El hijo maldito de Latinoamérica, por Julián Aguirre

El chavismo persiste. Contra todo pronóstico, para sorpresa de propios y extraños, esta experiencia única mantiene en vilo a analistas académicos y periodísticos. Demonizado, idealizado, bastardeado pero pocas veces comprendido, el chavismo a menudo es situado en el ojo del huracán. Tras un año en Venezuela, estas palabras no buscan cerrar interrogantes pero sí quizá aportar algunos elementos y claves de análisis.

Resultaría irreal y bochornoso negar la existencia de la crisis que el chavismo afronta. Esta se desenvuelve en múltiples niveles, o bien  se trata de la convergencia de varios puntos de tensión -cada uno con su propia dinámica-, simultáneos y superpuestos, en condiciones no experimentadas anteriormente por el proceso revolucionario:

  1. El modelo de acumulación persistente afronta una crisis prolongada –junto a las dificultades y limitaciones para elaborar alternativas factibles en el corto plazo- que ha arrastrado consigo al Estado de la Quinta República, dejando en entredicho su capacidad de contener las tensiones y expectativas de la sociedad. Esta situación es particular y urgentemente cierta a nivel generacional, siendo que hoy el país cuenta con una camada completa de jóvenes se han socializado teniendo al chavismo como el orden vigente. Sus expectativas, necesidades e inquietudes no son las de sus padres y madres.

Precediendo la caída estrepitosa del ingreso percibido de la extracción del petróleo se sitúa la partida física de Hugo Chávez. La ausencia del líder fundador, principal comunicador, estratega y pedagogo de aquel conjunto de sujetos reunido bajo la etiqueta de “chavismo”, persiste como evento traumático en su memoria colectiva inmediata.

Resulta un elemento difícil de racionalizar pero esencial si se quiere terminar de comprender cómo y cuán duraderos son las formas de interpelación e identificación en la dinámica líder-movimiento. El “todo somos Chávez” acabó siendo algo más que una apelación electoral. Está también inscripto en ese proceso de radicalización democrática, de empoderamiento y pedagogía política cuyo resultados institucionales pueden ser diversos e incongruentes a veces, pero resume una “disposición”; una declaración de principios enraizada en una nueva identidad política. El chavismo es un fenómeno cultural que ha sobrevivido a la muerte de su fundador porque ha logrado arraigar en formas de expresión y manifestación popular. Para muchos/as venezolanos/as, ser chavista se ha convertido en una forma de representarse (en) su momento histórico.

Esta situación que una compañera bien describió como “orfandad” adquiere ese carácter de trauma que aún es difícil de procesar entre la base social del chavismo. Para bien o para mal, la presencia e invocación de Chávez aún se vuelve una referencia constante en toda conversación casual o reunión política que uno tenga. Fuente de desorientación en una cultura política donde el rol del líder redentor es central, y donde no se puede pretender que nadie más logre ocupar dicho lugar, independientemente de las capacidades que posean quienes han seguido al frente de la conducción política formal del gobierno y de la coalición que lo sostiene.

 

  1. Para completar el cuadro de situación -a muy grandes pinceladas- nos encontramos con un giro contundente en el signo político dominante entre los gobiernos de la región. 2015 y los hechos vividos en Argentina y Brasil reformularon el marco de alianzas y la correlación de fuerzas en la cual ha de desenvolverse el gobierno bolivariano.

Salvo por Bolivia, Venezuela es así la última pieza de un dominó que podría completar la restauración del orden deseado por las élites latinoamericanas y sus socios globales, empeñadas en hacer de los años de gobiernos progresistas y de izquierdas en Sudamérica nada más que una nota al pie, un mal sueño.  La utilización oportunista de la “cuestión venezolana” por parte del discurso de nuevas y viejas derechas latinoamericanas es clara: Venezuela es ese fantasma que recorre la región, a modo de figura aleccionadora.

Frente a esto, nos encontramos con un sector del arco político opositor determinado a usar todas las herramientas a su disposición para fraguar el quiebre institucional del país. No es mera retórica: estando allí, uno puede comprobar cómo el liderazgo antichavista ha construido su zona de confort en esa no-disposición al diálogo. Sea por sesgo ideológico o elección estratégica, se ha acudido a la instrumentalización política del odio, manifestada descarnadamente en los linchamientos y la quema de personas “acusadas” de chavistas que pudimos ver en 2017.

Bastó que la violencia produjera la sensación de que el punto de no retorno estaba más cerca que nunca.  Es imposible transmitir los cambios sutiles que genera en uno cuando la rutina cotidiana se enmarca en estas reglas. La planificación de la vida misma, de proyectos personales se vuelve una expresión de deseo, los giros pronunciados de la coyuntura son demasiado abruptos. Hoy se libra una batalla por restaurar cierta noción de normalidad y estabilidad entre saltos hiperinflacionarios, amenazas de sanciones y embargos, planes desestabilizadores, la retórica beligerante y una polarización social y política que hasta se expresa en los territorios. La sensación de estar asediado a nivel individual y colectivo.

  1. Mal que bien desde el gobierno se optó por una estrategia que encauzara el conflicto pro vías político-institucionales, lo cual fue recibido por vastos sectores de la sociedad más allá de preferencias partidarias. El liderazgo opositor se condujo solo a un callejón del que no pudo salir sin sumirse en la mayor crisis de su historia reciente, dinamitando un capital político como nunca había construido desde 1998. Pero el gobierno caería en un error si, como a veces aparenta con un discurso de fuerte tinte triunfalista, confunde el rechazo a la violencia política con una aprobación a la gestión.

Con esto no se quiere descartar cualquier debate sobre las formas de proceder o abordar la crisis que ha ejecutado el gobierno encabezado por Nicolás Maduro. Ni toda la oposición al gobierno converge en esas demostraciones de fascismo realmente existente. Hay un malestar legítimo que supo ser canalizado por expresiones políticas antichavistas. Pero sería profundamente injusto y errado acompañar, aún por simple inercia, la narrativa que criminaliza al chavismo como único autor de la situación que vive el país, o endilgarle la totalidad de las muertes ocurridas en una espiral de violencia alentada premeditadamente por el liderazgo opositor. Es válido reclamar y señalarle al gobierno que se encuentre a la altura de los valores que expresa al momento de abordar la protesta social, pero eso no justifica caer en visiones maniqueas y lineales.

  1. Con todo lo arriba descripto, el proceso bolivariano se halla en un punto de inflexión. El desenvolvimiento de las contradicciones sociales y su expresión política se encuentra en un empate  donde un bloque y otro han buscado durante los últimos años aventajarse simultáneamente en cada plano de confrontación: diplomacia, guerra económica, narrativa, electoral, callejera, etc. De la resolución del dilema actual pende la suerte del proceso que ha conducido cambios durante los últimos 20 años sin precedentes en la vida de vastos sectores de la sociedad venezolana.

No obstante, no es una situación extraña del todo. De hecho, el chavismo encontró la manera de fundarse y resignificarse como identidad colectiva y como proyecto político a partir de las crisis. Nació como respuesta a la devastadora crisis de legitimidad de la clase política y el quiebre del consenso que sostenía a las bases mismas de la Cuarta República. De ahí en más cada salto en profundizad y radicalidad estuvo precedido por situación de desborde en las tensiones sociales, del choque entre lo viejo y lo nuevo. En contadas ocasiones se anunció la llegada de su fin, se lo declaró un zombi político. Deseos que acabaron subestimando la capacidad del chavismo de recrearse. La pregunta en todo caso es ¿hasta cuándo persistirá esa capacidad?

El chavismo desdibujó y redefinió, al menos para quienes lo recibieron y encontraron en esta experiencia un canal por el cual expresarse, los contornos de lo político; del compromiso, de lo social y lo personal, de lo individual y de lo colectivo. Pasando por alto ese nivel y entendiendo a la experiencia de la República Bolivariana como otro proceso más de redistribución de la riqueza y reformas progresistas –pero con el empujón de la riqueza petrolera- no se puede entender cómo se sostiene un proyecto frente a tantos embates y bajo su propio peso. Porque el chavismo, a menudo a pesar suyo, se sostiene contra todos los pronósticos.

  1. La cuestión no reside solo en que Venezuela necesita de una solidaridad más activa de la que actualmente existe. Solidaridad que requiere un esfuerzo político y académico serio por comprender las complejidades de la crisis actual. La cuestión fundamental es que en la región se necesita de Venezuela más de lo que se le reconoce.

Como horizonte de posibilidad, Venezuela expresa todo lo humanamente gris y contradictorio (pero real) de un proceso histórico. Más allá de modelos teóricos impolutos y épicas militantes, Venezuela es la realidad efectiva de un ensayo que se atreve en tiempo presente a devolver a las personas la autoría de lo político. Su pecado por el cual hoy se le castiga es que allí se probó a inventar y errar contra toda resignación.

