa. Ahora que la gente está frágil, es puerta a puerta Mati, ahí está el voto, donde están los pibes con título y sin trabajo, ahí es. Quien habla es una mujer que inaugura la ronda de conversación en un encuentro de militantes en Ezpeleta. Matías es peronista real, no contradice a nadie. Escucha. Las decisiones vienen después.

AC: Me llama la atención que un candidato a intendente de un municipio como Quilmes tenga 2500 seguidores en Instagram, con la importancia que hoy se le otorga a las redes.

MF: Me han dicho que uno puede pagar y tener más seguidores o mayor cantidad de “Me Gusta”, que impacta a la persona que entra a la red social y ve veinte mil seguidores en vez de dos mil. Que muestra fortaleza, una mejor imagen.  Pero cuando me plantearon eso yo dije que no, no quiero mentirnos entre nosotros. No tiene sentido que haya 500 trolls que me pongan Me Gusta y 1500 personas más que me sigan. Para mí la política se construye desde otro lugar. Si bien la herramienta de las redes sociales es sumamente importante, para mi el boca a boca, el contacto, caminar en cada uno de los barrios, charlar con los vecinos es lo que produce ese impacto mucho más importante que el que te puede generar tener diez mil seguidores mentirosos en Instagram. La realidad es el barrio, está bueno mostrar lo real a través de las redes sociales. “Estuve con Rubén y la fábrica se le fundió”, eso es verdad y te lo muestro. Me modifica hablar con el tipo y conocer su historia de vida porque es lo que te da sensibilidad, es de lo que uno se agarra para poder gobernar

AC: Sos pibe para pre candidatearte en este municipio que es gigante, supongo que algún cambio en tu concepción de lo político tiene que haber ocurrido. Al principio era ver el auto, el teléfono, esa cosa del poder que atrae, pero en algún momento eso debe haber mutado.

MF: Siempre me consideré un armador de la política. Me gusta armar un proyecto, involucrar a mucha gente, que seamos un gran equipo de laburo que genera algo. Nunca se nos dio la posibilidad de tener los recursos. Mi sueño de toda la vida es ser intendente de Quilmes porque detrás de ese sueño hay muchas otras cosas. En todo momento hay que estar concentrado en para qué queremos la intendencia. Desde mi lugar, el poder te permite y te da la facilidad para solucionar problemas, pero lo más importante es el equipo de trabajo que se construye y maneja ese poder, porque si vos le das poder a una persona no capacitada, seguro va a hacer mal las cosas. Si hay un equipo que se cuida entre sí, es un equipo imbatible, no sólo en cuanto a elecciones, imbatible en cuanto a gestión. El servicio es para el vecino, si le va bien a uno, nos va bien a todos. Le empieza a ir mal a uno y capaz que eso prende que le vaya mal al resto y empieza una cuestión sociológica o psicológica, no sé, que termina en derrota. Y si vos vas llevando a una persona para que empiece a manejar de a poquito determinado poder, que lo utilice para hacer un bien, seguramente se puede capacitar para ascender en cuanto a cargo porque es un bien para la ciudad.

Los aplausos son para todos, y las puteadas son para todos. Acá no vengo yo a que me aplaudan y en las puteadas me corro. “Mati, sos vos”. No, yo no soy, somos todos. Circunstancialmente ser candidato a intendente te pone en un lugar de vidriera, pero si yo estuviese solo, me voy a mi casa porque soy un irresponsable. Una negligencia total si me hago cargo de un municipio de 700 mil habitantes cuando sé que no hay equipo para hacerse cargo de todo lo que hay que asumir.

AC: En líneas generales, ¿Quilmes te parece un distrito con una población organizada?

MF: Quilmes está muy dividido, hay mucha división por la identificación con zonas. Pero veo muchos vecinos que, a veces individualmente, se ponen a la cabeza un reclamo del barrio y lo caminan, tocan timbre, conocen a todos los vecinos de la zona. Me ha pasado de caminar con alguna persona que te dice a mi la política no me interesa y resulta que saluda en cuarenta minutos de caminata a cincuenta o sesenta personas. Y le decís menos mal que no te gusta la política porque si no serías el intendente de Quilmes. Es alucinante, porque lo haces razonar, tenes que participar porque representas a un montón de personas de acá del barrio, si ocupas un lugar seguramente vas a hacer que esas obras lleguen y va a empezar a existir la organización. Lo ideal sería encontrar esto en cada delegación. Utilizas la tecnología, armas un grupo de whatsapp, “che, tengo un camión, cinco bordeadoras y para desratizar, ¿nos juntamos en tal sociedad de fomento el jueves?”. Esto te hablo de un barrio, ponele veinte manzanas. Una organización que desemboca en hechos. Con todos esos subdelegados informando al delegado, replicado en todo el mapa de Quilmes, informando al secretario y de ahí al intendente, rompes el protocolo.

AC: El conurbano es visto principalmente como una zona de carencia, de marginalidad, de pobreza. Estructuralmente, ¿qué cosas se arrastran pero qué potencia tiene el distrito?

MF: No creo que lo que se arrastra sea tan caótico en Quilmes. Entiendo que hay mucho por resolver y trabajar para darle garantía a las personas, por ejemplo, en seguridad. Si uno está detrás de las cuestiones, al lado del secretario de seguridad, respaldando las decisiones seriamente con mucho valor, porque uno se va a encontrar con situaciones muy delicadas, muy difíciles, es un desafío pero hay que resolverlo como sea. De un día para el otro nadie va a resolver el delito en Quilmes, es imposible (nota: Quilmes está catalogado como la zona del Gran Buenos Aires que más delitos por día registra). Pero si de diez empieza a haber seis, eliminamos cuatro, listo. Hay que apostar a las nuevas generaciones. Por ejemplo, la liga de fútbol municipal contaba con 60 clubes, hoy tiene 17. La matemática te dice: perdiste 43 clubes, ¿qué pasó? Te los sacaste de encima, ¿por qué? Si es el lugar que te permite que el pibe se meta en el club después del colegio si no tiene la contención de una familia que lo pueda llevar a karate, a natación, a la escuelita de fútbol. Ahí se tiene que hacer cargo el Estado. Empecemos a darle bola a los clubes, me refiero a profesores comprometidos, que salen a buscar a los pibes, que cuando los identifiquen, los manden al club. Como hizo Avellaneda, lleno de mini polideportivos con copa de leche y salitas de salud.

Hay que agarrar clubes, poner salita, llevar un registro unificado de la zona y del pibe, con su historial de familia y de salud, un detalle de médicos que lo han atendido, los medicamentos que le dieron; contar con apoyo escolar y deporte, y que después vuelva a la casa.  Reforcemos la educación: en la casa, en el colegio pero también en el club. Hay que meterle en la cabeza al pibe que el más vivo no es el transa que pasa con la 4×4 y que a los dos años termina en cana viviendo un mundo de locura. Que el ejemplo sea otro.

Con 200 cámaras de seguridad, ¿qué hacemos? Vos viste al que le pegó el tiro y se fue. Lo vamos a agarrar a las 10 cuadras, pero ya mató. Ese pibe que mató, si vos te ocupabas antes, con un seguimiento, seguramente se salve de eso. Pero si nadie empieza con el laburo, esto no termina más.

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Es sábado, cerca de las 22hs. Matías ceba mate mientras conversamos en el local de la calle Morel que funciona como la base de trabajo a metros de la estación de tren. No lo vi comer en todo el día. En la primera jornada que compartí con su equipo, recuerdo que Evelin le alcanzó una vianda y él me comentó que se obliga a comer porque, en realidad, el ritmo de trabajo le saca el hambre.

Uno cuando asume la responsabilidad de gobernar un distrito de 700 mil habitantes, no puede decir “me cansé”. A los compañeros se los digo, si ustedes me dicen que quieren trabajar cuatro horas por día de lunes a viernes, no pidan la secretaria de gobierno del municipio, porque si queres ser secretario de gobierno de Quilmes vas a tener que trabajar de lunes a lunes 18 horas por día. Si queres asumir una responsabilidad mayor o inferior a la que podes tomar, te va a generar frustración y no vas a cumplir. Hay que sincerarse.

AC: Yo te escucho y no sé si es posible para cuatro años, me parece que pensas en un proyecto a largo plazo. Con la cantidad de asentamientos que tiene Quilmes, donde se ve la mayor pérdida y vulneración de derechos, que no es sólo vivienda, también, salud, educación.

MF: Yo creo que al año y medio, si te pones a laburar y no perdes tiempo, podes ver cambios. Ahora, si te cruzas con funcionarios como me pasó el otro día que te dicen “yo estoy comprando voluntades todos los días, decime cuánto vale tu voluntad y listo”…

AC: ¿Hay algún modelo de gestión municipal que te guste o identifique?

MF: A mi lo de Ferraresi me gusta (nota: Jorge Ferraresi es el actual intendente de Avellaneda), me encanta lo de los polideportivos, los clubes. Todo lo que es deporte es donde se puede hacer un laburo hermoso y que no requiere mucho presupuesto, podes arrancar mañana. Para una obra de entubamiento necesitas año y medio, dos, pero hay cosas que se pueden arrancar y ver la transformación rápidamente. Educación y deporte es lo más atractivo porque se apuesta no sólo a los pibes, sino también a las personas mayores. Tenemos la idea del centro de jubilados como partícipe en cualquier proyecto porque normalmente se los considera inútiles. Ellos te dicen que sienten que nadie los hace parte, y ellos quieren seguir aportando, aconsejar a los pibes, charlar con ellos.

AC: Somos de Quilmes. Hay una pregunta que te tengo que hacer. Capitán del Espacio, ¿sí o no?

MF: Soy fanático, del simple más que el triple y también de Havana. Mar del Plata es mi segunda ciudad en el mundo.

AC: No tenes wikipedia. ¿Qué va a decir tu entrada cuando la redactes?

MF: Soy abogado, quilmeño y amante de la ciudad de Quilmes, hincha de Quilmes (aunque tenemos otra institución deportiva importante, los mates,  que también compiten deportivamente en el fútbol profesional) pero mi corazón siempre estuvo con el Club Quilmes. Más allá de que uno está en campaña y queda bonito decirlo, creo que mi corazón está completamente convencido de la ciudad y la necesidad que tiene de un cambio, rebobino y desde muy pibe lo vengo pensando y ganando experiencia. Soy un apasionado de la política, la pienso todo el tiempo, no me detengo un segundo. Puedo arrancar a las 7.30hs y terminar a las 21hs cuando me voy a mi casa y  no me desprendo. Mensaje a uno, llamado a otro; se me ocurre algo y llamo, me sale natural y no puedo hacer otra cosa.

AC: Algún hobby tenes.

MF: Nada. Me demanda mucho esto y me encanta que así sea. Yo pienso en que seamos gobierno porque además este ritmo lo necesito. Si se pierde, y no tenes recursos, vas al barrio y es distinto. Mi necesidad es que seamos gestión y que esto no pare nunca, seguir y seguir.

 

(1) Para este dossier, lo primero que voy a decir es que soy quilmeña. Luego de un breve paso por el diseño de indumentaria, estudié y me titulé en Ciencias de la Comunicación (UBA). Actualmente tengo una beca doctoral en Ciencias Sociales y soy docente en el Seminario de Cultura Popular que dirige el Dr. Pablo Alabarces.  Soy co conductora de un podcast que se llama Recalculando (@podlabmedia) junto al economista (y amigo) Martín Kalos (@martinkalos). Como sujeta de este siglo, me gusta viajar como mayor inversión. Empecé a escribir tres libros. Todos ellos duermen en mi computadora a la espera de que supere mis problemas de inconstancia.

De ferrocarriles y pelotas: clubes de barrio en un ramal de la zona sur

Por Juan Facundo Carnevale y Gabriela Siri (Coordinadora de Hinchas) (1)

El partido de Lomas de Zamora fue creado en 1861 y conserva en su inquietante historia, hasta el día de hoy, diferentes contrastes sociales, acontecimientos culturales, sucesos, leyendas y alguna que otra hazaña local. Situado en el tercer cordón del conurbano, con una superficie de 89 kilómetros cuadrados, su geografía presenta desniveles propios de la pampa ondulante. Mientras los vecinos de Turdera viven en las lomas más altas – a 24 metros sobre el nivel del mar – los barrios de Cuartel Noveno soportan la planicie de inundación del Riachuelo en las zonas más bajas. La población, según los datos del último censo realizado en 2010, es de 616.279 habitantes, situándose segunda entre las ciudades más pobladas del área bonaerense, luego de La Matanza.

A 20 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, podemos destacar a las localidades de Lomas, Banfield y Temperley como los centros urbanísticos principales dentro del partido. Las mismas presentan (entre otras cosas) una característica de identificación y arraigo por sus respectivos clubes de barrio. Cada uno con su identidad particular y especificidad, con un sentido de pertenencia diferente y con una rivalidad sociocultural, el Club Atlético Los Andes, el Club Atlético Banfield y el Club Atlético Temperley concentran las miradas deportivas del distrito.

