Aportes para pensar el conurbano bonaerense desde la planificación urbana y la movilidad

Por Maximiliano Velázquez (1) y  Jimena Dmuchowky (2)

Al solicitarnos participar en el dossier sobre el territorio bonaerense que comúnmente llamamos conurbano nos pareció oportuno buscar responder algunas de las preguntas formuladas por los editores ¿Hay una identidad conurbana? ¿Qué rasgos comporta la vida en el cordón? ¿Qué caracteriza cultural, social y políticamente a este territorio en constante expansión? Un abordaje posible para buscar contestarlas en realizarla desde los aportes del planeamiento urbano y regional, y particularmente desde la relación entre urbanismo y movilidad.

La historia de las sociedades nos revela la estrecha relación entre los sistemas de transporte y movilidad, organización socio-productiva, conformación del territorio implementando diversos modelos de desarrollo urbano en cada lugar del planeta. Siendo el objetivo de todo sistema de movilidad garantizar una accesibilidad que permita superar las distancias físicas, al diseñarlos se define qué lugares se ponen en relación, así como a qué actores sociales se les brinda mayor conectividad y accesibilidad.

Nuestra posición teórica parte del presupuesto de que la movilidad cotidiana puede definirse como la suma de los desplazamientos realizados por la población de forma recurrente para acceder a bienes y servicios en un territorio determinado, en un entorno físico. La movilidad se convierte en el factor principal en la vida cotidiana activa de las personas, siendo un derecho propio, con un costo económico, social y medioambiental (Miralles, 2002).

A su vez, las movilidades constituyen un ensamble o amalgama de tecnologías, prácticas socioespaciales y representaciones, atravesadas por relaciones de poder (Velázquez y Dmuchowsky, 2015). Son creadora de espacios y de modos de experimentarlo, por lo tanto, un proceso socio-material conformado por aspectos humanos y no-humanos. Latour (2005) observa que la movilidad está siempre localizada y materializada, a partir de las infraestructuras performatiza y configura el espacio de vida, y puede verse como un proceso socio-tecnológico de mediación.

La simple acción de caminar implica recorrer la ciudad por determinadas infraestructuras peatonales con diversas materialidades que van desde una calle peatonal en el centro, a una calle de convivencia con el transporte en los subcentros, pasando por veredas con baldosas, veredas que poseen espacios parquizados, y situaciones en donde la vereda está ausente solo separada por un zanjón de la calzada para vehículos en gran parte del conurbano bonaerense. La experiencia de cada caminata es diversa según el ámbito por el cual transcurra, alterada por las inclemencias del tiempo, por si se realiza diurna o nocturna, por la condición de género de quien camina, entre otros factores.

Cada modo en el sistema de movilidad es experimentado en forma diferente generando prácticas cotidianas que buscan poder realizar los trayectos de la manera más eficaz posible. En la planificación del transporte y la movilidad actual aún no han sido contempladas ciertas deficiencias y demandas, por ejemplo, la movilidad de las mujeres se ha vuelto un objeto de estudio en muchas ciudades del mundo, debido a que comenzó a vislumbrarse el hecho de que la población no se mueve de forma homogénea sino que diversos colectivos desarrollan sus propias estrategias para desplazarse en función de sus necesidades y de la disposición del sistema de movilidad al que puedan acceder.

Es así como la incorporación a las agendas públicas de estudio que contemplen las necesidades de los diversos colectivos sociales, propenderá hacia la planificación de una  movilidad inclusiva con un carácter social, político y económico más justo.

 

Los sistemas de transporte y movilidad y la organización del territorio

Podríamos decir que la movilidad no es una actividad social ni productiva, pero paradojalmente, casi todas las actividades sociales y productivas requieren desplazamientos; o sea que necesitan de sistemas de movilidad para su desenvolvimiento. Así, dichos sistemas requieren infraestructuras que conforman y transforman al territorio. Ciertas características del territorio posibilitan y/o condicionan a los sistemas de movilidad, pero simultáneamente obras de infraestructura pueden alternar la geografía de un territorio.

Las ciudades desempeñan un papel de liderazgo creciente como nodos que articulan y organizan la economía mundial (Sassen, 2007), donde el transporte y la movilidad son garantes de su conectividad y accesibilidad. No compiten países, compiten ciudades y sus regiones, ya que son los territorios con capacidad para aportar ventajas competitivas a empresas y asegurar calidad de vida a sus habitantes.

Desde esa perspectiva el concepto de escala territorial es fundamental. Existe una escala global que jerarquiza ciudades, una escala regional que articula el desarrollo socioeconómico en torno a algunas ciudades, y una escala urbana que permite desarrollar diferentes modelos de organización espacial. Son esos diversos modelos los que nos interesan para pensar la Región Metropolitana de Buenos Aires.

Algunas de esas movilidades son entre ciudades o al interior de las urbanizaciones, recibiendo el nombre de transporte o movilidad urbana. Estas movilidades pueden ser cotidianas, como los viajes realizados durante el día para las actividades laborales, comerciales o educativas; o eventuales, como los viajes por motivos de salud, turismo, o migraciones (sean forzadas o deseadas).

En la teoría se menciona la existencia de diversos modelos de organización territorial urbana que se han ido generado a través del tiempo para explicar el fenómeno de la ciudad, como los de  Johann Heinrich Von Thünen, Ernest Burguess, de la Escuela de Chicago, que elabora la Teoría de las áreas concéntricas basado en la Ecología Urbana o la de Walter Christaller que elabora la teoría de los lugares centrales, asumiendo que allí donde se prestan más servicios se acercan las personas para obtenerlo. Sin embargo será la teoría del Lugar Central de August Lösch la que incorporará cimientos para debatir sobre los conceptos de “Región”, “Áreas”, “Sectores” y “Zonas”.

El debate actual en el urbanismo es respecto del modelo de urbanización imperante para el caso de la Región Metropolitana de Buenos Aires. Su característica es la reconversión de suelo rural en urbano articulado por las redes de transporte. Su resultado, una tendencia a una urbanización cada vez más extensas, consolidando centros y subcentros densificados que maximizan los beneficios de la urbanización, y periferias extensas con bajo grado de desarrollo y mayores costos para garantizar infraestructuras de servicios.

El debate es entre ciudad compacta y ciudad difusa y muestra como resultado de proceso sociotecnológico de hacer urbanidad. La metrópolis posee características de ciudad compacta agrupando actividades en base a las diversas ofertas de transporte público, situación que se constata en algunos centros y subcentros de cada localidad (además de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires), y simultáneamente de ciudad difusa donde la baja oferta de transporte público y la extensión hace compleja la sustentabilidad de la vida cotidiana (salvo los casos de suburbanización de élites en barrios cerrados).

Nótese que en Buenos Aires seguimos hablando de coronas como elemento de explicación del conurbano, concepto que no permite explicar porque es muy diferente vivir en el barrio de Florida en Vicente López o en el barrio de Villa Fiorito en Lanús, ambos a la misma distancia geográfica con el centro de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y con el centro de su partido en Provincia.

En el discurso político se mencionan las coronas como equivalentes a las secciones electorales y se menciona al conurbano profundo como aquel que pertenece a la segunda corona donde alguna fuerza política prevalece, asociando situaciones de pobreza, marginación, inseguridad, segregación, entre otros conceptos con la distancia al centro. El conurbano como el lugar donde viven los famosos “cabecitas negras” del discurso peronismo-antiperonismo de los años sesenta y setenta del siglo pasado.

 

Problematizando la Región Metropolitana de Buenos Aires

El entorno territorial que conocemos como Región Metropolitana de Buenos Aires conforma una región esencialmente heterogénea y policéntrica interjurisriccional (Vapñarsky, 2004) en donde conviven la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el llamado conurbano bonaerense, es decir los partidos adyacentes de la Provincia de Buenos Aires que complementan el ejido metropolitano y convierten a la región en una gigantesca mancha urbana que alberga más de 14 millones de habitantes y que generan más de 20 millones de viajes diarios en sus diversas movilidades.

El conurbano es al mismo tiempo, concepto e imagen. Siguiendo a Ramiro Segura (2015) la expansión urbana producto de las migraciones internas, los cambios en el mercado inmobiliario y la masificación del transporte automotor, permitió un novedoso movimiento de repliegue de la ciudad de Buenos Aires sobre sí misma. La temprana construcción de la avenida General Paz en 1936 constituyó una marca material que comenzó con la separación entre capital e interior, performatizando “otra Buenos Aires” diferente al ideal de ciudad europea con la que procuró forjar su identidad, pero simultáneamente generó otra forma de ser ciudad fuertemente diferente al interior. Así, a partir de la General Paz los círculos o anillos que luego se llamarán coronas para su caracterización van reemplazando progresivamente las imágenes de “mancha de aceite” y la idea de “pulpo” propias del período de expansión de la urbanización siguiendo las trazas ferroviarias y fortaleciendo los alrededores de ciertas estaciones suburbanas.

¿Cuál sería esa pretensión o mejor dicho cómo se construye esa aparente identidad? Las identidades se van conformando a partir de relatos, creencias y saberes que se consolidan a través del tiempo, sin embargo, como toda narrativa es contingente, eventual, histórica y coyuntural, siendo el “gran” esa franja de frontera que envuelve a la urbe principal, es entonces suburbio, aquello que está más allá de la ciudad. Generalmente los suburbios occidentales están asociados con el auge, la decadencia y, en ciertos escenarios, con la posterior reconfiguración del mundo del trabajo, que en el caso particular de Buenos Aires está vinculado a su actividad industrial y de servicios. Por lo tanto, reconstruir esta supuesta identidad requiere recorrer la historia urbana y social de este particular territorio (Kessler, 2015).

Pareciera necesario debatirse entre dos miradas: una que observa al conurbano como un territorio de integración social y cultural popular, apropiada para narrar el origen, desarrollo y consolidación de la urbanización más allá de la General Paz de mediados del siglo XX; y otra más contemporánea que lo caracteriza como un territorio signado por déficits y carencias, producto de la desintegración de la matriz societaria prevalente durante el cambio de milenio. Así imágenes de pobreza y desigualdad se acentúan en pares espaciales tales como los barrios marginales y las urbanizaciones privadas, configurando territorios asolados por la inseguridad y el temor. Evocan a territorios segregados, polarizados socialmente, conformados por nichos de alta homogeneidad social interna, pero muy diferentes y desconectados unos de otros, con una débil vida social y cultural local.

En el conurbano bonaerense su identidad es construida desde el exterior ya que raramente los habitantes de los múltiples municipios que lo componen se reconocen y perfomatizan como tales, sino que más bien responden a los barrios y eventualmente a los municipios como categoría de pertenencia. Una mirada actual probablemente congregará atributos con valores negativos o conflictivos vinculados al devenir de los suburbios en los últimos tiempos de la realidad argentina. Adrián Gorelik (2015) la define como una muralla de prejuicios que la opinión pública presenta al Gran Buenos Aires como una suerte de Far West violento y peligroso. Un suburbio en proceso, con diversos grados de urbanización y de vida social, económica y cultural, con carencias propias de lo “aún no completo” que se imagina en oposición mítica a la ciudad de Buenos Aires “ya completa”, con sus límites precisos y prácticamente totalmente densificada. Una cintura amenazante.

Caracterizar a la región metropolitana implica entonces pensar sus dinámicas en torno a segmentaciones o recortes territoriales con ciertas pretensiones de homogeneidad y al mismo tiempo con su particularidad, con sus diferencias, presupone identificar patrones de movilidad, diferenciar la distribución modal resultante, las condiciones de conectividad entre espacios urbanos, las potencialidades de accesibilidad tanto económica, social como cultural, así como observar las condiciones de sustentabilidad y sostenibilidad de los modelos urbanos resultantes en donde la movilidad de las infraestructuras del transporte y la mutabilidad de los usos del suelo configuran y reconfiguran los ejidos urbanos.

Esa construcción sociohistórica de la urbanidad de aquello que llamamos Región Metropolitana de Buenos Aires requiere analizar los diversos patrones espaciales que fueron necesarios para su conformación actual.

Los procesos de estructuración espacial están relacionados con los periodos de cambios económicos, demográficos, sociales y políticos que afectan el desarrollo metropolitano, dirá Torres en su Mapa Social de Buenos Aires (2006). Los procesos de suburbanización comienzan en la década del ’40 donde se iniciaría un primer periodo de expansión, luego existe un segundo periodo entre 1940 y 1960 donde se producen grandes cambios, el tercer periodo es abarcado entre los ’60 y los ’80 donde dejan de tener continuidad los procesos socio-espaciales anteriores para dar paso a un último periodo caracterizado por un cambio y el surgimiento y afianzamiento de nuevas tendencias.

Si nos concentramos en la primera etapa, a partir del proceso de industrialización por sustitución de importaciones volcada hacia el mercado interno, la segregación está definida por las diferencias en los sectores urbanos (norte, oeste, sur) y no tanto por las diferencias radiales (centro-periferia). Respecto del transporte urbano, hacia la década del ’30, en la Ciudad de Buenos Aires funcionaban los tranvías eléctricos, había tres líneas de subterráneo y varias líneas de colectivos. En la segunda etapa, es cuando se observa el verdadero crecimiento metropolitano concentrado en la zona periférica configurándose así una nueva estructuración espacial diferente de la anterior. Esta reestructuración interna está relacionada con el nuevo contexto político de inclusión de masas trabajadoras que consumen, donde el Estado incrementa su papel interventor en un mercado interno productor de bienes y servicios. El ferrocarril se nacionaliza en 1948, y aunque no se logre lo mismo con la corporación de Transporte de la Ciudad de Buenos Aires, si se avanzó en la expansión de líneas de colectivos. Esta expansión es un reflejo del cambio en los hábitos en la tenencia de la propiedad, hacia la densificación de estos nuevos subcentros. La posibilidad de acceder a un loteo económico fue posible también gracias a la reducción de la jornada laboral, que favoreció la posibilidad de nuevos desplazamientos de los trabajadores hacia su lugar de residencia alejados de la CABA, principal locación de los empleos. Por otra parte, la ley de congelamiento de alquileres y la ley de propiedad horizontal favoreció la densificación de ciertas zonas y barrios de la Capital.

En el tercer periodo, iniciado en la década del ’60, muestra una desaceleración del crecimiento y una inestabilidad institucional que desmanteló los mecanismos de subsidios que caracterizaron la época anterior. Un nuevo discurso es admitido por el Estado, opuesto a participar en estrategias de ordenamiento territorial. Los principales cambios en la estructura urbana que se evidenciaron fueron: el surgimiento de ‘’Asentamientos’’ coexistiendo con las ‘‘Villa Miseria’’, procesos de urbanización de grupos de elites y el acrecentamiento de las tendencias hacia el deterioro central: ‘Hoteles pensión’’, ‘‘Villas’’, ‘‘Casas tomadas’’.

En el último periodo, el peso de la población de CABA disminuye, en relación al nivel nacional, sin embargo, el peso de la población en Villas se incrementa, reflejo de las políticas económicas excluyentes. En la RMBA, el crecimiento se concentra en la segunda corona. Los procesos de suburbanización se evidencian en la ocupación de espacios en zonas con presencia de autopistas radiales que comuniquen con otras rutas de fácil acceso para sectores de altos ingresos. A su vez, la disminución en el subsidio en el transporte público que se iba evidenciando a partir de 1960, muestra una posible causa para explicar el agotamiento del modelo de suburbanización. A su vez, la ausencia de políticas públicas urbanas ‘explícitas’ y el surgimiento de nuevos códigos de uso del suelo y de edificación que regulan la especulación que existía detrás de los loteos, frena la expansión y favorece esta situación.  

En general los patrones espaciales de expansión generan una urbanización de baja densidad, que va desde el asentamiento informal en bordes o zonas depreciadas, planes de vivienda social, al desarrollo inmobiliario de determinados usos de suelo intensivo –residencial, industrial o comercial-. Todos ellos generan situaciones de ciudad difusa generando deseconomías urbanas que exigirán mayores inversiones para garantizar los beneficios de la vida urbana. Como las distancias son mayores por la extensión se requieren un transporte motorizado, pero como las densidades son bajas se privilegia el transporte privado por sobre el público.

 

Algunos datos de la movilidad en la Región en relación a los conceptos de corona y corredor

Susana Kralich (2016) argumenta que, en la Argentina, como en casi toda América Latina, es habitual el uso indistinto y alternado de las expresiones, área o región metropolitana, para referirse al conjunto de distritos que conforman, tanto la ciudad metropolitana (criterio funcional), como la Gran Ciudad (criterios físico-jurídico), sea la tradicional, y/o la extensa.

Siguiendo con la definición de Kralich, se puede “determinar la composición de la región metropolitana adicionando al conjunto que compone el área metropolitana, los distritos cuya urbanización, aunque discontinuada de la trama, se vincula mediante flujos cotidianos de distinta índole con el aglomerado y/o con la ciudad central, así como, por idéntico motivo, las zonas de explotación primaria y abastecimiento (horticultura, avicultura, floricultura, etc.) e incluso espacios baldíos, en general vinculados a la especulación inmobiliaria” (2016: 51).

Debido a esta relación funcional creemos que para el estudio del transporte debe ser utilizada el recorte territorial que llamamos Región Metropolitana de Buenos Aires, que incluye a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y a 43 partidos de la Provincia de Buenos Aires.

Dentro de la Región Metropolitana habitualmente se distinguen también los cordones o coronas, una serie de anillos sucesivos ubicados según su proximidad alrededor de la Ciudad de Buenos Aires, es decir marcando su distancia radial hacia el centro del poder territorial. Esta clasificación supone una cierta homogeneidad para cada uno de ellos, resultado de los distintos momentos en que se desarrollaron a medida que se extendía el aglomerado, sus condiciones habitacionales, la infraestructura presente y la densidad de población, actualmente se distinguen cuatro cordones desde la Av. General Paz hasta Ruta Provincial 6.

Comparemos el comportamiento de los pasajeros en el sistema de movilidad a partir de la distribución modal, es decir, entre los diversos modos empleados para movilizarse. A medida que nos alejamos del Centro el peso del transporte público disminuye sensiblemente, casi inversamente proporcional con el aumento del transporte privado propio. La segunda corona es paradigmática ya que es donde el FFCC brinda el mejor servicio. Las bicis se usan más cuanto más lejos del centro se habita, aunque paradójicamente la inversión en ciclovías y bicisendas se hace en determinadas zonas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Las combinaciones se usan más cuanto más céntricas (Dmuchowsky y Velázquez, 2016).

Desde el punto de vista de la movilidad interesa también la segmentación en corredores (Ortiz, 2011). Esta distinción tiene su origen en la forma particular en que se produjo el proceso de urbanización, es decir, en la forma que los dispositivos de transporte y movilidad permitieron que la ciudad se fuese urbanizando, captando terrenos rurales. Desde una perspectiva histórica podemos distinguir períodos en que los corredores estaban articulados en el período hispánico por las postas y rutas de carretas, en el período de consolidación de la Nación por el ferrocarril en las líneas suburbanas, durante el siglo XX se fortalecen con las vialidades principales en avenidas y rutas para su utilización por los automotores y colectivos urbanos, y por último por la consolidación de las autopistas de acceso a la ciudad del reciente período neoliberal (Velázquez, 2013).

Así un corredor es un conglomerado de infraestructuras de movilidad compuesto por calles, avenidas, autopistas, y vías férreas que canalizan los flujos de personas y bienes, pero también redes de fibra óptica, ductos de agua y gas, tendido eléctrico que permiten el abastecimiento urbano y el traslado de información en el territorio.

Siguiendo a Andrea Gutiérrez y Susana Kralich (2005) se pueden identificar tres ejes principales (Norte, Oeste y Sur) y tres intersticiales (Noroeste, Sudoeste y Sudeste) siempre haciendo hincapié en los movimientos radiales. Estos corredores presentan características diferenciadas respecto del nivel de ingresos y densidad de población. En el corredor norte predominan los ingresos medios altos y altos, en el oeste los ingresos medios y en el sur los ingresos medios bajos y bajos. En las áreas intersticiales coexiste población de ingresos diversos. La densidad se relaciona a su vez con el concepto de cordón o corona ya que cuanto más alejado se está del centro menos densidad se encuentra.

El corredor Norte tiene su eje en la Autopista Panamericana y los ramales ferroviarios del Mitre y Belgrano Norte; el corredor intersticial del Noroeste eje en la Ruta 8 y los ferrocarriles San Martín y Urquiza; el corredor Oeste se organiza con la Autopista del Oeste y los ramales ferroviarios del Ferrocarril Sarmiento y Belgrano Sur ramal a Marinos del Crucero General Belgrano; el corredor  intersticial Sudoeste con eje en la Autopista Ricchieri y su continuidad con la Autopista Ezeiza-Cañuelas y los ramales ferroviarios del Belgrano Sur a González Catán y del Roca a Ezeiza: el corredor Sud articulado por el ferrocarril Roca a Glew y por las avenidas principales de los partidos por los que transita; y el corredor intersticial y extremo sudoeste consolidado por la autopista Buenos Aires-La Plata y por el ferrocarril Roca a La Plata.

Por último, se pueden identificar corredores transversales que comunican a estos corredores radiales con mayor o menor grado de consolidación según la distancia respecto de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la existencia de infraestructura ferroviaria y vial. El ejemplo clásico es la Avenida General Paz que articula casi todos los corredores en el límite jurisdiccional de la ciudad principal. Así los anillos de circunvalación podrían ejercer este rol de corredor transversal. Tal vez la preponderancia política y económica del pensamiento radial de que todo confluye en el centro y el puerto les reste importancia simbólica y explique por qué muchas obras de integración entre corredores muy lentamente se realizan (repavimentación Ruta Provincial Nro. 6; jerarquización Ruta Provincial Nro. 4; y realización de Autopista Presidente Perón como continuidad de la Autopista del Buen Ayre).

En materia ferroviaria solo existe vinculación entre los corredores Oeste, Sudeste y Sur por el ramal del Roca Haedo-Temperley y en menor medida por el ramal del Sarmiento Merlo-Lobos; entre el Sud y Sudoeste por ramal Circuito; y potencialmente podría realizarse entre Oeste y Noroeste (ramal Haedo-Caseros). Estos experimentos ferroviarios vieron su luz cuando el Puerto de La Plata nacía y prometía competir por las cargas con el Puerto de Buenos Aires, hecho que no pudo plasmarse en el tiempo, no obstante, hoy permitiría complementar y compensar el sistema de puertos de la metrópolis.

Vamos el comportamiento por corredores de la distribución modal.

Si comparamos entre corredores observamos un peso mayor del transporte público el Centro (Microcentro de Ciudad Autónoma de Buenos Aires); los corredores Norte, Noroeste y Oeste con mayor aporte automotor; la primacía de la movilidad peatonal en Sur, Sudoeste y Noroeste. Las bicis se usan mayormente en la provincia y las combinaciones se dan en el centro donde confluyen la mayoría de los modos (Dmuchowsky y Velázquez, 2016).

El estudio de la movilidad siguiendo la segmentación por corredores permite analizar ciertos patrones a partir de los cuales se explican los movimientos siguiendo la lógica radial y de vinculación transversal, sin embargo cuando nos preguntamos respecto a la movilidad al interior de dichos corredores o por partidos, encontramos que la situación es diferente. La mayoría de los movimientos en los partidos del conurbano se dan hacia el interior de los mismos, en torno al 90% o superándolo (Dmuchowsky, 2019), y en segundo lugar hacia destinos dentro del corredor donde se inserta el municipio o hacia corredores lindantes. Siguiendo la idea planteada anteriormente, a medida que nos alejamos del corredor centro (comunas del macrocentro porteño) hacia la periferia, se incrementa la participación de los modos no motorizados o activos, con lo cual se explicarían en parte estos patrones donde los movimientos se evidencian en el interior de los partidos principalmente. A su vez, la configuración del transporte público automotor muestra la presencia de mayor cantidad de líneas municipales y provinciales que brindan cobertura en relación a la participación de líneas nacionales, y surgen servicios informales como los remises, chárter o nuevas plataformas dentro de la economía colaborativa como uber, para suplir las vacancias socioterritoriales de cobertura de transporte. (Gutiérrez, 2012)

 

A modo de conclusión

Cuando estudiamos el sistema de movilidad y la configuración socioespacial, encontramos que el transporte público en general sigue teniendo un gran peso, sobre todo el empleo del colectivo. En CABA se observa como el transporte público sigue siendo relevante mientras que cuando miramos los datos de la segunda y tercera corona, el transporte público aparece equiparado al privado y va disminuyendo mientras que el no motorizado incrementa su participación.