Desorientación, dudas, temores, ansiedades. Pero también vocación por retomar la iniciativa, encontrar oportunidades en la crisis, reunir a las voces y manos dispersas que aún optan por encarar los límites, errores y desafíos que afronta el proceso de la revolución, de “su revolución. Esa es la multitud de sensaciones que se pueden llegar a encontrar hoy con tal solo hablar con aquellas personas aun comprometidas con el proceso de la revolución bolivariana. Porque si hay un elemento que llama primero la atención es como el/la chavista se refiere a los acontecimientos que le rodean en primera persona. Hay una certeza de protagonismo, de pertenencia y apropiación arraigada en la identidad y cultura política que el chavismo contribuyó a alimentar en segmentos significativos de la sociedad venezolana. Voces que a menudo son las últimas en ser representadas y oídas fuera al hablarse de la actualidad de Venezuela. De “su” Venezuela.

Y mientras la oposición se debate y fracciona continuamente entre opciones antidemocráticas y quienes esperan a levantar las ruinas de una crisis política y económica de la cual son en buena parte responsables; el chavismo se enfrenta al espejo. Los múltiples sectores que lo conforman se debaten entre la forja de nuevos consensos y el retorno a las raíces -pero, ¿cuáles?-; de la radicalización o la postura defensiva. ¿Qué puede significar renovarse? ¿Se habla de individuos, figuras titulares de puestos de decisión? ¿o de métodos, discursos, concepciones?¿Cuánto hay de viejo y convencional en una renovación?

De esta manera, el chavismo expone las preguntas y ensaya respuesta a los desafíos, límites y tensiones que han marcado la primera década del siglo XXI para las sociedades latinoamericanas. ¿Hasta dónde se peca de voluntarismo? ¿Cuándo es necesaria y cuándo es excesivo el pragmatismo? ¿Qué implica hay en ese momento de transiciones entre lo viejo que no termina de morir y lo nuevo que no termina de nacer? No todas las alternativas elaboradas llegarán a buen puerto; tampoco es objeto de esta pieza emitir un juicio categórico como tantos otros se han hecho ya. Eso quedará en última instancia en manos de la sociedad venezolana.

 

Notas:

Politólogo (UBA). Residente en Venezuela durante 2017.

“Una crónica bolivariana: Mujeres en Revolución”, por Florencia Catelani

En Venezuela hay brujas. No se trata de creer, sino de que las hay. Las vi, andan por los barrios, por los campos, se meten hasta en las instituciones. Se juntan, intercambian aprendizajes, resuelven todo tipo de problemas, todo el tiempo. Conocen de plantas y sus usos, también manejan saberes del alma. Portan una fuerza que puede dar hasta temor, al menos respeto. ¿Será por eso que las tratan de dominar? Quizás por cobardía, por el miedo del hombre a la mujer sin miedo, como decía Galeano, o quizás porque resultan peligrosas para el poder establecido.

 

Si las mirás a los ojos notás que en sus rostros poseen esa mezcla de dureza y ternura, que delatan una vida nada fácil, muchas veces larga, aunque sea de pocos años. Los hombros los llevan cargados de responsabilidades. Sus rasgos son mestizos, aunque las hay también negras, blancas, de todos los colores y tamaños. Aman bailar, y cuando lo hacen se libran de cualquier tipo de pudor y de dolor. Andan por todos lados, sus huellas para algunos necios son invisibles, pero hay marcas que no se borran ni con el tiempo.

 

Esas brujas son chavistas, cosa e´ mandiga como se decía en el campo, cosas del diablo aunque era de esperar. Las mujeres son el sujeto político masivo de la Revolución Bolivariana. Estando en Venezuela, lo primero que salta a la luz es que son ellas las que andan organizando a la gente en los territorios, cargando y repartiendo las cajas de comida que el Estado facilita para enfrentar la suba arbitraria de precios, copando las calles en marchas y actos, y lo hacen con alegría entre cantos y danzas. Sostienen todas las políticas sociales del gobierno, esas que han dignificado la vida de tantxs. Encima lo hacen con amor y con la misma convicción con la que sostienen sus ideales. Si hay que ser leales a Chávez, seguramente son las primeras.

 

Bueno, aquí se puede comprobar en la cifra que nosotras somos la vanguardia en el movimiento social. En las misiones, en los consejos comunales, dígame ahorita en los CLAP [Comités Locales de Abastecimiento y Producción], eso es una maravilla, las mujeres al frente. No todas tienen el mismo nivel de comprensión del feminismo, pero la certeza de que de ellas depende el avance de la sociedad, la tienen todas. Y trabajan con un furor que asombra (…) Las mujeres en todos los terrenos, en el dolor, en la pérdida de sus familiares, en la educación, en la salud, en la cultura, en el movimiento político, en todo estamos siendo ejemplo.” Esas son las palabras que me compartió María León en una entrevista que tuve la suerte de hacerle. Ella cuenta que tiene 80 años y 60 en la lucha revolucionaria. Es una de esas brujas que nos siguen enseñando y que ojalá no dejen nunca este mundo.

 

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Con Chavéz hay un antes y después para todo. Para ellas significó dignificación y reconocimiento. Hubo un proceso de empoderamiento en el que las mujeres se metieron en manada a la vida política, de prepo y sin pedir permiso, como siempre nos toca hacer a lxs de abajo. No se puede negar que el ámbito de la política aún es machista, las esferas más altas de poder están apropiadas por hombres. Pero, sin dudas, hoy la casa ya no es el único lugar para desarrollarse que tienen las mujeres. Ellas salen a hacer política, de esa que construye poder y que es herramienta para la transformación de la realidad concreta.

 

Les toca enfrentar una cultura patriarcal y religiosa muy arraigada, en la cual la familia, la maternidad y todos los mandatos que de éstas se despenden se imponen en sus vidas. Y ahí van sorteando las contradicciones, entre sus deseos y libertades frente a las imposiciones y violencias cotidianas que viven. Muchas tienen que afrontar hasta una triple jornada laboral: sus trabajos “oficiales”, el trabajo doméstico y el comunitario. Del lado de los hombres, demasiada des-responsabilización, ya sea en tareas del hogares, trabajos, militancia o paternidad. ¿Cuántas historias habrá de padres abandonadores, esporádicos, cuando no violentos?

 

Hay que decirlo, convertirse en sujetas políticas ha permitido a las mujeres tener mayores herramientas para salir de las situaciones de violencia, construir redes de solidaridad y encontrar otros sentidos a la vida, diferentes de los que estamos destinadas según órdenes del Patriarcado. Los avances en tiempos del chavismo también se plasman a nivel institucional. Por ejemplo, con la sanción de la Ley Orgánica por el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, que es modelo en el mundo incluyendo 19 causales. Gracias a ésta, por primera vez en Venezuela se tipificó el feminicidio como delito. Podemos sumar a la cuenta la creación de un Ministerio del Poder Popular para la Mujer y la Igualdad de Género, encargado de transversalizar el enfoque de género en las políticas públicas, planes, programas y proyectos del Estado Venezolano.

 

Falta, sí, y mucho. Hay una deuda con las mujeres que no ha sido saldada. La realidad actual del país complejiza aún más la situación.  La guerra económica tiene como blanco principal a las mujeres. El imperio entendió cuáles son las fortalezas del proceso bolivariano, ahí dirige sus ataques. Las dificultades de la vida cotidiana, las colas para comprar alimentos, la falta de medicamentos y su búsqueda angustiante de farmacia en farmacia, los precios que suben por las nubes gracias al manejo arbitrario del dólar paralelo, la falta de insumos y de camas en los hospitales que rebotan a las parturientas, el aumento de la violencia machista en momentos de crisis, entre otros etcéteras que afectan especialmente la materialidad de la vida de las mujeres, quienes son mayoritariamente las encargadas de los hogares y del cuidado de la familia.

 

El bloqueo y la guerra económica son criminales, y la necesidad de construir respuestas y alternativas urge. Pero no todo es oscuro en el panorama. Si pensáramos eso el enemigo ya habría ganado. Existe un piso alto de acumulado en organización popular y conciencia. Con estas armas cuenta el pueblo.

 

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Para el 25 de noviembre de 2017, “Día Internacional contra la Violencia hacia la Mujer”, Gioconda tuvo la valentía de contar en una nota, luego de que pasaran 35 años, el femicidio de su madre. Ella es una compañera más que se animó a poner en palabras el dolor -claro está, después de mucho trabajo emocional, como ella misma dice-. También nos recuerda que detrás de cada número que aumenta la cifra de feminicidios “está la vida truncada de una mujer, su historia, su proyecto vital, sus hijos e hijas si los tuvo, sus sueños y anhelos”.

 

¿Por qué se animó a hablar ahora, luego de 35 años? ¿Qué es lo que permite que una mujer se decida a hablar y denunciar la violencia? Sin duda muchas cosas, procesos personales, el entorno afectivo, pero también escenarios políticos y sociales. Tenemos una certeza: es desde adentro de la Revolución Bolivariana que existen mejores condiciones en Venezuela para dar la lucha feminista, aunque aún falte mucho camino por recorrer. Necesitamos entonces contar las historias, narrar las desigualdades, politizar nuestras vivencias, transformar el dolor y la rabia en lucha política, colectiva y organizada, para así abrir nuevas posibilidades de futuro.