Estos tres clubes ya son centenarios. Nacen a partir de la última década del siglo XIX con el desarrollo del tendido de las vías del ferrocarril, pensado por los británicos básicamente para trasladar la materia prima hacia el puerto de Buenos Aires. Tanto los obreros como jefes y gerentes de nacionalidades inglesa, irlandesa y hasta galesa que realizaban la construcción del mismo fueron los primeros en armar equipos de fútbol. La leyenda cuenta que cuando los trenes cargados de tarros de leche llegaban provenientes de los tambos del sur de la provincia a la Estación de Temperley (centro de transferencia intermedia del -ahora- tren General Roca) y se descargaban, para poder diferenciar la distribución se pintaba en sus tapas color rojo para la localidad de Lomas, verde para Banfield y celeste para Temperley.

El distrito posee una rivalidad muy especial -de creciente evolución durante los últimos años- entre dos de esos clubes a los que sólo los separan unas 20 cuadras. El Club Atlético Temperley (apodado “gasolero” por el torneo Nacional de fútbol de 1975 en el que se había conformado un equipo con jugadores de muy bajo presupuesto, quienes terminaron apuntándose una excelente e inesperada competición) y el Club Atlético Los Andes (el “mil rayitas”, denominado así por poseer una gran cantidad de bastones angostos rojos y blancos verticales, tanto en su escudo como la camiseta).

Temperley fue fundado oficialmente el 1° de noviembre de 1912 y su primera cancha estuvo situada frente a la plaza de Turdera. Tuvieron que esperar diez años (por inconvenientes con el trámite de la personería jurídica) para adquirir los actuales terrenos donde hoy en día funcionan todas las instalaciones de la institución, en las calles 9 de Julio y Dorrego. El entonces presidente del club,  el Doctor Alfredo Beranger, un joven de fuerte carácter y líder por naturaleza, militante radical, puso su patrimonio personal como garantía para concretar el proyecto, de manera desinteresada. Pero al poco tiempo, el dirigente fue asesinado en un confuso episodio en la puerta de su domicilio por un casero del Ferrocarril del Sud que se habría sentido perjudicado por sus decisiones. Su enorme contribución quedó reconocida para siempre, con su nombre, en el actual estadio de fútbol.

En lo estrictamente deportivo, el objetivo del ascenso a Primera División se hizo realidad a fines de 1974 con un equipo de fútbol formado y conducido por uno de los valores surgidos de las inferiores, Jorge Ginarte, quien faltando pocas fechas para la finalización del torneo renunció a la dirección técnica del equipo por tener discrepancias con algunos dirigentes. El sueño en la máxima categoría culminó en el torneo Metropolitano de 1977, pero esos años son recordados hasta el día de hoy por sus hinchas.

Otro ascenso a primera división ocurrió en el año 1982 en el Estadio Alfredo Duco,  del Club Huracán. La final fue disputada contra el bohemio de Villa Crespo. Esa noche se patearon la mayor cantidad de penales en un partido, y con 25 de ellos ejecutados desde la línea del penal, Temperley se queda con ese ascenso.

Un suceso paradigmático y muy recordado de la entidad celeste fue en el año 1991 cuando la desorganización tanto deportiva como administrativa y financiera llevaron a la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) a prohibirle participar de sus torneos oficiales luego de que un juez dictaminara la quiebra, lo que significó el cierre total del club. Dos años después, y luego de varias gestiones judiciales de la llamada “Comisión de Apoyo” y del sostén fundamental del hincha, lograron la incorporación del equipo al Torneo de Primera C y la reapertura institucional en lo que puede denominarse como una verdadera resurrección. Un componente humano fundamental de esa gesta fue Edith Pecorelli, quien puso sus bienes en garantía junto a otras cuatro familias, lo que la llevaría tiempo más tarde a convertirse en presidenta de la entidad elegida por los socios al  ganar las elecciones.

Este suceso marcó un hito en el fútbol argentino, ya que demostró que con la unión y la organización de todos los socios y socias, un club puede resurgir como ave fénix, de las cenizas.

Por su parte,  Los Andes también fue constituido un 1° de enero pero de 1917, por un grupo de adolescentes integrado por Marcos Panizzi y Adolfo Langet, quienes eran guiados por un ambicioso y visionario dirigente como Eduardo Gallardón. Ellos se inspiraron en una proeza histórica de dos aeronautas que cruzaron en globo la cordillera para darle nombre a lo que luego sería una institución centenaria. Un incansable Gallardón se puso inicial y literalmente el club al hombro, tanto en el ámbito deportivo (llevándolo a la elite del fútbol argentino en los años ‘60) como en lo social (construyendo una pileta olímpica inédita para el barrio y la época) lo que llevó al club a lograr una masa societaria cercana a las 20 mil personas.

En 1960 el conjunto Mil Rayitas logró su primer ascenso a la máxima categoría de AFA, consagrándose como el mejor equipo del torneo de Primera B (se lo denominó por aquel entonces “La Máquina del Sur”), lo que impulsó posteriormente un plan de remodelación de su estadio para adecuarlo a las nuevas exigencias. La campaña llamada “Bolsa de Cemento” es muy recordada por los socios, quienes se comprometieron a comprar un bono que tenía el valor de una bolsa de material destinada a la ampliación de las instalaciones para poder albergar a 35 mil espectadores. Ocho años más tarde los hinchas disfrutarían de la mejor producción deportiva en Primera A de la historia del club (recordada por los espectáculos futbolísticos de gran nivel, más allá de los resultados).

Un acontecimiento institucional de gran envergadura para el club Los Andes fue la  recuperación del edificio de su sede social – el 23 de mayo de 2012 – ubicado en la Avenida Hipólito Yrigoyen. Esto demandó varios años de luchas, reuniones y asambleas (inicialmente de parte de sólo un grupo de socios autoconvocados que luego conseguirían armar una sub comisión con respaldo oficial) para ponerle fin a la concesión de un contrato abusivo que se extendía hasta el año 2047. Esa fecha se transformó en un día festivo para los simpatizantes mil rayitas, ya que se conmemora año tras año el “Día del Hincha”.

Tanto Temperley como Los Andes han conseguido traspasar las fronteras barriales y esas pocas cuadras que los separan, reconvirtiéndose en clubes más amplios e inclusivos a través de sus filiales y peñas no sólo dentro del país sino también en el exterior, en un mundo altamente globalizado. Además, han podido lograr, con diferentes matices entre sus socios e hinchas, un sentimiento y una pasión que no sólo incluye ir a ver los fines de semana al equipo de fútbol, sino el disfrute de las  instalaciones. 

Si hay algo que caracteriza a éstos clubes es el ambiente familiar de cada uno de sus deportes recreativos, en los cuales se desarrollan (con sus aciertos, virtudes y las carencias propias de las entidades civiles sin fines de lucro) proyectos deportivos en las variadas disciplinas amateur, como: boxeo, gimnasia artística, básquet, natación, patín artístico, pelota paleta, taekwondo, futsal, jockey, handball -entre otras- que hacen que los clubes tengan tamaña cantidad de oferta social.

Algo similar ocurre con los espacios de cultural y educación, y la de varios departamentos y subsecretarías integrado por voluntarios, que trabajan en forma mancomunada junto a las respectivas comisiones directivas. Como, por ejemplo: el Departamento Solidario, de Deportes Amateur, de Relaciones Públicas, de Derechos Humanos, de Cultura, de Obras, y el Departamento de la Coordinadora de Hinchas, entre otros. Temperley dio estreno a la creación del jardín de infantes hace dos años. Y Los Andes cuenta con los tres niveles de enseñanza completos (inicial, primaria y secundaria) lo que podría considerarse un orgullo de la comunidad lomense.

Ambos ostentan esa rivalidad, ese clásico barrial, que comenzó deportivamente (allá por el 22 de julio de 1939) y donde con el correr de los años pudo acrecentarse cuando compiten en cada uno de los partidos de las diferentes disciplinas. Ya sea en el campo de juego, en las tribunas con sus hinchas, banderas y colores con los que se identifican, el famoso folclore. Que empieza a palpitarse desde la semana previa a los partidos, basta con observar las pintadas de las paredes (murales callejeros) de los barrios como expresan y delimitan con la diversidad las diferentes zonas, muchas casas pintadas de celeste y otras de rojas y blancas, se percibe esa mística con el fervor del clásico más grande del sur.

 

(1) FB: https://www.facebook.com/CoordDeHinchas/

 

 

“El conurbano es un fenómeno muy complejo que no termina de afianzarse en una identidad” – Entrevista a Lucas Ghi

Por Melania Ramírez (1)

El conurbano es un territorio de contrastes. Espacio desparejo, en apariencia no planificado. Geométricamente incorrecto. Abrió su existencia a fuerza de necesidad y el paisaje se  presenta en degradé. Cruzar las fronteras de la capital hacia los suburbios del área metropolitana de Buenos Aires desdibuja el paisaje hasta enfrentarnos con los llanos más agrestes.  El conurbano crece descontrolado e imperfecto, silvestre, pero probablemente estas irregularidades son las que mejor nos reflejan a sus habitantes. Irregularidades tanto estéticas como éticas.

Con la idea de desmenuzar (intentar, al menos) el conurbano y captar esas fuerzas vitales que hacen que sea tan complejo definir de forma unitaria, absoluta o total este territorio, me reuní con Lucas Ghi para escuchar sus impresiones y experiencias como ex funcionario público de Morón así como el significado de militar como oposición al gobierno local en funciones.

Morón: ubicación y características generales

El distrito de Morón está ubicado en el centro geográfico de la denominada Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Está compuesto por cinco localidades: Morón, Castelar, El Palomar, Villa Sarmiento y Haedo. Sus características actuales se derivan de un desarrollo histórico que proviene del trazado de la importante avenida Rivadavia y el tendido de las vías del Ferrocarril del Oeste con sus respectivas estaciones. Sobre sus trazos, se fueron asentando los conglomerados urbanos, sin mayor organización y con fuerte concentración en los nodos generados por el tren. Esto produjo una fuerte direccionalidad este-oeste, que se fortaleció en la última década con la construcción de la Autopista del Oeste. Se conformó así un corredor central en el que se ubican las tres estaciones del ferrocarril Sarmiento que se asientan en el partido de Morón (Haedo, Morón y Castelar), y el mayor equipamiento urbano institucional, educativo, comercial y de servicios.

En lo que hace al perfil económico, el partido fue consolidándose comercialmente, al tiempo que su trama industrial está hoy compuesta sobre todo por pequeñas y medianas empresas.

Lucas Ghi: síntesis biográfica y trayectoria política

 Lucas Hernán Ghi nació en 1980 y se crio en Morón. Ex intendente del partido de Morón, ​ primero de forma interina entre el 1 de mayo y el 30 de junio de 2009, y luego desde el 11 de diciembre de ese año hasta el 10 de diciembre de 2015, anteriormente Ghi fue electo como primer concejal en las elecciones generales del 28 de octubre de 2007.

Ghi aclara que es vecino de la ciudad de El Palomar, licenciado en Ciencias Políticas, por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y periodista egresado de TEA. Socio político de Martín Sabbatella, dirigente del partido Nuevo Encuentro aliado al kirchnerismo. Actualmente ejerce como docente en universidades públicas y centros educativos de la zona de morón

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Dormir la siesta abrazados

tomar una merienda

y andar en bici por Morón.

AMOR-ON, Coiffeur

MR: En tu opinión: ¿Se puede definir una identidad conurbana? ¿Qué implicancias identitarias tiene vivir en el conurbano?

LG: Me parece que tiene que ver con un desafío que tenemos los municipios, los gobiernos locales del conurbano en construir una identidad propia. El conurbano es un fenómeno social cultural demográfico muy complejo, variopinto, que no termina de afianzarse en una identidad. Muchas veces se expresa a partir de lo que no es y no se termina de definir lo que efectivamente es. Es una especie de intersticio.

Durante mi gestión, nos propusimos hacer un ejercicio para ver si podíamos desentrañar que rasgos identitarios propios tenia Morón dentro del espacio del Conurbano. Por un lado, observamos que no era igual a la Ciudad Autónoma de Buenos aires, Morón no era un reflejo de la Capital, por lo que no era el porteño, la “porteñeidad”, lo propio de Morón. Sin embargo, el vecino de Morón tiene muchas conductas de consumo de bienes, de bienes durables, culturales, de hábitos de recreación muy parecidos al vecino y la vecina de capital. En contraposición, también observamos que tampoco se identificaban con los rasgos típicos del vecino del interior de la provincia de Buenos Aires. No terminaba siendo ni una cosa ni la otra lo que nos caracterizaba.  Pero si había una idea más generalizada sobre el Oeste, lo que implica ser del oeste y a partir de la idea de “Morón como corazón del oeste” intentamos capitalizar en Morón la centralidad de esa idea.