Si el análisis se hace por corredores, se observa cómo crecen los indicadores de transporte privado a medida que se aleja del centro hacia la periferia, ya que la configuración territorial al ofrecer una estructuración basada en autopistas favorece el empleo de estrategias privadas, complementado a su vez por la baja cobertura de transporte público.

En cuanto a la cobertura de servicios públicos, esta sigue la configuración monocéntrica de los servicios de transporte, la participación del público es fuerte, sin embargo, si el análisis se hiciera en forma transversal, la vinculación entre corredores muestra una deficiencia en cobertura.

Con la información relevada a través de las encuestas origen-destino, y los datos que se logran construir a partir de las misma, permiten analizar la lógica con la que se produce la movilidad en la RMBA y con el estudio de la cobertura es posible extraer conclusiones que den cuenta respecto de la relación existente entre las elecciones de los viajantes, sus derechos en relación a esta toma de decisiones y las ofertas disponibles de servicios que las condicionan.

De esta manera, estos datos confirman que la configuración de los servicios de transporte sigue siendo radiocéntrica, fomentando dicha distribución, pero al relevar el carácter intersticial de los corredores, las estrategias varían, con lo cual, se puede establecer que en relación a la participación que pueden tener los usuarios del transporte en el ejercicio de sus derechos a la movilidad, pueden hacerlo en tanto su movilidad sea radiocéntrica, sin embargo, al plantearse una movilidad transversal las posibilidades de cobertura se vuelven más complejas.

Por otro lado, también se muestra como la distribución no motorizada o activa sigue siendo elevada, con lo cual indicaría la importancia de fomentar la construcción de espacios peatonales o de habilitación de espacios para circulación no motorizada en los municipios.

La oferta del Estado debería centrarse en la construcción de estructuras que faciliten la configuración de movilidades hacia el interior de los municipios, donde se llevan adelante la mayoría de los viajes no motorizados, así como el fomento de la movilidad transversal, dotando de mayor cobertura e infraestructura correspondiente.

 

(1) Maximiliano Augusto Velazquez – maxovelazquez@gmail.com

Sociólogo y especialista en Planificación Urbana y Regional de la Universidad de Buenos Aires. Docente de grado y posgrado en la Universidad de Buenos Aires, Universidad de la Marina Mercante y la Escuela Superior Técnica del Ejercito Argentino. Es Investigador del Centro de Estudios de Transporte Área Metropolitana del Instituto Superior de Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires y del Programa Interdisciplinario de la Universidad de Buenos Aires en Transporte. Fue miembro del Comité Ejecutivo de la Red Universitaria de Transporte de la República Argentina. Es miembro de la International Association for the History of Transport, Traffic and Mobility (T2M). Es consultor gubernamental de movilidad y transporte en diversas jurisdicciones gubernamentales. Sus áreas de interés son la planificación de la movilidad, los estudios de tecnologías e infraestructuras y la logística intermodal de cargas.

(2) Jimena Dmuchowsky –  jimena.dmuchowsky@gmail.com

Licenciada en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires. Maestranda en Planificación Urbana y Regional (FADU/UBA) y Doctoranda en Urbanismo en la FADU-UBA con una beca interna doctoral CONICET.  Forma parte del equipo de investigación del Centro de Estudios del Transporte del Área Metropolitana (CETAM – FADU/UBA) y del Instituto Multidisciplinario de Historia y Ciencias Humanas (IMHICIHU). Es docente de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Nacional de San Martín. Ha participado en congresos y jornadas nacionales e internacionales y ha publicado artículos en revistas y libros especializados. También se ha desempeñado como asesora técnica en el Ministerio de Transporte.

Bibliografía

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Los establecidos sin poder de grupo. Viejos loteos y nueva pobreza en el conurbano bonaerense

Por Santiago Nardin (1)

Caín: ¿Soy lo celeste y elige lo negro? / ¿Soy desvelo y elige el sueño…?

Soy lo hecho y elige a lo echado/ Soy prendario y elige lo desprendido.

Soy botón y elige el ojal/ Soy sombra y elige al asombrado.

Soy el juicio y elige al pleito/Soy regla y elige al regular/ Soy negocio y elige al ocio.

Soy uso y elige abuso/ Soy el mundano y elige al inmundo.

Soy la derecha y elige la torcida

¡Entonces, concha, no hay ley ni juez! ¡No hay mundo futuro, ni recompensa para el justo, ni castigo para el malhechor!

¡Por Dios! ¿Yo hago todo lo que se debe y él no lo pone en el haber? ¿Rindo para aprobado y aprueba al réprobo?

¡Una ley, concha! ¡Exijo una ley!

Terrenal, Mauricio Kartun

 

Dos oposiciones suelen resumir al conurbano. La primera, aquella que lo identifica con la periferia difusa de un centro integrado, resultado de la dinámica que asumió su expansión tentacular sobre una de las tierras más productivas del mundo. Dentro de este territorio dualizado, una segunda oposición señala los contrastes violentos que alojan sus márgenes: el tercio de la población que vive en la pobreza -entre los cordones industriales que empujan la economía argentina- libra una competencia desigual por el espacio urbano contra una elite crecientemente autosegregada.

Otros contrastes menos visibles surcan el conurbano. Contra la imagen aplanada que homogeneiza a los sectores populares y los define por su oposición respecto de los sectores integrados, es posible rastrear múltiples tensiones entre las fracciones que conforman a la heterogénea clase trabajadora y sus prácticas de producción del hábitat.

Como parte de un trabajo de investigación, docencia y extensión que llevamos adelante en la zona de San Francisco Solano (2), estudiamos las relaciones entre dos barrios populares espacialmente próximos pero cuya génesis remitía a procesos y temporalidades diversas; allí exploramos las distancias morales que los residentes de un viejo loteo “pirata” de los años sesenta experimentaban con los habitantes de un asentamiento resultado de una toma de tierras que había tenido lugar en plena crisis a fines de los años noventa.

 

El modelo de loteo popular

Entre comienzos de siglo xx y los años setenta, el desarrollo de la pequeña propiedad fue el factor decisivo de la acelerada suburbanización por fuera de la regulación del mercado formal de tierras o de la planificación territorial. Los desarrollos proliferaron en las zonas lindantes a las estaciones de tren o siguieron el trayecto de los colectivos que favorecieron la ocupación de espacios intersticiales entre ramales ferroviarios. Diego Armus y Ernesto Boholavsky (2015) identifican cuatro procesos que resumen las estrategias de los sectores populares para resolver el problema de vivienda en el Gran Buenos Aires: las casas y edificios construidos por empresas, las viviendas construidas por el Estado, los asentamientos de emergencia y la autoconstrucción. Esta última fue la más relevante: la construcción de viviendas a partir del fraccionamiento de espacios anteriormente destinadas a uso rural o que habían permanecido desocupadas entre las vías ferroviarias fue el proceso que permitió que amplios sectores suburbanos se convirtieran en propietarios. Aquí el Estado jugó un rol subsidiario –o intervino por omisión– al dejar actuar a los comerciantes inmobiliarios que ofrecían facilidades de pago para que los compradores accedieran a los lotes que, en muchas ocasiones, contaban con deficientes condiciones de habitabilidad. Frente a las dificultades de acceso a los servicios y las fuertes carencias en materia de agua corriente, desagües, luz, pavimento, escuelas o centros de salud, entre otros problemas, se ensayaron soluciones individuales y acciones concertadas de los vecinos que suplieran la presencia cuanto menos deficitaria del Estado.

Dicho asociacionismo jugó, por lo tanto, un rol fundamental: favoreció el desarrollo de diversas prácticas de sociabilidad, que forjaron liderazgos locales y definieron las características de las relaciones entre sociedad civil, política e instituciones del Estado (3). Los clubes sociales, las sociedades de fomento, las bibliotecas, las asociaciones de origen son algunas de las instituciones que se crearon en este período. En la lectura que realizan Armus y Boholavsky, este asociacionismo era socialmente heterogéneo y se hallaba atravesado por un igualitarismo que era el resultado de carencias y aspiraciones de movilidad social ascendente compartidas.

Al calor de la industrialización sustitutiva de los años peronistas se fue desarrollando una urbanización periférica a la Ciudad de Buenos Aires que era jalonada por las migraciones internas. El conurbano bonaerense se fue poblando mayoritariamente de viviendas autoconstruidas en lotes financiados en cuotas, apuntalado por la disponibilidad de crédito a largo plazo para sectores medios y medios bajos, además del ahorro personal (facilitado por el congelamiento de alquileres) y préstamos privados de corto plazo. El Banco Hipotecario ofreció créditos que facilitarían el acceso a la casa propia; sin embargo, su incidencia se concentró más en la compra de materiales y marginalmente en la compra en cuotas de los lotes.

Así, la urbanización era dinamizada por el sector inmobiliario que compraba y fraccionaba la tierra por lo que obtenía rentabilidades significativas, mientras que el Estado desarrollaba, más lentamente, una trama irregular de servicios e infraestructura. Bajo los gobiernos peronistas (1943-1955) se definieron normas de subdivisión y uso de suelo, se organizaron catastros, se ofrecieron créditos que expandieron el mercado de tierra y vivienda para las clases populares (ley de Propiedad Horizontal de 1948, y ley de Venta de Lotes en Mensualidades de 1950) y se desarrolló la construcción directa por parte del Estado. La vivienda, además, adquirió el estatuto de derecho al ser consagrado en la Constitución de 1947 (y, posteriormente, mantenido en el artículo 14 bis).

Sobre esta dimensión material de la producción del hábitat popular en el conurbano bonaerense, Denis Merklen (1997) señala la constitución de un sector social específico, con sus criterios de justicia y sus pautas de sociabilidad. El lote condensaba el logro de un esfuerzo personal realizable, uno de los pilares de aquella identidad obrera del mundo nacional-popular estructurada entre el trabajo y la casa. Se trataba, efectivamente, del acceso a una tierra que en ocasiones era inundable o de mala calidad, alejada de los lugares de trabajo o con mala conectividad, pero cuya legalidad contrastaba con lo que sucedía en el resto de la región.

La declinación de este modelo de acceso a la tierra y la vivienda en el conurbano bonaerense implicó, entonces, la crisis de una forma de sociabilidad y la puesta en cuestión de un conjunto de roles legítimos que encarnaban los trabajadores de bajos recursos. Este proceso tuvo lugar a mediados de los años setenta, cuando cruje el triángulo conformado por una legislación laxa, trabajadores con buen salario y cierta estabilidad, y sólidas ganancias para los sectores inmobiliarios. En diciembre de 1976, la dictadura militar –que gobernaba el país desde marzo de ese año– prohíbe el loteo en la Provincia de Buenos Aires y, en octubre de 1977, sanciona la ley de Ordenamiento Territorial n° 8912 que fija la necesidad de proveer loteos con la infraestructura urbana (agua, luz, cloacas, desagües) e incrementa el precio del suelo urbano. Otras políticas aplicadas en la Ciudad de Buenos Aires también impactaron significativamente: la ley de Locaciones Urbanas (junio de 1976) permitió la liberación gradual de los alquileres congelados; la promulgación del Código de Planeamiento Urbano fijó restricciones para la utilización del suelo urbano apto para la edificación que aumentó aún más el precio; las políticas de erradicación de villas de la Ciudad en julio de 1977 y la destrucción de viviendas para la construcción de autopistas (Izaguirre y Aristizábal, 1988; Oszlak, 1991; Yujnovsky, 1984).

Establecidos y marginados

En su trabajo clásico sobre la relación entre establecidos y marginados, Norbert Elías (2016) observaba que aquellos recién llegados debían aceptar su inclusión en un grupo “de menor virtud y respetabilidad” como una caracterización impuesta por los grupos de más años de residencia en el lugar. La fuente de la diferencia de poder entre ambos grupos radicaba en los diferenciales de cohesión e integración: la mayor cohesión –derivada de los años de conocimiento a través de generaciones– les permitía movilizar mecanismos de control comunitario, recursos de los que no disponían aquellos residentes más nuevos, quienes eran extraños no sólo respecto de los viejos residentes, sino entre ellos mismos.

La antigüedad de residencia, por lo tanto, se traduce en un diferencial de poder en la medida en que los grupos dominantes controlan las instituciones comunitarias (o crean otras nuevas), que les brindan recursos materiales y simbólicos y cuyo monopolio utilizan para excluir al grupo marginado y reafirmar la propia identidad. Las relaciones entre unos y otros se regulaban a través de diversos mecanismos de control social formales e informales, entre los cuales el rumor constituía uno de los más efectivos para gestionar los contactos entre los grupos con diferentes status.

 

Ahora bien, ¿qué sucede si un grupo no logra convertir la antigüedad de residencia en un diferencial de poder? ¿Si las instituciones que conforman en sus orígenes languidecieron, sino directamente han dejado de existir? ¿De qué manera elaboran subjetivamente su vínculo con un grupo de vecinos nuevos, a quienes definen con atributos estigmatizantes y cuya presencia impugnan? Estas preguntas ordenan nuestra aproximación a las sociabilidades interbarriales en la periferia del conurbano.

Recordemos que, en su configuración tradicional, la pobreza era concebida espacialmente como un enclave –la “villa”-, un territorio depositario de un conjunto de atributos desacreditadores. A partir de los años ochenta, sin embargo, surgieron otras manifestaciones espaciales asociadas con la “nueva pobreza”, una categoría que se acuñó para dar cuenta de las consecuencias sociales y económicas de las políticas de la dictadura militar sobre fracciones de la clase trabajadora (auto)identificadas como perteneciente a los sectores medios (4). En esta nueva configuración, la pobreza dejó de ser un enclave ya que comenzaron a disolverse límites materiales y simbólicos en torno a los cuales se estructuraban prácticas espaciales y habitacionales que se representaban como diferentes.

La pregunta sobre cómo sectores que comparten una misma realidad habitacional imaginan sus diferencias constituye un interrogante sustancial para estudiar las sociabilidades conurbanas. La antropología realizó significativos aportes al poner en cuestión la asociación mecánica entre espacio y grupo, y con ello desnaturalizar las relaciones entre distancias físicas y sociales. El problema que nos interesa remite al modo en que sujetos que experimentan grandes distancias morales gestionan la proximidad espacial con estos otros. En un estudio sobre un complejo de vivienda social en la Ciudad de Buenos Aires, Girola (2013) se interesó por el proceso por medio del cual –desde la perspectiva de sus residentes– el complejo de viviendas había devenido una “villa en altura”, y las consecuencias sobre las sociabilidades, que eran leídas bajo la etiqueta de una “homogeneidad promiscua”. Las diferencias socioculturales y la cercanía espacial redundó en un creciente temor a la contaminación y la necesidad de regular la diferencia no deseada en un contexto de proximidad impuesta, que se cristalizó en una serie de operaciones: el establecimiento de clasificaciones internas, la invocación a un contraste entre un pasado venturoso y un presente desafortunado, el énfasis en los arreglos de las viviendas (mostrando la diferencia entre vecinos negligentes y cuidadosos), el relacionamiento lejano, el énfasis en la esfera doméstica y la construcción de relaciones “por fuera”.

“Esta calle figura asfaltada”

Aunque los primeros loteos comienzan a desarrollarse en 1943, el nacimiento formal del barrio La Paz data de 1951 cuando la sociedad de fomento local presentó su inscripción en los registros municipales. Alicia Esther es el resultado de un pequeño loteo irregular en los fondos del barrio La Paz que surge en la década del sesenta y se localiza en el sector más alejado de la avenida Donato Álvarez, –la principal vía comercial por la que circulan gran cantidad de líneas de colectivos que van hacia la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La calle 895 –denominada Emilio Torre–, que constituye el límite formal con El Tala, es una vía asfaltada de dos manos por la que circulan algunas líneas de colectivos municipales. Para un visitante ocasional, no existen diferencias visibles entre ambos barrios, las características de los lotes y las viviendas son similares: terrenos amplios y casas en su mayoría de material, terminadas, con algunas edificaciones en curso hacia arriba o en el fondo del lote; también pueden observarse algunas pilas de ladrillos, arena y otros materiales de construcción.

Entre los habitantes de este viejo loteo la mayoría son herederos, -hijos o nietos de fundadores que llegaron al barrio con los primeros loteos-, y compradores, aquellos que llegaron poco tiempo después, cuando la urbanización ya se encontraba más desarrollada. Sus relatos condensan una evocación nostálgica en torno al momento fundacional que exaltan los atributos de sus protagonistas en contraposición con las formas de relacionamiento actuales; frente a lo que consideran el “yoismo” imperante en la actualidad, resaltan las cualidades de aquella generación: la solidaridad, el ascetismo y la laboriosidad.

El dilema alguno de estos habitantes podría resumirse en las dificultades para concretar exitosamente el tránsito de comprador a propietario (5). Imposibilitados de afrontar los costos de escrituración por su precaria condición laboral, intentan con amargura transitar la vía de la diligencia estatal; sin embargo, las oficinas municipales resultan un ámbito ajeno y poco inteligible.

Rubén: Algunos [vecinos] tienen pero pagaron ellos la escritura, yo no pude, al no tener un laburo fijo entonces… y está la posibilidad de que la municipalidad te lo haga, pero… ese es otro punto, me parece que te tardan muy mucho, es como en otros tiempos que para ponerte un teléfono tenías que esperar dos años, tres años. Yo le pregunto [a una empleada municipal] “¿Por qué tardan mucho, señorita?”, y ella dice: “Yo, en su lugar, pensaría lo mismo, pero acá eso no es mucho, es poco” (…) Hay muchos que están, cómo te puedo decir, como estoy yo, en el aire. Tengo antigüedad, pago mis servicios, todo, pero hay cosas que no pago a mi nombre, pago la luz, el teléfono, el agua a mi nombre, pero los gastos municipales, yo pago a nombre de otras personas que supuestamente eran dueños, después se fueron.

La espera, como observó Auyero (2013), es una dimensión central para comprender el vínculo de los “pobres” con el Estado por cuanto modula las relaciones de dominación al combinar momentos de incertidumbre y arbitrariedad; por medio de la espera, paradójicamente, quedan “atados al Estado”. Lidiar con las oficinas de públicas destinadas a la asistencia implica, a su vez, el manejo de un determinado “saber hacer” y, junto con ello, una cierta disposición subjetiva a participar de esas relaciones.

La frustración que experimenta Rubén, por ejemplo, como resultado de un tránsito fallido por las oficinas públicas se inscribe en una suerte de rechazo a estas prácticas inherentes al “brazo asistencial” del Estado, así como también a la predisposición subjetiva que se le requiere a quienes se acercan a estas dependencias.

Otra expresión recurrente en estos entrevistados para ilustrar las dificultades para acceder a la titulación es la de “estar en el aire”, que indica una ubicación tan distante de la vía mercantil como de la estatal para concretar el tránsito de comprador a propietario.

Ahora bien, las impugnaciones acerca del modo en que las instituciones públicas y los políticos atienden las demandas en torno al hábitat y la vivienda no se limitan al problema de la titulación. En los relatos de algunos habitantes de Alicia Esther, hay recurrentes valoraciones acerca del estancamiento en el que se encuentra el barrio como resultado del abandono estatal, que habría privilegiado la realización de obras en otros barrios, los cuales, en menos tiempo, lograron importantes mejoras.

Esta red de sentidos y valoraciones se condensa en el mito de la calle asfaltada. Un rumor de circulación activa y origen indeterminado, de acuerdo al cual las calles de tierra –especialmente aquellas sobre las que viven quienes lo difunden– figuran como asfaltadas en un plano de alguna dependencia municipal. La controversia involucra una sospecha sobre el destino de los recursos que habrían sido asignados para dicha obra y que se especula que fueron desviados a otros propósitos desconocidos.

Leticia: Acá no hicieron el asfalto. En todos lados menos acá la calle tiene un mejorado. Por ahora me gustaría un mejorado, porque desde que vine acá todos los años están por asfaltar. Figura como asfaltada incluso.

Entrevistador: ¿Figura como asfaltada?

Leticia: Figura como asfaltada, pero todos los años es promesa.

Entrevistador: ¿Y los vecinos no se juntaban por ese tema?

Leticia: Sí, se juntaron. Nosotros hicimos un mejorado al poco tiempo que vinimos, entre todos los vecinos, fue el primer mejorado que se hizo, con brea y después se echó a perder.

Ana: El único problema que vas a encontrar y la queja en este barrio es que nunca nos hicieron asfalto… Pasaron gestiones y gestiones y nunca nos hicieron el asfalto. Acá hicieron todo bitumé a la redonda. Desde que yo nací esto figura avenida, que hace la unión con 12 de Octubre y Donato Álvarez. O sea, el intendente dijo que recibió el subsidio, el intendente Villordo, y el intendente Gutiérrez, pero no, no se pudo hacer el asfalto. Esa es la queja más grande que vas a tener.

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Recordemos que el modelo de loteo popular –que entra en crisis a partir de la última dictadura militar– era también un modelo de sociabilidad que definía pautas normativas, ofrecía un soporte legítimo al trabajador “pobre pero integrado” y proponía una aspiración asequible de progreso. La medida material de dicho progreso lo determinaba el alcance de los servicios públicos que las sociedades de fomento –como sintetizadoras de un esfuerzo colectivo– se encargaban de promover en articulación con un Estado que, en general, respondía a esos requerimientos. Esta trama de memorias y aspiraciones está en la base de las movilizantes controversias alrededor de un asfalto que nunca llega como resultado de, cuanto menos, la inobservancia de instituciones públicas.

De manera similar a lo que ocurre con los juicios referidos a los trámites de titulación, en este caso tampoco emergen formulaciones que permitan retraducir la impugnación pasiva sobre el modo de intervención estatal en representaciones acerca del tipo de actuación esperado por parte de las instituciones públicas y políticas. Es decir, la promesa incumplida o el recurso desviado configuran agravios que  refuerzan el distanciamiento del barrio con el Estado y los políticos.

“Hay familias, pero también hay mucho pillaje”

La Matera está delimitado, al norte, por la calle 811, al sur por la 821, al oeste por 891 y al este por 844. Se accede por dos vías: desde El Tala cruzando el arroyo San Francisco por alguno de los cuatro puentes peatonales y solo uno de autos, o desde camino General Belgrano, cruzando el arroyo Piedras en cuyo margen se localizan otros asentamientos más recientes. En una franja de aproximadamente seis cuadras se emplazan las viviendas (mayoritariamente casas de ladrillo sin revocar y otras casillas de chapas) sobre terrenos irregulares, en calles sin asfaltar, a excepción de dos.

La Matera fue un barrio planificado en el marco de un programa provincial de creación de asentamientos en el que se desarrolló un plan de viviendas inconcluso, lo que derivó en una toma protagonizada por aproximadamente mil quinientas familias el 31 de marzo de 2000. Por esta razón, el barrio adquirió una organización espacial: una hilera de manzanas que estaban destinadas a espacios verdes y equipamiento urbano permanecieron libres y posteriormente fueron destinadas para la construcción de una escuela y un Centro Integrador Comunitario en 2011. El resultado es paradójico: se trata de un territorio atravesado por múltiples carencias, con una población más vulnerable que la que reside en los barrios cercanos y más antiguos; a la vez, ha sido objeto de sistemáticas intervenciones estatales, lo cual lo convierte, a la vista de habitantes de otros barrios como los de Alicia Esther, en una especie de territorio privilegiado.