 

Tengo la sensación, y hasta diría la convicción, de que existe en potencia en las mujeres venezolanas la posibilidad de tomar masivamente el feminismo como herramienta. Cuentan con toda una historia de luchas desde las cuales partir, el feminismo es memoria de los combates. Decidirán cuándo y cómo será la explosión, el momento en que se lancen a surfear la cuarta ola feminista que crece en Latinoamérica y el mundo. En ellas reside la potencia y la fuerza que es capaz de radicalizar y renovar la revolución, en tiempos en los que el desgaste y la resistencia constante frente a un enemigo inmenso parecen llevarse todas las energías.

 

Chávez entendió que sin feminismo no hay socialismo, hoy la posta está en manos de su pueblo. Felizmente, contamos con muchas brujas para eso.

 

Notas:

Psicóloga (UNR), residente en Venezuela.

Venezuela acosada y sin socialismo, por Fernando Hugo Azcurra

Hacer referencia a la situación socio-económica de Venezuela puede parecer ocioso al lector informado, pues los datos de la degradación económica y social de su población por una economía en continuo desmoronamiento la vuelven irrelevante. Es cierto, pero sin embargo hay que subrayar siempre la causa principal de tamaña descomposición: las acciones ofensivas del Imperialismo; de esa burguesía financiera, beligerante de los EE.UU. y de sus aliados europeos con no menos responsabilidad en sus actos delictivos.

El avance de los procesos político-sociales, el deterioro del Estado de bienestar en Europa a partir de los años ’80 y la nueva etapa de un capitalismo financiero dominado por los grandes “holdings” vuelven imperativo afirmar sin rodeos que  las burguesías capitalistas han llegado a un estado de sus intereses que no quieren saber nada de reformismo, distribucionismo, chavismo, populismo, progresismo. Y es forzoso reparar en que no se habla de “socialismo” o de “comunismo”, sencillamente se oponen a la más leve modificación del status económico y social establecido. Modificaciones que en todos los casos que se pusieron en práctica en América Latina como movimientos y gobiernos “progresistas” (kirchnerismo- Argentina; lulismo-Brasil; correísmo-Ecuador; morales-Bolivia; chavismo-Venezuela) no tocaban la estructura fundamental de la explotación del trabajo por el capital, por lo tanto la persistencia del trabajo asalariado y de la apropiación de la riqueza generada por millones de trabajadores  para los pocos miles de propietarios. Como nunca antes en la historia de la lucha de clases queda patente que a esas burguesías no les interesa la “libertad”, la “igualdad”, la “fraternidad” y la “democracia” ¡que nunca les interesó! como no hubiera sido (y es) sólo para su propia clase y su dominio.

A lo anterior es imposible no “sumarle” los socios internos en Venezuela: la gran burguesía, acérrima opositora, desestabilizadora, acaparadora de productos, agiotista, financista de la “guerra interna” y, a su vez, financiada desde el exterior por sus hermanas para derrocar al gobierno que, quiérase o no, fue elegido por el pueblo de Venezuela. De manera que la burguesía venezolana más la burguesía financiera externa constituyen un sólido bloque de clases que resiste los cambios en pro del pueblo.

Por si fuera poco para el pueblo venezolano, es obligatorio añadir otro factor causal de sus penurias: el propio “des-gobierno” de Maduro & compañía que se muestra inepto para enfrentar esa guerra de clases, que es siempre guerra política, no movilizando a la clase trabajadora y sus instituciones con una contra-ofensiva para detener primero y aplastar luego a tales enemigos. La dualidad de poder establecida en Venezuela desde que Hugo Chávez llegara al poder político, no ha podido ser resuelta a favor del pueblo, y la burguesía interna reaccionaria pro-imperialista tampoco ha podido, desde 1999, derrotar el proceso que iniciara aquél. Este “empate” se mantiene hoy pero cada vez con más debilidad por parte del chavismo devenido hoy en madurismo que ha desandado el camino trazado por Chávez.

Es preciso decir sin eufemismo que madurismo ya no es chavismo. ¿Hacia dónde se dirigía con Chávez? Pues desde un inicial reformismo nacionalista fue moviéndose hacia una radicalización socialista como objetivo central de su política anti-burguesa; la clase trabajadora venezolana se había convertido en sostén vital de tal proceso que, con todas las insuficiencias teóricas y prácticas tenía un norte claro propuesto por su líder y aceptado por las masas laboriosas. Cuatro características decisivas se destacaban:

1º) Acceso de Chávez y su equipo al poder político del Estado por la vía democrático- burguesa eleccionaria. Tal hecho creó de inmediato situación de dualidad de poderes que, poco a poco, en la medida que la legislación distribucionista hacia los sectores populares se fue haciendo realidad, agudizó el enfrentamiento con la burguesía y el Imperio.  ¿En qué consistía y aún consiste exactamente esta dualidad de poderes en la realidad del conflicto de clases en Venezuela? Pues en que el movimiento chavista se apoderó del poder político del Estado y de la mayor empresa petrolera (PDVSA), lo que le permitió disponer de la renta y de la reorientación en la distribución social de la misma; pero además se agregó a lo anterior el que concentrara la capacidad “represora” en términos de coacción policial-militar, las FF.AA venezolanas se hicieron “chavistas”.

La burguesía opositora, por su parte conservó su poder económico: aún dispone de una red privada bancaria; de las operaciones de comercio exterior aunque el Estado sea quien administra las divisas para las importaciones del sector privado; retiene la capacidad de abastecimiento interno de la población; mantiene, y ha multiplicado, sus conexiones políticas y de negocios con la burguesía mundial. Sin dudas que carece de la capacidad represora que todo Estado tiene por su propia naturaleza de arma de clase, es por eso que apela sin escrúpulo ni miramiento alguno a financiar sabotajes, secuestros de personas, asesinatos de personas comunes y políticas, acaparamientos, planes de desestabilización institucional por medio de bandas de sicarios y de hampones, etc. La burguesía ha sido ubicada por este proceso político mismo en condiciones de comportarse como subversiva y delictiva.

La dualidad de poderes muestra la escisión de las dos instancias primordiales de todo Estado de clase: la instancia socio-económica, y la instancia de represión política. Estas dos propiedades son esenciales en la realidad y en el concepto del Estado. Cuando una clase las resume en sí misma, ellas parecen confundirse, la violencia (fuerza) y la propiedad económica se muestra como un todo único. La clase dominante, en tal caso, ejerce el poder del Estado como una cualidad única. Cuando una clase se ve obligada a renunciar, o a no poder apelar a la violencia de modo permanente (fuerza), como en la sociedad burguesa de la Venezuela actual le queda la potencia (no la fuerza) de la propiedad (Capital, acumulación, inversión, finanzas, comercio, etc.) y la utiliza como un arma política emanada de su poderío económico para recuperar el poder de la violencia y la represión institucionalizada bajo la forma de Estado del “orden”.

2º) Las FF.AA. forman parte asociada del movimiento popular y todavía lo sostienen. Esto significa que el proceso de cambio es dirigido por una alianza cívico-militar, circunstancia que ha permitido hacer sostenible su perdurabilidad y sus políticas contra el liberalismo financiero dominante.

3º) El liderazgo de Chávez, una vez llegado al poder político, produjo un movimiento socio-político “desde arriba”, quiere decir que no surgió como una irrupción y sublevación del pueblo que fuera, luego, acaudillada por Chávez. Los cambios de política económica y social se hicieron dentro del Estado burgués y con las herramientas forjadas por esa clase, que desde ese entonces en más modificaron las políticas económicas de clase.

4º) Con el golpe de Abril de 2002 ejecutado por la derecha en connivencia con el Imperio, la situación político-social experimenta un viraje y aceleración notables. El pueblo trabajador y la fracción nacionalista de las FF.AA. rescatan a Chávez y lo reinstalan en el poder; nace un nuevo Chávez que responde al golpe con un salto hacia adelante y en profundidad: el chavismo sale fortalecido y cohesionado.

Como consecuencia de lo anterior debe señalarse con nitidez otros aspectos:

1º) Las fuerzas del pueblo en movilización fueron tomando conciencia política de sus derechos y de que constituían (constituyen) la columna vertebral proceso popular abierto.

2º) El partido PSUV y aliados “dirigen” el proceso desde la administración del aparato estatal. La apropiación de la producción principal (petróleo) y la distribución de la renta obtenida en la comercialización de los mercados internacionales aportan con sus ingresos la sostenibilidad económica del proceso.

Y además deben agregarse otras innegables enseñanzas que se desprenden de la dualidad de poderes que generara:

3º) La burguesía venezolana no ha sido completa y definitivamente debilitada en su poder político y económico de clase.

4º) El Estado como estructura de clase, sigue siendo burgués, no ha sido destruido, eliminado ni sustituido por otro que represente a los trabajadores, a la población trabajadora toda y sus intereses inmediatos e históricos.