En Morón hay o había un centro comercial importante. Tiene cabecera judicial, industria, deportivamente hablando se lo puede asociar al Oeste con el Club Deportivo Morón y para las dinámicas sociales está muy arraigado en el pensamiento popular el encontrarse en el Centro de Morón, en la plaza, la catedral, el shopping. Hay una idea del Oeste con Morón como eje y nosotros intentamos apropiarlo, ponerlo en valor y empezar a construir una identidad a partir de ser del Oeste. Ahora, ¿qué implica ser del oeste? eso se puede ver como un significante vacío el cual cada uno lo vincula con su propia experiencia, pero me parece que ahí hay una construcción a hacer.

En términos de dimensión política, la identificación política del Conurbano es un proceso que se ha resignificado muchísimo en los últimos veinte años al calor de las transformaciones que han vivido los municipios que han dejado de ser organizaciones que prestaban servicios muy básicos apegados aquella vieja idea del ABL y no mucho más, a hoy una agenda muy diversificadas y que si actualmente tendríamos que pasar revista por los servicios o políticas públicas que se desarrollan en los municipios no alcanzan tres letras del abecedario. Podríamos nombrar la totalidad de las letras: seguridad, desarrollo productivo, sustentabilidad, política sanitaria, política educativa. Se le ha dado un nivel de desarrollo a los gobiernos locales, como parte de un proceso de reconfiguración de lo nacional en donde La Nación se despojó de responsabilidades trasladándolas a los gobiernos locales. Los municipios se vieron en la necesidad de afrontar esta realidad algunos lo pudieron hacer más virtuosamente que otros, pero eso le ha dado una fortaleza política a los municipios que tal vez no tenían hace 25 años.

MR: ¿Cuáles son para vos las potencialidades y los desafíos a futuro que se presentan en este territorio a nivel político?

LG: El desafío del área metropolitana de buenos aires es constituir un entramado político y de gestión que permita afrontar y gestionar una cantidad de conflictos y de demandas que solo se pueden resolver desde una perspectiva metropolitana. Los municipios dejaron de ser lo que eran hacer 30 años, adquirieron nuevas expertises, nuevas demandas, nuevos conflictos, nuevos recursos y el problema es que si eso se agota ahí la agenda queda a mitad de camino. Muchos problemas no son los de las perspectivas provincial, pero no son netamente locales. Por ejemplo, el saneamiento hidráulico que forma parte de la cuenta solo puede ser abordada desde forma interjurisdiccional. Debería afrontarse por los municipios nucleados en un organismo metropolitano, en conjunto con el gobierno provincial, la ciudad autónoma, y nación. Somos parte de varias cuencas que recorren trasversalmente varios municipios, el saneamiento se soluciona desde una perspectiva metropolitana. Esto aplica para temas relacionados a salud, seguridad, etc. Problemas que para resolverlos en la escala municipal nos vemos limitados. Hay que pensar en organismos más complejos, interjuridiccionales, que tengan más poder de gestión.  El CEAMSE (Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado), en algún punto es una referencia de lo que se puede hacer cuando hay complementariedad.

MR: Definiste al Conurbano como un espacio intermedio, un intersticio. Siguiendo esta idea, ¿Cuáles crees que fueron los aportes de su gestión para que Morón deje ser percibido como “el campo”, como ese territorio en estado constante de construcción?

LG:  El ejercicio de intentar construir una identidad propia del moronense, inscripta en este sentimiento de pertenencia del oeste para ya no definirse como el antagonismo y definirlo para problematizar críticamente sobre los estereotipos en el imaginario colectivo, que muchas veces tienen un piso de asidero pero que tienen mucho de falso. Pensar que el conurbano es el reino de la violencia, del clientelismo o de la degradación institucional es una mirada absolutamente inexacta o tan reduccionista y desvirtuada de lo que es un fenómeno más complejo. En el conurbano hay mucha energía emprendedora (sin caer en los discursos actuales sobre lo que el “emprendedurismo” significa), hay mucha capacidad de trabajo, gente con potencial creativo. En este territorio se han gestado talentos artísticos y deportivos que se destacan a nivel nacional e internacional.

El conurbano hoy, a partir de la fuerte incidencia que tienen las universidades nacionales, está en un proceso de crecimiento cultural muy fuerte, de consolidación de nuevos entramados y nuevas centralidades urbanas ya que la universidad es un hito que genera desarrollo local. Actualmente, estoy trabajando en la Universidad de Hurlingham,  donde por semana circulan diez mil personas, posicionándola como un área de influencia a partir de la cual se genera toda una economía de servicios, una lógica de consumo que propicia un mundo de economía inexistente que hoy está en proceso de desarrollo. Hay que ver como se capitaliza eso, como termina de desarrollarse.

En definitiva, desde mi gestión aspiramos a consolidar la ciudad brindándole a la comunidad de Morón todo aquello que necesitaba para desarrollarse dentro del territorio, intentando salir de la lógica de ciudades dormitorio donde la vida transcurría en otro lugar y en donde el conurbano, en este caso Morón, era el lugar elegido para descansar, para que también sea el lugar elegido para estudiar, trabajar, consumir bienes culturales, conocer gente. Es desde ahí es que realizamos inversiones en materia de infraestructura deportiva, nuevos emplazamientos industriales, intervenciones fuertes en el espacio público. Uno de los hitos de nuestra gestión fue la ampliación del parque industrial La Cantábrica. Intentamos que la localidad pudiese garantizarle al vecino el conjunto de las condiciones para que efectivamente haya identidad, haya arraigo y haya una apuesta en el territorio mediante generación de suelo urbano para que la gente elija vivir en Morón.

MR: Actualmente te encontras fuera de la función pública, militando desde un partido opositor. ¿Cuáles son, según tu perspectiva, las principales necesidades y demandas de los vecinos?

LG: Nos encontramos ante un proceso sostenido de deterioro de las condiciones de vida de muchas familias: cierre de empresas, desempleo. Cuando me encontraba al frente del municipio me planteaban la necesidad de revisar el cálculo de impuesto a las ganancias. En su momento sus necesidades eran en un plano impositivo, hoy directamente me plantean la necesidad de tener trabajo.

Sectores que no habían concurrido nunca al hospital público, desconocían el hospital público, porque tenían prepaga u obra social, hoy conocen el hospital público. Un hospital que fue transformado. La primera etapa de la obra la inauguramos con la entonces presidenta de la nación, Cristina Kirchner, y se asombraban por las características técnicas, el equipamiento del hospital, aunque estuviese desbordado en cuanto a la demanda, porque antes gente no iba la cantidad de gente que hoy va. Entonces, esos vecinos que antes me planteaban temas en relación a la inseguridad o temas relacionados a la inflación, hoy están yendo al hospital (en buena hora que vayan y lo conozcan) y la necesidad de tener un trabajo estable.

La escuela volvió a ser el lugar donde los chicos van a satisfacer necesidades básicas como la comida. Habíamos logrado desterrar el hambre en gran parte de la sociedad, se había logrado recomponer la mesa familiar como ámbito de sociabilización y eso hoy eso está desdibujado. La escuela perdió centralidad en torno a la educación y vuelve a ser una barrera de contención social.

Nuestro rol como militantes y opositores es comprometernos con los que más necesitan en esta etapa, intentar que nadie caiga en una situación de resignación que lo lleve a la parálisis o apatía permanente, porque eso si es sinónimo de haber claudicado. La tarea del militante es mantener viva la llama para construir una sociedad mejor.

Con esto no quiero decir que tuvimos una sociedad ideal que perdimos y hay que volver a recuperarla, pero habíamos logrado una sociedad que tenía resuelta ciertas cosas elementales, si bien se presentaban un montón de problemas y había muchas demandas insatisfechas. Sin embargo, la idea es recuperar ciertas certezas que teníamos en torno a la comida, en torno al trabajo, en torno a cosas elementales y construir una nueva etapa. Ojalá podamos volver a que la principal preocupación sea ganancias o discutir el sistema tributario argentino, si es regresivo o progresivo. Pero para eso debemos volver a desarrollar en  Argentina una agenda  que haga foco en demandas distintas a las que esta gestionando el gobierno actual. Hoy otra vez está el hambre entre nosotros.

MR: Dentro de este contexto de crisis, ¿cuál es el rol de las cooperativas?

LG:  Morón tiene una cultura cooperativista, asociativista y mutualista muy fuerte.  No es una cultura característica solamente de la localidad de Morón, creo que estas actividades se generan donde la ausencia del mundo asalariado es mayor. Se puede percibir un resurgimiento del trueque, básicamente. En las plazas se están llevando adelante ferias de trueque y eso tiene que ver con un modelo de gobierno que ha modificado los patrones distributivos. Se contrajo la torta, se produce menos y se distribuye más inequitativamente y hay familias que no tienen aseguradas las comidas, no pueden afrontar las boletas de servicio, el transporte público. Estas carencias son consecuencia de las políticas actuales, no surgieron naturalmente y el militante está llamado a denunciar eso y actuar propositivamente. Creo que se puede construir una alternativa, hay que hacerle saber a la gente que se puede tener otra propuesta.

MR: El Gran Buenos Aires se caracterizó históricamente por una fuerte militancia peronista. El advenimiento del PRO en la ciudad de Buenos Aires, que representa un proyecto en contra de los ideales de la lógica de cooperativas, para muchos fue catalogado como una especie de “muerte del peronismo”. ¿Cuáles fueron o son las causas que llevaron a que la gente vote un modelo político distinto?

LG: No sé si muchos de los que votaron el actual proyecto político sabían que efectivamente estaban votando esto. Estamos atravesados por un conjunto de contradicciones que ojalá las campañas en estos meses de debate público ayuden a esclarecer. Me consta que hay hombres y mujeres que forman parte de cooperativas que votaron a este gobierno. Si uno ve el debate de noviembre de 2015, Cambiemos representado en la persona del actual presidente dijo que no iban a pasar muchas cosas de las que están pasando. Esa miranda tan simplista, alimentada por los medios de comunicación y sustentados por casi la totalidad de los centros de poder económicos construyeron una mayoría que quería cambiar aquello que se entendía por lo malo, sosteniendo todo lo bueno. Pero me parece que hubo mucha manipulación, engaño, mentiras abiertas. Dijeron que iba a construir mil jardines y no lo hicieron, que no iba a haber tarifazo, que iban a solucionar fácilmente el problema de la inflación. Básicamente lo que hubo fue una estafa. Ahora está un poco más claro quién es quién. Con sus aciertos, con sus errores, con sus luces y sombras, pero está claro quién es quién y hay que ver qué proyecto elije la sociedad: un proyecto más orientado a la organización individual, a la cultura emprendedora en la que cada uno es empresario de sí mismo, a que las instituciones públicas tengan menores intervenciones. O todo lo contrario, si eligen que se intente defender lo colectivo,  si se elige al Estado como garante de derechos, que se defienda la industria nacional.

MR: ¿Cuáles son las medidas que tomarías en caso de que los resultados de las elecciones sean a tu favor?

LG: En principio volvería a darle mayor fuerza desde el financiamiento a la salud, la educación, la cultura, la vivienda, que están bastante desatendidas.  Reducir el aumento de las familias en situación de calle. En primer lugar, haría un re-equilibrio de las cargas presupuestarias y acompañaría la reconstrucción del mercado interno, promoviendo mayor poder adquisitivo de las familias de Morón para que eso impacte en el entramado comercial de Morón. Es importante ver cómo mejorar la capacidad de compra de la comunidad.

MR: Para redondear, ¿Cuáles es la potencia futura que presenta el territorio del conurbano?

LG: No soy especialista, pero me parece que lo que debería hacerse, como dije antes, es pensar en términos metropolitanos. Y si efectivamente se logra una autoridad metropolitana, pensar cómo se hace para dotarla de recursos concretos para afrontar las necesidades de la región para resolver los problemas en torno a infraestructura, seguridad, ambiente. Los potenciales del Conurbano son diversos, el componente PYME está en el conurbano, explicando gran parte del PBI provincial.  Tenemos masa crítica calificada, aquí están las universidades, hay científicos, hay potencial en términos de capital institucional muy fuerte, pero hay que ponerlo en un plan de desarrollo a largo plazo. Me parece que estamos viviendo un momento bisagra, o lo resolvemos o no.

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Hay un bolso con un peine y con un pan

algún diario y la camisa de sudar

y la changa cotidiana de trepar por las ventanas

en el tren que los devuelva a su lugar.

Los obreros de Morón, Jorge Marziali.