Entrevistador: ¿Se acuerda? ¿Cómo fueron las tomas?

Rubén: Se va de a poco, una noche van cincuenta familias, después más y después más. (…) Hay familias pero también hay, como te dije, mucho pillaje. Supongamos, yo, que económicamente estoy bien acá, o sea sanamente yo no necesito hacerlo pero voy, después cuando se calme un poco lo vendo, como quien quiere decir, currar al otro. Yo no tendría necesidad de ir a sacar un terreno. Vamos uno o dos, lo agarramos y después lo vendemos.

Aquí, la acción directa es expresión de una acción fundamentalmente desnormativizada; la ruptura de la legalidad se asocia con la institución de un espacio de anomia, integrado por la multiplicidad de acciones individuales motivadas por una suma de intereses particularistas. La distinción es el elemento central que organiza la representación sobre los participantes de la toma entre nuestros entrevistados. Para ellos se trató de una acción guiada, no por una “necesidad real” de un terreno, sino que fue motivada por un fin especulativo o económico; protagonizada por unos “otros” provenientes de lugares tan lejanos como ajenos –expresado en la referencia al “malón” –; dirigidos por políticos que los movilizan como parte un intercambio venal y con un Estado que avala, cuando no interviene directamente en favor de estos “ocupantes fraudulentos”. La toma como mito de origen, en este caso, resume una existencia por fuera de la ley y parece imprimirle una marca que acompaña a su derrotero posterior del barrio.

La sospecha resume un conjunto de representaciones que los habitantes de Alicia Esther elaboran sobre los habitantes de La Matera. Pero también nos habla de la ubicación que elige el entrevistado para estructurar su relato. En este caso, se trata de la búsqueda de reforzar una distancia ante este “otro” cuya semejanza es representada como algo contaminante. Como observó Girola (2013), frente al riesgo de una “homogeneidad promiscua”, emerge la necesidad de gestionar constantemente la distancia respecto de la alteridad. Reforzar las distancias sociales –alegando desconocimiento sobre el episodio y sobre sus protagonistas, por ejemplo– y reafirmar la propia honorabilidad son algunos de los recursos a los que apelan nuestros entrevistados.

Abel: Nosotros estábamos acá. Pero es lo mismo, de igual…. Es igual, todo lo mismo, porque a mí también cuando yo estaba acá… “Eh, están tomando terreno en La Matera”. Y, primero que una de las cosas que… Eso no sé si seré yo el egoísta, o soy conformista, o como quieras llamarlo. ¿Por qué? Porque yo tengo mi casa, ¿para qué quiero otro terreno? ¿Para qué quiero otra cosa? ¿Me entendés lo que te quiero decir? Si yo, por ejemplo, vos tenés necesidad de vivir… O necesidad de un lugar físico, y yo tengo el mío. ¿Para qué te voy a quitar a vos? Viví tranquila, quedate ahí, no hay problema. Pero la gente es avara, ¿por qué? Porque después $100, $200 te dejo esto. $300, $400…

El rechazo de La Matera se asienta en un cuestionamiento sobre las motivaciones de sus participantes y su “necesidad de un lugar físico”. Por el contrario, Abel asocia esta toma con fines estrictamente comerciales (y poco productivos), identifica a los protagonistas con atributos desacreditadores (avaricia) y señala la existencia de un sujeto damnificado como resultado de la ocupación.

“Están más adelantados que nosotros”

Las sospechas sobre las motivaciones de los ocupantes se complementan con la ya mencionada impugnación a la intervención estatal. La distinción respecto de los ocupantes de La Matera se inscribe en una representación más general que escinde, entre legítimos y espurios, el universo de personas que entran en relación con el “brazo asistencial” del Estado. Sobre esta lectura, la tarea primordial que le correspondería al Estado sería la de distinguir unos de otros, separar a aquellos que “realmente necesitan” respecto de quienes no serían merecedores de la asistencia (6).

Existe una relación entre esta representación que segmenta el universo de asistidos legítimos y espurios con la forma en que se juzga el accionar estatal que enfatiza la dimensión punitiva y, en el extremo, le otorga un estatuto moralizante a su intervención. Frente a la imposibilidad cierta de establecer “merecedores legítimos” se reafirma la exigencia de una modalidad disciplinante de intervención estatal.

Rubén: Mirá, ese es un gran tema, la ayuda que hace el gobierno, yo pasé por todos lados… el gobierno te hace una buena ayuda pero a quien lo ayuda no le da el destino que tiene que darle. Si vos me das una casa, y yo, en vez de tratar de mejorarlo, cuando puedo le vendo la puerta, cuando puedo la cambio por otra cosaHay que verificar realmente lo que pasa. Mirá, yo mando a alguien para que te controle a vos y después hay que mandar a otro para que controle al otro, es lamentable.

El cuestionamiento recae, fundamentalmente, sobre los sujetos que participan de la relación con el Estado a quienes juzgan alternativamente como indolentes o perezosos, pero también, como hedonistas y dispendiosos. Los atributos que imputan a quienes cuestionan nos permiten imaginar, por contraste, una escala de valores estimables organizada en torno a los principios de laboriosidad y ascetismo.

El rechazo a una modalidad de intervención estatal condensada en la idea de que “toma parte” por quienes llevaron adelante la toma de tierras, se traduce en una diferenciación entre un “nosotros” damnificado y desatendido por el gobierno municipal y un “ellos” favorecido por un tratamiento preferencial.

César: Claro. En este momento ya ahí le ofrecieron casa, hicieron escuela, hicieron una escuela nueva. Hizo el intendente anterior, hizo casas nuevas, puso allá una comisaria. ¡Están más adelantados que nosotros! Tenemos una avenida que hace 40 años que figuran asfaltadas, iluminada y…

Rosa: Pero bueno, algún día va a venir… Pero mi papá y yo capaz que no existimos, capaz mi hijo la vea.

Beatriz: Te digo esto porque es una diferencia: en La Matera no pagan luz, no pagan nada. Le digo, tienen cloaca, tienen asfalto, tienen todo.

Alberto: Tienen colegios de dos o tres pisos. Tienen salita de primeros auxilios.  

La sospecha permite gestionar la distancia y así conjurar –en el plano de las representaciones– una proximidad que se percibe como contaminante. Sin embargo, se trata de una sutura parcial y la experiencia subjetiva queda a merced de importantes niveles de incertidumbre, razón por la cual el Estado es interpelado para restablecer un ordenamiento en un mundo social que se percibe como trastocado. En particular, esta exhortación se dirige a la necesidad de precisar quiénes y bajo qué condiciones deberían ser merecedores de recursos públicos. Paugam (2007) –a partir de Simmel (2011) – observó que la condición de pobreza se deriva de la relación de asistencia y que, por lo tanto, el pobre está dentro de la sociedad, aunque más no sea ocupando el zócalo inferior. Esta configuración social de la pobreza –una “pobreza integrada” – implica un grado de reconocimiento mínimo –la que la vuelve meritoria de la intervención estatal–, que le es negado a otras configuraciones de la misma, que se reserva para aquellos grupos cuya condición resulta minimizada y negada, frecuentemente estigmatizada. Sobre esta forma de “pobreza marginal” se elabora un relato “psicologizante” que enfatiza las incapacidades personales o morales a partir de lo cual se justifica un tipo de intervención pública sobre los aspectos de su vida privada.

***

En las entrevistas que realizamos a los habitantes de Alicia Esther, nos encontramos con que varios eludían las preguntas sobre La Matera, manifestaban cierta incomodidad o sobreactuaban la distancia con los habitantes de aquel barrio, del que los separan unas cinco cuadras y un arroyo. Muchas respuestas solían comenzar con un rodeo que parecía no tener una relación directa con lo que se preguntaba.; “Hay una mala distribución de los bienes”, “está todo desproporcionado” protestó uno de nuestros entrevistados para introducirnos en las que, a su juicio, eran las causas que explicaban el estancamiento, sino directamente el deterioro de Alicia Esther. El Estado era juzgado, alternativamente, como ausente o cómplice de las prácticas que llevan adelante las personas con quienes se experimentan enormes distancias morales: indolentes y perezosos para el trabajo, hedonistas y dispendiosos en los consumos.

Los habitantes de este viejo loteo con los que conversamos se adscriben el rol de honrosos damnificados de los nuevos vínculos de los sectores subalternos con el Estado y recrean aquel modelo del “pobre laborioso y ascético” que parece reforzarse en momentos en los que la crisis ensancha las incertidumbres cotidianas. Son establecidos sin poder de grupo en la medida en que se representan como incapaces de gestionar efectivamente la distancia, sino directamente controlar, a los grupos a los que imaginan inferiores.

El Estado, desde el punto de vista de los habitantes de Alicia Esther, derrocha recursos de la asistencia porque no distingue adecuadamente entre demandantes legítimos y venales: en ocasiones, quienes reciben estos bienes le dan un uso indebido. La casa entregada al beneficiario que en lugar de mejorarla le vende la puerta es una imagen que resume acabadamente las características del vínculo que condenan. Del otro lado, observan la inacción de los funcionarios frente a la degradación de su barrio, la promesa del asfalto que nunca llega o la imposibilidad de acceder al título que certifique su estatuto de propietario. Frente a un Estado cuya intervención juzgan espuria, comandado por políticos con quienes mantienen distancias morales, la apelación al barrio –los “buenos vecinos” para reponer la hipótesis de Frederic (2004)– carece de la capacidad aglutinadora, priva a los habitantes de Alicia Esther de una referencia colectiva y los expone a tramitar estos conflictos de manera atomizada.

(1) Sociólogo (UBA) y Magíster en Estudios Urbanos (UNGS). Docente en el seminario de investigación “Explorando la periferia” en la carrera de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).

(2) En este texto analizamos entrevistas de un trabajo de campo que tuvo lugar en noviembre de 2015. Las entrevistas fueron realizadas por estudiantes del Seminario “Procesos de (des)encaje y movimientos sociales: reconfiguraciones de las identidades colectivas” (Carolina Bruzuela, Mercedes Maidana, Paula, Martínez, Juan Pablo Palmucci y Ana María Rodríguez) y el equipo docente (María Maneiro, María Carla Bertotti y Santiago Nardin). Los nombres de los entrevistados han sido modificados debido al compromiso establecido de garantizar su anonimato.

(3) Dentro de este asociacionismo hubo diversas experiencias: algunas que se caracterizaban por una mayor autonomía ciudadana, las que buscaban constituir al Estado como interlocutor y, por último, un asociacionismo más politizado, articulado o dependiente de estructuras partidarias.

(4) Sobre los debates en torno a la pobreza en los años ochenta, ver Vommaro (2011) y Grondona (2014).

(5) Fernando Ostuni y Jean-Louis van Gelder (2018) desarrollan con detenimiento un análisis acerca de las percepciones sobre la seguridad de la tenencia y los títulos de propiedad. También llamaron la atención sobre la expresión “estar en el aire” para aludir a la “sensación de temor” que experimentan los ocupantes ante la posibilidad de que se reclamen la devolución de los terrenos. Paradójicamente, en el caso que aquí analizamos, los ocupantes de El Tala lograron mayores avances en los trámites de titulación que muchos habitantes de Alicia Esther, compradores, pero en un loteo irregular.  

(6) Sobre los criterios de merecimiento y las controversias en la distribución de planes sociales, ver Quirós (2006)

Bibliografía

Armus, D. y Bohoslavsky, E. (2015). Vivienda popular y asociacionismo en la conformación del Gran Buenos Aires. En Kessler, G. Historia de la Provincia de Buenos Aires: el Gran Buenos Aires. Edhasa, Buenos Aires.

Auyero, J. (2013). Pacientes del Estado. Eudeba, Buenos Aires.

Frederic, S. (2004). Buenos vecinos, malos políticos. Buenos Aires, Prometeo editorial, Buenos Aires.

Girola, M. F. (2013). Procesos de heterogeneización y homogeneización socioresidencial desde una perspectiva etnográfica: reflexiones en torno a la constitución de urbanidad en una vivienda social de la ciudad de Buenos Aires. En Carman, M., Vieira, N., y Segura, R. (Coord). Segregación y diferencia en la ciudad. CLACSO, Minduvi, Flacso, Ecuador.

Grondona, A. (2014). Saber de la pobreza: discursos expertos y subclases en la Argentina entre 1956 y 2006. Ediciones del CCC, Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.

Izaguirre, I. y Aristizabal. Z. (1988). Las tomas de tierras en la zona sur del Gran Buenos Aires. CEAL, Buenos Aires.

Merklen, D. (1997). Organización comunitaria y práctica política. Nueva Sociedad, 149.

Ostuni, F., & Van Gelder, J. L. (2008). No sé si legal… ¡pero legítimo es! Percepciones sobre seguridad en la tenencia y títulos de propiedad en barrios informales del Gran Buenos Aires. En Cravino, M. (Org.) (2008). Los mil barrios (in) formales. Apuntes para la construcción de un observatorio del hábitat popular del Área Metropolitana de Buenos Aires. UNGS, Provincia de Buenos Aires.

Oszlak, O. (1991). Merecer la ciudad: los pobres y el derecho al espacio urbano. CEDES, Buenos Aires.

Paugam, Serge (2007) Las formas elementales de la pobreza. Alianza Editorial, Madrid.

Quirós, J. (2006). Cruzando la Sarmiento: Una etnografía sobre piqueteros en la trama social del sur del Gran Buenos Aires. Antropofagia, Buenos Aires

Simmel, G. (2011). El pobre. Sequitur, Madrid

Vommaro, G. (2011). La pobreza en transición: el redescubrimiento de la pobreza y el tratamiento estatal de los sectores populares en Argentina en los años ochenta. Apuntes de Investigación del CECYP, (19).

Yujnovsky, O. (1984). Claves políticas del problema habitacional argentino, 1955-1981. Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires.

 

Vicente López, la excepción del conurbano

Por Marina Wertheimer (1)

El espacio, soporte y a la vez producto de las acciones humanas, puede ser pensado como una metáfora para hablar de las diferencias constitutivas de una sociedad. Marcas cardinales como “norte” o “sur”; “arriba” o “abajo” constituyen –como señala Alejandro Grimson (2009)– clasificaciones espaciales con un origen y un significado social, las cuales expresan formas peculiares de tipificar la vida social que transcurre en la ciudad. En Buenos Aires, los porteños parecen tener incorporado un mapa mental –que no siempre coincide con coordenadas espaciales claramente definidas– para referir a las divisiones sociales presentes en el Área Metropolitana de Buenos Aires (en adelante, AMBA). En ella, según el autor, conviven superpuestos dos sistemas espaciales, a los cuales añadiremos un tercero.

El primer sistema espacial se basa en los tres círculos concéntricos que conforman las coronas de conurbación en torno a la Capital Federal, los cuales son pensados como un degradé desde áreas más ricas –concentradas en la capital, el distrito con mayores niveles de ingreso per cápita del país– hacia la periferia del tercer cordón. El segundo sistema espacial contrasta un norte rico y moderno, delineado por la avenida Rivadavia, a un sur más pobre y “tradicional”. A estos dos sistemas espaciales podría agregársele un tercero, que se verifica en casi toda la metrópolis: un gradiente que va de oeste a este, desde las zonas altas hasta las barrancas del Río de la Plata. Salvo excepciones, en las zonas más cercanas al Río de la Plata se han asentado los sectores de mayor poder adquisitivo. En los polos de prosperidad de estos tres sistemas se ubica Vicente López: un distrito del primer cordón de conurbación; al norte del epicentro que representa la ciudad de Buenos Aires; cuyas viviendas más grandes y lujosas se emplazan en la barranca que desciende hacia el Río de la Plata, más conocida como “El Bajo”.

Vicente López es el municipio más pequeño de la provincia de Buenos Aires, con 33 kilómetros cuadrados de superficie. Es, también, aquel que cuenta con mayor densidad habitacional (7.978,1 personas por kilómetro cuadrado), después de Lanús (DINREP, 2011) y el que presenta los mejores indicadores sociales en cuanto a acceso a la salud, ingreso promedio de los hogares; niveles de escolaridad y hacinamiento (Censo 2010). Si bien el partido está compuesto por ocho barrios con disimiles niveles socioeconómicos, la imagen vigente en el imaginario asocia a Vicente López –particularmente las zonas más prósperas del distrito, como Olivos y El Bajo de Vicente López– como “la excepción del conurbano”, vale decir, como la continuación –tanto geográfica como social– de barrios acomodados de la zona norte de la ciudad de Buenos Aires, como Belgrano, Palermo y Núñez. Centrándonos en la zona costera del municipio, en las páginas que siguen buscamos caracterizar algunos rasgos culturales sobresalientes de Vicente López, así como el lento pero incesante proceso de valorización inmobiliaria que se cierne sobre el área ribereña, el cual se acelera a principios del nuevo milenio. Por ultimo, buscamos dar cuenta de cómo el gobierno local que asume en 2011 viene implementando políticas de embellecimiento y “puesta en valor” del espacio público costero, replicando políticas vigentes en la ciudad de Buenos Aires desde 2007, las cuales apuntan, según Landau (2016), a la rápida resolución de ciertos aspectos ligados con la comodidad de la vida urbana y a una máxima visibilidad. En la búsqueda de apuntalar la imagen de Vicente López como un distrito rico exento de conflictividad (Campos, 2016), existen situaciones recurrentes que, no obstante los esfuerzos dedicados a mantenerlas bajo control, revelan la condición de conurbanidad inherente de este municipio del norte del AMBA.

Un poco de historia

Desde sus orígenes, Vicente López se integró a la dinámica metropolitana como zona de producción hortícola, ladrillera, y como lugar de residencia vacacional de la élite porteña, con quintas de grandes extensiones en la zona de El Bajo. Su ribera estuvo tempranamente ocupada por clubes deportivos y sociales que se instalaron en terrenos “ganados al río”, disfrutando los beneficios de su cercanía a la Capital Federal y la belleza bucólica de su paisaje fluvial. A fines del siglo XIX, en paralelo a la instalación de los primeros balnearios en Capital Federal y la constitución de Tigre como destino estival preferido (a partir de la llegada del tren, en 1826), Vicente López también comenzó a imponerse como localidad balnearia. Sus playas abiertas, cubiertas de yuyales, piedras y arena barrosa atraían tanto a vicentelopenses como porteños por igual para calmar el calor los días de verano. Paulatinamente, se fueron instalando balnearios como El Indio, La Playita, Las Escaleritas y Playa Dorada, los cuales adaptaron la morfología preexistente cubriendo los bordes costeros con arena e incorporando instalaciones como baños, duchas, restaurants y pasarelas para ingresar al río. Hacia mediados del siglo XX, Vicente López se constituyó como destino recreativo, balneario y para practicar deportes. Sin embargo, hacia 1960 comenzó a hacerse manifiesta la alta contaminación del Río de la Plata –derivada del aporte de efluentes cloacales e industriales de toda la cuenca del Plata– lo cual tornó el nadar en sus aguas una hazaña cada vez más difícil. A raíz de ello, en 1978, la municipalidad sancionó una ordenanza prohibiendo bañarse en las aguas del río (Wertheimer, 2018).

Tras una década con el acceso vedado al río, en los años 80 la gestión municipal implementó una serie de iniciativas contradictorias para “recuperar” la ribera. Si bien en discursos de políticos y urbanistas predominaba la voluntad de “recuperación” de las costas para el uso ciudadano, en la práctica la reapertura de la costanera debió aguardar un largo plazo y siguió un derrotero de marchas y contramarchas. Desde 1987 hasta 1994, las otrora playas de arena fueron depositarias de la descarga diaria de basura, escombros, restos de demolición y residuos de todo tipo, los cuales constituirían una base de rellenos con la cual el municipio sumaría 200 hectáreas a su superficie para el desarrollo futuro de emprendimientos inmobiliarios.

Entre la costa y la avenida Libertador, a medida que se iban añadiendo terrenos a la superficie del municipio por medio de continuos rellenos, se establecieron pequeños comercios familiares y viviendas de un perfil socioeconómico más bajo que las residencias de la élite que se multiplican del otro lado de la avenida Libertador. No obstante, buena parte de estos terrenos quedó baldía, y con el correr del tiempo se fueron instalando allí talleres mecánicos y numerosos depósitos.

Entre las décadas del 80 y 90, la zona costera era percibida por sus vecinos como un espacio peligroso y obscuro. Entre talleres, depósitos, tapias y alambrados que impedían el ingreso a la costa, la zona costera se fue transformando en un espacio de “nocturnidad”, donde se corrían picadas y predominaba la presencia de hoteles transitorios, además de boliches bailables. Algunos de sus discotecas más conocidas fueron Sunset, Xai-Xai, Kika y el trágicamente recordado Kheyvis. Este último fue el antecedente más inmediato de la masacre de Cromañón: en 1993, un incendio en el club causó la muerte de 17 adolescentes​ en una fiesta de graduación del Colegio La Salle. Otro establecimiento ampliamente conocido era Sunset (llamado así por la avenida Sunset Boulevard de Miami), una de las discotecas más antiguas de la zona. Construida en los años 50, Sunset funcionó como restaurant, pileta diurna y complejo nocturno bailable. Fue refugio de famosos, mediáticos y estrellas fugaces y por sus “reservados” pasaron personajes de la talla de Susana Giménez y Diego Maradona. Síntoma de las nuevas épocas que se avecinaban, en 2011 el complejo cerró para dar lugar a la construcción de un complejo de oficinas y viviendas de lujo.

La valorización inmobiliaria y el embellecimiento estratégico de la zona costera

A partir de 1994, los depósitos de escombros y rellenos varios fueron parquizados para construir el Paseo de la Costa: un parque con 45 hectáreas a lo largo de 1.600 metros lineales paralelos al río, el cual habría de constituirse en el espacio verde más grande de todo el municipio. En 2010, tras un conflictivo proceso de sanción de nuevas normativas urbanas plagado de denuncias de corrupción, se construyó una gran avenida bordeando el parque costero. La aprobación de dichas normativas acompañó una gran valorización económica e inmobiliaria del área y permitió la construcción de torres de lujo de más de veinte pisos y grandes complejos de oficinas, viviendas y shoppings.

Los amplios espacios verdes y vistas al río se erigieron como un plusvalor para la comercialización de estos emprendimientos. La presencia de áreas verdes como propuesta de alta gama es una constante en muchos desarrollos inmobiliarios que apelan al deseo de sus habitantes de encuentro con la naturaleza y a una superación del estrés de la vida urbana. Pero, a diferencia de las urbanizaciones cerradas, las cuales remiten al imaginario de una ciudad asociada a valores negativos como el caos y el estrés, estos emprendimientos buscan reconciliar los principios de placer, goce de la naturaleza y seguridad en medio de la densidad del tejido urbano.

A medida que la zona costera de Vicente López fue convirtiéndose en objeto de valorización inmobiliaria fue perdiendo un poco de su vida nocturna, asociada al descontrol y a la “peligrosidad”. En su lugar, se fue delineando un paisaje imbuido de una “gigantesca retórica del exceso en el gasto” (De Certeau, 2000: 103). Los nuevos edificios “fálicos” y “arrogantes” (Lefebvre, 1991: 98) constituyen objetos positivos que procuran naturalizar el status quo. Si, siguiendo a Sharon Zukin (1996), los símbolos culturales inscriptos en la forma urbana sirven para demarcar y controlar los espacios urbanos, podemos suponer que los modernos edificios de vidrio, hormigón y diseño vanguardista componen un paisaje donde se proyecta una multiplicidad de poderes presentes en la sociedad, que rebasan la esfera estatal e incluyen, en este caso, al sector corporativo y, particularmente, al real estate.

Desde el triunfo de Jorge Macri como intendente, en 2011, esta área viene siendo, además, destinataria de un conjunto de medidas de intervención en el espacio público, a través de las cuales el gobierno local apuntó a embellecer la imagen del espacio ribereño, como parte de un proceso de regeneración urbana. Estas medidas aspiraron a recomponer el espacio público interpelando la necesidad de sus vecinos de espacios verdes, así como sus deseos de entretenimiento y consumo, a la vez que impusieron nuevas formas de control y vigilancia.