5º) Una fracción importante de la pequeña burguesía más los asalariados no obreros (la llamada clase media), mejoradas sus condiciones de vida bajo el chavismo, al agravarse la lucha impuesta por la burguesía & sus socios contra el gobierno popular, tienden a inclinarse y hasta aceptar el discurso del enemigo y de su guerra de desgaste económica y social,  sumándose de hecho a sus huestes reaccionarias generando en los últimos años una inmigración hacia países vecinos con su letanía pro-capitalista anti-chavista.

6º) Objetivamente, el  gobierno más el PSUV, comandan el movimiento popular basados en una concepción pequeño burguesa de la economía, la política y la sociedad, con lo cual el PSUV no se muestra como un partido del cambio revolucionario de la sociedad burguesa, sino más bien como un aparato político electoral que integra la propia estructura burguesa del Estado todavía hoy bajo el gobierno de Maduro.

En Venezuela no ha habido, no  hay revolución en un sentido radical socialista. Sí ha habido ¿quién lo negaría? una irrupción popular de los trabajadores  y de los sectores más pobres de la República burguesa establecida, que surgió como revolución bolivariana y aunó la lucha por la independencia y la soberanía del siglo XIX con las luchas actuales retando, desafiando, a esa burguesía y sus aliados externos, transgrediendo las “formalidades rutinarias” de la administración del poder por parte de las “conspicuas familias” rentistas y explotadoras en asociación y connivencia con la burguesía mundial, en particular, la de los EE.UU.  Y esto es y será inaceptable para tales fuerzas.

El proceso abierto por Chávez puso, desde su origen, en movimiento y conflictividad a tres clases de la sociedad venezolana: a) burguesía rentista reaccionaria, apoyada, sostenida y financiada por la burguesía mundial en especial la burguesía yanqui; b) asalariados obreros y asalariados no obreros, y c) pequeña y mediana burguesía. La clase asalariada en cuanto a su división objetiva entre obreros y no obreros, es una clave para la comprensión de los fenómenos de lucha de clases en Venezuela y en otros países de A.L. e incluso en Europa.

 

Pero es inevitable decir que de aquel proyecto de Chávez que no era puramente teórico sino que estaba desarrollándose en la práctica no ha quedado nada con Maduro & compañía. La realidad política de Venezuela muestra que desde una radicalización socialista bajo Chávez, Maduro ha ido virando hacia un reformismo pqburgués, impotente, conciliador, “nacional-capitalista”; con políticas “asistencialistas-distribucionistas” para mantenerse en el poder. Es alarmante advertir la inexistencia de políticas de poder desde la clase trabajadora y ver como el contenido objetivo de sus decisiones y de su discurso es el de la pequeña-burguesía. Las  vacilaciones a la hora del conflicto y de las políticas a implementar no dejan de señalar esta transformación negativa de todo el proceso por un nuevo “modelo”

Este “modelo” puesto en práctica de hecho por el gobierno, el PSUV y sus asesores actuales puede ser sintetizado en los siguientes breves ítems:

1º) Consideran que se ha agotado el “modelo” rentista petrolero en Venezuela, por eso se ha vuelto imprescindible su reemplazo por un “modelo” económico productivo, industrial y exportador. El plan para alcanzar la realización de tal objetivo consistía hasta hace unos años en:

 

2º)  Reconocer que El Estado solo no puede desarrollar la economía y transformarse en el sujeto ineludible del proceso de construcción socialista bolivariana, esto, afirman sus sostenedores, deben entenderlo todos los chavistas y el propio pueblo de una buena vez.

 

3º) La alianza del Estado, dominado por la vanguardia socialista (PSUV y aliados), con el sector más productivo del capital nacional, deben ser quienes estén dispuestos a construir el nuevo “modelo” económico productivo (¡sic!), diseñar un aparato industrial con capacidad para producir en cantidad y calidad bienes que satisfagan la demanda del mercado interno, resolviendo las necesidades fundamentales de la población (sobre todo, la más pobre) y generando excedentes para el mercado internacional, lo cual se resolverá en que se pueda ir eliminando el modelo rentístico petrolero en la economía nacional.

 

4º) Lo estratégico que es para obtener el triunfo del modelo productivo,  la alianza política explicita con un sector del empresariado o capital nacional, sobre todo los pequeños  y medianos empresarios, dispuestos a invertir y producir junto al Estado para el abastecimiento interno.

5º) Que la política interna debe ser  incentivar el diálogo. Evitar la confrontación y los niveles de agresión, sobre todo, en el terreno económico con aquellos sectores productivos dispuestos a crear alianzas con el gobierno y sus objetivos.

6º) Insistir en que la Política económica central es la de mejorar la redistribución de la renta petrolera a favor de la población, pero también concediendo apoyos, estímulos fiscales, subsidios etc. al capital nacional, sin olvidar a la pequeña y mediana producción, mediante planes claros y equilibrados que deben ser llevados a la práctica con fuerza y “eficiencia”.

7º) Acreditar el papel del Estado en el modelo productivo deber ser por tanto de control y regulación de la economía capitalista, y la promoción de los nichos y espacios de economía que perfilen el nuevo sistema socialista bolivariano en construcción.

8º) La responsabilidad que las empresas del Estado deben tener un funcionamiento administrativo de alta eficiencia y productividad como las de capital privado. Si no fuera así, pues deberán ser privatizadas para que retomen el sendero de la producción para cumplir con los planes gubernamentales.

9º) Concretar el Objetivo inmediato: lograr un estado de bienestar general bolivariano (¡sic!).

10ª) Desarrollar políticas económicas y sociales que permitan el progreso, el cambio, la movilidad y ascenso social,  en un clima de estabilidad y seguridad, en otras palabras, hacer que la mayoría social se asiente en la esperanza de un futuro de más prosperidad a partir de realizaciones económico-sociales concretas de la realidad actual y de su permanencia en el tiempo.

11º) La implementación de políticas específicas de inclusión de la clase pequeño burguesa y de la “clase media”, para abrirles horizontes de expansión, seguridad y progreso.  

En los hechos este programa ha significado: 1º) dar por tierra con las formas de lucha política popular que sostenía Chávez para transitar hacia el socialismo, como mínimo desde 2006; 2º) Mantener el Estado burgués y sus instituciones;  nada de “pulverizarlo”; 3º) La erradicación de todo plan que haga efectiva la participación, administración y control de las empresas y del Estado mismo por parte de los trabajadores (democracia participativa revolucionaria).  El Estado y la política debe estar en manos de “eficientes gestionadores” del capital y de lo público; 4º) Postergar, retrasar, definitivamente todo programa de fomento, estímulo y sostenimiento de las empresas comunales y de trabajo asociado. Los incentivos deben orientarse prioritariamente a los empresarios, ya que son quienes producen; 5º) Reconocer el comando político efectivo del Estado por la pequeña burguesía  para establecer acuerdos con la burguesía importadora y socia del Imperio. 6º) Renunciar al cambio en las relaciones de producción capitalistas por las socialistas o comunales al considerar que es posible “mejorar” equitativamente las actuales relaciones,  con políticas de distribución prudentes que no perjudiquen la acumulación de capital de las clases empresariales productivas.   

Es un verdadero catálogo en el que no se plantea aplastar a la burguesía rentística-comercial, no se propone la transformación del aparato estatal burgués, tampoco la efectiva superación de la prensa vil, golpista y embustera, etc. no tiene entre sus fines más importantes tomar decisiones revolucionarias a fondo, es por otra parte no reconocer lo que se puede ver a diario: la burguesía venezolana a pesar de sus derrotas en la lucha por recuperar el poder estatal, no renuncia (nunca renunciará) de ningún modo a su retorno político y a su papel de dirigente ideológico- económico, y es, como se puede confirmar en estos 19 años, la clase más poderosa que el movimiento popular. La pequeña burguesía parece más empeñada en que el Estado burgués permanezca antes que desaparezca.

A lo sumo podría pensarse que estas posiciones descansan en el convencimiento bona fide de la dirigencia chavista, que al socialismo se puede llegar por un proceso de naturaleza puramente económica, pero ya está claro que no es eso lo que este elenco gobernante se ha propuesto, del cual la política económica es de enorme importancia para tal logro porque permitiría la ejecución de medidas de carácter plenamente social a favor de la población trabajadora. Pero esta situación no es posible de ser sostenida porque el gobierno chavista no tiene la totalidad del poder económico, se encuentra en una confrontación agresiva de la reacción interna; sólo si tuviera todo el poder podría abrir el frente de lucha interna a la clase trabajadora por la productividad, el abastecimiento y el crecimiento constante del PBI porque no debería esforzarse diariamente de neutralizar, detener, e imponer a su enemigo y sus políticas. El problema de la geopolítica del petróleo y de la minería lo muestra.