De lo dicho por Lucas, se destacan aquellas palabras que tratan de definir al conurbano como un intersticio, una zona en construcción que está tras el velo de un significante vacío. Este conglomerado, diagramado en cordones, se presenta como un territorio variopinto que genera sus propios fantasmas y prejuicios potenciando el imaginario popular. El conurbano cumple la función de metáfora, de mito, enmascarado en el eterno devenir de historias humanas y (in)acciones políticas. El conurbano todavía se nos presenta como el cumplimiento pendiente de una promesa.

(1) Licenciada en Comercio Internacional (UNlaM), con cursos de especialización en Micro y Macroeconomía: Análisis de coyuntura económica (UBA), Coaching profesional y gestión de Liderazgo (UBA), Fundamentos de la Teoría General de John Maynard Keynes (Escuela de Economía Política. EsEP-UBA), Economía Feminista (UBA), Impacto ambiental (UBA). Actualmente estoy deconstruyendo al Homo Economicus que habita en mi, bardeándola como estudiante en Historia del Arte (MNBA) y Licenciatura en Filosofía (UCES).

 

EL CONURBANO A LA DERIVA

Por Nahuel Sanguinetti (1) 

Advertencia preliminar.  Desprevenido lector: no es este el texto que buscará hacer un racconto de las figuras literarias que emergen y emergieron desde el conurbano. Toda esa información se encuentra a un click de distancia. Tampoco pretendo un análisis enfocado sobre las obras que tienen al conurbano como tópico (2). Lo que me propongo es ni más ni menos que una especulación, dar rienda suelta a ciertas intuiciones que se nutren de los márgenes, de las esquinas, de los cordones, y de los restos de las charlas que proliferan en el conurbano. Una especulación es una invitación a establecer cierto estado de sospecha sobre algunas categorías que parecen fijadas en el imaginario; no encuentro mejor modo de acércame a este “método” que desde la literatura.

Un paseo

El verdadero arte devuelve la angustia a la boca de los hombres

Héctor A. Murena

La escena es impactante. El niño corre desesperado como quién va tras del último tren que sale de Constitución. La remera flamea en su espalda, la tela (de primerísima calidad) transforma su cuerpo en un esqueleto que porta la gracia de un bailarín clásico. Sus piernas, flaquitas, están revestidas por ese par de botines (primer primerísima marca) que lo convierten en una mezcla de Forrest Gump y Usain Bolt. Pero, decía, el niño corre desesperado. La pelota cae en la calle. Los lagos de Palermo completan el paisaje, los autos circulan muy despacio. El niño llega a la frontera aterradora: se queda pasmado en el cordón de la vereda. El auto reduce la marcha al mínimo y el conductor sonríe por debajo de sus Ray Ban. Caminando detrás de nuestro pequeño héroe, como quien sabe que un pedazo de cultura y costumbres sostienen su seguridad, llega el padre de la criatura. Agarra al nene de la mano, cruzan la calle, toman la pelota y san se acabó.

¿Qué es esto? me pregunto cómo quien descubre formas de vida en otro planeta.  ¿Qué es esto? le repito a mi amiga mientras me mira con cara de no te conozco.

Y el monólogo, la declaración de principios diría, se me cae de la boca

Si nos pasaba a nosotros nos tirábamos cuerpo a tierra en la calle,

agarrábamos la pelota, frenábamos el tránsito,

y si nos dejaban un ratito más,

probábamos con llevarnos la rueda del auto.

Hipérboles al margen, el conurbano encierra en su imaginario esta mimesis entre aventura y peligro. Transformado en un far west tercermundista, nuestra madre patria parece destinada a transfigurarse en un pueblo fantasma; viejo y gastado locus del terror.

Mi intuición para estas derivas se apoya en una contradicción. Los que formamos parte del conurbano alimentamos esta contradicción. Ya sea por el desgano que nos genera escuchar estas frases hechas (“el conurbano es tierra de nadie, los barones del conurbano, etc”); ya sea por nuestras ganas de patentar súper poderes (“el conurbano se la aguanta, ¿no me roban en el conurbano, me van a robar acá?”). Estas derivas pretenden desglosar ese camino. Lejos de las certezas, buscamos una traducción para esos significados flotantes que circulan por nuestras charlas.

La ciudad negada

¿Qué sentidos se anudan en ese “ser del conurbano? ¿Qué quiere decir vivir entre permanentes desplazamientos? ¿Cómo se abandona el conurbano para “crecer” espiritual, laboral y económicamente? ¿Qué relato le creamos a nuestra vida para respondernos estas preguntas?

De la Arcadia Virgiliana a la Comala de Juan Rulfo; de los viajes de Odiseo, a las rutas retratadas y transitadas por Jack Kerouac; el conurbano parece condensar ciertos tópicos fundacionales de la literatura. Viajar al conurbano y viajar desde el conurbano; pueden representar la idea de retorno a la patria perdida y también un descenso al infierno. Del mismo modo, lo movilidad puede traducirse en los ribetes metafísicos de quien busca situarse en “estado de aventura”, romper el tedio de la cotidianeidad y explorar esa condición del espíritu que la arquitectura neoliberal aplasta constantemente; el conurbano, entonces, también puede revelarse como una novela de aprendizaje. Cómo se habrá notado, la propuesta es pensar desde el desplazamiento; ya no se trata de ver que categorías de lo real revela la literatura, sino de leer la realidad desde un estado de literatura. Es por esto, que para pensar las tensiones entre territorio, política y lenguaje sigo la idea abierta por Josefina Ludmer en su libro “Aquí America Latina”.

Cortesía The Walking Conurban

Usar la literatura como lente, máquina, pantalla, mazo de tarot, vehículo y estaciones para poder ver algo de la fábrica de realidad, implica leer sin autores ni obras: la especulación es expropiadora (2010:12)

Para pensar esa “fábrica de la realidad” resulta insuficiente encasillar al conurbano como un tópico literario. Elijo percibir al conurbano como inmensa marea de signos en constante reinterpretación, una caja de resonancia irregular, un fulgor que nos obliga a poner la mirada al sesgo. En este sentido, me parece importante retomar el análisis que realiza María Negroni (3) sobre la construcción del gótico en la literatura (concepto que también podría hacerle justicia a nuestro objeto de especulación), la autora sostiene que el gótico antes que un tópico es:

ante todo una emoción del espacio. En ella, lo que organiza la trama, la enmarca y percude, es siempre un locus. Una arquitectura vertical que atrae hacia abajo, donde algo viscoso y fascinante tiene lugar (109)

El locus que se transfigura en emoción representa con mayor sensibilidad nuestra idea de conurbano. Ésta emoción del espacio no puede ser constituida por otra cosa que no sean discursos. Y en esa discursividad comenzamos lentamente a quedar atrapados en el signo.

Al intentar desmarcarnos de esos imaginarios que nos encasillan (“barones del conurbano”, “tranzas”, “jungla”, “fin de la civilización”, “donde rambo perdió el poncho”, “si vas al conurbano, agachate cuando llegues que vuelan las flechas”) construimos otros mitos en nombre del coraje y de la épica. Como las viejas vanguardias que asumían los términos peyorativos y los resignificaban; ser del conurbano, es constituirse como ese personaje que tiene un poco de gaucho, un poco de indio y un poco de extranjero: summum del coraje y lo mestizo que se levanta del lodo y conquista la ciudad.

Cortesía The Walking Conurban

De este modo, por redifinir al conurbano lo congelamos en nuevas categorías que flotan en un imaginario renovado. Al parecer, estamos a las puertas de una vieja aporía socrática. Pero, como sabemos que estamos simplemente en el medio de unas derivas, prefiero utilizarlas como mi remo para seguir avanzando:

Deriva número 1: El conurbano es una contradicción. Y esa contradicción engendra una épica.

Una contradicción refleja un estado de movilidad en el pensamiento. Dos preposiciones que se repelen entre si dejando en esa fricción algunas huellas. Si hay una característica que pueda definir al conurbano y a la galería de personajes que paseamos por sus calles es el desplazamiento: el conurbano está caído del centro de la ciudad, si “dios atiende en buenos aires”, el conurbano es el prefijo que nunca se marca. Este desplazamiento se vuelve interno. Sometidos al centrismo de buenos aires, necesitamos movernos hacia la gran ciudad. Allí se condensan nuestras frustraciones y esperanzas: el trabajo, el estudio, la cultura. En ese ir venir del centro a la periferia empiezan a constituirse y a reproducirse una serie de relatos y mitos que crean esa gran ciudad gótica que es hoy el conurbano.

De este modo, terminamos de ingresar en eso que Ludmer señala como la fábrica de lo real. Los límites entre realidad y ficción se difuminan a medida que los relatos se internalizan y se confunden con nuestra propia voz. En esa neblina que se produce entre la realidad-ficción (no encuentro mejor factor climatológico que abone a la mistificación del conurbano), aparece la idea de épica.

La épica siempre necesita de un otro al que combatir, conquistar, seducir, o doblegar. La city porteña aparece como nuestro primer molino de viento. Pero este lugar de enunciación implica asumir una falencia: al conurbano algo le falta y necesita conquistarlo en la ciudad. La pregunta irrumpe por si sola: esa masa heterogénea que dimos en llamar conurbano ¿Asume este lugar de enunciación o le es impuesto por los mitos que se desprenden de la gran ciudad? Volvamos por un momento a Ludmer para pensar la función de los imaginarios

Porque la imaginación publica es un universo ambivalente sin afueras, el trabajo colectivo de fabricación de realidad podría ser al mismo tiempo su instrumento crítico (2010;13)

En este escenario la disputa se plantea en términos de imaginarios, de sistemas discursivos que poco a poco van moldeando subjetividades. De este sistema de signos puede deducirse nuestra segunda deriva.

Cortesía The Walking Conurban

Deriva numero 2: El conurbano es un mito y todo mito es un habla

Barthes nos ayuda a definir rápidamente que es y cómo funciona un mito: “el mito constituye un sistema de comunicación, un mensaje”. La mitología espectral del conurbano es entonces un sistema fijo de signos que opacan y reducen el resto de las huellas que dejan nuestros relatos. Más que ese famoso territorio impenetrable, el conurbano se traduce como un modo de significar, y en esta traducción silencia el resto de los significados ¿Por qué? Porque el mito, siguiendo a Barthes, es un habla elegida por la historia. Y ya sabemos:, en esa historia, solo seríamos simples espectadores. El mito nos despoja de nuestras historias, congela nuestras redes de afecto. De muy chico, tenía ese libro que te permitía elegir tu propia aventura; nunca las tres opciones eran mi creación, siempre eran historias que me venían dadas. Barthes vuelve sobre el mito y sostiene que cristaliza nuestra lengua, aquella que pretendía ser ecléctica y díscola, ahora sufre la naturalización

Al pasar de la historia a la naturaleza, el mito efectúa una economía: consigue abolir la complejidad de los actos humanos, les otorga la simplicidad de las esencias, suprime la dialéctica, cualquier superación que vaya más alla de los visible inmediato, organiza un mundo sin contradicciones puesto que no tiene profundidad, un mundo desplegado en la evidencia, funda una claridad feliz: las cosas parecen significar por si mismas (2010: 239)

Si antes nos habíamos topado con una aporía, ahora el conurbano parece encontrarse en un callejón sin salida. Las fronteras del territorio se vuelven tan estrechas que resultan insoportables. Nos aproximamos a nuestra tercera deriva: el conurbano se desterritorializa.