La gestión municipal implementó numerosas políticas de embellecimiento y “puesta en valor” del espacio público costero, el cual constituyó un ámbito por excelencia donde desplegar acciones de gobierno de alta visibilidad. En este sentido, consideramos que el accionar de la gestión del PRO en Vicente López replica las políticas vigentes en la ciudad de Buenos Aires desde 2007, las cuales apuntan, según Landau (2016), a la rápida resolución de ciertos aspectos ligados con la comodidad de la vida urbana y a una máxima visibilidad, tales como el Metrobus, las ciclovías, los túneles bajo nivel, el arreglo de plazas y veredas, la iluminación, entre otras.

Intervenciones “cool” en el espacio público

En esta línea, la gestión municipal de Jorge Macri desplegó una serie de actividades de alta visibilidad en el espacio público costero, tales como fiestas, ferias gastronómicas, eventos musicales y deportivos, entre otros, además de una gran presencia de vigilancia y seguridad. Un denominador común a todas ellas es la interpelación de los deseos de los usuarios del espacio público de experimentar nuevas sensaciones y formar parte de un circuito de hábitos de consumo y de entretenimiento relacionadas a lo cool (Ginga & Brizuela, 2017) similares a los que se llevan a cabo en las principales ciudades del mundo.

Un tipo de intervención destacable son las ferias gastronómicas: Buenos Aires Market, Feria de alimentos saludables, Festival Carne, Pizza Fest, Burger Fest, Festival Choripan!, entre otras. Ellas ofrecen stands y food trucks con menúes gourmet, de autor, muchos de ellos saludables y orgánicos. A diferencia de los populares “carritos” de comidas rápidas, estos puestos están auspiciados por chefs famosos o restaurantes gourmet, y sus precios apuntan a un público de mayor nivel de ingresos que aquel que consume en los carritos de comidas rápidas. Sus alimentos orgánicos, artesanales y fuera del circuito comercial de grandes cadenas apuntan a un consumo saludable y se presentan como en un estadio anterior a la mercantilización, apelando al deseo de los consumidores de diferenciarse del consumo de masas (Arizaga, 2017).

Una vez al mes, además, Vicente López hospeda en su costa una feria de emprendedores y, hasta la fecha, se han realizado distintos eventos orientados hacia la “vida sana” (América Medita; ConVIDArte, Wanderlust 108) con clases de yoga, meditaciones colectivas, técnicas de respiración, charlas informativas sobre medicina ayurveda y alimentación consciente, entre otras actividades.  

El verde, la seguridad, la accesibilidad, el cuidado del entorno, la posibilidad de hacer actividades físicas al aire libre y de que el ocio transcurra en un ambiente “familiar” –en términos de pertenencia de clase– figuran como elementos centrales para que crecientemente asistan al río de Vicente López personas de múltiples puntos del AMBA.

La tensión disfrazada de consenso

A esta renovada centralidad y aumento de la afluencia de visitantes se añaden nuevas prácticas y formas de ocupar la calle. Los casi dos kilómetros de hormigón liso de la nueva avenida que los fines de semana se vuelve peatonal determinaron la llegada de una gran cantidad de personas circulando en rollers, en bicicletas, patinetas y practicando running. Esta última disciplina, muy común en los bosques y lagos de Palermo, se fue ampliando hacia Vicente López a partir de la apertura de la nueva avenida costanera, la cual se erigió en un nuevo circuito para los corredores. Allí, además, los días de semana, antes o después del horario de oficina, acuden grupos de personas a hacer gimnasia al aire libre, a tomar clases grupales de rollers o asistir a entrenamientos colectivos de running.

Si la readaptación del Vial Costero para prácticas deportivas fue, en principio, algo espontáneo, no es menos cierto que la gestión pública buscó “fijar” estas prácticas a través de la instalación de canchas de fútbol, fútbol tenis, vóley, pistas de patinaje, juegos de gimnasia al aire libre y, la coorganización (junto a sponsors como Gatorade, Powerade, Nike y hasta la marca de pan Bimbo) de eventos deportivos como carreras, maratones y concursos de skate. Estos eventos deportivos se suman a las intervenciones públicas arriba mencionadas, como las ferias gastronómicas, con las que comparten su perfil cosmopolita, joven, saludable y, como indican Ginga y Brizuela para el caso de Rosario (2017), cierta actitud relacionada a la subjetividad empresarial que se convierte tanto en una forma de dominación –más cercana a la persuasión que a la imposición–, como en una entrega voluntaria. Esta actitud apunta a la productividad de los sujetos, no solo en sus horas de trabajo, sino también en el goce del tiempo libre. Si, bajo la lógica neoliberal, el buen trabajador es aquel que emprende y genera ingresos a su propia cuenta y riesgo, el buen ciudadano en el espacio público se resume en la figura del runner, quien “aprovecha” el tiempo libre, autodisciplinándose, en una “apuesta productiva del ocio” (De la Cruz, 2016).

Ahora bien, los días de verano en los cuales las temperaturas superan los 30 grados, al río asiste un público que no reside en los vecinos barrios acomodados. Familias enteras que llegan en el tren Mitre ramal Tigre, descienden en la estación Vicente López preparadas para pasar el día con carpas, parrillas y heladeras conservadoras, además de toallas y ojotas para meterse al río. Su modo más “popular” de usar el espacio público viene siendo objeto de las miradas de otros usuarios, así como de la atención, vigilancia y control de agentes municipales.

Por medio de prácticas contradictorias que implicaron el cierre del acceso público al río por largos años, la costanera de Vicente López representa hoy en día una excepción a la norma presente en municipios como San Isidro, San Fernando y buena parte de Tigre (sin olvidar la propia ciudad capital), donde la urbanización parece haberse erigido “de espaldas al río”. Esta excepcionalidad se traduce en un aumento continuo de la cantidad de usuarios del paseo costero, algo que la gestión municipal ostenta como un logro propio, derivado de las múltiples actividades que organiza.

Ahora bien, el acceso al espacio público para muchos de estos usuarios no se da de manera pacífica ni armónica. Policías en moto o cuatriciclos rastrillan la costanera persiguiendo a grupos que se bañan en el río, mientras que empleados de la municipalidad bajo sombrillas de colores controlan, en las barreras de acceso, a quienes ingresan con heladeras y parrillas, a veces por medio de requisas ilegales de bolsos y mochilas. Policiando los usos non sanctos del espacio público y fomentando el deporte y consumos saludables –vale decir, usos propios de las clases medias–, Vicente López busca reforzar el olvido temprano de una característica estructurante de su condición de existencia: ser, a fin de cuentas, un partido más del conurbano.

(1) Marina Werheimer es licenciada en Ciencia Política (Universidad de Buenos Aires), Magister en Periodismo (Universidad de San Andrés) y becaria doctoral UBACyT. Investiga los conflictos territoriales suscitados a partir de proyectos de renovación urbana en la ribera rioplatense metropolitana. 

Bibliografía citada

Arizaga, C. (2017). Sociología de la felicidad. Autenticidad, bienestar y management del yo. Buenos Aires: Biblos.

Campos, A. (2016). Lo (con)urbano. Recuperado 24 de mayo de 2019, de http://andendigital.com.ar/2016/09/lo-conurbano-anden-85/

De Certeau, M. (2000). La invención de lo cotidiano I. México DF: ITESO.

DINREP (2011). Resumen Ejecutivo de la Provincia de Buenos Aires. Buenos Aires.

Ginga, L. N., & Brizuela, F. (2017). Iniciativas escenográficas en Rosario: lo cool como tecnología de gobierno. INVI, 32(91), 163-187.

Grimson, A. (2009). Introducción: clasificaciones espaciales y territorialización de la política en Buenos Aires. En A. Grimson, M. C. Ferraudi Curto, & R. Segura (Eds.), La vida política en los barrios populares de Buenos Aires (pp. 423-430). Buenos Aires: Prometeo.

Landau, M. (2016). No sólo de globos vive el PRO : el macrismo en la larga tradición del gobierno de la Ciudad, 75-77.

Lefebvre, H. (1991). La produccion del espacio.

Wertheimer, M. C. (2018). Renovación urbana y conflictos territoriales en las costas metropolitanas del Río de la Plata: los casos de Quilmes, Avellaneda y Vicente López. Estudios del hábitat, 16(2), e049. https://doi.org/10.24215/24226483e049

Zukin, S. (1996). Paisagens urbanas pós-modernas: mapeando cultura e poder. Revista do Patrimonio Historico e Artistico Nacional, (24).

 

Las universidades nacionales en el conurbano bonaerense

Por Laura Rovelli (1)

Antiguos talleres y galpones ferroviarios, fábricas industriales desmontadas por los ciclos de crisis económica en el país, laboratorios petroleros del Estado en desuso son algunos de los paisajes suburbanos sobre los que se cimentan las universidades nacionales localizadas en el conurbano bonaerense (2). Sus movimientos fundacionales se enmarcan en procesos más amplios de modernización de la educación superior en la Argentina, donde se trazan proyectos novedosos que buscan diferenciarse de las instituciones metropolitanas tradicionales. Al igual que las del resto de las universidades nacionales, reúnen una interacción compleja entre proyectos políticos, orientaciones académicas y científicas diversas y amplias demandas sociales. De allí que sus dinámicas de institucionalización cobren la forma de un agregado de capas originadas en tradiciones divergentes, lo que genera un entramado heterogéneo.

Diversas descripciones e interpretaciones circulan en la literatura académica y en los debates político-académicos de cada época acerca de los orígenes de las nuevas universidades creadas en el Gran Buenos Aires. Todos ellos conforman distintos relatos sobre un verdadero mito de origen, en buena medida construido desde fuera del territorio, sus instituciones y comunidades. De ellos se desprenden algunas preguntas: ¿son instituciones creadas para descomprimir la matrícula de las universidades nacionales de más larga tradición en el Área Metropolitana de  Buenos Aires? ¿Responden muchos de los proyectos presentados por legisladores a las demandas de sus clientelas locales? ¿Podría considerarse su creación una maniobra de los gobiernos de turno para desestabilizar el predominio político de las universidades opositoras al oficialismo en los organismos de coordinación interuniversitaria? ¿Son concebidas para poder servir mejor a los intereses de la comunidad local? Estos interrogantes presentes en ciertos relatos no suponen una realidad o su representación sino por el contrario, advierten sobre la existencia de un mito de origen en torno a la creación de  universidades en ese territorio. Resulta evidente que las características propias de cada institución, así como sus márgenes de autonomía frente a las demandas e intereses de actores extra e intrauniversitarios, ofrecen un espectro heterogéneo de estilos institucionales, por lo que la noción tempranamente acuñada de “nuevas universidades del conurbano (NUC)” pierde rápidamente poder clasificatorio y explicativo al referir a configuraciones y proyectos institucionales disímiles.

A partir de un diálogo con la historia y sus temporalidades, es posible identificar entonces un conflicto de proyectos en torno a la definición de nuevos espacios institucionales, como también la circulación de ideas y de modelos universitarios diferentes, en un tiempo delimitado por los procesos de modernización y expansión de la educación superior entre los años sesenta y setenta, los noventa del siglo pasado y los dos mi en la Argentina. A lo largo del período, el área metropolitana de Buenos Aires se constituye en un espacio de luchas simbólicas por la definición de nuevos entramados institucionales. El recorrido aquí propuesto procura arrojar luz sobre dos dimensiones específicas, que sin pretender ser exhaustivas resultan relevantes y de escaso tratamiento: la contribución de las universidades estudiadas con diversos dispositivos y experiencias de inclusión educativa y los distintos itinerarios de movilidad académica.  Lejos de caer en la recurrente periodización histórica de la universidad pública argentina, se trata de analizar proyectos novedosos de universidad, que operan como telón de fondo de enclaves institucionales más recientes, como también la manera en que desde la contemporaneidad se reinventan ciertas expectativas y reformas inconclusas del pasado.

Modelos de universidad y temporalidades en el territorio

Los primeros debates sobre la expansión de universidades en el área metropolitana de Buenos Aires y los proyectos de universidad que allí podían enraizarse surgen en los años sesenta y setenta del siglo pasado, lo que llevaría tempranamente a la tematización de la “cuestión universitaria” en ese espacio geográfico. En una época de fuerte expansión de la matrícula universitaria y de la educación superior en general, proliferan diversas fuerzas de modernización aunque con alcances disímiles según las universidades y las áreas de conocimiento, en el marco de una planificación estatal débil.

Una de las propuestas -conocida como Plan de Nuevas Universidades o Plan Taquini, como resultado de la identificación con su principal mentor- da lugar durante el régimen autoritario de 1971-1973 a la creación de trece nuevas universidades nacionales, mediante la fundación de nuevas casas de estudio, la subdivisión de instituciones preexistentes o la nacionalización de anteriores establecimientos privados o provinciales bajo, a lo que se suma en en los siguientes siete años, la nacionalización de tres casas de estudio. Dos de estas institucionales se emplazan en el conurbano bonaerense: una en el oeste (Luján) – aunque con mayor proyección hacia el interior de la Provincia-  y la segunda en el sur (Lomas de Zamora).

El plan reformula la idea de universidad regional característica de algunos proyectos institucionales del período desarrollista, e incluso previos, que buscan articular a “la universidad con el medio”. Combina criterios modernizadores y elitistas, que reproducen los conflictos propios del espacio académico-universitario de esos años. Sus logros consisten en completar algunos proyectos que habían quedado inacabados, en cautivar el interés de las poblaciones postergadas por falta de una oferta de educación superior y en imaginar nuevas realidades derivadas del desarrollo científico y humano que podían proveer las universidades. Si bien las propuestas formulan un modelo novedoso no logran articularse con transformaciones económicas, sociales y políticas más amplias. Paralelamente, conciben a las universidades como centros de formación de recursos humanos y alternativas para el descongestionamiento de la demanda profesional de las universidades metropolitanas. Como resultado, durante varios años, la débil institucionalización de las nuevas casas de estudio es acompañada por una baja profesionalización en general de la actividad docente y principalmente de la científica. A pesar de las dificultades, consiguen desarrollarse algunos nichos investigativos aunque en el marco de modelos institucionales con escasas dedicaciones exclusivas para el avance de la investigación.

A diferencia de los procesos precedentes, los de los años noventa del siglo pasado adquieren un carácter acentuadamente sistémico. Se modifican las reglas de juego entre el Estado y  el conjunto de las instituciones de educación superior en respuesta a ciertos lineamientos generales de reforma de cuño neoliberal y de inspiración globalizante, en amplia consonancia con las recomendaciones de los organismos financieros internacionales. Los ejes principales involucran: la búsqueda de fuentes financiamiento alternativas a las estatales; la importancia de los procesos de evaluación como mecanismo de rendición de cuentas y condición de mejoramiento de la calidad educativa; y la diferenciación institucional. En 1995, la sanción de la Ley de Educación Superior 24.521 (LES) procura ocupar un vacío legal y revertir la fragmentación vertical del sistema de educación superior. El diagnóstico general avanza sobre lo que consideraba una expansión indiscriminada de la matrícula de las universidades públicas, como también su concentración en carreras tradicionales y excesivamente largas. Al respecto, al tiempo que se habilita la expansión de nuevas ofertas públicas y privadas, promueve el acortamiento de las carreras y la diversificación de la oferta de los programas.

Entre 1989 y 1998 se crean veintidós universidades privadas y diez nacionales, seis de ellas ubicadas en el Conurbano Bonaerense: La Matanza, Quilmes, General Sarmiento, General San Martín, Tres de Febrero y Lanús.  Si en los años setenta prevalece un sesgo tecnocrático –aunque apoyado por políticos locales y nacionales y asentado en una fuerte demanda social y regional de educación superior–, los proyectos fundacionales de los años noventa resultan de la combinación de intervenciones políticas y del asesoramiento de expertos en educación superior. No obstante, en una segunda etapa de institucionalización, se agrega otro factor derivado de la impronta de los rectores y los actores académicos, la que predomina por sobre las voluntades políticas locales, particularmente en el ciclo de normalización de las universidades.

Por un lado, la creación de nuevas universidades comparte con la expansión universitaria de los años setenta, la voluntad de descentralizar la oferta universitaria del país. Por otro, y a diferencia del carácter regional de sus predecesoras, las nuevas casas de estudio se caracterizan por su emplazamiento en diversas localidades del área Metropolitana de Buenos Aires. Coincidentemente con los planteos de los años setenta, su surgimiento parece dirigirse hacia una diversificación gradual de la oferta universitaria. Aunque con diversos alcances según los proyectos institucionales, las nuevas instituciones procuran ser identificadas como una alternativa válida y prestigiosa para las poblaciones locales. En ese sentido, los modelos involucran tanto la apropiación de ideas y proyectos ya disponibles, como también invenciones propias. Así, varias instituciones recuperan la idea de universidad innovadora, propia del clima de época de sus respectivas fundaciones, la que plantea de manera sucinta una nueva organicidad centrada en un gobierno con líneas de autoridad más fuertes, una base académica en expansión y una vinculación estrecha con los sectores productivos, sociales y políticos del entorno. De todas formas, la noción es asimilada de manera singular en cada escenario institucional. Y si bien las varias instituciones comparten algunos principios en el plano de la gestión académica e institucional, en definitiva los valores y las normas implícitas que allí circulan, configuran distintas identidades universitarias y comunidades académicas.

A principios del siglo XXI, la agenda de la educación superior cuestiona muchos de los efectos de las políticas de corte neoliberal de la década anterior en la región. La recuperación de ideas-fuerza estratégicas e integrales en materia educativa se plasma en diversos Planes Nacionales de Educación y en nuevos marcos normativos. A lo anterior se suma la ampliación de derechos de nueva generación, como la diversidad cultural en toda su extensión y en distintos contextos sociales. En tanto, la idea de igualdad educativa pasa a concebirse no sólo en términos de acceso sino ahora también de permanencia y egreso en los estudios.  A su vez, en 2008, la Conferencia Regional de Educación Superior (CRES) en Cartagena de Indias, da un salto político respecto de conferencias anteriores al concebir de la educación superior como un bien público y social, un derecho humano y universal y un deber del Estado. La Declaración interpela a los Estados a garantizar ese derecho y paralelamente al entenderlo como bien público. En la Argentina, la extensión de la obligatoriedad escolar y en particular, la del nivel secundario, la proliferación de programas e iniciativas tendientes a garantizar esa obligación junto con la expansión de instituciones de educación superior predominantemente públicas, expande la idea del derecho a la universidad, como responsabilidad del Estado. Mientras que la modificación de algunos apartados de la LES, a través de la Ley 27.204, garantiza el ingreso libre e irrestricto a la educación superior y la necesidad de complementarlo con cursos de nivelación y orientación que en ningún caso tengan carácter selectivo.

En ese escenario, entre 2007 y 2015, se nacionalizan dos institucionales universitarias y se crearon trece nuevas casas de estudio, siete localizadas en el conurbano bonaerense: Avellaneda, Moreno, del Oeste (en Merlo), Arturo Jauretche (en Florencio Varela) y José C. Paz, Hurlingham y Guillemo Brown. Si bien se trata de configuraciones institucionales relativamente recientes, en sus idearios fundacionales se bosquejan ideas-fuerza ligadas a la noción de universidades inclusivas. Se trata de proyectos centrados en la inclusión social, igualdad, equidad y el desarrollo local y nacional.  Así, destaca la misión de garantizar la equidad en el acceso, la permanencia y la titulación de los estudiantes, como también el uso social de los conocimientos allí producidos. Varias universidades recuperan, a diferencia de los años noventa, el alcance y la dimensión “nacional” de sus propuestas y, en algunos casos, la referencia al campo “popular” como motor institucional. Con respecto a la organización académica, es mayoritaria la de tipo horizontal a través de departamentos, institutos y/o escuelas, por lo que cabe preguntarse si la estructura de facultades y cátedras sigue siendo el principio organizativo predominante o el más extendido culturalmente en las universidades públicas. Mientras que la asociación entre la calidad universitaria y la existencia de un plantel de investigadores abocados a la producción científica, está presente en gran parte de las casas de estudio, cuestión que las políticas de los años noventa incentivan material o simbólicamente y que las de los dos mil privilegian como lineamiento estratégico.  

En el presente, las universidades públicas localizadas en el conurbano bonaerense ascienden a 15 casas de estudio, es decir representan el 24% de las instituciones universitarias públicas del país y alrededor del 28% del total de las universidades nacionales.

Laboratorios tempranos de inclusión educativa

Mientras que en los años noventa, los discursos neoconservadores vinculan al ingreso irrestricto con el deterioro de la calidad y el uso ineficiente de los recursos, las universidades nacionales localizadas en el conurbano bonaerense comienzan a implementar diversos dispositivos de ingreso no restrictivos. Estos instrumentos de política problematizan tempranamente la cuestión del acceso a la universidad, basados en el diagnóstico de que  las poblaciones aspirantes, provenientes mayoritariamente de sectores afectados por amplias desigualdades socio-educativas, constituían en una alta proporción la “primera generación de universitarios” de sus respectivas familias y entornos.

Los dispositivos de ingreso combinan, en general, instancias de nivelación, principalmente en las áreas de las matemáticas y la lectoescritura, con mecanismos evaluativos integradores obligatorios pero no eliminatorios; instancias de ambientación universitaria, orientación vocacional y socialización o introducción a la vida académica (Lenz, 2016). Otra dimensión interesante es la creación de talleres de metodologías de estudio y de escritura académica, problemática de largo aliento en el plano de la enseñanza en las aulas pero menos frecuentemente tratada como política institucional. En algunas instituciones también se añaden programas de mejora de la enseñanza que apuntan a formar a los y las docentes de los primeros años universitarios, a fin de trabajar las expectativas acerca del “estudiante deseado”. Con ello, se trata de desmontar la afinidad electiva entre una cultura universitaria elitista que entiende y propicia la adversidad y exclusión en el tránsito estudiantil por las instituciones como equivalente al mérito y la excelencia. Todo ello genera un laboratorio de experiencias en torno a la democratización del acceso, por lo que las universidades públicas del territorio aquí estudiado quedan tempranamente comprometidas con la inclusión educativa, en tanto misión institucional fundante.

Las universidades nacionales de más larga tradición acompañan e incluso algunas impulsan las políticas inclusivas y democratizadoras del nuevo ciclo de reforma, mientras que promueven lineamientos fuertes hacia su entramado complejo y heterogéneo de unidades académicas sobre la necesidad de implementarlos.  Así, en numerosos casos se nutren de los dispositivos desplegados por muchas de las experiencias de las universidades más jóvenes del conurbano bonaerense, a la vez que inventan y recrean otros instrumentos que atienden a las especificidades de la masividad y a las particularidades de los distintos campos de conocimiento académico.

En los últimos cuatro años, la desaceleración de las economías y el giro hacia gobiernos de derecha en varios países de América Latina, entre ellos en la Argentina, cuestionan y en numerosos casos desarman las políticas y los programas de inclusión educativa. El viejo discurso neoliberal de desacreditación del circuito universitario público, gratuito e inclusivo y más específicamente, de aquel localizado en el amplio y heterogéneo conurbano bonaerense resurge con vehemencia. La frase tristemente conocida de la gobernadora de la Provincia de Buenos Aires: “nadie que nace en la pobreza llega a la universidad” (3) es sólo un ejemplo de un discurso elitista y excluyente en torno al sentido de la educación superior, donde el derecho de los sectores populares resulta cuestionado y en riesgo. De esta manera, reaparece una narrativa sobre el conurbano bonaerense y las universidades nacionales allí localizadas que, siguiendo a Kessler (2015), refiere a un territorio que reúne de manera exagerada y extrema rasgos peyorativos y erráticos asociados a la historia del pasado reciente en la Argentina. Cristalizados en relatos e imágenes de malversación de fondos públicos y carencias naturalizan y reproducen las desigualdades existentes. Desde una perspectiva engañosa y simplificadora se pretende medir de manera lineal e instrumental la eficacia de los resultados educativos, a fin de legitimar  tanto el ajuste financiero para el sector como el retroceso en los derechos. Al tiempo que se invisibilizan las dimensiones y experiencias transformadoras y de gran potencia política situadas en estos dispositivos espaciales, donde una colectividad construye sentidos educativos fuertemente comprometidos con el derecho a la universidad y la necesidad de garantizarlo y ampliarlo en sus respectivos entornos.