Es de lamentar que las consecuencias del reformismo pequeño-burgués inocuo e inestable no hayan sido las que se han propuesto y no lo serán nunca. Obvio es que esto no es socialismo aunque cada vez es menos encontrarlo siquiera fuere en el discurso del gobierno; no es tampoco, al menos, mejora en el standard de vida de la población; el  socialismo es el Estado en poder de la clase trabajadora, los medios de producción en sus manos, sumisión de la burguesía y sus secuaces a la nueva sociedad, y abolición del trabajo asalariado, toda otra cosa es puro engaño y, en general, auto-engaño de quienes dirigen o pueden dirigir el proceso de cambios sociales y políticos. Hasta ahora lo que se comprueba es impotencia en la resolución del conflicto interno, dejando toda acción revolucionaria, en estos momentos cuando más se exige  decisión, coacción, violencia revolucionaria, ofensiva de clase, aplastamiento de la reacción interna-externa. No hay ofensiva antiimperialista tampoco.

¿Hasta cuándo la irresolución del “doble poder”? No es posible saberlo. Luego de las elecciones próximas de las que saldrá ganador Maduro sin dudas ¿habrá más años de desastre y “castigo” al pueblo trabajador por las políticas pequeño-burguesas que Maduro & compañía aplican?, son políticas que  no sirven para resolver el conflicto de clases y sólo demuestra que, en realidad, no saben cómo enfrentar tal conflicto. Las recientes medidas de “ajustes” salariales no son expresión de otra cosa que ineptitud y desconcierto.

Mayo de 2018

 

Notas:

Docente y economista

Venezuela y el Socialismo del Siglo XXI: Realidad o apariencia, por Humberto Rojas Danglade

Hay que comprender la realidad como es y no como aparece.

Carlos Marx

Lo que se expresa con la actual crisis económica en Venezuela, al lograr identificar la causa de la misma, es el agotamiento del modelo de crecimiento y distribución apalancado en el petróleo (nuestra ventaja comparativa), su industria petrolera con sus productos derivados y establecido históricamente sobre los ingresos extraordinarios obtenido de la Renta Petrolera (su base material). Al achicarse las entradas de divisas, a consecuencia de la disminución de la venta de los diversos bienes y servicios petroleros, aparece un aspecto de la crisis que estaba sumergida bajo la bonanza y el dispendio, por lo que nos permite ver, al desnudo y expuesto, la brutal disputa que existe, en los últimos años, entre las dirigencias política (gubernamental) y la económica dominante (la burguesa y la trasnacional -automotrices, farmacéuticas, las dedicadas a la rama de la alimentación, que al elaborar sus productos, corrijo, más bien ensamblar en nuestro país, obtienen una rentabilidad superior, como promedio, a la ganancia media internacional- succionando de ésta manera las divisas que antes habían entregado desde las metrópolis) pugnando en la actualidad por la apropiación de residuos (sobrantes) de la renta, en donde el pueblo trabajador, al no ser actor protagonista, por no tener estructura, tradición y tejido organizativo sólido para defender  sus intereses de clase, queda a merced de las intenciones y dádivas que arrojen los despojos de aquella confrontación.

Como se pueden dar cuenta, el problema de fondo en Venezuela, no es únicamente el mal manejo de la economía, la ineficiencia, desbalance fiscal o el modelo gatopardiano capitalista. Si fuese así, estaríamos tan solo ante un problema de eficiencia, de gerencia o paradigma cultural de moda, y aunque algo de eso hubo y hay, no nos podemos quedar ahí, sería reproducir, una vez más, una argumentación superficial, coyuntural y por elemental, insuficiente… sería quedarnos en el madurísimo, chavismo, los 40 años de la cuarta República, el perijemenismo, o en el gomecismo. Venezuela se ha quedado, a través del tiempo, como un país donde convive una gran industria petrolera, generadora de grandes ingresos rentísticos con una estructura económica no petrolera hueca.

Tenemos que trascender lo aparente, porque una cosa es lo que se percibe en la superficie y otra es lo que sucede en el fondo de las profundidades. Buscar explicaciones sólidas, rigurosas, científicas, hurgar con agudeza en lo oculto y desmontar con paciencia las distintas manifestaciones y marañas de intereses, que no permiten ver la realidad con claridad, con objetividad, para encontrar las causas, la raíz de la crisis, su reiteración en el tiempo y así poder transformar la estructura y cimiento de la misma.

En nuestro país hay varios aspectos particulares de la economía venezolana que son necesarios ahondar. De lo externo, cómo se presenta internamente el capital internacional (global) en su insaciable dinámica de acumulación de capital en los linderos de nuestro territorio (no hay que olvidar que el capital es mundial por su contenido, como por su expansión y nacional por su forma). El papel asignado al país (una especie sutil de determinismo histórico, pero poderoso y arbitrario dogal de acero, especie de  mecanismo de encadenamiento económico totalitario) como proveedor seguro de materia prima (energía barata) del espacio con las principales reservas de petróleo del mundo, en la constituida División Internacional del Trabajo, (estructura de exportación) es decir, una dependencia articulada, abierta y absoluta al orden capitalista mundial, por lo que lo especifico de la economía venezolana hay que buscarlo en cómo se manifiesta en el ámbito nacional el proceso global de acumulación del capital, ya que una de las particularidades del proceso de acumulación del capital en Venezuela tiene en la desvalorización del bolívar como una forma concreta de realizarse. El Modo de Producción imperante en Venezuela es capitalista. La economía capitalista en Venezuela funciona con base a la captura de la Renta Petrolera. La lógica del capital es mundial, el plusvalor obtenido (su realización) se concreta en cada nación y se apropia en la circulación mundial, en donde nuestro país es parte de ese engranaje.

De lo interno, la incapacidad de análisis para indagar las causas domésticas de reproducción cíclica de la crisis. ¿Cuál es el contenido y expresión concreta de las políticas económicas oficiales más allá de la forma de presentarla? Y lo otro ¿Cómo manifestamos, cómo realizamos en la práctica diaria, cotidiana nuestra manera de entender el socialismo?

Venezuela no es un país quebrado. Si utilizamos, de forma elástica pero didáctica, la imagen contable de una empresa, tenemos sus activos, pasivos y patrimonio. Si sus activos son superiores a los pasivos, el patrimonio de la empresa es sólido. Venezuela tiene activos (recursos naturales con condiciones difícilmente  reproducibles en otros países) superiores a sus pasivos (deudas, obligaciones), por lo tanto, no está ¨técnicamente¨ quebrada, pero en la actualidad tiene un tremendo y grave problema de liquidez. Para ser más preciso, en la actualidad, Venezuela tiene las Reservas Internacionales más bajas de los últimos 20 años, se estiman en unos 9 mil millones de dólares, de los cuales, tan solo 3 mil millones son operativos (corrientes o líquidos). ¿Cuál es el significado de esto? Que nuestros egresos (adquisiciones y gastos) son superiores a nuestros ingresos (divisas y financiamiento) y cuando el desbalance es pronunciado, como en el caso nuestro, las cuentas de un país se descuadran y la economía tiende a graves desequilibrios logrando, por lo tanto, que muchos sectores del mismo colapsen.

En esencia, más allá de la retórica, hay que comprender la dinámica real de las relaciones de producción capitalista en nuestro país. ¿Cuál es el Proyecto Económico de la Revolución Bolivariana (Chavismo)?: Forzar la acumulación del capital nacional desde la fuerza económica y política del Estado, convenciendo a la burguesía nacional, o por lo menos, a sectores importante de ésta, de abandonar su histórico parasitismo y volverse ¨productiva y nacionalista¨; promover nuevos actores económicos. El Estado, dada su particular fuerza económica, sería el articulador, transfiriendo la renta pública a una hipotética burguesía ¨nacionalista y productiva¨, asociando a éste desarrollo capitales transnacionales amigos… así sería la ¨siembra del petróleo¨. Esa fue y es la apuesta del proceso bolivariano, por eso se insiste e insiste, a pesar de lo exiguos resultados, con ésta política.

Lo primero que tenemos que caracterizar es cuál es el modo de producción imperante en Venezuela y si ya, a ésta altura de lo que hemos revisado tenemos claro que es capitalista, nuestro análisis debe corresponder a ésta caracterización.

Dentro de esta determinación un elemento importante es la sobrevaluación del bolívar, con su contraparte, el abaratamiento del dólar; esto parece contradictorio, pero es históricamente, el principal mecanismo utilizado para la apropiación de la renta, tanto por los factores internos como los externos. La manera concreta de explicar la misma, es que el que se dedica a la exportación (vender) recibe menos en moneda local por cada dólar de producto exportado, mientras el que compra dólares los consigue barato para importar (adquirir) diversos productos. Todo un mecanismo de transferencia que permite la apropiación legal de la renta por parte del sector no petrolero, en otras palabras, no hay incentivo para producir y exportar, sino todo lo contrario. De esa manera, las necesidades del país se resolvían a fuerza de importaciones masivas, a pesar de que en ese mismo periodo se quintuplicó la importación de maquinaria y equipos industriales (bienes de capital) con una aparente política de producción nacional. Pero la realidad es la siguiente: las importaciones en el año 2003 fueron de 14 mil millones de dólares, en el año 2012 fue de 80 mil millones de dólares.