Cortesía The Walking Conurban

Deriva numero 3: El conurbano es una frontera que se desterritorializa

La propuesta de la desterritorialización es posible porque el conurbano es ante todo un territorio indefinible, una frontera que borra sus límites permanentemente. La lengua del conurbano es una lengua trastocada, una lengua de riachuelo dice Maria Moreno, repleta de contaminación, color, cocoliche y voces  que circulan por otro andarivel. Entonces, en la fuerza de esa lengua nueva reside la posibilidad de empujar los márgenes que el mito nos impone. Ya que estamos construidos de relatos, la potencialidad de nuestras historias, las mismas que nos pusieron en esta encrucijada, son las que pueden salvarnos. Quiero decir, el conurbano debe revelarse contra sí mismo para sostener lo que brota de esos nutritivos pantanos. Y allí si la literatura vuelve al centro de la escena. Dejemos al margen por un instante los lentes literarios con los que observamos la ciudad y pensemos, ahora sí, la literatura que emerge del conurbano, como una letra viva que toca los nervios subterráneos de nuestra cultura. La figura del escritor como recolector de estas historias desnaturalizadas cobra todo su vigor porque necesita llegar a esa fibra intima que el mito intenta doblegar. Me dirán que es otra vez la épica, mi respuesta es que lo que se pretende es hacer estallar la lengua de la épica. Deleuze lo expresa un poco mejor que yo

Cuando la lengua está tan tensa que empieza a tartamudear o a susurrar, balbucear… todo el lenguaje alcanza el límite en que dibuja su afuera y se confronta con el silencio. Cuando la lengua se tensa de ese modo, el lenguaje sufre una presión que lo devuelve al silencio. EL estilo- la lengua extranjera en la lengua está hecho con dos operaciones (…) Cara a cara o cara con espalda, hacer tartamudear la lengua, y al mismo tiempo llevar el lenguaje a su límite, a su afuera, a su silencio. Sería como el boom o el crash (2006: 76)

Si es que existe una forma de literatura que emerge del conurbano la imagino llena de barro y cemento; esquina y autopista, cordón de la vereda y también “eco parque”. Pero estos condimentos necesitan siempre estar tensionados, discutiendo y robándose a sí mismos ideas, pulsiones, historias, retazos de la lengua. Paralizarlos sería volver a caer en las garras del mito, es el peligro del mestizaje o la hibridez cultural: América como el gran crisol de razas. Mentira siempre enunciada desde el dueño de la librería, nunca del que carga las tintas en el sótano (4).  Quedará para otra especulación esto que señala enfáticamente Abril Trigo:

 En efecto, si todo es reducible al paradigma de la hibridez, desde la “América Mestiza” de Martí a la “Indo-América” de Arguedas, o la “transculturación de Rama (…) este se vuelve, como herramienta hermenéutica, un artificio inútil, un subterfugio que restablece de contrabando la identidad de que el posmodernismo nos despojara, de modo que su celebración acrítica puede ser tan políticamente paralizante como emocionalmente reconfortante (1997:74)

La hibridez que porta nuestro conurbano es ni mas ni menos que la proliferación de nuevos relatos en las voces de nuevxs autxres: pienso en Berazachussets de Avalos Blacha; los relatos excedidos de Mariana Enríquez (que proviene ella misma del conurbano), cierta narrativa de Pablo Ramos, la poesía de  Washintong Cucurto (lengua portadora de un extrañamiento visceral), las mitologías románticas de Juan Incardona, que responden a las impuestas, tan románticas como esas pero demonizantes. Y en generaciones anteriores, Hebe Uhart arma algo fuertísimo con el lenguaje de la supuesta simplicidad, de la sabiduría colectiva y no prestigiosa, traza además una historia donde el oeste del conurbano es protagonista afuera de cualquier mitología estigmatizante, porque ella sí conserva la historia de Moreno o Paso del Rey previas al horror neoliberal. Sus nouvelles Señorita y Mudanzas son un ejemplo concreto de esta recuperación del “saber de conurbano”

En “Oraciòn de repositor del supermercado”, dice el yo poético invocado por Cucurto

Dios mío,

soy un grasita que apenas ve un pozo en la calle

un bondi Iaburando a full los amortiguadores

en el empedrado;

Ia poesía negra y mala

como tenaza de carpintero,

arisca como una moto.

¡Danos un gol, Señor!

Que es el pan y la alegría de los pobres;

que cuando ella baje del bondi

el arroyo Sarandí sea un camino de canciones,

de vez en cuando me mire,

deje de scanear códigos de mortadela (…)

Esta sacralización de lo profano, este milagro nacido de la música del arroyo, es la emoción del espacio que nace del conurbano. Alimentándose de los mitos externos y los internos, surge la lengua sin territorio, negándose y reinventándose; es una interpelación permanente a desacomodar por completo nuestro imaginario. Luego del largo paseo por los mitos, la lengua de conurbano se reapropia de todas aquellas mistificaciones; y en esa apropiación derrumba por completo nuestro imaginario. Si es que todavía quedó algo de él en el aire.  

Deriva número cuatro: naufragando a la utopía

Pero cuidado, mis amigos, con envolveros en la seda de la poesía

igual que en un capullo…

No olvidéis que la poesía,

si la pura sensitiva o la ineludible sensitiva,

es asimismo, o acaso sobre todo, la intemperie sin fin,

cruzada o crucificada, si queréis, por los llamados sin fin

y tendida humildemente, humildemente, para el invento del amor…

Juan L. Ortiz

Breve recapitulación: el conurbano se nos presenta definido como una serie de imaginarios, tanto externos como internos. Vimos como esos imaginarios estaban sostenidos desde múltiples relatos y buscamos  dar un paso más para definir al conurbano ya no como una ciudad, sino como una emoción del espacio que nos atrae hacia su centro como un campo magnético. Tratamos de perforar ese centro y llegamos a la épica. Allí observamos que todas nuestras acciones eran sostenidas por mitos, que como el autómata que gana siempre las partidas de ajedrez en las tesis benjaminianas, reducían nuestra voz y hablaban en nombre de nuestras “ideas”. Finalmente, para salir de esa encerrona el conurbano debería desterritorializarse. Para ello, contaba con la potencia de su lengua dislocada.

¿Y ahora? Ahora pienso en lo indecible. Ahora me permito imaginar el conurbano como esos largos poemas de Juanele; un barroquismo que se complejiza y en esa dificultad resplandece.

Pienso entonces, en que nos permitamos perdernos en las palabras para volver a encontrarnos. Adorno pensaba que toda obra de arte encierra una utopía. Quizás, después de fatigar al conurbano con todas estas derivas, en el fondo estaba tratando de acercarme a esa utopía de la lengua y el mundo. Una utopía es un nacimiento.

Si las etimologías solo sirven  para cierta masturbación mental (como la que hacía aquel tristemente famoso periodista al reconstruir el origen de las palabras en Latín), no hacemos más que repetir la naturalización del mito, ser hablados a través de lenguas estilizadas al servicio de este o aquel mercado; en cambio, si podemos pensar a través de las palabras (atravesándolas), si buscando en las morfologías, intentamos remover las capas de sentido que se esconden en todo signo; quizás estemos un poco más cerca de pertenecer a esa utopía que le reclamamos al conurbano.

” Con” prefijo derivado de latín “cum”, preposición que indica circunstancial de compañía. Urbano adjetivo derivado del latín “urbanus”; de la ciudad, relativo a la ciudad. Mientras ojeo el diccionario, escucho  la voz aguda de una profesora que siempre dice “lean todas las acepciones”. Le pido a los ojos que bajen un poco más por los renglones, última acepción de la palabra “urbanus”: gracioso, agudo, ingenioso, y, como escondido al final de la entrada, entre paréntesis, “bufón, descarado”.

(1) El gesto fundante que nos acompaña a los conurbaneros es siempre el que está mal. Mal per se, mal visto, mal ejecutado. Siempre aparece el mal como el viejo fantasma que recorre el conurbano (perdón, Marx). ¿O a quién se le ocurre cambiar el fútbol por una clase de latín? ¿Quién, en su sano juicio, dejaría la esquina con los pibes para escuchar la Defensa del Poeta Arquias o los debates de Tito Livio? ¿Cuántas veces por día, cuando sale apurado de comprar en el supermercado asiático (cuidado con las tensiones glotopolíticas que resumen en “el chino”), mi vecino Walter se pregunta por el estructuralismo y sus deudas con Bajtín? Por esa gestualidad del mal, crucé y cruzo toda la capital para algún día recibirme de profesor de Lengua, Literatura y Latín. ¡Ah! Cómo si esto fuera poco, vivo de dar clases de yoga ¿Todo muy conurbano, no?

(2) De esas obras en particular, y de lo que Elsa Drucaroff denominó  nueva narrativa argentina, les recomiendo visitar el trabajo monumental de dicha autora: “Los prisioneros de la torre. Política, relatos, y jóvenes en la postdictadura” (del cual este texto roba muchas ideas, como buen gesto conurbanesco).

(3) Me refiero al libro La noche tiene mil ojos de la editorial Caja negra.

(4) Permítanme una pequeña digresión; los NAP (núcleos de aprendizaje prioritarios) elaborados por el Ministerio de Educación para el primer ciclo de la escolarización, promueven “producción de materiales didácticos en lenguas originarias para la interculturalización”. Entre los objetivos trazados, se busca “promover las prácticas de lenguaje en lengua toba, wichí y pilagá”. Les invito a realizar un recorrido en busca de los materiales. Quizás llegaron con la lluvia de inversiones.

 

Bibliografía

Barthes,R. (2010). Mitologìas. Buenos Aires: Siglo xxi

Deleuze,G. (2006). La literatura y la vida. Cordoba: Alcion Editora

Ludmer, J. (2010). Aquí América latina. Una especulación. Buenos Aires: Eterna Cadencia

Trabajos citados

Trigo, A. (1997) Fronteras de la epistemología: epistemologías de frontera. Urugay: Papeles de Montevideo.  

DIFERENTES OESTES, MUCHOS AGITES: EXPERIENCIAS CONURBANAS

Por María Florencia Blanco Esmoris (1)

“El conurbano es como un bache”, sentenció mi amiga. Ella intentaba explicarle a una conocida salteña qué era el conurbano bonaerense. Intervine. Creí que era confuso e injusto. Me pareció que para salir de ahí precisábamos recorrer algunos procesos históricos, hitos urbanísticos, narrar experiencias y –por qué no– dialogar sobre la producción artística del conurbano, en particular del oeste que es lo que conozco. Eso no pasó, no tuvimos ese tiempo. Con mi amiga recurrimos a lo que teníamos “a mano”: “lo que está por afuera de la Ciudad de Buenos Aires… lo que la bordea” (2). En esa explicación, no había precisiones de ningún tipo; nuestra conocida salteña siguió en su bache y nosotras un poco también. Hoy, mucho tiempo después, me arriesgo a intentar –con ayuda de muchxs otrxs– trabajar sobre ese y otros baches.

Hace unos años volví al conurbano con “otro traje” o más bien nunca me fui sino que ahora superpongo explícitamente roles sociales y preguntas de investigación a mi circulación y a mi vida en uno de esos tantos conurbanos. A partir de mi trabajo de campo etnográfico, me propuse comprender el habitar y la vida cotidiana para algunas familias de una localidad del conurbano oeste, Haedo (3). Eso me llevó a leer sobre el conurbano y sus contrastes, sus representaciones y, sobre todo, atender a los discursos, las prácticas y las significaciones de quienes habitan algunas de sus trazas. Este desplazamiento inicial, me permitió notar cuestiones en relación a la morfología del conurbano, sus representaciones y palabras asociadas a experimentar sus límites.

Foto de Matías De Brasi

 

 De conurbano a conurbano(s)

                                         ¿Qué ves? ¿Qué ves cuando me ves? 

Divididos

El conurbano constituye un apelativo recurrente que paradójicamente implica imprecisiones e incertidumbres respecto a lo que se denomina. En términos estrictos, y de acuerdo con un criterio jurídico-administrativo asentado en la Ley Provincial 13.473, el conurbano bonaerense está constituido por 33 municipios-partidos (Downes, 2015). En Argentina, el conurbano delimitó una geografía específica a la vez que configuró al menos un imaginario. Digo al menos uno porque ha sido motivo de retrato de multiplicidad de procesos sociales fundamentalmente en los últimos años, como un lugar de expresión de una “nueva cuestión social” (Viotti y Balladares, 2010) caracterizada por el desempleo, la pobreza, la desintegración, la proliferación de villas y asentamientos en particular desde finales de los ´80, los ´90 y, luego tras la crisis institucional en 2001/2002. Sin embargo, el conurbano tiene muchas existencias. Existencias a las que su nombre –como un molesto corsé– no hace justicia. Incluso, cada zona (sur, oeste y norte) tiene una impronta diferencial sea vinculada a los modos de ocupación del espacio, el desarrollo industrial, la sociabilidad y el ocio (materializada en clubes y sociedades de fomento) o incluso a las preferencias musicales (con el surgimiento de bandas de rock, punk, cumbia) que le dan sus marcas. A pesar de no constituir una unidad administrativa centralizada, el conurbano ha configurado parte de la historia nacional, de los relatos locales y, por supuesto, de la vida de quienes habitamos aquí.