Territorios de movilidad académica

El surgimiento de algunos modelos universitarios identificados y diversamente comprometidos con la promoción de la investigación científica, genera movimientos en las posiciones académicas y en la reputación institucional de las casas de estudio de la región metropolitana, cuestión que modifica la escasa cultura de movilidad interinstitucional existente hasta entonces en el sistema. A la vez, la obturación en la estabilidad y el ascenso en la carrera académica en algunas facultades de las universidades más tradicionales impulsa a muchos docentes e investigadores a buscar nuevos espacios de inserción profesional.

En los años noventa, algunas universidades se benefician de ciertos incentivos financieros, así como de una política de desregulación salarial que estimula el diseño de modelos universitarios con una fuerte impronta investigativa. Luego, desarrollan procedimientos basados en una distribución diferencial de cargos y dedicaciones, cuestión que atrae a investigadores muy calificados, escasamente reconocidos en las instituciones de origen. Las mejores condiciones salariales y de estabilidad y ascenso en la carrera académica son en un comienzo estímulos importantes para la movilidad. A esos factores se añaden otros de orden más contingente: las redes de relaciones entre colegas, directores y becarios, las que en algunos casos acarrean movimientos institucionales, como también la escala o el tamaño de la universidad y su influencia en las percepciones de los investigadores con respecto a los vínculos que allí se establecen y a las facilidades edilicias para el desarrollo del quehacer.

La Universidad Nacional de Quilmes tuvo su primer ciclo lectivo en 1991

A partir de los años dos mil, los procesos de movilidad hacia las universidades creadas en los noventa tienden a desarrollarse de manera más acotada, dado que las instituciones organizan un plantel medianamente consolidado de investigadores y en virtud de la equiparación salarial alcanzada para el conjunto de los docentes universitarios nacionales. En otras, en cambio,  continúa un flujo migratorio importante, en parte por la apertura incipiente de varias de sus carreras de grado, la apuesta a la creación y consolidación de programas de posgrado y la expansión de una base sostenida y dinámica de investigación académica. Por su parte, la tercera etapa de creación de nuevas universidades en el área metropolitana de Buenos Aires inaugura nuevos circuitos de movilidad en la medida en que algunos de los proyectos institucionales buscan incrementar su prestigio académico en la base de la institución, antes que limitarse sólo a la captación de matrícula. Con todo, las trayectorias de investigadores en el área metropolitana evidencian itinerarios diversos: a una primera oleada de científicos migrantes de alta reputación, le sigue el desplazamiento de investigadores con formación de posgrado, posicionados en los primeros peldaños de la carrera académica. En los últimos años, también se observan procesos de movilidad más circunscriptos desde y hacia alguna de las universidades nacionales localizadas en el Conurbano Bonaerense, junto con otros desplazamientos más acotados, de regreso de investigadores consolidados hacia las universidades tradicionales ante la apertura de algunos cargos en campos disciplinares específicos.

Entre 2004 y 2015, la ampliación en los ingresos a la Carrera de Investigador Científico del CONICET lleva a que numerosos investigadores compensan los obstáculos para ascender en la jerarquía docente con estrategias dirigidas a obtener reconocimiento a partir de la realización de una carrera en ese organismo. La especificidad de dicha carrera, dependiente del organismo estatal y no de las universidades (siendo las instituciones de educación superior uno de los posibles ámbitos de radicación de su actividad aunque no el único), habilita a sus investigadores a emprender la movilidad. No obstante, al tiempo que éstos aportan su capital reputacional e investigativo a las instituciones, su inserción también plantea algunas tensiones allí  donde la carrera académica se encuentra fuertemente articulada a la actividad docente, la participación institucional y la orientación hacia las demandas de conocimiento locales.  

Recientemente, en el marco de la crisis del sector de Ciencia y Tecnología ante el desfinanciamiento del área, el pasaje del ex Ministerio a Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación y el recorte en los ingresos a la Carrera de investigador Científico y Tecnológico (CIC) del CONICET, este último organismo introduce la asignación de 150 cargos en la convocatoria a la carrera (en un total de 450) en la modalidad de Fortalecimiento de Investigación, Desarrollo e Innovación. Tanto la convocatoria 2018 como la actual contemplan la postulación del ingreso a través de la radicación de la sede de trabajo en instituciones del sistema científico- universitario con menor desarrollo relativo de recursos altamente calificados y con proyectos articulados con las líneas de investigación institucionales. Entre las distintas sedes propuestas se encuentran varias universidades nacionales localizadas en el conurbano bonaerense junto a otras instituciones de distintas regiones del país. Ante el giro contractivo general en las condiciones de acceso a la CIC,  ese instrumento de orientación estratégica al tiempo que busca atenuar la alta concentración de capacidades científicas y recursos altamente calificados en las instituciones más consolidadas y robustecer los enclaves investigativos en aquellas con una menor trayectoria institucional, también promueve nuevos sentidos para la movilidad resultantes de la selectividad y de las pujas de distintos actores por apropiarse de recursos escasos. Seguramente, la iniciativa inaugure nuevas movilidades académicas y núcleos científicos -aunque más acotados dado el alcance de las vacantes- en la Región Metropolitana que deberán ser estudiadas a futuro.

A lo largo de los últimos treinta años, la creación de universidades nacionales en el Conurbano Bonaerense comparte, en alguna medida, la misma trayectoria que transitaron, a lo largo de su historia, otras instituciones nacionales nuevas: la tensión entre la voluntad fundadora de implantar determinado modelo de universidad y las demandas de los actores intra y extrauniversitarios, quienes moldean distintos estilos institucionales. Luego de un momento fundacional de carácter técnico-político común, se suceden disputas político-académicas que han puesto en juego el sentido y los proyectos de universidad. A la vez que se resignifican las apuestas sociales de localización de espacios universitarios en un territorio que se configura de manera compleja, heterogénea y desigual. En ese entramado se inscriben  determinadas instituciones que reformulan sus formas de solidaridad e integración a partir del compromiso con garantizar el derecho a la universidad, fortalecer las carreras académicas en vinculación con las problemáticas de su entorno y promover núcleos científicos destacados. En definitiva, logran desplegarse, aún con tensiones y desafíos, modelos universitarios diversos enraizados en la tradición universitaria pública universitaria de democratización, derecho y desarrollo científico.

 

(1) Politóloga, docente e investigadora en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata y en el Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS-CONICET-UNLP). Antigua migrante académica en el área metropolitana de Buenos Aireas, establecida en el presente en el Gran La Plata.  

(2) Utilizamos la denominación conurbano y Gran Buenos Aires para referirnos a los 24 partidos del Gran Buenos Aires; mientras que designamos área o región metropolitana para identificar a ese conglomerado junto con la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

(3) Vidal, María Eugenia, mayo 2018.

Referencias

Kessler, Gabriel (2015). “Prólogo”. En G. Kessler (Dir.). Historia de la provincia de Buenos aires: el Gran Buenos Aires (pp. 11-20). Ciudad Autónomo de Buenos Aires: Edhasa; Gonnet: UNIPE: Editorial Universitaria.

Lenz, S. (2016) “Las universidades nacionales frente al desafío de la democratización: estrategias institucionales y dispositivos de acceso y permanencia”. En D. Del Valle, F. Montero y S. Mauro (Comp.). El derecho a la Universidad en perspectiva regional (pp. 249-270). Ciudad Autónoma de Buenos Aires: IEC – CONADU: CLACSO.

 

El hijo maldito de Latinoamérica, por Julián Aguirre

El chavismo persiste. Contra todo pronóstico, para sorpresa de propios y extraños, esta experiencia única mantiene en vilo a analistas académicos y periodísticos. Demonizado, idealizado, bastardeado pero pocas veces comprendido, el chavismo a menudo es situado en el ojo del huracán. Tras un año en Venezuela, estas palabras no buscan cerrar interrogantes pero sí quizá aportar algunos elementos y claves de análisis.

Resultaría irreal y bochornoso negar la existencia de la crisis que el chavismo afronta. Esta se desenvuelve en múltiples niveles, o bien  se trata de la convergencia de varios puntos de tensión -cada uno con su propia dinámica-, simultáneos y superpuestos, en condiciones no experimentadas anteriormente por el proceso revolucionario:

  1. El modelo de acumulación persistente afronta una crisis prolongada –junto a las dificultades y limitaciones para elaborar alternativas factibles en el corto plazo- que ha arrastrado consigo al Estado de la Quinta República, dejando en entredicho su capacidad de contener las tensiones y expectativas de la sociedad. Esta situación es particular y urgentemente cierta a nivel generacional, siendo que hoy el país cuenta con una camada completa de jóvenes se han socializado teniendo al chavismo como el orden vigente. Sus expectativas, necesidades e inquietudes no son las de sus padres y madres.

Precediendo la caída estrepitosa del ingreso percibido de la extracción del petróleo se sitúa la partida física de Hugo Chávez. La ausencia del líder fundador, principal comunicador, estratega y pedagogo de aquel conjunto de sujetos reunido bajo la etiqueta de “chavismo”, persiste como evento traumático en su memoria colectiva inmediata.

Resulta un elemento difícil de racionalizar pero esencial si se quiere terminar de comprender cómo y cuán duraderos son las formas de interpelación e identificación en la dinámica líder-movimiento. El “todo somos Chávez” acabó siendo algo más que una apelación electoral. Está también inscripto en ese proceso de radicalización democrática, de empoderamiento y pedagogía política cuyo resultados institucionales pueden ser diversos e incongruentes a veces, pero resume una “disposición”; una declaración de principios enraizada en una nueva identidad política. El chavismo es un fenómeno cultural que ha sobrevivido a la muerte de su fundador porque ha logrado arraigar en formas de expresión y manifestación popular. Para muchos/as venezolanos/as, ser chavista se ha convertido en una forma de representarse (en) su momento histórico.

Esta situación que una compañera bien describió como “orfandad” adquiere ese carácter de trauma que aún es difícil de procesar entre la base social del chavismo. Para bien o para mal, la presencia e invocación de Chávez aún se vuelve una referencia constante en toda conversación casual o reunión política que uno tenga. Fuente de desorientación en una cultura política donde el rol del líder redentor es central, y donde no se puede pretender que nadie más logre ocupar dicho lugar, independientemente de las capacidades que posean quienes han seguido al frente de la conducción política formal del gobierno y de la coalición que lo sostiene.

 

  1. Para completar el cuadro de situación -a muy grandes pinceladas- nos encontramos con un giro contundente en el signo político dominante entre los gobiernos de la región. 2015 y los hechos vividos en Argentina y Brasil reformularon el marco de alianzas y la correlación de fuerzas en la cual ha de desenvolverse el gobierno bolivariano.

Salvo por Bolivia, Venezuela es así la última pieza de un dominó que podría completar la restauración del orden deseado por las élites latinoamericanas y sus socios globales, empeñadas en hacer de los años de gobiernos progresistas y de izquierdas en Sudamérica nada más que una nota al pie, un mal sueño.  La utilización oportunista de la “cuestión venezolana” por parte del discurso de nuevas y viejas derechas latinoamericanas es clara: Venezuela es ese fantasma que recorre la región, a modo de figura aleccionadora.

Frente a esto, nos encontramos con un sector del arco político opositor determinado a usar todas las herramientas a su disposición para fraguar el quiebre institucional del país. No es mera retórica: estando allí, uno puede comprobar cómo el liderazgo antichavista ha construido su zona de confort en esa no-disposición al diálogo. Sea por sesgo ideológico o elección estratégica, se ha acudido a la instrumentalización política del odio, manifestada descarnadamente en los linchamientos y la quema de personas “acusadas” de chavistas que pudimos ver en 2017.

Bastó que la violencia produjera la sensación de que el punto de no retorno estaba más cerca que nunca.  Es imposible transmitir los cambios sutiles que genera en uno cuando la rutina cotidiana se enmarca en estas reglas. La planificación de la vida misma, de proyectos personales se vuelve una expresión de deseo, los giros pronunciados de la coyuntura son demasiado abruptos. Hoy se libra una batalla por restaurar cierta noción de normalidad y estabilidad entre saltos hiperinflacionarios, amenazas de sanciones y embargos, planes desestabilizadores, la retórica beligerante y una polarización social y política que hasta se expresa en los territorios. La sensación de estar asediado a nivel individual y colectivo.

  1. Mal que bien desde el gobierno se optó por una estrategia que encauzara el conflicto pro vías político-institucionales, lo cual fue recibido por vastos sectores de la sociedad más allá de preferencias partidarias. El liderazgo opositor se condujo solo a un callejón del que no pudo salir sin sumirse en la mayor crisis de su historia reciente, dinamitando un capital político como nunca había construido desde 1998. Pero el gobierno caería en un error si, como a veces aparenta con un discurso de fuerte tinte triunfalista, confunde el rechazo a la violencia política con una aprobación a la gestión.

Con esto no se quiere descartar cualquier debate sobre las formas de proceder o abordar la crisis que ha ejecutado el gobierno encabezado por Nicolás Maduro. Ni toda la oposición al gobierno converge en esas demostraciones de fascismo realmente existente. Hay un malestar legítimo que supo ser canalizado por expresiones políticas antichavistas. Pero sería profundamente injusto y errado acompañar, aún por simple inercia, la narrativa que criminaliza al chavismo como único autor de la situación que vive el país, o endilgarle la totalidad de las muertes ocurridas en una espiral de violencia alentada premeditadamente por el liderazgo opositor. Es válido reclamar y señalarle al gobierno que se encuentre a la altura de los valores que expresa al momento de abordar la protesta social, pero eso no justifica caer en visiones maniqueas y lineales.

  1. Con todo lo arriba descripto, el proceso bolivariano se halla en un punto de inflexión. El desenvolvimiento de las contradicciones sociales y su expresión política se encuentra en un empate  donde un bloque y otro han buscado durante los últimos años aventajarse simultáneamente en cada plano de confrontación: diplomacia, guerra económica, narrativa, electoral, callejera, etc. De la resolución del dilema actual pende la suerte del proceso que ha conducido cambios durante los últimos 20 años sin precedentes en la vida de vastos sectores de la sociedad venezolana.

No obstante, no es una situación extraña del todo. De hecho, el chavismo encontró la manera de fundarse y resignificarse como identidad colectiva y como proyecto político a partir de las crisis. Nació como respuesta a la devastadora crisis de legitimidad de la clase política y el quiebre del consenso que sostenía a las bases mismas de la Cuarta República. De ahí en más cada salto en profundizad y radicalidad estuvo precedido por situación de desborde en las tensiones sociales, del choque entre lo viejo y lo nuevo. En contadas ocasiones se anunció la llegada de su fin, se lo declaró un zombi político. Deseos que acabaron subestimando la capacidad del chavismo de recrearse. La pregunta en todo caso es ¿hasta cuándo persistirá esa capacidad?

El chavismo desdibujó y redefinió, al menos para quienes lo recibieron y encontraron en esta experiencia un canal por el cual expresarse, los contornos de lo político; del compromiso, de lo social y lo personal, de lo individual y de lo colectivo. Pasando por alto ese nivel y entendiendo a la experiencia de la República Bolivariana como otro proceso más de redistribución de la riqueza y reformas progresistas –pero con el empujón de la riqueza petrolera- no se puede entender cómo se sostiene un proyecto frente a tantos embates y bajo su propio peso. Porque el chavismo, a menudo a pesar suyo, se sostiene contra todos los pronósticos.

  1. La cuestión no reside solo en que Venezuela necesita de una solidaridad más activa de la que actualmente existe. Solidaridad que requiere un esfuerzo político y académico serio por comprender las complejidades de la crisis actual. La cuestión fundamental es que en la región se necesita de Venezuela más de lo que se le reconoce.

Como horizonte de posibilidad, Venezuela expresa todo lo humanamente gris y contradictorio (pero real) de un proceso histórico. Más allá de modelos teóricos impolutos y épicas militantes, Venezuela es la realidad efectiva de un ensayo que se atreve en tiempo presente a devolver a las personas la autoría de lo político. Su pecado por el cual hoy se le castiga es que allí se probó a inventar y errar contra toda resignación.

Desorientación, dudas, temores, ansiedades. Pero también vocación por retomar la iniciativa, encontrar oportunidades en la crisis, reunir a las voces y manos dispersas que aún optan por encarar los límites, errores y desafíos que afronta el proceso de la revolución, de “su revolución. Esa es la multitud de sensaciones que se pueden llegar a encontrar hoy con tal solo hablar con aquellas personas aun comprometidas con el proceso de la revolución bolivariana. Porque si hay un elemento que llama primero la atención es como el/la chavista se refiere a los acontecimientos que le rodean en primera persona. Hay una certeza de protagonismo, de pertenencia y apropiación arraigada en la identidad y cultura política que el chavismo contribuyó a alimentar en segmentos significativos de la sociedad venezolana. Voces que a menudo son las últimas en ser representadas y oídas fuera al hablarse de la actualidad de Venezuela. De “su” Venezuela.

Y mientras la oposición se debate y fracciona continuamente entre opciones antidemocráticas y quienes esperan a levantar las ruinas de una crisis política y económica de la cual son en buena parte responsables; el chavismo se enfrenta al espejo. Los múltiples sectores que lo conforman se debaten entre la forja de nuevos consensos y el retorno a las raíces -pero, ¿cuáles?-; de la radicalización o la postura defensiva. ¿Qué puede significar renovarse? ¿Se habla de individuos, figuras titulares de puestos de decisión? ¿o de métodos, discursos, concepciones?¿Cuánto hay de viejo y convencional en una renovación?

De esta manera, el chavismo expone las preguntas y ensaya respuesta a los desafíos, límites y tensiones que han marcado la primera década del siglo XXI para las sociedades latinoamericanas. ¿Hasta dónde se peca de voluntarismo? ¿Cuándo es necesaria y cuándo es excesivo el pragmatismo? ¿Qué implica hay en ese momento de transiciones entre lo viejo que no termina de morir y lo nuevo que no termina de nacer? No todas las alternativas elaboradas llegarán a buen puerto; tampoco es objeto de esta pieza emitir un juicio categórico como tantos otros se han hecho ya. Eso quedará en última instancia en manos de la sociedad venezolana.

 

Notas:

Politólogo (UBA). Residente en Venezuela durante 2017.

“Una crónica bolivariana: Mujeres en Revolución”, por Florencia Catelani

En Venezuela hay brujas. No se trata de creer, sino de que las hay. Las vi, andan por los barrios, por los campos, se meten hasta en las instituciones. Se juntan, intercambian aprendizajes, resuelven todo tipo de problemas, todo el tiempo. Conocen de plantas y sus usos, también manejan saberes del alma. Portan una fuerza que puede dar hasta temor, al menos respeto. ¿Será por eso que las tratan de dominar? Quizás por cobardía, por el miedo del hombre a la mujer sin miedo, como decía Galeano, o quizás porque resultan peligrosas para el poder establecido.

 

Si las mirás a los ojos notás que en sus rostros poseen esa mezcla de dureza y ternura, que delatan una vida nada fácil, muchas veces larga, aunque sea de pocos años. Los hombros los llevan cargados de responsabilidades. Sus rasgos son mestizos, aunque las hay también negras, blancas, de todos los colores y tamaños. Aman bailar, y cuando lo hacen se libran de cualquier tipo de pudor y de dolor. Andan por todos lados, sus huellas para algunos necios son invisibles, pero hay marcas que no se borran ni con el tiempo.

 

Esas brujas son chavistas, cosa e´ mandiga como se decía en el campo, cosas del diablo aunque era de esperar. Las mujeres son el sujeto político masivo de la Revolución Bolivariana. Estando en Venezuela, lo primero que salta a la luz es que son ellas las que andan organizando a la gente en los territorios, cargando y repartiendo las cajas de comida que el Estado facilita para enfrentar la suba arbitraria de precios, copando las calles en marchas y actos, y lo hacen con alegría entre cantos y danzas. Sostienen todas las políticas sociales del gobierno, esas que han dignificado la vida de tantxs. Encima lo hacen con amor y con la misma convicción con la que sostienen sus ideales. Si hay que ser leales a Chávez, seguramente son las primeras.

 

Bueno, aquí se puede comprobar en la cifra que nosotras somos la vanguardia en el movimiento social. En las misiones, en los consejos comunales, dígame ahorita en los CLAP [Comités Locales de Abastecimiento y Producción], eso es una maravilla, las mujeres al frente. No todas tienen el mismo nivel de comprensión del feminismo, pero la certeza de que de ellas depende el avance de la sociedad, la tienen todas. Y trabajan con un furor que asombra (…) Las mujeres en todos los terrenos, en el dolor, en la pérdida de sus familiares, en la educación, en la salud, en la cultura, en el movimiento político, en todo estamos siendo ejemplo.” Esas son las palabras que me compartió María León en una entrevista que tuve la suerte de hacerle. Ella cuenta que tiene 80 años y 60 en la lucha revolucionaria. Es una de esas brujas que nos siguen enseñando y que ojalá no dejen nunca este mundo.

 

….

 

Con Chavéz hay un antes y después para todo. Para ellas significó dignificación y reconocimiento. Hubo un proceso de empoderamiento en el que las mujeres se metieron en manada a la vida política, de prepo y sin pedir permiso, como siempre nos toca hacer a lxs de abajo. No se puede negar que el ámbito de la política aún es machista, las esferas más altas de poder están apropiadas por hombres. Pero, sin dudas, hoy la casa ya no es el único lugar para desarrollarse que tienen las mujeres. Ellas salen a hacer política, de esa que construye poder y que es herramienta para la transformación de la realidad concreta.

 

Les toca enfrentar una cultura patriarcal y religiosa muy arraigada, en la cual la familia, la maternidad y todos los mandatos que de éstas se despenden se imponen en sus vidas. Y ahí van sorteando las contradicciones, entre sus deseos y libertades frente a las imposiciones y violencias cotidianas que viven. Muchas tienen que afrontar hasta una triple jornada laboral: sus trabajos “oficiales”, el trabajo doméstico y el comunitario. Del lado de los hombres, demasiada des-responsabilización, ya sea en tareas del hogares, trabajos, militancia o paternidad. ¿Cuántas historias habrá de padres abandonadores, esporádicos, cuando no violentos?

 

Hay que decirlo, convertirse en sujetas políticas ha permitido a las mujeres tener mayores herramientas para salir de las situaciones de violencia, construir redes de solidaridad y encontrar otros sentidos a la vida, diferentes de los que estamos destinadas según órdenes del Patriarcado. Los avances en tiempos del chavismo también se plasman a nivel institucional. Por ejemplo, con la sanción de la Ley Orgánica por el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, que es modelo en el mundo incluyendo 19 causales. Gracias a ésta, por primera vez en Venezuela se tipificó el feminicidio como delito. Podemos sumar a la cuenta la creación de un Ministerio del Poder Popular para la Mujer y la Igualdad de Género, encargado de transversalizar el enfoque de género en las políticas públicas, planes, programas y proyectos del Estado Venezolano.