Paralelamente, desde décadas atrás, las multinacionales se aprovecharon de la política de ¨industrialización por sustitución de importaciones¨, gracias a dichas políticas de protección y estímulo industrial, también pudieron apropiarse de la renta, para acumular una excedencia igual o superior a la de sus casas matrices, pero trayendo como contraparte y tarjeta de presentación, el espejito de una tecnología ya obsoleta. Esto por el lado tradicional y ¨legal¨, pero hay otro ¨tranco¨, ´grueso´ y peludo¨ vinculado a todo lo relacionado con las importaciones fraudulentas, expediente denunciado por la Presidenta del Banco Central de Venezuela, Edmee Betancourt, el cual le costó el cargo. Este es una especie de iceberg, es más lo que no se ve que lo que ha sido expuesto y necesitaría investigar y penetrar en el tema de la corrupción, un contenido vinculado a lo tratado, pero trama para otro artículo.

La novedad del proceso bolivariano, en particular y muchos de los progresismos de América Latina es que expandió el gasto público, en términos absoluto, beneficiando a los sectores populares a través del gasto social, abaratando (subsidios) bienes y servicios (expansión del consumo) como símbolo cabal e íntegro de su compromiso de saldar la inmensa deuda social. Como ejemplo tenemos que en Venezuela Chávez comenzó a saldar ese pasivo histórico: mejoró la salud (bajó la mortalidad infantil, amplió dramáticamente la cobertura primaria con Barrio Adentro, se mejoró la cobertura por maternidad); la educación (bajó a niveles mínimos el analfabetismo, se incrementó exponencialmente la matrícula universitaria); creció la asistencia social directa a los más pobres; se dio comienzo a la construcción masivas de apartamentos y casas a través del sistema Gran Misión Vivienda Venezuela, primero a un millón y luego a dos millones de familias. Estos para mencionar algunos de sus más destacados logros. Mientras las materias primas (commodities) se mantuvieron en alza esas políticas se desarrollaron, pero tras la caída de los precios de las mismas, cambiaron las políticas económicas.

Nuestro problema económico estructural y endémico es que vendemos nuestras materias primas sin transformarlas prácticamente, es decir, no tenemos manufactura exportable, no  desarrollamos nuestro valor agregado; la crisis se debe en lo fundamental a nuestra incapacidad por producir valores de usos que satisfagan las necesidades de la población. De la política expansivas se pasa a la austeridad y de éstas a los ajustes, las políticas sociales (servicios públicos) se ven afectadas en proporciones parecidas o mayores. Se acabó la conciliación social entre la rentabilidad del capital y los aumentos salariales. Cuando la renta cayó, el ingreso fue reemplazado con deuda externa y rebajas salariale. La ¨torta¨ a repartir es pasado y lo que se dosifica hoy al pueblo trabajador es ´bagazo¨, ¨pellejo¨ de aquello… muchas veces tenemos ese empeño  que no permite ver más que un único aspecto de la realidad, pero ya las contradicciones afloran por doquier, veamos los siguientes ejemplos:

Hay sectores capitalistas que atacan el signo monetario venezolano, manejan una cotización paralela al cambio oficial del dólar, y con ella un sistema de precios que ahoga al trabajador y al pueblo (disputándole el mercado a dólar today han aparecido varios cotizadores de precios de divisas), pero el Estado venezolano sigue asignando dólares a grandes sectores corporativos privados que tienen intereses ocultos en esos mercados ilegales y obligan de hecho, en la práctica cotidiana del país, a ojos vista de todo, a que el país asuma su política cambiaria y monetaria.

El gobierno dice que combate a las  mafias que mercadean (bachaqueros) y contrabandean alimentos y los billetes del cono monetario venezolano, otra vez el Gobierno financia a viejos y nuevos capitalistas, espera que se beneficien pero que se porten bien, que no vendan lo que producen con el financiamiento del Estado a tramposos que comercian y se lucran en las fronteras. El Gobierno ha financiado a los empresarios capitalistas con divisas ¨duras¨ (ejemplo, el dólar preferencial) a través de los sistemas Dipro (Divisas Protegidas), Dicom (Divisas Complementarias) y Simadi (Sistema Marginal de Divisas)

El Gobierno aduce que la inflación (no habla de hiperinflación) es inducida y es producida por factores externos a su responsabilidad, pero técnicamente la hiperinflación no es solo un problema especulativo, hay múltiples factores que lo producen y convergen en él, entre los que podemos señalar están  el financiamiento de los enormes déficits públicos por el BCV a través de la creación masiva de dinero inorgánico (sin respaldo) lo cual se ha traducido en una expansión desmedida de la oferta monetaria, al mismo tiempo hay una escasez crónica de bienes y servicios, es decir, hay más recursos (instrumentos) monetarios, pero cada vez menos bienes y servicios, debido a que las empresas públicas no producen de acuerdo a las expectativas creadas por el mismo Estado y las privadas, sus precios se establecen en base a los costos esperados de reposición, los cuales, a su vez, dependen en gran medida del encarecimiento previsto de la divisa, por lo que se traduce en una espiral expansiva de precios. Además, esta disminuida oferta interna, no ha podido ser compensada con importaciones por la escasez de divisas existente, producto de los mermados ingresos petroleros (que por cierto, para mayor calamidad, ha venido reduciendo paulatinamente el nivel de barriles producidos) y por los elevados compromisos de pago de deuda pública externa, más los recursos desviados por los canales de la corrupción.

Veamos la variación del dólar paralelo:

01-12-2014                159,02

01-12-2015                982,45

01-12-2016             4.609,37

01-12-2017         103.024,27

12-03-2018         216.164,25

09-04-2018        362.831,54

08-05-2018        661.824,52

Estos valores nos demuestran claramente la degradación del valor a ha llegado el signo monetario venezolano.

Dos elementos claves a tomar en cuenta en las actuales circunstancias:

1) El capitalismo imperante se encuentra en una etapa crítica del ciclo de la globalización neoliberal, en un periodo de búsqueda de amplio beneficios, tratando de mitigar o evitar la disminución de su tasa general de ganancias, es decir, ocultar la crisis de rentabilidad de la economía real a través de medidas especulativas (burbujas financieras), produciendo nuevas contradicciones en el interior de sus sociedades y rea-lineamiento entre la vieja y nuevas potencias capitalistas: Estados Unidos, Europa, Japón vs los miembros del BRICS. Multiplicando y ampliando el descontento social por el profundo deterioro que han ocasionado en las condiciones laborales y de vida de la clase trabajadora, ahora bien, si no lo consigue, su opción histórica ha sido la guerra, de ahí lo peligroso del momento presente por el que atraviesa la humanidad entera.

2) Al caracterizar el proceso bolivariano hay que decir que históricamente su curso ha sido básicamente nacionalista, con una visión continental, con fuertes rasgos anti-imperialista, anti-neoliberal y humanista, con políticas populistas, asistencialista y clientelar, pero no es un proceso, en la actualidad, de naturaleza socialista, aunque se proclamen así. Es decir, el chavismo realmente no ha tratado de cambiar estructuralmente el Modo de Producción y las Relaciones Sociales que contiene en su sustancia el orden económico capitalista. A lo más que ha llegado es a un capitalismo de Estado, por el específico y peculiar perfil del Estado venezolano: a lo interno, distribuidor entre las clases sociales de la Renta Petrolera y a lo externo, como economía periférica, proveedor seguro, como hemos mencionado anteriormente, proveedor seguro de energía, en su rol mono-productor de materia prima (modelo de desarrollo extractivo) al orden internacional establecido, con baja generación de valor agregado, para sí ensamblar con su otro rol, el de importador de toda clase de productos y de esa manera exportar, como en una especie de ¨rueda¨ inversa, las divisas que ingresaron por las ventas de petróleo.

Y es tan así, que luego de 20 años del proceso bolivariano el 97 % de las divisas que ingresan al país es por exportación de petróleo, también podríamos decirlo de esta manera, que desde el siglo pasado cuando comenzó la explotación petrolera hasta el presente, los que han dirigido la patria han  hablado toneladas de gamelote” e implementado “contenedores” de planes, pero el resultado final es que por cada 100 dólares que entran a nuestro territorio, apenas  3 proceden de la tan mencionada  sustitución de importaciones (meta objetivo). El mecanismo de acumulación originaria del capital, en nuestro caso, ni siquiera ha desarrollado a una burguesía nacional con sentido de espacio territorial y del aprovechamiento de las ventajas comparativas que da el país.

El crecimiento vegetativo de la población en Venezuela es de 2.5%  anual por lo que el crecimiento económico debería estar alrededor del 5%. En resumen, no hemos construido un aparato productivo distinto al petróleo.