Su importancia se debe a que, en términos poblacionales y electorales, el conurbano –a veces reconocido o nombrado como Gran Buenos Aires (4) – alberga, de acuerdo con el último censo realizado en 2010, a casi diez millones de habitantes (Bruno, 2015: 164). Con características urbanísticas y sociales diversas, es representado como un collage (Zarazaga, 2017) de complejo acceso y comprensión en donde la desigualdad se convierte en el lente recurrentemente utilizado para su abordaje. Tal vez porque su rápido y “descontrolado” crecimiento tuvo como consecuencia la proliferación de imaginarios que situaron este territorio frente a la Ciudad de Buenos Aires como el modelo de desarrollo citadino a seguir. Esto puede comprenderse con mayor profundidad si tenemos en cuenta el desarrollo urbano vinculado a esta área que conforma una mayor extensión denominada Región Metropolitana de Buenos Aires (RMBA) (5), sobre la cual de acuerdo con Di Virgilio, Guevara y Mejica (2016: 78)– pueden identificarse al menos tres momentos: El primero que tuvo a la Ciudad de Buenos Aires como epicentro, directamente vinculado a la actividad agropecuaria y manufacturera que se extiende hasta 1930. Un segundo momento, que va desde 1940 a 1970, que termina por consolidar la primera y segunda corona (6) del Gran Buenos Aires en donde la suburbanización se relacionó con el desarrollo industrial que provocó el desplazamiento de obreros y de aquellas personas con ingresos más bajos a otros puntos de la provincia. Este paulatino asentamiento en los municipios del conurbano generó diversas experiencias sociales y políticas que tuvieron eco en las administraciones locales. Por último, estos autores, señalan una tercera etapa que contiene dos subperíodos. El primero de ellos iniciado entre los años ‘70 y principios de los ‘80 estrechamente vinculado a la crisis del Estado de Bienestar en donde la introducción de reformas neoliberales empezó a modificar el patrón urbano. El segundo, iniciado en los ‘90 con un fuerte avance del denominado “proceso de metropolización” que contó con la anexión de nuevas zonas urbanizadas a la cabecera norte como producto de los cambios en los patrones residenciales de personas que dejaban una ciudad de Buenos Aires que parecía “peligrosa” e “invadida” (Grimson, 2008: 259) para asentarse en las coronas de los Partidos del Gran buenos Aires. El mapa de la RMBA se vio afectado por las obras de extensión de carreteras con el fin de comunicar la CABA con la Provincia de Buenos Aires. Así se atendió a una división de estos territorios por Corredores (Norte, Oeste y Sur) correspondiente a la etapa de construcción de accesos o autopistas habilitando nuevas opciones residenciales. En muchos casos, los círculos concéntricos por afuera de la Ciudad se asociaron a un degradé socioeconómico (a medida que desplaza desde CABA al segundo cordón se decrece en términos sociales y económicos).

Tras el 2001, los argumentos de las elecciones de vida de quienes decidieron o bien correrse o bien abandonar la ciudad comenzaron a enunciarse en términos morales designando a muchos otros imaginarios. En este sentido, los sectores de clase media o clase media-alta buscaron otros estilos de vida “más seguros” y “tranquilos” que creyeron encontrarían desplazándose hacia la “periferia” norte de la ciudad y, sobre todo, al Corredor Norte del Gran Buenos Aires (7). Paralelamente, esa “nueva cuestión social” –a la que referí en un comienzo– se materializaba con personas expulsadas de estos entornos metropolitanos. El primer movimiento trajo como consecuencia un proceso de suburbanización de los sectores medios y medios altos, con una tendencia a las urbanizaciones cerradas fundamentalmente a barrios privados, countries, chacras y mega-emprendimientos cuyo desenlace implicó la emergencia de nuevos estilos de vida a la vez que nuevos marcos interpretativos desde los cuales entender el mundo. Los efectos de este movimiento fueron una redefinición del conurbano, de sus marcos identitarios y de sus fronteras.

Parte de la literatura originada por las ciencias sociales  desde la década de 1990 contribuyó a tensar dos miradas, dos corsés sintetizados entre  villas (8) y countries (9). Estos estudios representaron aportes necesarios que visibilizaron modos de respuesta ante eventos más o menos críticos en términos políticos, económicos, sociales e institucionales, registrando para algunxs las nuevas posibilidades de localización o relocalización, mientras que para otrxs la exclusión de ciertos centros urbanos. Sin embargo, en cierta manera se cambió una homogeneidad (conurbano) por dos homogeneidades (conurbano en tanto villas y countries). Sucede que históricamente –incluso en el presente– la Ciudad de Buenos Aires ha sido el espejo por excelencia para pensar el conurbano en clave de “carencias”, en relación con la expansión planificada (o al menos más planificada) de la ciudad y sus espacios. “Si bien ese binarismo tiene zonas borrosas y zonas de contrastes muy fuertes, la oposición tiene vigencia y desde la Capital predomina la tendencia a constituir el Gran Buenos Aires como alteridad, como diferencia” (Grimson, 2008: 256). Tal como lo señala Grimson (2008), el espacio es una metáfora a la que a menudo, académicos/as, recurren para articular su entendimiento sobre diversos sectores sociales.

¿Qué pasa cuando las metáforas permanecen y se enraízan en los imaginarios sociales? ¿Cómo dar cuenta de las múltiples caras de las identidades de los conurbanos? En este escrito desplegaré algunas impresiones, miradas y, un poco de mi habitar el conurbano oeste articulado con mi trabajo de campo. Merece la pena aclarar que muchos de estos análisis no atendieron a las denominadas capas medias del conurbano, aquellas que lo habitan hace tiempo, o (como me dijo una de mis interlocutoras) que “siempre estuvieron ahí”. Esa vacancia hoy es una oportunidad para seguir multiplicando el mapa; porque si hay algo que genera más intriga que el imaginario son los hechos. En particular, al menos en las experiencias de algunas de las personas con las que realizo trabajo de campo sus rutinas, su relación y definición del conurbano se explica fragmentaria y dinámicamente menos en esencias y más en acciones que encuentran en lugares, canciones y personas sus argumentos. En esos casos, la identidad vinculada al conurbano no puede explicarse sin referir a los compases históricos y biográficos que se tejen con narrativas de circulación por “el oeste y su agite”.

El oeste: la capital de los agites

“En el fondo de cada cosa, hay cualquier cosa real o posible”

Gabriel Tarde

 

En el oeste del conurbano, aludir a la idea de agite –a mí y a muchos otrxs– nos provee de una especificidad: poder referir a los cuerpos, a la música y a las críticas con tan solo una misma palabra. Inicialmente vinculada a la gestación y explosión del rock en la zona oeste, este término cristalizó una batalla contracultural (Rametta, 2017) que arrastra incluso a la contemporaneidad la atmósfera contestaría y exploratoria de las décadas del ´60 y ´70. Una contestación también política cuyo alcance trascendió la música nacional. En un momento en que en algunas pertenencias identitarias eran puestas en jaque, en suspenso o se resquebrajaban, otras afloraban como alternativas, rítmicas y condensadoras de nuevos mensajes y formas de ser en el mundo (10). Como me dijo uno de mis interlocutores hadeense, “éramos en otras cosas… en relación a lo que escuchábamos, a las bandas que seguíamos… sus mensajes” para algunas generaciones estas pertenencias estaban disponibles.

 

 

 

En términos generales el rock and roll (puntualmente en su primera década de vida, allá por los ´50) se convirtió en algo más que un ritmo indecente para molestar a los padres. Como comenta Jimenez (2017: 6), para muchxs se volvió un estilo de vida, una rebelión; una forma de ver el universo y expandirlo a través de la ampliación de los límites y la exploración de los sentidos”. En parte, ese fue el rock que se totalizó y se llevó puesto ese concepto de agite. Incluso quienes vivimos por el oeste en la actualidad, recordamos letras, espacios y marcas en barrios y localidades como Hurlingham, Ciudad Jardín, El Palomar, San Justo, Ramos Mejía, Haedo, Morón, Castelar, Ituzaingó, Merlo que son lugares del rock. Espacios por donde transcurrieron bandas, sonidos, ritmos, gentes y protestas, a partir de los cuales las bandas articularon en sus repertorios musicales el folk, el country, el blues, el góspel, el jazz incluso miraron y apropiaron de manera singular la vestimenta con colores brillantes y estridentes. Este oeste no era ajeno a “lo global”, a los cambios histórico-políticos-culturales tras el Mayo del ´68, las luchas por los derechos civiles y minorías étnicas en un momento compungido de la vida política argentina. Los medios y las personas fueron parte de ese proceso de internacionalización de la industria cultural que desembarcaba con particular fuerza por los barrios de William Morris o Las Lomas de El Palomar. En el oeste esto se entrelazaba con las historias de los barrios, de las calles de tierra, de las estaciones de tren y de un paisaje que habilitaba otras formas de decir y hacer.

Sin pretender reponer la historia del rock no podemos dejar de atender las icónicas bandas de ciertas décadas como las que plantea la historiadora María Florencia Rametta (2017: 12) en donde señala que el oeste y su producción está marcada en los ´60 por Arco Iris, los ´70 por El Reloj, los ´80 por Luca Prodan y, bajo este paraguas en los ´90 emergerían: Divididos, Las Pelotas, Los Piojos y Caballeros de la Quema para luego hacerlo Árbol y Ella es tan cargosa. Este rock que alteró y fue alterado por otras expresiones musicales (como el punk, la cumbia, el cuarteto o el folclore) poco a poco no fue un sólo agite, fueron múltiples. Muchas de las personas con las que realizo mi trabajo de campo siempre tienen alguna anécdota en relación al oeste y su música; quienes oscilan entre los 40 y los 60 años hablan de Prodan como un vecino con quien vino la vanguardia. Prodan, sería ícono del rock en el oeste y encontraría en Argentina un refugio entre tanto vaivén experiencial entre: los más altos estándares de formación académica en colegios escoceses, la acusación como desertor por el ejército italiano, su enamoramiento hacia el postpunk, el suicidio de su hermana Claudia y su adicción a la heroína (Rametta, 2017). Prodan como un vecino que, aunque no era del mismo barrio o localidad, pertenecía a la geografía del rock, al acervo. Asimismo, algunxs refieren a Divididos como un parteaguas y reivindican algún lugar o “antro” cercano vinculado a shows y eventos. Ese recorrido a menudo interpelaba a las capas medias de esos barrios urbanos, sobre todo a jóvenes vinculadxs a la rutina de colegios ingleses, a la vida parroquial e incluso a la escuela militar. En el oeste, todo esto convivía y convive en la trama.

En su artículo Made in conurbano (2015), Carla del Cueto y Cecilia Ferraudi Curto identifican marcas particulares en la producción cultural del conurbano: en los ´70 las producciones se caracterizan por un contexto represivo en el marco del gobierno de facto –aún hay una presencia en el rock y la literatura de un carácter “bucólico” y fuertemente vinculado a la “decadencia industrial” (2015: 573)–;  en los ´80 una revitalización cultural directamente vinculada al regreso de la democracia y la consolidación de la movida bailantera; en los ´90 –producto del contexto político-económico– emerge el rock chabón, como una variante del rock de los ´70, y retorna con intensidad la música tropical. Las autoras llaman la atención respecto de las obras que después de la crisis del 2001 narran y toman a la periferia como centro desde el cual la cumbia villera tiene un lugar de enunciación para aquellos fuera del sistema, degradados o en situaciones sociales extremas (del Cueto y Ferraudi Curto, 2015: 314). El devenir de esas bandas de rock y la consolidación de la cumbia colabora, nutre y demarca esa identidad de al menos el conurbano oeste.

Muchxs de quienes vivimos en el conurbano, a menudo, nos jactamos de su magia. Esta última puede materializarse en muchos aspectos que, aunque para algunxs puedan parecer marginales o extremos, ponderan algunas características de las múltiples experiencias en estos territorios como ser esperar el “bondi” en una estación de servicio o en la ruta, escuchar a alguna banda under en un “antro” de la Ex Gaona o la calle Florencio Varela, la manía de caminar por la calle, incluso cierta experiencia de las “reglas flexibles”. Acciones que se tornan argumento y afirmación de vivir en una trama geográfica específica. Este conurbano no es uno ni tampoco una romantización sobre lo que fue, es justamente un fractal. Fue y aun es la geografía física y simbólica de las más variadas expresiones culturales, estéticas y artísticas. De algún modo, el carácter crítico y contestatario iniciático se correspondió con cierta autoafirmación local -tanto de sectores medios y populares- plasmada, por ejemplo, en diversas elecciones musicales que caracterizaron al oeste.

Este escrito busca comprender los movimientos para crear nuevos marcos de acción y transformación más allá de una “adaptación constante” que se nos es imputada y reclamada en los discursos públicos y los sentidos comunes que incluso lxs académicxs solemos reproducir. Las biografías de quienes habitan el conurbano son más reticulares, más limítrofes que a lo que el agite únicamente vinculado al rock refiere. Queda siempre pendiente la tarea de atender a las nuevas formas de expresión, los nuevos ritmos, las convergencias, los muchos “agites” que asoman en esta trama conurbana despierta y atenta. Desde las ciencias sociales podemos aportar más a las lógicas y a las elecciones de las personas si cambiamos la expresión el conurbano por los conurbano(s) y, si los analizamos de un modo más variable. Una propuesta podría ser comprenderlos en tanto “arenas culturales” (Gorelik y Arêas Peixoto, 2016), es decir lugares de confluencia, desmarcamiento a su vez de diálogo y disputa de elecciones y prácticas culturales (Blanco Esmoris, 2018). Lentes teóricos que sean una vía de acceso para atender lógicas y significaciones que las personas les otorgan a sus elecciones, circulaciones y pertenencias. Tal vez, ejercicios así nos permitan no repavimentar, no alisar ni borrar lo que estaba sino imaginar otras formas de bachear, otro universo de acciones posibles y no de reducciones permanentes.