 

Falta, sí, y mucho. Hay una deuda con las mujeres que no ha sido saldada. La realidad actual del país complejiza aún más la situación.  La guerra económica tiene como blanco principal a las mujeres. El imperio entendió cuáles son las fortalezas del proceso bolivariano, ahí dirige sus ataques. Las dificultades de la vida cotidiana, las colas para comprar alimentos, la falta de medicamentos y su búsqueda angustiante de farmacia en farmacia, los precios que suben por las nubes gracias al manejo arbitrario del dólar paralelo, la falta de insumos y de camas en los hospitales que rebotan a las parturientas, el aumento de la violencia machista en momentos de crisis, entre otros etcéteras que afectan especialmente la materialidad de la vida de las mujeres, quienes son mayoritariamente las encargadas de los hogares y del cuidado de la familia.

 

El bloqueo y la guerra económica son criminales, y la necesidad de construir respuestas y alternativas urge. Pero no todo es oscuro en el panorama. Si pensáramos eso el enemigo ya habría ganado. Existe un piso alto de acumulado en organización popular y conciencia. Con estas armas cuenta el pueblo.

 

….

 

Para el 25 de noviembre de 2017, “Día Internacional contra la Violencia hacia la Mujer”, Gioconda tuvo la valentía de contar en una nota, luego de que pasaran 35 años, el femicidio de su madre. Ella es una compañera más que se animó a poner en palabras el dolor -claro está, después de mucho trabajo emocional, como ella misma dice-. También nos recuerda que detrás de cada número que aumenta la cifra de feminicidios “está la vida truncada de una mujer, su historia, su proyecto vital, sus hijos e hijas si los tuvo, sus sueños y anhelos”.

 

¿Por qué se animó a hablar ahora, luego de 35 años? ¿Qué es lo que permite que una mujer se decida a hablar y denunciar la violencia? Sin duda muchas cosas, procesos personales, el entorno afectivo, pero también escenarios políticos y sociales. Tenemos una certeza: es desde adentro de la Revolución Bolivariana que existen mejores condiciones en Venezuela para dar la lucha feminista, aunque aún falte mucho camino por recorrer. Necesitamos entonces contar las historias, narrar las desigualdades, politizar nuestras vivencias, transformar el dolor y la rabia en lucha política, colectiva y organizada, para así abrir nuevas posibilidades de futuro.

 

Tengo la sensación, y hasta diría la convicción, de que existe en potencia en las mujeres venezolanas la posibilidad de tomar masivamente el feminismo como herramienta. Cuentan con toda una historia de luchas desde las cuales partir, el feminismo es memoria de los combates. Decidirán cuándo y cómo será la explosión, el momento en que se lancen a surfear la cuarta ola feminista que crece en Latinoamérica y el mundo. En ellas reside la potencia y la fuerza que es capaz de radicalizar y renovar la revolución, en tiempos en los que el desgaste y la resistencia constante frente a un enemigo inmenso parecen llevarse todas las energías.

 

Chávez entendió que sin feminismo no hay socialismo, hoy la posta está en manos de su pueblo. Felizmente, contamos con muchas brujas para eso.

 

Notas:

Psicóloga (UNR), residente en Venezuela.

Venezuela acosada y sin socialismo, por Fernando Hugo Azcurra

Hacer referencia a la situación socio-económica de Venezuela puede parecer ocioso al lector informado, pues los datos de la degradación económica y social de su población por una economía en continuo desmoronamiento la vuelven irrelevante. Es cierto, pero sin embargo hay que subrayar siempre la causa principal de tamaña descomposición: las acciones ofensivas del Imperialismo; de esa burguesía financiera, beligerante de los EE.UU. y de sus aliados europeos con no menos responsabilidad en sus actos delictivos.

El avance de los procesos político-sociales, el deterioro del Estado de bienestar en Europa a partir de los años ’80 y la nueva etapa de un capitalismo financiero dominado por los grandes “holdings” vuelven imperativo afirmar sin rodeos que  las burguesías capitalistas han llegado a un estado de sus intereses que no quieren saber nada de reformismo, distribucionismo, chavismo, populismo, progresismo. Y es forzoso reparar en que no se habla de “socialismo” o de “comunismo”, sencillamente se oponen a la más leve modificación del status económico y social establecido. Modificaciones que en todos los casos que se pusieron en práctica en América Latina como movimientos y gobiernos “progresistas” (kirchnerismo- Argentina; lulismo-Brasil; correísmo-Ecuador; morales-Bolivia; chavismo-Venezuela) no tocaban la estructura fundamental de la explotación del trabajo por el capital, por lo tanto la persistencia del trabajo asalariado y de la apropiación de la riqueza generada por millones de trabajadores  para los pocos miles de propietarios. Como nunca antes en la historia de la lucha de clases queda patente que a esas burguesías no les interesa la “libertad”, la “igualdad”, la “fraternidad” y la “democracia” ¡que nunca les interesó! como no hubiera sido (y es) sólo para su propia clase y su dominio.

A lo anterior es imposible no “sumarle” los socios internos en Venezuela: la gran burguesía, acérrima opositora, desestabilizadora, acaparadora de productos, agiotista, financista de la “guerra interna” y, a su vez, financiada desde el exterior por sus hermanas para derrocar al gobierno que, quiérase o no, fue elegido por el pueblo de Venezuela. De manera que la burguesía venezolana más la burguesía financiera externa constituyen un sólido bloque de clases que resiste los cambios en pro del pueblo.

Por si fuera poco para el pueblo venezolano, es obligatorio añadir otro factor causal de sus penurias: el propio “des-gobierno” de Maduro & compañía que se muestra inepto para enfrentar esa guerra de clases, que es siempre guerra política, no movilizando a la clase trabajadora y sus instituciones con una contra-ofensiva para detener primero y aplastar luego a tales enemigos. La dualidad de poder establecida en Venezuela desde que Hugo Chávez llegara al poder político, no ha podido ser resuelta a favor del pueblo, y la burguesía interna reaccionaria pro-imperialista tampoco ha podido, desde 1999, derrotar el proceso que iniciara aquél. Este “empate” se mantiene hoy pero cada vez con más debilidad por parte del chavismo devenido hoy en madurismo que ha desandado el camino trazado por Chávez.

Es preciso decir sin eufemismo que madurismo ya no es chavismo. ¿Hacia dónde se dirigía con Chávez? Pues desde un inicial reformismo nacionalista fue moviéndose hacia una radicalización socialista como objetivo central de su política anti-burguesa; la clase trabajadora venezolana se había convertido en sostén vital de tal proceso que, con todas las insuficiencias teóricas y prácticas tenía un norte claro propuesto por su líder y aceptado por las masas laboriosas. Cuatro características decisivas se destacaban:

1º) Acceso de Chávez y su equipo al poder político del Estado por la vía democrático- burguesa eleccionaria. Tal hecho creó de inmediato situación de dualidad de poderes que, poco a poco, en la medida que la legislación distribucionista hacia los sectores populares se fue haciendo realidad, agudizó el enfrentamiento con la burguesía y el Imperio.  ¿En qué consistía y aún consiste exactamente esta dualidad de poderes en la realidad del conflicto de clases en Venezuela? Pues en que el movimiento chavista se apoderó del poder político del Estado y de la mayor empresa petrolera (PDVSA), lo que le permitió disponer de la renta y de la reorientación en la distribución social de la misma; pero además se agregó a lo anterior el que concentrara la capacidad “represora” en términos de coacción policial-militar, las FF.AA venezolanas se hicieron “chavistas”.

La burguesía opositora, por su parte conservó su poder económico: aún dispone de una red privada bancaria; de las operaciones de comercio exterior aunque el Estado sea quien administra las divisas para las importaciones del sector privado; retiene la capacidad de abastecimiento interno de la población; mantiene, y ha multiplicado, sus conexiones políticas y de negocios con la burguesía mundial. Sin dudas que carece de la capacidad represora que todo Estado tiene por su propia naturaleza de arma de clase, es por eso que apela sin escrúpulo ni miramiento alguno a financiar sabotajes, secuestros de personas, asesinatos de personas comunes y políticas, acaparamientos, planes de desestabilización institucional por medio de bandas de sicarios y de hampones, etc. La burguesía ha sido ubicada por este proceso político mismo en condiciones de comportarse como subversiva y delictiva.

La dualidad de poderes muestra la escisión de las dos instancias primordiales de todo Estado de clase: la instancia socio-económica, y la instancia de represión política. Estas dos propiedades son esenciales en la realidad y en el concepto del Estado. Cuando una clase las resume en sí misma, ellas parecen confundirse, la violencia (fuerza) y la propiedad económica se muestra como un todo único. La clase dominante, en tal caso, ejerce el poder del Estado como una cualidad única. Cuando una clase se ve obligada a renunciar, o a no poder apelar a la violencia de modo permanente (fuerza), como en la sociedad burguesa de la Venezuela actual le queda la potencia (no la fuerza) de la propiedad (Capital, acumulación, inversión, finanzas, comercio, etc.) y la utiliza como un arma política emanada de su poderío económico para recuperar el poder de la violencia y la represión institucionalizada bajo la forma de Estado del “orden”.

2º) Las FF.AA. forman parte asociada del movimiento popular y todavía lo sostienen. Esto significa que el proceso de cambio es dirigido por una alianza cívico-militar, circunstancia que ha permitido hacer sostenible su perdurabilidad y sus políticas contra el liberalismo financiero dominante.

3º) El liderazgo de Chávez, una vez llegado al poder político, produjo un movimiento socio-político “desde arriba”, quiere decir que no surgió como una irrupción y sublevación del pueblo que fuera, luego, acaudillada por Chávez. Los cambios de política económica y social se hicieron dentro del Estado burgués y con las herramientas forjadas por esa clase, que desde ese entonces en más modificaron las políticas económicas de clase.

4º) Con el golpe de Abril de 2002 ejecutado por la derecha en connivencia con el Imperio, la situación político-social experimenta un viraje y aceleración notables. El pueblo trabajador y la fracción nacionalista de las FF.AA. rescatan a Chávez y lo reinstalan en el poder; nace un nuevo Chávez que responde al golpe con un salto hacia adelante y en profundidad: el chavismo sale fortalecido y cohesionado.

Como consecuencia de lo anterior debe señalarse con nitidez otros aspectos:

1º) Las fuerzas del pueblo en movilización fueron tomando conciencia política de sus derechos y de que constituían (constituyen) la columna vertebral proceso popular abierto.

2º) El partido PSUV y aliados “dirigen” el proceso desde la administración del aparato estatal. La apropiación de la producción principal (petróleo) y la distribución de la renta obtenida en la comercialización de los mercados internacionales aportan con sus ingresos la sostenibilidad económica del proceso.

Y además deben agregarse otras innegables enseñanzas que se desprenden de la dualidad de poderes que generara:

3º) La burguesía venezolana no ha sido completa y definitivamente debilitada en su poder político y económico de clase.

4º) El Estado como estructura de clase, sigue siendo burgués, no ha sido destruido, eliminado ni sustituido por otro que represente a los trabajadores, a la población trabajadora toda y sus intereses inmediatos e históricos.

5º) Una fracción importante de la pequeña burguesía más los asalariados no obreros (la llamada clase media), mejoradas sus condiciones de vida bajo el chavismo, al agravarse la lucha impuesta por la burguesía & sus socios contra el gobierno popular, tienden a inclinarse y hasta aceptar el discurso del enemigo y de su guerra de desgaste económica y social,  sumándose de hecho a sus huestes reaccionarias generando en los últimos años una inmigración hacia países vecinos con su letanía pro-capitalista anti-chavista.

6º) Objetivamente, el  gobierno más el PSUV, comandan el movimiento popular basados en una concepción pequeño burguesa de la economía, la política y la sociedad, con lo cual el PSUV no se muestra como un partido del cambio revolucionario de la sociedad burguesa, sino más bien como un aparato político electoral que integra la propia estructura burguesa del Estado todavía hoy bajo el gobierno de Maduro.

En Venezuela no ha habido, no  hay revolución en un sentido radical socialista. Sí ha habido ¿quién lo negaría? una irrupción popular de los trabajadores  y de los sectores más pobres de la República burguesa establecida, que surgió como revolución bolivariana y aunó la lucha por la independencia y la soberanía del siglo XIX con las luchas actuales retando, desafiando, a esa burguesía y sus aliados externos, transgrediendo las “formalidades rutinarias” de la administración del poder por parte de las “conspicuas familias” rentistas y explotadoras en asociación y connivencia con la burguesía mundial, en particular, la de los EE.UU.  Y esto es y será inaceptable para tales fuerzas.

El proceso abierto por Chávez puso, desde su origen, en movimiento y conflictividad a tres clases de la sociedad venezolana: a) burguesía rentista reaccionaria, apoyada, sostenida y financiada por la burguesía mundial en especial la burguesía yanqui; b) asalariados obreros y asalariados no obreros, y c) pequeña y mediana burguesía. La clase asalariada en cuanto a su división objetiva entre obreros y no obreros, es una clave para la comprensión de los fenómenos de lucha de clases en Venezuela y en otros países de A.L. e incluso en Europa.

 

Pero es inevitable decir que de aquel proyecto de Chávez que no era puramente teórico sino que estaba desarrollándose en la práctica no ha quedado nada con Maduro & compañía. La realidad política de Venezuela muestra que desde una radicalización socialista bajo Chávez, Maduro ha ido virando hacia un reformismo pqburgués, impotente, conciliador, “nacional-capitalista”; con políticas “asistencialistas-distribucionistas” para mantenerse en el poder. Es alarmante advertir la inexistencia de políticas de poder desde la clase trabajadora y ver como el contenido objetivo de sus decisiones y de su discurso es el de la pequeña-burguesía. Las  vacilaciones a la hora del conflicto y de las políticas a implementar no dejan de señalar esta transformación negativa de todo el proceso por un nuevo “modelo”

Este “modelo” puesto en práctica de hecho por el gobierno, el PSUV y sus asesores actuales puede ser sintetizado en los siguientes breves ítems:

1º) Consideran que se ha agotado el “modelo” rentista petrolero en Venezuela, por eso se ha vuelto imprescindible su reemplazo por un “modelo” económico productivo, industrial y exportador. El plan para alcanzar la realización de tal objetivo consistía hasta hace unos años en:

 

2º)  Reconocer que El Estado solo no puede desarrollar la economía y transformarse en el sujeto ineludible del proceso de construcción socialista bolivariana, esto, afirman sus sostenedores, deben entenderlo todos los chavistas y el propio pueblo de una buena vez.

 

3º) La alianza del Estado, dominado por la vanguardia socialista (PSUV y aliados), con el sector más productivo del capital nacional, deben ser quienes estén dispuestos a construir el nuevo “modelo” económico productivo (¡sic!), diseñar un aparato industrial con capacidad para producir en cantidad y calidad bienes que satisfagan la demanda del mercado interno, resolviendo las necesidades fundamentales de la población (sobre todo, la más pobre) y generando excedentes para el mercado internacional, lo cual se resolverá en que se pueda ir eliminando el modelo rentístico petrolero en la economía nacional.

 

4º) Lo estratégico que es para obtener el triunfo del modelo productivo,  la alianza política explicita con un sector del empresariado o capital nacional, sobre todo los pequeños  y medianos empresarios, dispuestos a invertir y producir junto al Estado para el abastecimiento interno.

5º) Que la política interna debe ser  incentivar el diálogo. Evitar la confrontación y los niveles de agresión, sobre todo, en el terreno económico con aquellos sectores productivos dispuestos a crear alianzas con el gobierno y sus objetivos.

6º) Insistir en que la Política económica central es la de mejorar la redistribución de la renta petrolera a favor de la población, pero también concediendo apoyos, estímulos fiscales, subsidios etc. al capital nacional, sin olvidar a la pequeña y mediana producción, mediante planes claros y equilibrados que deben ser llevados a la práctica con fuerza y “eficiencia”.

7º) Acreditar el papel del Estado en el modelo productivo deber ser por tanto de control y regulación de la economía capitalista, y la promoción de los nichos y espacios de economía que perfilen el nuevo sistema socialista bolivariano en construcción.

8º) La responsabilidad que las empresas del Estado deben tener un funcionamiento administrativo de alta eficiencia y productividad como las de capital privado. Si no fuera así, pues deberán ser privatizadas para que retomen el sendero de la producción para cumplir con los planes gubernamentales.

9º) Concretar el Objetivo inmediato: lograr un estado de bienestar general bolivariano (¡sic!).

10ª) Desarrollar políticas económicas y sociales que permitan el progreso, el cambio, la movilidad y ascenso social,  en un clima de estabilidad y seguridad, en otras palabras, hacer que la mayoría social se asiente en la esperanza de un futuro de más prosperidad a partir de realizaciones económico-sociales concretas de la realidad actual y de su permanencia en el tiempo.

11º) La implementación de políticas específicas de inclusión de la clase pequeño burguesa y de la “clase media”, para abrirles horizontes de expansión, seguridad y progreso.  

En los hechos este programa ha significado: 1º) dar por tierra con las formas de lucha política popular que sostenía Chávez para transitar hacia el socialismo, como mínimo desde 2006; 2º) Mantener el Estado burgués y sus instituciones;  nada de “pulverizarlo”; 3º) La erradicación de todo plan que haga efectiva la participación, administración y control de las empresas y del Estado mismo por parte de los trabajadores (democracia participativa revolucionaria).  El Estado y la política debe estar en manos de “eficientes gestionadores” del capital y de lo público; 4º) Postergar, retrasar, definitivamente todo programa de fomento, estímulo y sostenimiento de las empresas comunales y de trabajo asociado. Los incentivos deben orientarse prioritariamente a los empresarios, ya que son quienes producen; 5º) Reconocer el comando político efectivo del Estado por la pequeña burguesía  para establecer acuerdos con la burguesía importadora y socia del Imperio. 6º) Renunciar al cambio en las relaciones de producción capitalistas por las socialistas o comunales al considerar que es posible “mejorar” equitativamente las actuales relaciones,  con políticas de distribución prudentes que no perjudiquen la acumulación de capital de las clases empresariales productivas.   

Es un verdadero catálogo en el que no se plantea aplastar a la burguesía rentística-comercial, no se propone la transformación del aparato estatal burgués, tampoco la efectiva superación de la prensa vil, golpista y embustera, etc. no tiene entre sus fines más importantes tomar decisiones revolucionarias a fondo, es por otra parte no reconocer lo que se puede ver a diario: la burguesía venezolana a pesar de sus derrotas en la lucha por recuperar el poder estatal, no renuncia (nunca renunciará) de ningún modo a su retorno político y a su papel de dirigente ideológico- económico, y es, como se puede confirmar en estos 19 años, la clase más poderosa que el movimiento popular. La pequeña burguesía parece más empeñada en que el Estado burgués permanezca antes que desaparezca.

A lo sumo podría pensarse que estas posiciones descansan en el convencimiento bona fide de la dirigencia chavista, que al socialismo se puede llegar por un proceso de naturaleza puramente económica, pero ya está claro que no es eso lo que este elenco gobernante se ha propuesto, del cual la política económica es de enorme importancia para tal logro porque permitiría la ejecución de medidas de carácter plenamente social a favor de la población trabajadora. Pero esta situación no es posible de ser sostenida porque el gobierno chavista no tiene la totalidad del poder económico, se encuentra en una confrontación agresiva de la reacción interna; sólo si tuviera todo el poder podría abrir el frente de lucha interna a la clase trabajadora por la productividad, el abastecimiento y el crecimiento constante del PBI porque no debería esforzarse diariamente de neutralizar, detener, e imponer a su enemigo y sus políticas. El problema de la geopolítica del petróleo y de la minería lo muestra.

Es de lamentar que las consecuencias del reformismo pequeño-burgués inocuo e inestable no hayan sido las que se han propuesto y no lo serán nunca. Obvio es que esto no es socialismo aunque cada vez es menos encontrarlo siquiera fuere en el discurso del gobierno; no es tampoco, al menos, mejora en el standard de vida de la población; el  socialismo es el Estado en poder de la clase trabajadora, los medios de producción en sus manos, sumisión de la burguesía y sus secuaces a la nueva sociedad, y abolición del trabajo asalariado, toda otra cosa es puro engaño y, en general, auto-engaño de quienes dirigen o pueden dirigir el proceso de cambios sociales y políticos. Hasta ahora lo que se comprueba es impotencia en la resolución del conflicto interno, dejando toda acción revolucionaria, en estos momentos cuando más se exige  decisión, coacción, violencia revolucionaria, ofensiva de clase, aplastamiento de la reacción interna-externa. No hay ofensiva antiimperialista tampoco.

¿Hasta cuándo la irresolución del “doble poder”? No es posible saberlo. Luego de las elecciones próximas de las que saldrá ganador Maduro sin dudas ¿habrá más años de desastre y “castigo” al pueblo trabajador por las políticas pequeño-burguesas que Maduro & compañía aplican?, son políticas que  no sirven para resolver el conflicto de clases y sólo demuestra que, en realidad, no saben cómo enfrentar tal conflicto. Las recientes medidas de “ajustes” salariales no son expresión de otra cosa que ineptitud y desconcierto.

Mayo de 2018

 

Notas:

Docente y economista

Venezuela y el Socialismo del Siglo XXI: Realidad o apariencia, por Humberto Rojas Danglade

Hay que comprender la realidad como es y no como aparece.

Carlos Marx

Lo que se expresa con la actual crisis económica en Venezuela, al lograr identificar la causa de la misma, es el agotamiento del modelo de crecimiento y distribución apalancado en el petróleo (nuestra ventaja comparativa), su industria petrolera con sus productos derivados y establecido históricamente sobre los ingresos extraordinarios obtenido de la Renta Petrolera (su base material). Al achicarse las entradas de divisas, a consecuencia de la disminución de la venta de los diversos bienes y servicios petroleros, aparece un aspecto de la crisis que estaba sumergida bajo la bonanza y el dispendio, por lo que nos permite ver, al desnudo y expuesto, la brutal disputa que existe, en los últimos años, entre las dirigencias política (gubernamental) y la económica dominante (la burguesa y la trasnacional -automotrices, farmacéuticas, las dedicadas a la rama de la alimentación, que al elaborar sus productos, corrijo, más bien ensamblar en nuestro país, obtienen una rentabilidad superior, como promedio, a la ganancia media internacional- succionando de ésta manera las divisas que antes habían entregado desde las metrópolis) pugnando en la actualidad por la apropiación de residuos (sobrantes) de la renta, en donde el pueblo trabajador, al no ser actor protagonista, por no tener estructura, tradición y tejido organizativo sólido para defender  sus intereses de clase, queda a merced de las intenciones y dádivas que arrojen los despojos de aquella confrontación.

Como se pueden dar cuenta, el problema de fondo en Venezuela, no es únicamente el mal manejo de la economía, la ineficiencia, desbalance fiscal o el modelo gatopardiano capitalista. Si fuese así, estaríamos tan solo ante un problema de eficiencia, de gerencia o paradigma cultural de moda, y aunque algo de eso hubo y hay, no nos podemos quedar ahí, sería reproducir, una vez más, una argumentación superficial, coyuntural y por elemental, insuficiente… sería quedarnos en el madurísimo, chavismo, los 40 años de la cuarta República, el perijemenismo, o en el gomecismo. Venezuela se ha quedado, a través del tiempo, como un país donde convive una gran industria petrolera, generadora de grandes ingresos rentísticos con una estructura económica no petrolera hueca.

Tenemos que trascender lo aparente, porque una cosa es lo que se percibe en la superficie y otra es lo que sucede en el fondo de las profundidades. Buscar explicaciones sólidas, rigurosas, científicas, hurgar con agudeza en lo oculto y desmontar con paciencia las distintas manifestaciones y marañas de intereses, que no permiten ver la realidad con claridad, con objetividad, para encontrar las causas, la raíz de la crisis, su reiteración en el tiempo y así poder transformar la estructura y cimiento de la misma.