Por supuesto, la oposición y el imperialismo están jugando su papel de sabotaje, sería ingenuo pensar, suponer que no lo hacen. Pero adicionalmente a ese cuadro, tenemos un cáncer en el fondo en nuestra economía: la debilidad de un aparato productivo no sostenido y diversificado, de ahí la necesidad de importar prácticamente cualquier rubro que esté ubicada en la dispensa de nuestras carencias, el desabastecimiento, el  acaparamiento, la escasez, la especulación, la inflación, la devaluación, la insuficiencia de dólares en el mercado que garanticen las importaciones y el pago del servicio de la deuda, la reducción de las reservas internacionales; el financiamiento externo, con las sanciones, está prácticamente cerrado. La población paga un impuesto regresivo como el IVA el cual pecha con 12% en cada compra, en fin, estamos ante la dramática y progresiva pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores y a esto se le añade la corrupción, la inseguridad, los apagones, el deterioro de las Misiones y de los servicios y entre ellos destaca el transporte público.

Un elemento a destacar: dejamos de producir para importar, con el agravante de que los alimentos  a nivel mundial se hacen cada vez más caro porque el capital financiero lo está convirtiendo en commodities, en  refugios para sus inversiones especulativas internacionales.

Otro elemento que no debe de pasar por debajo de la mesa, es que a pesar de los grandes esfuerzos que se han realizado en los últimos 20 años por la redistribución de la renta petrolera y así mejorar la calidad de vida del venezolano, seguimos “encajados” en el Modo de Producción Capitalista. En realidad, éste ha sido un proceso anti neoliberal pero no anti capitalista, y aquí resalta el problema de la gestión pública. Es incoherente, contradictorio la falta de continuidad de  políticas públicas de mediano y largo plazo en los distintos ministerios, cada vez que llega un ministro nuevo, la alteración que se realiza son de la magnitud de un cambio de Gobierno, eso por un lado, por otro y es lo categórico ¿Por qué no se ha promovido, fomentado la Democracia Participativa en donde los trabajadores, como columna vertebral de un proceso socialista, asuman la gestión pública en cada una de las instancia del Estado?

Preguntas ¿Si estamos ante o en una “guerra económica “quiénes son los responsables de las “empresas de maletín” y los funcionarios vinculados al defalco de 24.000 millones de dólares ($ 24.000.000.000,00)? ¿Qué estamos esperando para meterlos presos? Este ha sido un año complicado, construir el socialismo no es “soplar y hacer botella”, ni “pelar mandarina” y la historia no los demuestra. Ahí están las experiencias de Rusia y la Unión Soviética (más de 70 años fogueando el cambio; toda una escuela para exprimir lecciones a borbotones, “puro lomito” para ser escrutado y examinado desde el principio al final: La Preparación de la Insurrección. Todo el Poder a los Soviets. La Primera Constitución socialista de la Historia. La Participación Masiva de los Obreros, Soldados, Campesinos y Mujeres. La Formación de la URSS. La Guerra Civil. El Comunismo de Guerra. La Nueva Política Económica, NEP. El Debate Sobre la Industrialización. El Conflicto Interno entre los Líderes Históricos. El Estalinismo. La Segunda Guerra Mundial. Su desarrollo y logros para llegar a ser la Segunda Potencia Mundial. La Guerra Fría. Prioridad de la Industria Pesada sobre la Industria ligera. La Implosión Soviética). La experiencia China. La experiencia cubana. La experiencia vietnamita, La experiencia chilena, todas trataron o tratan de construir el socialismo. Con todo ese legado histórico, la reflexión, la investigación, el estudio son necesarios e indispensables.

Ahora bien, estamos en Venezuela, año 2018 en un proceso auto-llamado socialista por la dirigencia del PSUV. Prácticamente rodeado por sus cuatros costados, llenos de errores, pero también vilipendiado, pero todavía palpitamos por una sociedad mejor… ¿Pero qué es El Socialismo hoy? Teóricamente: es la organización de la sociedad por parte de los trabajadores, es decir, El Trabajo Sobre el Capital. Cambiar integralmente las Relaciones Sociales de Producción. Asumir los Medios de Producción.  Pero, no solamente es eso, implica: democracia, participación, desarrollar la dialéctica entre dirección y horizontalidad, resoluciones abiertas de las contradicciones. Todas, entre otras, condiciones necesarias e indispensables para edificar unas relaciones económicas estructuralmente distintas y superiores a la sociedad capitalista. Más allá de la oposición que ofrezcan los capitalistas y sería iluso pensar que no lo harán, está la construcción de esas distintas Relaciones Sociales de Producción todos los días, todas las horas, todos los minutos, hasta convertirla en cultura.

El trabajador está acostumbrado a operar la empresa y no a dirigirla, por lo que hay que apropiarse el siguiente paso: la Gestión. Tenemos que aprender a formular y elaborar proyectos, a planificar, al uso práctico y regular de la táctica y estrategia, a organizar, a ejecutar, a evaluar, al seguimiento de los mismos, a registrar cada una de las actividades, máxima atención y comprensión al proceso, al camino y por supuesto, a los resultados; a discutir, a “escuchar dos veces y hablar una vez”, ejercer la contraloría, a manejar los datos e indicadores económicos y estados financieros, a prever, a invertir, a examinar y escudriñar en la estructura de costo, al empleo de la contabilidad y la administración, a decidir entre los intereses individuales y colectivos de la empresa y a su vez, de ésta con la sociedad, a superar la fragmentación histórica del trabajador y tener la percepción, pericia e inteligencia de saberse parte articulada de un todo, en fin, un Modo de Producción en donde el trabajador administre y opere las empresas de toda la sociedad con conciencia, visión y responsabilidad. Inclusive hay más, el trabajador tiene que desarrollar las Fuerzas Productivas y en la actualidad estamos inmersos en la Tercera Revolución Industrial (micro-electrónica, informática, automatización, nano-tecnología y una variedad infinita de posibilidades) lo que requiere de trabajadores cada vez más calificado, cada vez más científico, cada vez más colectivo, con contenido de no establecerse limite a su conocimiento.

Una de las claves fundamentales del socialismo es la justicia, por lo que la distribución es vertebral a su naturaleza y razón de ser. Ahora bien, si no producimos y generamos los bienes y servicios necesarios para que la población satisfaga las demandas inherentes a su crecimiento natural, que vamos a distribuir, ahí se comienza a vulnerar su carácter de sociedad superior a la capitalista. La médula y salida a éste antiguo y vetusto problema está en la democratización de la economía, es decir, el pueblo ejerciendo, ejecutando la economía, no una economía para el pueblo sino una economía del pueblo y ese es un cambio colosal, gigantesco, titánico, prácticamente será pasar de la pre-historia a la historia de la humanidad. Las crónicas mundiales han demostrado que los revolucionarios sabemos tomar el poder, pero hasta ahora, nuestro “talón de Aquiles” ha sido la economía, aquí en Venezuela y en el resto del mundo.

El desplome del poder adquisitivo del trabajador (los bienes y servicios que puedan ser adquiridos por el) en la actualidad arroja una diferencia tan significativa que se convierte en brecha (imagen de una tijera abierta) entre la valorización del salario y la hiperinflación, es decir, pierde prácticamente toda su capacidad adquisitiva. Y aquí se da la paradoja de la apariencia: cobra más (ingreso nominal) pero la masa de dinero que tiene no le alcanzará para obtener los bienes y servicios que disponía anteriormente (ingresos real), lo que se traduce en una realidad dolorosa: hoy somos más pobres. Si el aumento de los ingresos de los trabajadores y jubilados es inferior a la hiperinflación, se produce (se causa) la pérdida del valor adquisitivo, en otras palabras, hay un desbalance notorio en la relación entre los ingresos y los egresos de los trabajadores. Se están licuando, vaciando los salarios, prestaciones sociales y ahorros de los trabajadores venezolanos. Hay una caída diaria, real y dramática en la capacidad de compra de los trabajadores. Ésta parece ser una de las razones (el avestruz escondiendo la cabeza) del por qué el BCV (Banco Central de Venezuela) ha dejado de publicar el I.P.C. (Índice del Precio al Consumidor).

En estas condiciones, hay una redistribución de las riquezas del Trabajo hacia el Capital (sobre todo, hacia el sector que tiene sus activos financieros en divisas internacionales). Los pasajes del transporte público han subido tanto que han colocados a los trabajadores, que perciben ingresos mínimos, en la disyuntiva de ir al trabajo o quedarse en su casa y si vamos a los remedios, nos terminamos de enfermar definitivamente.

Hay que luchar por el cambio de la política económica actual. Hay que desnudar dicha política y combatirla. El Gobierno no puede seguir implementando las mismas medidas económicas que ya han fracasado y que colocan el peso de la crisis sobre la espalda de los trabajadores. ¡Los trabajadores tenemos que organizarnos! ¡Los trabajadores tenemos que luchar por nuestros derechos! ¡Los trabajadores tenemos que luchar por la sociedad socialista!