 

(1) Soy socióloga, vivo y transito el conurbano oeste. Actualmente, realizo un Doctorado en Antropología Social (IDAES-UNSAM) como becaria de finalización doctoral CIS-CONICET/IDES. Compagino mi vida académica con mi “otra vida” en la Biblioteca Popular La Cárcova (José León Suárez, San Martín). Aunque con intermitencia, también juego al hockey.

(2)  Adrián Gorelik (2015) señala al respecto que conurbano resulta una incógnita de nombre, puesto que el uso el término deviene del conurbation –acuñado por el biólogo e intelectual escocés Patrick Geddes-  para referir a la característica de coalescencia que aldeas y pueblos de Greater London tenían en relación con la expansión de la ciudad. Sin embargo, en Argentina, su uso difundido no se correspondería con esa característica, más bien tras la expansión de los suburbios –impulsado por la extensión de la red ferroviaria- haría alusión a los contrastes y las tensiones y no así, a esa capacidad para producir unión o fundición.

(3) Este escrito se desprende, en parte, de mi trabajo de campo etnográfico para mi tesis doctoral que al momento se titula “Habitar la casa: cultura material y moralidades. Una etnografía en casas de familias de sectores medios de Haedo (Morón)”. Esta investigación es financiada por CONICET con lugar de trabajo en el Centro de Investigaciones Sociales.

(4) Existe una amplia literatura respecto a la definición del conurbano, cuyos límites varían de acuerdo con el criterio utilizado. Vale señalar que en el Censo de 1947 comenzó a utilizarse el término Gran Buenos Aires para referir a una unidad censal conformada tanto por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires como por los municipios del Gran Buenos Aires que la rodean, en ese entonces 17, hoy 24 (Segura, 2015) también se denomina Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) (Informe INDEC, 2003). En lo que refiere a aspectos urbanos y residenciales, la denominación Aglomerado Gran Buenos Aires (AGBA) resulta ser una denominación menos precisa y más amplia ya que se basa en el acceso móvil a diversos puntos de la ciudad resultando ser una “mancha urbana” en relación con la presencia de viviendas. Gran parte de la literatura académica consultada toma como conurbano el área comprendida por los 24 municipios-partidos y no a los 33 que refiero bajo el criterio jurídico-administrativo. En mi trabajo de campo, las personas refieren a conurbano en algunas ocasiones, bien precisas, vinculadas con la circulación por ciertos circuitos nocturnos del oeste o para hacer algún “chiste” frente a uno de sus otros: “los porteños”.

(5) La Región Metropolitana de Buenos Aires (RMBA) remite al conglomerado urbano alrededor de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y comprende 40 municipios-partidos (Informe INDEC, 2003).

(6)  En lo que remite al área circundante a CABA se suele hablar de coronas, cinturones o cordones (primero, segundo -más cercanos- y el tercero -más lejano-). Los primeros dos considerados como áreas suburbanas y en el tercero, finaliza la zona urbana y comienza la rural.

(7) Comprende los partidos al norte de Ciudad de Buenos Aires, contiguos al Acceso Norte -que abarca desde San Isidro hasta Pilar-Escobar y el noroeste, con la Autopista Camino Parque del Buen Ayre que va desde Moreno hasta San Isidro. Al respecto pueden consultarse los trabajos de Arizaga, 2000 y 2005; Girola, 2006, por solo citar algunos textos.

(8) Pueden consultarse los trabajos de: Minujin y Kessler, 1995; Lvovich, 2000; Auyero, 2001 por sólo nombrar algunos.

(9) “Countries” es el término comúnmente utilizado en Argentina para hacer referencia a lo que se denomina en la bibliografía como “urbanización cerrada” o, en inglés, “gated communities”. Sobre la temática pueden consultarse los trabajos de Ballent, 1998; Arizaga, 2000; Svampa, 2001 y 2002; Girola, 2006, por sólo nombrar algunos.

(10) Respecto de las modificaciones en los repertorios identitarios, Maristella Svampa (2000) advierte para principio de los 2000, significativos cambios en la construcción de identidades personales y sociales que ahora se despliegan por afuera de la experiencia en y desde el trabajo.

Bibliografía

ARIZAGA, María Cecilia. “Murallas y barrios cerrados. La morfología espacial del ajuste en Buenos Aires”. en Nueva Sociedad, 2000, 66: 22-32.

__________________. “Espacialización, estilos de vida y clases medias: procesos de suburbanización en la RMBA” en Perfiles Latinoamericanos, Revista de la FLACSO. Nro. 25, diciembre, 2005, pp. 43-58.

AUYERO, Javier. La politica de los pobres. Las practicas clientelistas del peronismo, Buenos Aires, Manantial, 2001.

BALLENT, Anahi. “Country life: los nuevos paraísos, su historia y sus profetas” en Block Revista del Centro de Estudios de Arquitectura de la Universidad Di Tella, Nro.2, mayo, 1998, pp. 88-101.

BLANCO ESMORIS, María Florencia (en prensa). Entre el acto y la experiencia: el arte en las producciones localizadas en las periferias urbanas del Gran Buenos Aires, Argentina en Narrativas Urbanas, VII Jornadas Internacionales Arte y Ciudad, 2018.

BRUNO, Matías. “La población del conurbano en cifras” en Kessler, G. (dir.), Historia de la provincia de Buenos Aires: El Gran Buenos Aires. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Edhasa, Gonnet: UNIPE: Editorial Universitaria, 2015.

DI VIRGIGLIO, María Mercedes; GUEVARA, Tomás; ARQUEROS MEJICA, Soledad. “La evolución territorial y geográfica del conurbano bonaerense en las últimas décadas” en KESSLER, G. (dir.), Historia de la provincia de Buenos Aires: El Gran Buenos Aires. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Edhasa, Gonnet: UNIPE: Editorial Universitaria, 2015.

DOWNES, Juan Carlos. ¿Por qué el Conurbano?, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Dunken, 2015.

GIROLA, María Florencia. Procesos de transformación urbana en la Región Metropolitana de Buenos Aires: una mirada sobre el avance de la ciudad-negocio en Intersecciones en antropología. Vol. 7, anual, 2006, pp. 361-374.

GORELIK, Adrián. “Terra incognita. Para una comprensión del Gran Buenos Aires” en en Kessler, G. (dir.), Historia de la provincia de Buenos Aires: El Gran Buenos Aires. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Edhasa, Gonnet, UNIPE: Editorial Universitaria, 2015.

GORELIK, Adrian y ARêAS PEIXOTO, Fernanda (comps.). Ciudades Sudamericanas como arenas culturales. Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores, 2016.

GRIMSON, Alejandro. “Clasificaciones espaciales urbanas y política en Buenos Aires” en La Biblioteca. Ciudad y cultura, 7, 2008, 254-271.

INFORME INDEC. ¿Qué es el Gran Buenos Aires?. Buenos Aires. Disponible en  https://www.indec.gov.ar/nuevaweb/cuadros/4/folleto%20gba.pdf (última consulta: 1 de noviembre de 2017), 2003.

Lvovich, Daniel. “Colgados de la soga. La experiencia del tránsito desde la clase media a la nueva pobreza en la ciudad de Buenos Aires” en SVAMPA, M. (ed.) en Desde Abajo. La transformación de las identidades sociales, Buenos Aires, Editorial Biblos, 2000, 51-79.

Minujin, Alberto y Kessler, Gabriel. La nueva pobreza en la Argentina. Buenos Aires, Editorial Planeta, 1995.

JIMENEZ, Daniel. “Prólogo”. El agite: una historia de rock en el oeste de María Florencia RAMETTA, Municipalidad de Morón, 2017.

RAMETTA, María Florencia. El agite: una historia de rock en el oeste, Municipalidad de Morón, 2017.

SVAMPA, Maristella. “Identidades astilladas. De la Patria Metalúrgica al Heavy Metal” en Desde Abajo. La transformación de las identidades sociales, SVAMPA (ed. y comp.), Buenos Aires, Biblos, 2000.

__________________. Los que ganaron. La vida en los countries y barrios privados. Buenos Aires, Editorial Biblos, 2001.

__________________. “Las nuevas urbanizaciones privadas. Sociabilidad y socialización: la integración social hacia arriba” en Beccaria, et al, Sociedad y Sociabilidad en la Argentina de los 90, Buenos Aires: Universidad Nacional de General Sarmiento / Biblos, 2002.

VIOTTI, Nicolás y BALLADARES, Carina. La periferia de Buenos Aires y el mundo popular urbano en Apuntes de investigación del CECYP, 2010, Nro. 16-17.  

ZARAZAGA, Rodrigo y RONCONI, Lucas. Conurbano infinito. Actores políticos y sociales, entre la presencia estatal y la ilegalidad. Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores, 2017.

 

The Walking Conurban, o cómo fotografiar el cascarón vacío de la antigua Argentina industrial

 

Por Santiago Mayor (1) y Ana Clara Azcurra Mariani (2)

Desde el año 2018, existe una cuenta de Instagram que se ocupa de compartir imágenes del conurbano bonaerense con una estética post apocalíptica. Actualmente, la cuenta posee casi 30  mil seguidores e interpela directamente a quienes habitamos en algún barrio del conurbano, sobre todo cuando logramos reconocer en las fotos aquello “nuestro”. O al menos, aquello que se parece bastante a lo nuestro. En esta entrevista, conversamos con los administradores de @thewalkingconurban y les compartimos algunas de las imágenes que ellos seleccionaron para Épocas.

 

¿Quiénes integran The Walking Conurban?

TWC es un colectivo formado por cuatro amigos, compañeros desde la escuela primaria. Artístico y multidisciplinario hasta donde nuestras limitaciones lo permiten.  Donde cada uno de nosotros va haciendo aportes desde donde se focalizan sus inquietudes. Esto nos da cierta heterogeneidad en los contribuciones que individualmente le podemos ir haciendo al contenido de la cuenta. Imaginate que quienes lo integramos tenemos  estudios en sociales, en bellas artes, un poco de derecho, de economía, de literatura, de diseño de imagen y sonido, de música, de bienes raíces. Yo creo que ese patiche que fue nuestro periplo errante respecto a nuestra trayectoria educativa nos permite contar con herramientas fluctuantes que son de gran ayuda a la hora de pensar y conformar el discurso y la gramática que hoy tiene la cuenta.

Además y sobre todo, TWC es una cuenta colaborativa. Esto siempre lo destacamos porque sin el aporte de quienes nos siguen sería dificultoso poder acceder a algunos lugares por cuestiones de tiempo, distancias y momentos. Ir de Berazategui a Tigre o incluso a Avellaneda conlleva una logística y una puesta en marcha que demanda más que tiempo y voluntad. Por eso creemos siempre importante destacar el sentido colaborativo de la cuenta.  

Todo proyecto comienza con una idea sobre la materia de la que se trate. ¿Qué han constatado y qué han refutado desde que se inició  el proyecto?

La idea original nace a partir de un chiste interno luego de una sudestada fuertísima que tiró paredes, techos, árboles y dejó a media zona sur sin luz. Por aquel momento, tres de nosotros teníamos una banda y al día siguiente de la tormenta ensayábamos en Quilmes. Esa noche, un viaje que en condiciones normales nos hubiera llevado 10 minutos en línea recta, se convirtió en una odisea serpenteante por todos los barrios entre nuestra casa y la sala de ensayo. Había un corte de calle por esquina y su respectiva fogata. El corte de luz fue muy extenso y Edesur no daba muchas respuestas, así que la gente salió a protestar como pudo. Efectivamente esa escena parecía sacada de una historia post apocaliptica. De ahí surge el nombre The Walking Conurban, relacionando la serie The Walking Dead con ese mundo abandonado a su suerte que parecía esta parte del conurbano. Cada vez que encontrábamos un paisaje semejante, en estado avanzado de deterioro o directamente abandonado, si podíamos le sacábamos fotos y hacíamos alusión a aquel incidente. La cuenta de instagram fue pensada como eso: un lugar donde acumular esas fotos de zonas que ya sea por desidia estatal o porque el modelo productivo se desplomó, fueron convirtiéndose en el cascarón vacío de la antigua Argentina industrial.

Si bien la llegada a una interpretación más socio política de la mirada de la cuenta fue posterior a la idea original, la propuesta siempre fue interpelar la naturalización que se hace del espacio urbano en decadencia. Si bien no se trata del apocalipsis zombie, el neoliberalismo tuvo el mismo efecto en la zona más densamente poblada de nuestro país. A raíz de eso podemos ver todo tipo de interacciones en el territorio. En una sociedad capitalista solemos entender casi todo en términos de propiedad. Pues bien, el abandono es un límite muy perverso del modelo capitalista. Fábricas, no inactivas por una mala temporada, sino abandonadas directamente, en momentos en los que el desempleo es un problema grave. Casas abandonadas mientras hay gente que duerme en la calle. Ni siquiera fue negocio tirar abajo esos edificios y hacer un estacionamiento. Se los dejó a su suerte para que se los coma la naturaleza.