En nuestro país hay varios aspectos particulares de la economía venezolana que son necesarios ahondar. De lo externo, cómo se presenta internamente el capital internacional (global) en su insaciable dinámica de acumulación de capital en los linderos de nuestro territorio (no hay que olvidar que el capital es mundial por su contenido, como por su expansión y nacional por su forma). El papel asignado al país (una especie sutil de determinismo histórico, pero poderoso y arbitrario dogal de acero, especie de  mecanismo de encadenamiento económico totalitario) como proveedor seguro de materia prima (energía barata) del espacio con las principales reservas de petróleo del mundo, en la constituida División Internacional del Trabajo, (estructura de exportación) es decir, una dependencia articulada, abierta y absoluta al orden capitalista mundial, por lo que lo especifico de la economía venezolana hay que buscarlo en cómo se manifiesta en el ámbito nacional el proceso global de acumulación del capital, ya que una de las particularidades del proceso de acumulación del capital en Venezuela tiene en la desvalorización del bolívar como una forma concreta de realizarse. El Modo de Producción imperante en Venezuela es capitalista. La economía capitalista en Venezuela funciona con base a la captura de la Renta Petrolera. La lógica del capital es mundial, el plusvalor obtenido (su realización) se concreta en cada nación y se apropia en la circulación mundial, en donde nuestro país es parte de ese engranaje.

De lo interno, la incapacidad de análisis para indagar las causas domésticas de reproducción cíclica de la crisis. ¿Cuál es el contenido y expresión concreta de las políticas económicas oficiales más allá de la forma de presentarla? Y lo otro ¿Cómo manifestamos, cómo realizamos en la práctica diaria, cotidiana nuestra manera de entender el socialismo?

Venezuela no es un país quebrado. Si utilizamos, de forma elástica pero didáctica, la imagen contable de una empresa, tenemos sus activos, pasivos y patrimonio. Si sus activos son superiores a los pasivos, el patrimonio de la empresa es sólido. Venezuela tiene activos (recursos naturales con condiciones difícilmente  reproducibles en otros países) superiores a sus pasivos (deudas, obligaciones), por lo tanto, no está ¨técnicamente¨ quebrada, pero en la actualidad tiene un tremendo y grave problema de liquidez. Para ser más preciso, en la actualidad, Venezuela tiene las Reservas Internacionales más bajas de los últimos 20 años, se estiman en unos 9 mil millones de dólares, de los cuales, tan solo 3 mil millones son operativos (corrientes o líquidos). ¿Cuál es el significado de esto? Que nuestros egresos (adquisiciones y gastos) son superiores a nuestros ingresos (divisas y financiamiento) y cuando el desbalance es pronunciado, como en el caso nuestro, las cuentas de un país se descuadran y la economía tiende a graves desequilibrios logrando, por lo tanto, que muchos sectores del mismo colapsen.

En esencia, más allá de la retórica, hay que comprender la dinámica real de las relaciones de producción capitalista en nuestro país. ¿Cuál es el Proyecto Económico de la Revolución Bolivariana (Chavismo)?: Forzar la acumulación del capital nacional desde la fuerza económica y política del Estado, convenciendo a la burguesía nacional, o por lo menos, a sectores importante de ésta, de abandonar su histórico parasitismo y volverse ¨productiva y nacionalista¨; promover nuevos actores económicos. El Estado, dada su particular fuerza económica, sería el articulador, transfiriendo la renta pública a una hipotética burguesía ¨nacionalista y productiva¨, asociando a éste desarrollo capitales transnacionales amigos… así sería la ¨siembra del petróleo¨. Esa fue y es la apuesta del proceso bolivariano, por eso se insiste e insiste, a pesar de lo exiguos resultados, con ésta política.

Lo primero que tenemos que caracterizar es cuál es el modo de producción imperante en Venezuela y si ya, a ésta altura de lo que hemos revisado tenemos claro que es capitalista, nuestro análisis debe corresponder a ésta caracterización.

Dentro de esta determinación un elemento importante es la sobrevaluación del bolívar, con su contraparte, el abaratamiento del dólar; esto parece contradictorio, pero es históricamente, el principal mecanismo utilizado para la apropiación de la renta, tanto por los factores internos como los externos. La manera concreta de explicar la misma, es que el que se dedica a la exportación (vender) recibe menos en moneda local por cada dólar de producto exportado, mientras el que compra dólares los consigue barato para importar (adquirir) diversos productos. Todo un mecanismo de transferencia que permite la apropiación legal de la renta por parte del sector no petrolero, en otras palabras, no hay incentivo para producir y exportar, sino todo lo contrario. De esa manera, las necesidades del país se resolvían a fuerza de importaciones masivas, a pesar de que en ese mismo periodo se quintuplicó la importación de maquinaria y equipos industriales (bienes de capital) con una aparente política de producción nacional. Pero la realidad es la siguiente: las importaciones en el año 2003 fueron de 14 mil millones de dólares, en el año 2012 fue de 80 mil millones de dólares.

Paralelamente, desde décadas atrás, las multinacionales se aprovecharon de la política de ¨industrialización por sustitución de importaciones¨, gracias a dichas políticas de protección y estímulo industrial, también pudieron apropiarse de la renta, para acumular una excedencia igual o superior a la de sus casas matrices, pero trayendo como contraparte y tarjeta de presentación, el espejito de una tecnología ya obsoleta. Esto por el lado tradicional y ¨legal¨, pero hay otro ¨tranco¨, ´grueso´ y peludo¨ vinculado a todo lo relacionado con las importaciones fraudulentas, expediente denunciado por la Presidenta del Banco Central de Venezuela, Edmee Betancourt, el cual le costó el cargo. Este es una especie de iceberg, es más lo que no se ve que lo que ha sido expuesto y necesitaría investigar y penetrar en el tema de la corrupción, un contenido vinculado a lo tratado, pero trama para otro artículo.

La novedad del proceso bolivariano, en particular y muchos de los progresismos de América Latina es que expandió el gasto público, en términos absoluto, beneficiando a los sectores populares a través del gasto social, abaratando (subsidios) bienes y servicios (expansión del consumo) como símbolo cabal e íntegro de su compromiso de saldar la inmensa deuda social. Como ejemplo tenemos que en Venezuela Chávez comenzó a saldar ese pasivo histórico: mejoró la salud (bajó la mortalidad infantil, amplió dramáticamente la cobertura primaria con Barrio Adentro, se mejoró la cobertura por maternidad); la educación (bajó a niveles mínimos el analfabetismo, se incrementó exponencialmente la matrícula universitaria); creció la asistencia social directa a los más pobres; se dio comienzo a la construcción masivas de apartamentos y casas a través del sistema Gran Misión Vivienda Venezuela, primero a un millón y luego a dos millones de familias. Estos para mencionar algunos de sus más destacados logros. Mientras las materias primas (commodities) se mantuvieron en alza esas políticas se desarrollaron, pero tras la caída de los precios de las mismas, cambiaron las políticas económicas.

Nuestro problema económico estructural y endémico es que vendemos nuestras materias primas sin transformarlas prácticamente, es decir, no tenemos manufactura exportable, no  desarrollamos nuestro valor agregado; la crisis se debe en lo fundamental a nuestra incapacidad por producir valores de usos que satisfagan las necesidades de la población. De la política expansivas se pasa a la austeridad y de éstas a los ajustes, las políticas sociales (servicios públicos) se ven afectadas en proporciones parecidas o mayores. Se acabó la conciliación social entre la rentabilidad del capital y los aumentos salariales. Cuando la renta cayó, el ingreso fue reemplazado con deuda externa y rebajas salariale. La ¨torta¨ a repartir es pasado y lo que se dosifica hoy al pueblo trabajador es ´bagazo¨, ¨pellejo¨ de aquello… muchas veces tenemos ese empeño  que no permite ver más que un único aspecto de la realidad, pero ya las contradicciones afloran por doquier, veamos los siguientes ejemplos:

Hay sectores capitalistas que atacan el signo monetario venezolano, manejan una cotización paralela al cambio oficial del dólar, y con ella un sistema de precios que ahoga al trabajador y al pueblo (disputándole el mercado a dólar today han aparecido varios cotizadores de precios de divisas), pero el Estado venezolano sigue asignando dólares a grandes sectores corporativos privados que tienen intereses ocultos en esos mercados ilegales y obligan de hecho, en la práctica cotidiana del país, a ojos vista de todo, a que el país asuma su política cambiaria y monetaria.

El gobierno dice que combate a las  mafias que mercadean (bachaqueros) y contrabandean alimentos y los billetes del cono monetario venezolano, otra vez el Gobierno financia a viejos y nuevos capitalistas, espera que se beneficien pero que se porten bien, que no vendan lo que producen con el financiamiento del Estado a tramposos que comercian y se lucran en las fronteras. El Gobierno ha financiado a los empresarios capitalistas con divisas ¨duras¨ (ejemplo, el dólar preferencial) a través de los sistemas Dipro (Divisas Protegidas), Dicom (Divisas Complementarias) y Simadi (Sistema Marginal de Divisas)

El Gobierno aduce que la inflación (no habla de hiperinflación) es inducida y es producida por factores externos a su responsabilidad, pero técnicamente la hiperinflación no es solo un problema especulativo, hay múltiples factores que lo producen y convergen en él, entre los que podemos señalar están  el financiamiento de los enormes déficits públicos por el BCV a través de la creación masiva de dinero inorgánico (sin respaldo) lo cual se ha traducido en una expansión desmedida de la oferta monetaria, al mismo tiempo hay una escasez crónica de bienes y servicios, es decir, hay más recursos (instrumentos) monetarios, pero cada vez menos bienes y servicios, debido a que las empresas públicas no producen de acuerdo a las expectativas creadas por el mismo Estado y las privadas, sus precios se establecen en base a los costos esperados de reposición, los cuales, a su vez, dependen en gran medida del encarecimiento previsto de la divisa, por lo que se traduce en una espiral expansiva de precios. Además, esta disminuida oferta interna, no ha podido ser compensada con importaciones por la escasez de divisas existente, producto de los mermados ingresos petroleros (que por cierto, para mayor calamidad, ha venido reduciendo paulatinamente el nivel de barriles producidos) y por los elevados compromisos de pago de deuda pública externa, más los recursos desviados por los canales de la corrupción.

Veamos la variación del dólar paralelo:

01-12-2014                159,02

01-12-2015                982,45

01-12-2016             4.609,37

01-12-2017         103.024,27

12-03-2018         216.164,25

09-04-2018        362.831,54

08-05-2018        661.824,52

Estos valores nos demuestran claramente la degradación del valor a ha llegado el signo monetario venezolano.

Dos elementos claves a tomar en cuenta en las actuales circunstancias:

1) El capitalismo imperante se encuentra en una etapa crítica del ciclo de la globalización neoliberal, en un periodo de búsqueda de amplio beneficios, tratando de mitigar o evitar la disminución de su tasa general de ganancias, es decir, ocultar la crisis de rentabilidad de la economía real a través de medidas especulativas (burbujas financieras), produciendo nuevas contradicciones en el interior de sus sociedades y rea-lineamiento entre la vieja y nuevas potencias capitalistas: Estados Unidos, Europa, Japón vs los miembros del BRICS. Multiplicando y ampliando el descontento social por el profundo deterioro que han ocasionado en las condiciones laborales y de vida de la clase trabajadora, ahora bien, si no lo consigue, su opción histórica ha sido la guerra, de ahí lo peligroso del momento presente por el que atraviesa la humanidad entera.

2) Al caracterizar el proceso bolivariano hay que decir que históricamente su curso ha sido básicamente nacionalista, con una visión continental, con fuertes rasgos anti-imperialista, anti-neoliberal y humanista, con políticas populistas, asistencialista y clientelar, pero no es un proceso, en la actualidad, de naturaleza socialista, aunque se proclamen así. Es decir, el chavismo realmente no ha tratado de cambiar estructuralmente el Modo de Producción y las Relaciones Sociales que contiene en su sustancia el orden económico capitalista. A lo más que ha llegado es a un capitalismo de Estado, por el específico y peculiar perfil del Estado venezolano: a lo interno, distribuidor entre las clases sociales de la Renta Petrolera y a lo externo, como economía periférica, proveedor seguro, como hemos mencionado anteriormente, proveedor seguro de energía, en su rol mono-productor de materia prima (modelo de desarrollo extractivo) al orden internacional establecido, con baja generación de valor agregado, para sí ensamblar con su otro rol, el de importador de toda clase de productos y de esa manera exportar, como en una especie de ¨rueda¨ inversa, las divisas que ingresaron por las ventas de petróleo.

Y es tan así, que luego de 20 años del proceso bolivariano el 97 % de las divisas que ingresan al país es por exportación de petróleo, también podríamos decirlo de esta manera, que desde el siglo pasado cuando comenzó la explotación petrolera hasta el presente, los que han dirigido la patria han  hablado toneladas de gamelote” e implementado “contenedores” de planes, pero el resultado final es que por cada 100 dólares que entran a nuestro territorio, apenas  3 proceden de la tan mencionada  sustitución de importaciones (meta objetivo). El mecanismo de acumulación originaria del capital, en nuestro caso, ni siquiera ha desarrollado a una burguesía nacional con sentido de espacio territorial y del aprovechamiento de las ventajas comparativas que da el país.

El crecimiento vegetativo de la población en Venezuela es de 2.5%  anual por lo que el crecimiento económico debería estar alrededor del 5%. En resumen, no hemos construido un aparato productivo distinto al petróleo.

Por supuesto, la oposición y el imperialismo están jugando su papel de sabotaje, sería ingenuo pensar, suponer que no lo hacen. Pero adicionalmente a ese cuadro, tenemos un cáncer en el fondo en nuestra economía: la debilidad de un aparato productivo no sostenido y diversificado, de ahí la necesidad de importar prácticamente cualquier rubro que esté ubicada en la dispensa de nuestras carencias, el desabastecimiento, el  acaparamiento, la escasez, la especulación, la inflación, la devaluación, la insuficiencia de dólares en el mercado que garanticen las importaciones y el pago del servicio de la deuda, la reducción de las reservas internacionales; el financiamiento externo, con las sanciones, está prácticamente cerrado. La población paga un impuesto regresivo como el IVA el cual pecha con 12% en cada compra, en fin, estamos ante la dramática y progresiva pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores y a esto se le añade la corrupción, la inseguridad, los apagones, el deterioro de las Misiones y de los servicios y entre ellos destaca el transporte público.

Un elemento a destacar: dejamos de producir para importar, con el agravante de que los alimentos  a nivel mundial se hacen cada vez más caro porque el capital financiero lo está convirtiendo en commodities, en  refugios para sus inversiones especulativas internacionales.

Otro elemento que no debe de pasar por debajo de la mesa, es que a pesar de los grandes esfuerzos que se han realizado en los últimos 20 años por la redistribución de la renta petrolera y así mejorar la calidad de vida del venezolano, seguimos “encajados” en el Modo de Producción Capitalista. En realidad, éste ha sido un proceso anti neoliberal pero no anti capitalista, y aquí resalta el problema de la gestión pública. Es incoherente, contradictorio la falta de continuidad de  políticas públicas de mediano y largo plazo en los distintos ministerios, cada vez que llega un ministro nuevo, la alteración que se realiza son de la magnitud de un cambio de Gobierno, eso por un lado, por otro y es lo categórico ¿Por qué no se ha promovido, fomentado la Democracia Participativa en donde los trabajadores, como columna vertebral de un proceso socialista, asuman la gestión pública en cada una de las instancia del Estado?

Preguntas ¿Si estamos ante o en una “guerra económica “quiénes son los responsables de las “empresas de maletín” y los funcionarios vinculados al defalco de 24.000 millones de dólares ($ 24.000.000.000,00)? ¿Qué estamos esperando para meterlos presos? Este ha sido un año complicado, construir el socialismo no es “soplar y hacer botella”, ni “pelar mandarina” y la historia no los demuestra. Ahí están las experiencias de Rusia y la Unión Soviética (más de 70 años fogueando el cambio; toda una escuela para exprimir lecciones a borbotones, “puro lomito” para ser escrutado y examinado desde el principio al final: La Preparación de la Insurrección. Todo el Poder a los Soviets. La Primera Constitución socialista de la Historia. La Participación Masiva de los Obreros, Soldados, Campesinos y Mujeres. La Formación de la URSS. La Guerra Civil. El Comunismo de Guerra. La Nueva Política Económica, NEP. El Debate Sobre la Industrialización. El Conflicto Interno entre los Líderes Históricos. El Estalinismo. La Segunda Guerra Mundial. Su desarrollo y logros para llegar a ser la Segunda Potencia Mundial. La Guerra Fría. Prioridad de la Industria Pesada sobre la Industria ligera. La Implosión Soviética). La experiencia China. La experiencia cubana. La experiencia vietnamita, La experiencia chilena, todas trataron o tratan de construir el socialismo. Con todo ese legado histórico, la reflexión, la investigación, el estudio son necesarios e indispensables.

Ahora bien, estamos en Venezuela, año 2018 en un proceso auto-llamado socialista por la dirigencia del PSUV. Prácticamente rodeado por sus cuatros costados, llenos de errores, pero también vilipendiado, pero todavía palpitamos por una sociedad mejor… ¿Pero qué es El Socialismo hoy? Teóricamente: es la organización de la sociedad por parte de los trabajadores, es decir, El Trabajo Sobre el Capital. Cambiar integralmente las Relaciones Sociales de Producción. Asumir los Medios de Producción.  Pero, no solamente es eso, implica: democracia, participación, desarrollar la dialéctica entre dirección y horizontalidad, resoluciones abiertas de las contradicciones. Todas, entre otras, condiciones necesarias e indispensables para edificar unas relaciones económicas estructuralmente distintas y superiores a la sociedad capitalista. Más allá de la oposición que ofrezcan los capitalistas y sería iluso pensar que no lo harán, está la construcción de esas distintas Relaciones Sociales de Producción todos los días, todas las horas, todos los minutos, hasta convertirla en cultura.

El trabajador está acostumbrado a operar la empresa y no a dirigirla, por lo que hay que apropiarse el siguiente paso: la Gestión. Tenemos que aprender a formular y elaborar proyectos, a planificar, al uso práctico y regular de la táctica y estrategia, a organizar, a ejecutar, a evaluar, al seguimiento de los mismos, a registrar cada una de las actividades, máxima atención y comprensión al proceso, al camino y por supuesto, a los resultados; a discutir, a “escuchar dos veces y hablar una vez”, ejercer la contraloría, a manejar los datos e indicadores económicos y estados financieros, a prever, a invertir, a examinar y escudriñar en la estructura de costo, al empleo de la contabilidad y la administración, a decidir entre los intereses individuales y colectivos de la empresa y a su vez, de ésta con la sociedad, a superar la fragmentación histórica del trabajador y tener la percepción, pericia e inteligencia de saberse parte articulada de un todo, en fin, un Modo de Producción en donde el trabajador administre y opere las empresas de toda la sociedad con conciencia, visión y responsabilidad. Inclusive hay más, el trabajador tiene que desarrollar las Fuerzas Productivas y en la actualidad estamos inmersos en la Tercera Revolución Industrial (micro-electrónica, informática, automatización, nano-tecnología y una variedad infinita de posibilidades) lo que requiere de trabajadores cada vez más calificado, cada vez más científico, cada vez más colectivo, con contenido de no establecerse limite a su conocimiento.

Una de las claves fundamentales del socialismo es la justicia, por lo que la distribución es vertebral a su naturaleza y razón de ser. Ahora bien, si no producimos y generamos los bienes y servicios necesarios para que la población satisfaga las demandas inherentes a su crecimiento natural, que vamos a distribuir, ahí se comienza a vulnerar su carácter de sociedad superior a la capitalista. La médula y salida a éste antiguo y vetusto problema está en la democratización de la economía, es decir, el pueblo ejerciendo, ejecutando la economía, no una economía para el pueblo sino una economía del pueblo y ese es un cambio colosal, gigantesco, titánico, prácticamente será pasar de la pre-historia a la historia de la humanidad. Las crónicas mundiales han demostrado que los revolucionarios sabemos tomar el poder, pero hasta ahora, nuestro “talón de Aquiles” ha sido la economía, aquí en Venezuela y en el resto del mundo.

El desplome del poder adquisitivo del trabajador (los bienes y servicios que puedan ser adquiridos por el) en la actualidad arroja una diferencia tan significativa que se convierte en brecha (imagen de una tijera abierta) entre la valorización del salario y la hiperinflación, es decir, pierde prácticamente toda su capacidad adquisitiva. Y aquí se da la paradoja de la apariencia: cobra más (ingreso nominal) pero la masa de dinero que tiene no le alcanzará para obtener los bienes y servicios que disponía anteriormente (ingresos real), lo que se traduce en una realidad dolorosa: hoy somos más pobres. Si el aumento de los ingresos de los trabajadores y jubilados es inferior a la hiperinflación, se produce (se causa) la pérdida del valor adquisitivo, en otras palabras, hay un desbalance notorio en la relación entre los ingresos y los egresos de los trabajadores. Se están licuando, vaciando los salarios, prestaciones sociales y ahorros de los trabajadores venezolanos. Hay una caída diaria, real y dramática en la capacidad de compra de los trabajadores. Ésta parece ser una de las razones (el avestruz escondiendo la cabeza) del por qué el BCV (Banco Central de Venezuela) ha dejado de publicar el I.P.C. (Índice del Precio al Consumidor).

En estas condiciones, hay una redistribución de las riquezas del Trabajo hacia el Capital (sobre todo, hacia el sector que tiene sus activos financieros en divisas internacionales). Los pasajes del transporte público han subido tanto que han colocados a los trabajadores, que perciben ingresos mínimos, en la disyuntiva de ir al trabajo o quedarse en su casa y si vamos a los remedios, nos terminamos de enfermar definitivamente.

Hay que luchar por el cambio de la política económica actual. Hay que desnudar dicha política y combatirla. El Gobierno no puede seguir implementando las mismas medidas económicas que ya han fracasado y que colocan el peso de la crisis sobre la espalda de los trabajadores. ¡Los trabajadores tenemos que organizarnos! ¡Los trabajadores tenemos que luchar por nuestros derechos! ¡Los trabajadores tenemos que luchar por la sociedad socialista!

El Gobierno busca desesperadamente tiempo, pero la crisis se agrava cada día, sobre todo en las esferas alimentaria y salud. Durante años se viene implementando una política económica ficticia, “hueca”, más presuntuosa que real. El malestar crece y estos problemas fundamentales, vitales siguen sin resolverse. Se hace necesario no caer en el “chantaje” del Gobierno de que cualquier crítica que se realice favorece a la oposición o al imperialismo, y bajo el concepto de “lealtad”, envuelve y políticamente manipula para contrarrestar el descontento. Se hace ineludible, imprescindible cambiar el rumbo de las políticas actuales, que están en dirección contrarias a los intereses de los trabajadores, es decir, el Gobierno debe dejar de estar “administrando“ al capitalismo criollo. Las políticas económicas actuales no funcionan, es un modelo económico inviable. La base material productiva del país está colapsada. Hay que presionar y exigirle al Gobierno el cambio de las políticas económicas. Salida revolucionaria a la crisis estructural del capitalismo dependiente y rentista de Venezuela, no más concesiones y estímulos  como créditos blandos, subsidios, condonación de deudas, exoneraciones de impuestos, políticas fiscales regresivas, Mesas de Negociaciones, precios acordados, dólares preferenciales en su proceso de acumulación de capital, por lo que tenemos que ver la situación en forma integral y no de manera fraccionada. Hay que enfrentar éste complejo desafío en paralelo y simultáneamente, con dos frentes históricos a resolver: a.- El imperialismo con su enorme y terrible maquinaria y con una correlación de fuerza internacional actual desfavorable a nuestro país, b.- La necesaria confrontación de clase como elemento definitorio en la determinación por la orientación y dirección del proceso revolucionario. El Gobierno, con sus distintas anuencias con el capital nacional, se ha venido desdibujando, o para ser más preciso, se ha venido derechizando en su afán por mantener el equilibrio entre clases e intereses antagónicos. Uno no se puede perder en la travesía, por más intrincada y enmarañada que sea(n) la(s) tormenta(s), si tienes claro el norte, pero aprobando legislaciones para atraer a la inversión extranjera como la Ley de Promoción y Protección a las Inversiones Extranjeras, espacios como el Arco Minero o las Zonas Económicas Especiales, definen la bifurcación del camino.

Las políticas económicas actuales no funcionan, es un modelo económico inviable para los trabajadores, su consecuencia, entre otros males, es la hiperinflación, la pérdida de la capacidad adquisitiva y la subsistencia para la población en general. La base material productiva del país está colapsada.

Hay que presionar y exigirle al Gobierno el cambio de la política económica. Salida revolucionaria y popular, enfrentar científicamente la crisis estructural del capitalismo dependiente en Venezuela, apoyándose en la capacidad y potencialidad de los trabajadores para la transformación del país. Hay que cambiar la forma y el fondo de cómo está organizado el tejido social en la vida económica de la nación, por uno donde el trabajador (obreros, campesinos, técnicos, profesionales) sea el que lidere la estructura productiva venezolana.

 

Notas:

* Economista, director del Centro Interdisciplinario de Investigación, Formación y Documentación de la Economía Cooperativa, Social y Pública (CIRIEC, Universidad de Los Andes, Venezuela).

¿Qué se juega en Venezuela?, por Julio C. Gambina

Con la revuelta popular conocida como el “caracazo”, en febrero y marzo de 1989, se inicia un periodo de ascenso de la lucha social y política de Nuestramérica que abrirá el camino al cambio político de la primera parte del Siglo XXI en la región.

Desde entonces se suma al clima de época el levantamiento zapatista en Chiapas (1994) y una serie de movilizaciones populares nacionales en los 80/90, e iniciativas de articulación en campañas continentales y globales entre las que destaca el Foro Social Mundial en 2001 y la lucha contra el ALCA que adquirió fuerza masiva entre 2001 y 2005.

Muchos de esos procesos aportaron a comienzos del Siglo XXI a la construcción de gobiernos críticos con la política hegemónica de corte neoliberal instrumentada entre los 70 y los 90 del Siglo XX, generando expectativas de transformación social, incluso con novedosas formulaciones que retomaron en algunos casos el discurso anticapitalista y por el socialismo, que aparecía derrotado por la ofensiva de las dictaduras de los 70 y sus proyectos monetaristas, de ajuste y liberalización.

El liderazgo de Hugo Chávez fue emblemático hacia el interior del proceso venezolano, entre 1989 y 1999 en que asume la presidencia del país, y desde ahí en la construcción de la revolución Bolivariana, incluso como legado histórico luego de su muerte, en 2013.

Desde esa experiencia, la figura y el papel de Hugo Chávez adquirió envergadura y trascendencia en la región, con propuestas de integración alternativa a la subordinación que pregonaba el modelo hegemónico de liberalización, con su máxima aspiración en el ALCA, proceso discontinuado en el 2005 entre la convergencia de las Cumbres populares y el accionar institucional del Mercosur y Venezuela.

Fue el vínculo entre Cuba y Venezuela, especialmente desde fines del 2004 y el surgimiento del ALBA, luego ALBA-TCP, que se reinstaló la perspectiva socialista en el debate del rumbo posible para la región Nuestramericana. Así emergió en el discurso de Chávez la propuesta por el Socialismo del Siglo XXI, que luego se formularía desde Bolivia, en 2010, con la propuesta por un Socialismo comunitario y, en 2011, la renovación económica del socialismo en Cuba, proceso aún en desarrollo.

Todo ello se materializaba como una experiencia inédita en la región, lo que incluía a las categorías del “vivir bien” o el “buen vivir”, el carácter plurinacional de los Estados y los derechos de la naturaleza como nuevos horizontes civilizatorios, con las especificidades locales necesarias, entre las que destaca la política social de las “misiones” en Venezuela o la innovación de las “comunas” para el despliegue de una gestión con participación popular en la toma de decisiones.

El carácter transformador y creativo de esa etapa es lo que denomino “cambio político” en Nuestramérica, que fuera contrarrestado con un accionar deliberado y consciente de las clases dominantes de la región y del mundo, con procesos de reversión del rumbo crítico a las políticas hegemónicas de carácter reaccionario de la etapa inmediata anterior, mucho más si se proponía una orientación en sentido anticapitalista, antiimperialista y anticolonial.

Por eso, hay que considerar la nueva estrategia golpista en la región, que ya no adopta la forma de intervención militar tradicional, sino que acude a procesos desestabilizadores que promueven y/o potencian las dificultades y limites económicos de los procesos de cambio. Los llamados golpes blandos contribuyen a desplegar la iniciativa política del poder para retrotraer la situación de los países de la región a una “normalidad” por la liberalización, agenda privilegiada por los gobiernos en los 80 y 90 del Siglo XX¹.

De allí, la fuerte iniciativa política e ideológica de las derechas para erosionar la acumulación de fuerzas de poder popular y toda estrategia de cambio económico para habilitar una reinserción de Nuestramérica en la lógica de acumulación que definen las transnacionales y el poder mundial con la liberalización, más allá del “proteccionismo” de Trump o el Brexit británico. Ambos en la búsqueda de recrear el poder global perdido a manos de otros procesos que disputan la hegemonía mundial, sea China, Alemania, Europa, Japón o los llamados países emergentes.

Esa iniciativa política, con acciones diversas, entre ellas las “no-violentas”, copiadas y apropiadas de la experiencia de la izquierda y el movimiento popular por décadas, están asociadas al accionar de los principales medios privados de comunicación. Estos actúan en red multimedia y, además de disputar plusvalor, intervienen en la construcción de conciencia en la sociedad para desandar caminos y transitar otros más propicios para la acumulación de capitales y la perpetuación del capitalismo.

De ahí, los procesos de “golpes blandos” en Haití, agravados con la presencia militar de la región en la MINUSTAH (2004), en Honduras (2009), Paraguay (2012) y Brasil (2016), ahora exacerbado con los triunfos electorales en la Argentina de Mauricio Macri desde el 2015. Son en conjunto la precondición para intentar cambiar el clima social y político de época.

Ese es el marco que propicia el Grupo de Lima (acción multilateral de aislamiento de Venezuela y cara visible de la ofensiva externa), que retoma la agenda de la liberalización, el acercamiento a Estados Unidos, aun con el desprecio explícito que propicia Trump a sus aliados más cercanos, caso patético del gobierno mexicano. Pero es la condición necesaria, también, para desarmar la relativa nueva institucionalidad gestada en ese tiempo, caso de la UNASUR, de la que 6 países acaban de desvincularse por las perturbaciones que supone la existencia de Venezuela y de Bolivia².

 

Venezuela en el centro de la atención imperialista

La situación venezolana está en el centro de la discusión regional, sea derivada de la iniciativa de la política exterior de EEUU que asume a Venezuela como una amenaza, aunque también por sectores de izquierda críticos al proceso en curso, especialmente luego del deceso de Hugo Chávez, dirigente histórico del proceso bolivariano. En el medio se constituyen diversas variantes de apoyo, matizadas en la crítica, a una experiencia en permanente proceso de evaluación ante dificultades principalmente económicas.

De este modo, la cuestión venezolana no resulta indiferente para las distintas lecturas sobre lo que ocurre, su historia y devenir, no solo para Venezuela, sino para la región en su conjunto. En definitiva, es parte del debate estratégico entre quienes sustentan una lógica de defensa y promoción del orden capitalista y los que confrontan con esa orientación y no siempre desde la misma trinchera. Esto último divide colectivos sociales y políticos en el establecimiento de una estrategia alternativa común y que reconoce defensores de los procesos de cambio, caso de Venezuela, o aquellos acérrimos críticos por izquierda.

Todos sabemos de la riqueza potencial por tenencias de reservas petroleras que contabiliza Venezuela, del mismo modo que se reconoce la necesidad de Estados Unidos y del orden capitalista por apropiarse de los bienes comunes, en lógica mercantil: los abundantes recursos materiales naturales que posee Nuestramérica, y especialmente la tierra de Bolívar y Chávez, en tanto los hidrocarburos son insumo estratégico no renovable de la producción mundial.

Siendo importante la base material y natural venezolana, lo que más preocupa al poder global del capitalismo es la experiencia de cambio instalada desde el discurso crítico, más aún si adquiere carácter masivo, tal como se presenta en Venezuela. Me tiento en pensar en Cuba, cuyo peligro más importante para Estados Unidos y el poder mundial es el ejemplo de que, aun con límites, se puede ir contra la corriente y el pensamiento hegemónico.

Además, si al valor ético, social o de revolución que incluye Cuba en el imaginario popular, se asocia un proceso sociopolítico, Venezuela, asentado en cuantiosas reservas pasibles de transformarse en recursos económicos; entonces, el problema es serio para el orden capitalista.

Las condiciones económicas iniciales de la Rusia o la China revolucionaria dificultaban cualquier estrategia imaginable de superación del capitalismo, algo que cambia al momento de la revolución cubana, con una inserción en la división internacional de trabajo definida por el campo del socialismo en los años 70/80, ya en plena guerra fría y competencia bipolar del sistema mundial. Son condiciones que desaparecieron con la caída del muro (1989) y la desarticulación de la Unión Soviética (1991). Los acuerdos de fines del 2004 entre Cuba y Venezuela gestaron la condición de posibilidad para pensar en una base material de lanzamiento de un ciclo que recreara la potencia del anticapitalismo.

Cuba aportaba la solidez de su historia revolucionaria con las debilidades económicas derivadas, entre otras cuestiones, de los cambios tecnológicos en los 60 (de procedencia y dominación estadounidense a tecnología soviética) y nuevamente en los 90, con los límites de recursos económicos para una compra exigida al contado en los mercados globales. Venezuela aportaba el petróleo en momentos de máxima elevación del precio internacional del petróleo, sin perjuicio de otros proyectos trascendentes como es el caso de Petrocaribe, con acción más allá de la Isla. Las ventajas específicas asociadas generaron enorme expectativa en la renovación de un proyecto regional por el socialismo.

Esto es lo que el imperialismo y las clases dominantes se propusieron detener, porque la asociación entre Cuba y Venezuela se extendía en novedosas iniciativas políticas que habilitaron la integración sin Norteamérica (Estados Unidos y Canadá), caso de la CELAC, ahora amenazada con el resurgimiento de la OEA a mano de las derechas y claro, de la ineficacia o debilidad de los propios procesos de cambio en Nuestramérica, que incluye la corrupción, que ya no es solo patrimonio de los gobiernos tradicionales y la derecha.

Venezuela pretende ser recuperada para el proyecto hegemónico de dominación capitalista. Tiene enormes reservas petroleras en momentos de crisis energética, en tanto parte de una crisis capitalista integral que tiene a los hidrocarburos como insumo estratégico del modelo productivo y de desarrollo mundial. Pero más importante aún es el ejemplo que instaló, incluso discursivamente, de una potencial revolución socialista.

Es importante recordar que en 1989 empezaba el derrumbe de la bipolaridad del sistema mundial y se ventilaban estrategias ideológicas discursivas sobre el “fin de la ideología” o de la “historia”, augurando un tiempo pacífico de dominación capitalista como horizonte deseado para la civilización contemporánea. Al mismo tiempo emergían los pueblos desde Caracas y más tarde desde Chiapas, del Alto en Bolivia, en Ecuador, en Argentina y en distintas ciudades y países para mostrar que la historia no es unidireccional y que la lucha de clases se manifiesta en acontecimientos que parecen predeterminados por la lógica de quienes dominan hasta que el pueblo hace visible su lucha.

Al tiempo que el capitalismo aparecía ganando su batalla contra el socialismo, desde la lucha popular y en especial desde Venezuela se iniciaba una nueva experiencia que generó expectativas populares de cambio político en todo el mundo. Se volvió a instalar la condición de posibilidad para pensar en la transición del capitalismo al socialismo, una asignatura pendiente a discutir en este bicentenario del nacimiento de Carlos Marx, o si se quiere, a 150 años de publicado el Tomo I de El Capital, y/o a 100 años de la revolución por el socialismo en Rusia.

También es cierto, que el proceso de transformación revolucionaria contiene los problemas internos, o que se asumen en las diferentes estrategias al interior del proceso en cada experiencia. Es un tema a balancear en la experiencia rusa y soviética³; china, cubana o vietnamita; incluso en las más recientes de Nicaragua o El Salvador, las que se reconocen en un mismo tronco teórico y práctico por la transformación socio-económica.

Al respecto, el economista venezolano José Félix Rivas señala que: “La confrontación por Venezuela tiene como objeto no sólo obtener un bajo precio del petróleo, sino principalmente garantizar el acceso a este recurso natural. Venezuela es poseedora de reservas naturales de gran importancia para el autómata global del Siglo XXI. Cuenta, además de grandes reservas de oro y petróleo, con otro tanto de minerales estratégicos. Además, posee agua y reservas vegetales. La economía venezolana es clave para el actual reacomodo estructural del capitalismo mundial”4.

El autor venezolano agrega que: “Esto significa que, detrás de los actores aparentes del conflicto político venezolano (la MUD, Almagro-OEA, entre otros) se agazapan los actores fundamentales como las grandes trasnacionales del petróleo, la banca de inversión y aquellas corporaciones mundiales que pueden beneficiarse de los recursos naturales y especialmente los minerales.” Continúa diciendo que “En el fondo, la confrontación que se expresa en el plano político como una insurrección de la derecha, es en realidad una faceta de la confrontación política por el control de la renta petrolera y, específicamente, por el dominio político del aparato del Estado. Esto lleva aparejado la intención de recuperar el control pleno de la política económica, junto con las otras políticas públicas y, de las instituciones fundamentales (Petróleos de Venezuela –PDVSA-, Banco Central, Ministerios de la Economía, banca y empresas públicas) que el proceso chavista, a pesar de las grandes limitaciones, ha logrado promover a través de ella una orientación a favor de los intereses nacionales. Para ellos es fundamental desmantelar la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, porque la fidelidad de la MUD es con el Comando Sur y la IV Flota.” Finaliza destacando: “De tal manera que, se trata de instalar un Gobierno de transición para el desmontaje del marco legal e institucional que actualmente le concede al Estado la administración soberana de los recursos naturales, que permite a la población trabajadora acceder a la tierra, a la vivienda, a la salud, a la alimentación, a la educación, a la tecnología, al control de la producción”5.

Corresponde la prolongada cita para entender con la propia prosa de un intelectual y profesional con responsabilidades en el proceso venezolano, los límites estructurales del capitalismo dependiente en Venezuela y los intereses en pugna para la reproducción de la lógica de la dependencia capitalista, lo que supone una disputa por la producción de riqueza.

 

Relación entre economía y política

No hay frontera clara entre ambas categorías, Economía y Política y, de hecho la disciplina teórica en origen respondía  a la denominación de Economía Política. Solo por razones ideológicas se transformó en la técnica de la “economics”, intentando una desvinculación de todo análisis social y menos de la crítica de la Economía Política que fundamentó Carlos Marx hace siglo y medio. Las matemáticas y la técnica desplazaron a las consideraciones históricas y sociales originarias en los estudios clásicos de la Economía Política.

Por eso, como no hay una sin otra, ni crítica a la una sin la crítica a la otra, es que no funcionan, a nuestro criterio, los análisis de realidad que asumen la falsa separación de la lucha de clases nacional, regional o mundial para considerar cualquier situación nacional. El cambio político en la región se frena al no avanzar en modificaciones estructurales de las relaciones sociales de producción y, éstas no se proyectan o procesan porque son débiles las iniciativas políticas populares que favorezcan nuevas culturas de consumo y producción que convoquen a constituir mayorías político-programáticas que sean condición de posibilidad para la transición del capitalismo al socialismo.

No alcanza con mediciones tradicionales para una crítica a la experiencia venezolana, aun cuando sean necesarias a los efectos de medir tendencias y procesos comparables con la lógica de evolución de la economía mundial capitalista.

Por eso, es que aun cuando habitualmente aludimos a datos que recogen las estadísticas oficiales, siempre hay que relativizarlos con análisis cualitativos con relación a la situación estructural de consolidación o no de una determinada configuración de relaciones sociales de producción.

Muchas críticas al proceso económico en Venezuela, que se extienden a la faz política remiten a consideraciones  sobre la evolución del PBI, claramente a la baja en los últimos años en Venezuela o al funcionamiento de la macroeconomía según paradigmas mundiales que recogen las estadísticas de ofertas y demandas ofrecidas por las contabilidades nacionales, donde el desabastecimiento corrobora la caída del consumo de los sectores populares en Venezuela. Los mercados capitalistas, existentes en Venezuela, son dominados por el monopolio que ejerce el poder de la producción y circulación del capital, por lo que define el tipo de cambio real y con él el ilegal o paralelo con acciones inducidas para su sostenimiento. En ese marco juega el endeudamiento público, y claro, los límites de una política económica condicionada por la hegemonía de las relaciones capitalistas no superadas en la formación económica social venezolana.

La crítica de la Economía Política e incluso los teóricos clásicos de la revolución no avanzaron históricamente en la definición del nuevo modelo productivo y de desarrollo, tarea que corresponde a la creatividad del sujeto de la transformación revolucionaria de la sociedad. No hay en Marx camino trazado para la construcción del socialismo; ni en Lenin, más allá de las políticas asumidas bajo su liderazgo para correcciones en el proceso de la coyuntura, caso de la NEP. Fidel Castro comentando los cambios en el modelo económico del 2011 señalaba que no había definición ni modelo sobre la construcción del socialismo. Por eso insistimos en varias intervenciones en que el socialismo, al estilo de Mariátegui “no será calco ni copia, sino creación heroica”.

Por ello, se impone la simultaneidad del ensayo de construcción de la nueva sociedad del tránsito de las relaciones sociales de producción con la nueva forma de organización de la comunidad, incluso con perspectiva de transitoriedad de las relaciones estatales, algo que constituye parte del ensayo de las comunas en Venezuela. No hay dos tiempo, el de la política y el de la economía. Ambos se procesan en conjunto y por eso ante la desestabilización política promovido desde el poder mundial entre 2014 y el presente, diverso en iniciativas, el trasfondo ocurría con el descontento ante la insatisfacción de abastecimiento de necesidades de parte de la población más empobrecida. La respuesta gubernamental fue simultánea, con los CLAP, Comités Locales de Abastecimiento y Producción6,  y el poder en las comunas, diferenciado y a veces contradictorio con el poder burocrático estatal.

Aludiendo al poder comunal, Gilberto López y Rivas sostiene que “En el memorable documento Plan de la patria, más vigente que nunca en condiciones de riesgo extremo, el comandante Chávez planteó lo siguiente:

“Para avanzar hacia el socialismo, necesitamos de un poder popular capaz de desarticular las tramas de la opresión, explotación y dominación que subsisten en la sociedad venezolana, capaz de configurar una nueva sociedad desde la vida cotidiana, donde la fraternidad y la solidaridad corran parejas con la emergencia permanente de nuevos modos de planificar y producir la vida material de nuestro pueblo. Al presentar este programa, lo hago con el convencimiento de que sólo con la participación protagónica del pueblo, con su más amplia discusión en las bases populares, podremos perfeccionarlo, desatando toda su potencia creadora y liberadora”.

Agrega que “Es así que surge el Estado comunal, que es definido en la Ley orgánica de las comunas como la:

“Forma de organización política social, fundada en el Estado democrático y social de derecho y de justicia establecido en la Constitución de la República, en la cual el poder es ejercido directamente por el pueblo, con un modelo económico de propiedad social y de desarrollo endógeno sustentable, que permita alcanzar la suprema felicidad social de los venezolanos y venezolanas en la sociedad socialista. La célula fundamental de conformación del estado comunal es la Comuna.” (Ley orgánica de las comunas. Ministerio del Poder Popular Para las Comunas y Protección Social, 2010, Artículo 4.10).7

La alusión que hacemos a las comunas y a los CLAP lo asociamos al aprendizaje de la revolución bolivariana. Ya hemos mencionado que la prédica por el socialismo emerge a fines del 2004, ya que previamente el horizonte de construcción era de crítica al orden neoliberal hegemónico8, que empieza a tener horizonte por el socialismo desde la práctica concreta, desde el ejercicio del gobierno entre 1999 y 2004. Es la experiencia concreta la que define que no alcanza con la crítica al neoliberalismo, sino que se requiere ir más allá y en contra del capitalismo. Ese es el momento de la preocupación máxima del poder y el crecimiento del hostigamiento, exacerbado ante la muerte de Chávez y contra la nueva gestión de Nicolás Maduro.

Claro que enunciar el horizonte socialista no supone en sí mismo construir el socialismo, sino que resulta la premisa imprescindible como formulación para disputar consenso social masivo para revolucionar la sociedad. Recordemos el traspié electoral con Chávez en la conducción del Estado venezolano cuando se quiso constitucionalizar el rumbo socialista. El socialismo solo puede construirse con una subjetividad masiva y consciente para construir una nueva sociedad, contra el capitalismo y por el socialismo. Esa es la condición de posibilidad para afirmar el tránsito del capitalismo al socialismo.

Por eso las “guarimbas” y hasta el desconocimiento del legítimo ejercicio de la presidencia de Maduro, exigiendo elecciones anticipadas al tiempo que se ejercía el boicot económico, con desabastecimiento y mercado negro, claro que, también, con complicidades de la corrupción, que lamentablemente no desaparece en los gobiernos con pretensión de cambios profundos. La respuesta fue en la política y en la economía, con los CLAP, las comunas y la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente – ANC, luego en ejercicio y debate, para alimentar el consenso social al tiempo que se construye economía y política bajo condiciones de desestabilización por parte del poder local y mundial.

Es curioso cómo una vez que se asumió la convocatoria anticipada a elecciones, reclamada por la oposición, ésta demandó la postergación y ante la concesión, una mayoría opositora desistió de protagonizar la convocatoria, lo que pone de manifiesto el carácter no democrático de la estrategia opositora y la definición por una retomada de la estrategia del poder global para restituir a Venezuela al redil de la lógica capitalista. Este 20 de mayo, día previsto para la elección presidencial en Venezuela, no sólo se juega la continuidad del proceso venezolano sino, que podemos decir, también, el futuro de Nuestramérica.

 

Notas:

Doctor en Ciencias Sociales, UBA. Profesor titular en las Universidades Nacionales de Rosario y San Luis. Profesor de posgrado en Universidades públicas de Argentina. Presidente de la Sociedad Latinoamericana de Economía Política y Pensamiento Crítico, SEPLA. Director del Instituto de Estudios y Formación de la CTA Autónoma. Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP.

1. Marcos Roitman Rosenmann. Breve manual actualizado del golpe de Estado. Editorial Sequitur. Madrid, 2017. El texto incluye Métodos de la Acción no violenta de Gene Sharp y Operación Venezuela Freedom-2, del Comando Sur de EEUU.

2. Los 6 países son: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú.

3. Imprescindible leer la investigación del cubano José Luis Rodríguez bajo el título “El Derrumbe del Socialismo en Europa”, editado por RUTH Casa Editorial en La Habana, 2014.

4. José Félix Rivas Alvarado. “Venezuela: Enfrentando a un golpe no tan blando”. En: “Nuestra América XXI. Desafíos y Alternativas” Boletín n° 9 de Julio 2017, del Grupo de Trabajo de CLACSO sobre Crisis y Economía Mundial. http://docs.wixstatic.com/ugd/12e354_19b870c568ae48f4b634fb947c9d893f.pdf

5. Ibidem

6. Nicolás Maduro twiteó el 12/3/2018: “Ante las adversidades que enfrentábamos el 2016, comenzó el proceso de creación de los Comité Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP). Después de dos años, podemos decir con orgullo que funcionó. Venezuela está protegida”.

7. Gilberto López y Rivas. “Poder comunal-popular en Venezuela”. Texto completo en: https://www.lahaine.org/poder-comunal-popular-en-venezuela

8. El horizonte político de Hugo Chávez fue por el definido en ese tiempo como un proyecto de “Tercera Vía”, una lógica político ideológica inspirada en Anthony Giddens y asumida por Tony Blair y Bill Clinton.