Es difícil pensar la dualidad constatar/refutar dentro del proyecto porque nunca hubo una hipótesis sobre qué se iba a buscar. Lo más parecido puede ser uno de los conceptos fuertes que utiliza la cuenta y es pensar al conurbano como una unidad, atravesada por los mismos conflictos y contradicciones. Justamente a raíz de esto es que preferimos no dar georeferencias sobre las locaciones donde sacamos las fotos. Cuando hablamos de “unidad” no lo pensamos en términos identitarios. Verdaderamente no sabríamos si existe una “identidad conurbana” diferenciada de otra. Justamente lo contrario: hay una atomización de identidades delimitadas por barrios, calles, colores, cordones. Parecería todo lo contrario, sin embargo una forma lúdica que se da en la interacción con los seguidores es que ellos intenten adivinar el lugar donde la foto fue tomada. Efectivamente los locales la descubren, pero en el medio hay un sin fin de respuestas que ven ese mismo paisaje en zonas absolutamente distantes. Y tiene sentido. Una fábrica abandonada es parte del mismo paisaje en San Martín o Avellaneda, un arroyo desbordante de basura se cruza en Solano o en el fondo de La Matanza. La opulencia medianera de por medio de una casilla precaria es parte del entorno común de cualquier municipio, porque básicamente el conurbano está hecho de contradicciones y en ese terreno contradictorio es que se establecen estrategias de vida.

Por ejemplo, para no hablar de la desigualdad económica: llegar en transporte público desde San Isidro al centro es tan tortuoso como hacerlo desde Florencio Varela. ¿La realidad socioeconómica es la misma? Posiblemente no, pero los problemas prácticos son los mismos. La relación con el tiempo en el conurbano es muy particular. La premisa principal es que aún en las peores condiciones de abandono, la gente continúa su vida e intenta ser feliz. Creo que de eso estamos 100% seguros: en el conurbano se puede ser feliz, a pesar de la imagen que el discurso hegemónico tiene de él.

En general, el conurbano suele ser carnada de exotización, y en esto el tema de la estetización de ciertos espacios en apariencia absurdos, bizarros o abandonados podría contribuir. ¿Lo tienen pensado, sienten que lo manejan?

Más que exótico, peligroso. Igualmente es cierto, para la mirada mainstream el conurbano es terra inhóspita. Se elaboran algunos discursos sobre el conurbano que tienen distintos grados de complejidad, más allá de que puedan estar equivocados o no. Efectivamente en el conurbano hay lugar para lo bizarro y lo cómico y creo que tiene que ver con estas estrategias de vida de las que hablábamos antes. Por ejemplo la apropiación de la cultura popular para hacer atractivo un negocio. Hay gente que estudia años la forma de hacer que la gente le ponga atención por cinco segundos al producto que intenta vender. Nosotros hemos visto carteleras de carnicerías y pizzerías hechas con memes. Eso es una apropiación muy interesante del entorno, del significado y del humor popular. Nos parece bizarro o divertido, sí. El problema es nuestro, que estamos acostumbrados a determinados formalismos en las transacciones. La forma de expresar emociones es otro caso. La pintada amenazante al que tira basura en la vereda, el pasacalles en agradecimiento o para pedir perdón. La religiosidad popular que se profesa al ras del suelo, lejos de las naves de una catedral, en santuarios hechos con lo que se pudo. Ofrendas que se parecen más a los productos que suelen denunciar como vicios las religiones oficiales, pero que tienen un significado muy profundo para la feligresía de los santos populares. Hacer énfasis en eso, siempre desde el respeto y, sobre todo, sabiendo que uno no es un observador no participante, creo que ayuda a construir una relato mucho más pulido de qué se entiende por conurbano.

 

Por otra parte, sí hay una narrativa peligrosa sobre el conurbano que es reducirlo a su forma pauperizada, a un archipiélago de pequeños aguantes o al escenario de Policías en acción. El conurbano no es, de ninguna manera, el lugar donde la gente solamente es pobre, o se pelea en la calle porque en la esquina hay que tener aguante o el lugar en el que las balas son la banda de sonido de la noche. Sí hay gente muy humilde, sí hay gente que cree que al barrio se lo defiende a las piñas y sí hay delincuentes, víctimas y victimarios. ¿Hay precariedad en muchos sentidos? Sí y esa precariedad a veces se manifiesta en las relaciones sociales. Así como no hay que romantizar la pobreza, y es un límite que tenemos a diario y nos ayuda a repensar la forma de presentar el contenido de la cuenta, tampoco hay que criminalizarla. Siempre hay que tener presente que décadas de políticas económicas tendientes a transferir recursos de los sectores más bajos a los más altos deriva en situaciones sociales muy complejas. Al mismo tiempo, el conurbano está lleno de estudiantes, profesionales, artistas, muchos con formación y proyección internacional.

 

Creemos que la estetización de la marginalidad o de esas zonas tendientes a lo exótico es un problema en la medida en que sea usado para dar mensaje intencionalmente equivocado sobre qué es lo que se está mostrando. Es decir, partiendo de la base de que estamos realizando una actividad “artística” eso la enmarca dentro de ciertas pautas estéticas que tiene el lenguaje interno de esa forma de arte. En el caso de las fotos, encuadrar, intentar componer con los elementos del plano, que la foto no salga fuera de foto, movida, con un dedo en el medio. Es decir, desde el inicio hay un lenguaje estético y al mismo tiempo hay un recorte. El límite de ese recorte también es una decisión de quien dispara la foto. Se eligen ciertos elementos por sobre otros, Ahora bien, todo ese trabajo está hecho ¿para qué? ¿Para ridiculizar a alguien? ¿Para denunciar inequidades? Creo que en la cuenta se maneja, o por lo menos se intenta hacerlo, bien el hecho de no estigmatizar a nadie, aún teniendo como nombre la referencia a una serie de catástrofe

Hace poco la escritora Mariana Komiseroff dijo que el conurbano tiene escenas de “realismo mágico”. ¿Qué cosas han visto y recuerdan que entren en esta categoría?

Nosotros solemos definir al conurbano como “El Macondo post soviético”, así que sí. Estamos de acuerdo con la vinculación al realismo mágico. Primero porque en el conurbano no existe espacio inverosímil. Podemos hablar de un evento de lo más disparatado, que ocurrió en el conurbano. Puede ser falso, pero es verosímil. Hay una especie de imaginario social, posiblemente vinculado con esa construcción de terra inhóspita, que hace que uno dé por posible cualquier cosa. Por otra parte, y derivado de lo anterior, uno también imagina que cualquier situación, transpolada al conurbano podría resultar en un caos o en un evento muy disruptivo para una persona ajena a la realidad del conurbano. Desde algo tonto como imaginarse a un contingente de suizos esperando para tomar el tren roca, hasta cosas mucho más serias, como tomar el tren roca y naturalizar que el tren no tiene ventanas ni asientos.

Como recurso narrativo el conurbano otorga posibilidades infinitas. Capusotto y Pedro Saborido lo utilizan todo el tiempo. Jesús de Laferrere es un ejemplo. La pizzeria de los hijos de Puta es otro. Un mesías rolinga que multiplica los panchos y las birras, una pizzería que te revolea un sifón… son verosímiles. La escena más repetida es la de los animales en la calle. Gente domando caballos al lado de una autopista, vecinos paseando cabras o gallinas , viajar al lado del hombre araña pueden ser escenas propias del realismo mágico que uno ve con frecuencia. Hace poco en el arroyo “Las Conchitas”, en Plátanos, encalló una ballena. ¿Es inverosímil? A esta altura no.

Desde otro lugar también podríamos pensar que un carro tirado por un caballo parado en un semáforo al lado de un auto de dos millones de dólares es una escena del realismo mágico. Gente viviendo en la ribera del curso de agua más contaminado del mundo es una escena de realismo mágico.

¿Tienen alguna zona o barrio preferido? ¿Qué diferencias  encuentran entre oeste y sur? ¿Qué lugar ocupa el norte, que pareciera no reconocerse como conurbano?

La ribera del riachuelo es un lugar que nos gusta mucho. Quizá es donde más se puede advertir y encontrar el paisaje que solemos fotografiar. Además ahí en la ribera encontramos una huella muy marcada de lo que fuimos comprendiendo y entendiendo a medida que íbamos avanzando con TWC, que es que en ese abandono, en ese desdén, en ese movimiento de huir y dejar todo para recomenzar en otro lado o no recomenzar nunca hay una especie de compendio de la historia argentina y sus modelos de desarrollo económico, el puerto y el modelo agro exportador luego las fábricas y el proceso de sustitución de importaciones… en esos movimientos que se marcan en las construcciones y proyecciones a mitad de camino tenés las huellas cardinales para explicar parte de la argentina, del modelo de nación que fuiste o que intentaste ser.

 

Con respecto a las diferencias, al contrario, nosotros decimos que Zona Norte también es conurbano. Incluso creemos que ahí se activa una serie de juicios y preconceptos que tienen que ver en cómo los discursos hegemónicos delimitan los imaginarios y así asociamos el norte a caserones suburbanos. Acá pasa lo que decíamos antes: pensamos el conurbano como un lugar precarizado. ¿Zona norte Olivos, Martínez, San Isidro? ¿o La Zona Norte de Villa la Cava, de Las Tunas, de Villa las Ranas?. Es curioso, zona norte parece que no es conurbano pero la cumbia villera tiene su cuna en San Fernando y Tigre. Vicente López y San Isidro son tan conurbano como Florencio Varela o Morón. De hecho Zona norte es la parte del conurbano en la que esas contradicciones se llevan al extremo, pues es la parte más desigual del conurbano, si medimos la relación de ingresos entre el decíl más bajo y el más alto.

 

 

(1)  Nacido y criado en la República de Quilmes (en los parajes de Ezpeleta para ser más preciso) soy un periodista que alguna vez intentó estudiar Sociología en la UBA. Fui tres años corresponsal de RT en Español en Buenos Aires. En 2014 fundé (y escribo desde entonces) el portal autogestivo Notas – Periodismo Popular y colaboro con medio como El Salto (España); Dínamo Press (Italia) y Sur Capitalino. No podría vivir nunca fuera de la ciudad pero necesito el barrio, la birra en la vereda y conocer el nombre de la persona que atiende el almacén.

(2) Para este dossier, lo primero que voy a decir es que soy quilmeña. Luego de un breve paso por el diseño de indumentaria, estudié y me titulé en Ciencias de la Comunicación (UBA). Actualmente tengo una beca doctoral en Ciencias Sociales y soy docente en el Seminario de Cultura Popular que dirige el Dr. Pablo Alabarces. Soy co conductora de un podcast que se llama Recalculando (@podlabmedia) junto al economista (y amigo) Martín Kalos (@martinkalos). Como sujeta de este siglo, me gusta viajar como mayor inversión. Empecé a escribir tres libros. Todos ellos duermen en mi computadora a la espera de que supere mis problemas de inconstancia.

#7 – CONURBANIA

El Conurbano. Territorio bonaerense que comienza a minutos del Obelisco, espacio donde los prejuicios pueden ser empíricamente reales, contrastables y/o  desechables. Tradicionalmente, se diagrama el conurbano por “cordones”, dependiendo de su cercanía con el centro económico. A lo ancho de sus tres cordones se exhiben distintas realidades económicas, políticas, sociales y culturales, en un degradé que confunde el paisaje urbano con lo rural.

La escritora Mariana Enríquez presentó al Conurbano como un territorio que “empantanado como un matadero, permite un tránsito barroso donde la salida pareciera orientarse hacia el viaje de iniciación a la Capital”. También, como el territorio de la sustracción, la carencia. Un margen que fascina y es foco de atención popular, mediática, política y académica. Pero Conurbano no es sólo margen: es movimiento. Movimiento que toma formas de creación, asociación, cooperación. Movimiento de repetición y diferencia, pero que no hace las veces de espejo ni calco de la Capital.

Con sus códigos, su estética y su riqueza humana, el Conurbano presenta aristas y puntos de fuga que muchas veces divergen de las ideas generalizadas y romantizadas por los medios de comunicación y el imaginario corriente.  

Si bien los márgenes se vuelven cada vez más difusos debido a la gran confluencia y puntos de conexión que hace que día a día miles de personas crucen la General Paz y los puentes en ambos sentidos, el Conurbano se las trae. En este dossier número 7 de Épocas, los y las invitamos a reflexionar sobre aquellas particularidades de ser Conurbano, de habitar el Conurbano. ¿Hay una identidad conurbana? ¿Qué rasgos comporta la vida en el cordón? ¿Qué caracteriza cultural, social y políticamente a este territorio en constante expansión?