El Gobierno busca desesperadamente tiempo, pero la crisis se agrava cada día, sobre todo en las esferas alimentaria y salud. Durante años se viene implementando una política económica ficticia, “hueca”, más presuntuosa que real. El malestar crece y estos problemas fundamentales, vitales siguen sin resolverse. Se hace necesario no caer en el “chantaje” del Gobierno de que cualquier crítica que se realice favorece a la oposición o al imperialismo, y bajo el concepto de “lealtad”, envuelve y políticamente manipula para contrarrestar el descontento. Se hace ineludible, imprescindible cambiar el rumbo de las políticas actuales, que están en dirección contrarias a los intereses de los trabajadores, es decir, el Gobierno debe dejar de estar “administrando“ al capitalismo criollo. Las políticas económicas actuales no funcionan, es un modelo económico inviable. La base material productiva del país está colapsada. Hay que presionar y exigirle al Gobierno el cambio de las políticas económicas. Salida revolucionaria a la crisis estructural del capitalismo dependiente y rentista de Venezuela, no más concesiones y estímulos  como créditos blandos, subsidios, condonación de deudas, exoneraciones de impuestos, políticas fiscales regresivas, Mesas de Negociaciones, precios acordados, dólares preferenciales en su proceso de acumulación de capital, por lo que tenemos que ver la situación en forma integral y no de manera fraccionada. Hay que enfrentar éste complejo desafío en paralelo y simultáneamente, con dos frentes históricos a resolver: a.- El imperialismo con su enorme y terrible maquinaria y con una correlación de fuerza internacional actual desfavorable a nuestro país, b.- La necesaria confrontación de clase como elemento definitorio en la determinación por la orientación y dirección del proceso revolucionario. El Gobierno, con sus distintas anuencias con el capital nacional, se ha venido desdibujando, o para ser más preciso, se ha venido derechizando en su afán por mantener el equilibrio entre clases e intereses antagónicos. Uno no se puede perder en la travesía, por más intrincada y enmarañada que sea(n) la(s) tormenta(s), si tienes claro el norte, pero aprobando legislaciones para atraer a la inversión extranjera como la Ley de Promoción y Protección a las Inversiones Extranjeras, espacios como el Arco Minero o las Zonas Económicas Especiales, definen la bifurcación del camino.

Las políticas económicas actuales no funcionan, es un modelo económico inviable para los trabajadores, su consecuencia, entre otros males, es la hiperinflación, la pérdida de la capacidad adquisitiva y la subsistencia para la población en general. La base material productiva del país está colapsada.

Hay que presionar y exigirle al Gobierno el cambio de la política económica. Salida revolucionaria y popular, enfrentar científicamente la crisis estructural del capitalismo dependiente en Venezuela, apoyándose en la capacidad y potencialidad de los trabajadores para la transformación del país. Hay que cambiar la forma y el fondo de cómo está organizado el tejido social en la vida económica de la nación, por uno donde el trabajador (obreros, campesinos, técnicos, profesionales) sea el que lidere la estructura productiva venezolana.

 

Notas:

* Economista, director del Centro Interdisciplinario de Investigación, Formación y Documentación de la Economía Cooperativa, Social y Pública (CIRIEC, Universidad de Los Andes, Venezuela).

¿Qué se juega en Venezuela?, por Julio C. Gambina

Con la revuelta popular conocida como el “caracazo”, en febrero y marzo de 1989, se inicia un periodo de ascenso de la lucha social y política de Nuestramérica que abrirá el camino al cambio político de la primera parte del Siglo XXI en la región.

Desde entonces se suma al clima de época el levantamiento zapatista en Chiapas (1994) y una serie de movilizaciones populares nacionales en los 80/90, e iniciativas de articulación en campañas continentales y globales entre las que destaca el Foro Social Mundial en 2001 y la lucha contra el ALCA que adquirió fuerza masiva entre 2001 y 2005.

Muchos de esos procesos aportaron a comienzos del Siglo XXI a la construcción de gobiernos críticos con la política hegemónica de corte neoliberal instrumentada entre los 70 y los 90 del Siglo XX, generando expectativas de transformación social, incluso con novedosas formulaciones que retomaron en algunos casos el discurso anticapitalista y por el socialismo, que aparecía derrotado por la ofensiva de las dictaduras de los 70 y sus proyectos monetaristas, de ajuste y liberalización.

El liderazgo de Hugo Chávez fue emblemático hacia el interior del proceso venezolano, entre 1989 y 1999 en que asume la presidencia del país, y desde ahí en la construcción de la revolución Bolivariana, incluso como legado histórico luego de su muerte, en 2013.

Desde esa experiencia, la figura y el papel de Hugo Chávez adquirió envergadura y trascendencia en la región, con propuestas de integración alternativa a la subordinación que pregonaba el modelo hegemónico de liberalización, con su máxima aspiración en el ALCA, proceso discontinuado en el 2005 entre la convergencia de las Cumbres populares y el accionar institucional del Mercosur y Venezuela.

Fue el vínculo entre Cuba y Venezuela, especialmente desde fines del 2004 y el surgimiento del ALBA, luego ALBA-TCP, que se reinstaló la perspectiva socialista en el debate del rumbo posible para la región Nuestramericana. Así emergió en el discurso de Chávez la propuesta por el Socialismo del Siglo XXI, que luego se formularía desde Bolivia, en 2010, con la propuesta por un Socialismo comunitario y, en 2011, la renovación económica del socialismo en Cuba, proceso aún en desarrollo.

Todo ello se materializaba como una experiencia inédita en la región, lo que incluía a las categorías del “vivir bien” o el “buen vivir”, el carácter plurinacional de los Estados y los derechos de la naturaleza como nuevos horizontes civilizatorios, con las especificidades locales necesarias, entre las que destaca la política social de las “misiones” en Venezuela o la innovación de las “comunas” para el despliegue de una gestión con participación popular en la toma de decisiones.

El carácter transformador y creativo de esa etapa es lo que denomino “cambio político” en Nuestramérica, que fuera contrarrestado con un accionar deliberado y consciente de las clases dominantes de la región y del mundo, con procesos de reversión del rumbo crítico a las políticas hegemónicas de carácter reaccionario de la etapa inmediata anterior, mucho más si se proponía una orientación en sentido anticapitalista, antiimperialista y anticolonial.

Por eso, hay que considerar la nueva estrategia golpista en la región, que ya no adopta la forma de intervención militar tradicional, sino que acude a procesos desestabilizadores que promueven y/o potencian las dificultades y limites económicos de los procesos de cambio. Los llamados golpes blandos contribuyen a desplegar la iniciativa política del poder para retrotraer la situación de los países de la región a una “normalidad” por la liberalización, agenda privilegiada por los gobiernos en los 80 y 90 del Siglo XX¹.

De allí, la fuerte iniciativa política e ideológica de las derechas para erosionar la acumulación de fuerzas de poder popular y toda estrategia de cambio económico para habilitar una reinserción de Nuestramérica en la lógica de acumulación que definen las transnacionales y el poder mundial con la liberalización, más allá del “proteccionismo” de Trump o el Brexit británico. Ambos en la búsqueda de recrear el poder global perdido a manos de otros procesos que disputan la hegemonía mundial, sea China, Alemania, Europa, Japón o los llamados países emergentes.

Esa iniciativa política, con acciones diversas, entre ellas las “no-violentas”, copiadas y apropiadas de la experiencia de la izquierda y el movimiento popular por décadas, están asociadas al accionar de los principales medios privados de comunicación. Estos actúan en red multimedia y, además de disputar plusvalor, intervienen en la construcción de conciencia en la sociedad para desandar caminos y transitar otros más propicios para la acumulación de capitales y la perpetuación del capitalismo.

De ahí, los procesos de “golpes blandos” en Haití, agravados con la presencia militar de la región en la MINUSTAH (2004), en Honduras (2009), Paraguay (2012) y Brasil (2016), ahora exacerbado con los triunfos electorales en la Argentina de Mauricio Macri desde el 2015. Son en conjunto la precondición para intentar cambiar el clima social y político de época.

Ese es el marco que propicia el Grupo de Lima (acción multilateral de aislamiento de Venezuela y cara visible de la ofensiva externa), que retoma la agenda de la liberalización, el acercamiento a Estados Unidos, aun con el desprecio explícito que propicia Trump a sus aliados más cercanos, caso patético del gobierno mexicano. Pero es la condición necesaria, también, para desarmar la relativa nueva institucionalidad gestada en ese tiempo, caso de la UNASUR, de la que 6 países acaban de desvincularse por las perturbaciones que supone la existencia de Venezuela y de Bolivia².

 

Venezuela en el centro de la atención imperialista

La situación venezolana está en el centro de la discusión regional, sea derivada de la iniciativa de la política exterior de EEUU que asume a Venezuela como una amenaza, aunque también por sectores de izquierda críticos al proceso en curso, especialmente luego del deceso de Hugo Chávez, dirigente histórico del proceso bolivariano. En el medio se constituyen diversas variantes de apoyo, matizadas en la crítica, a una experiencia en permanente proceso de evaluación ante dificultades principalmente económicas.

De este modo, la cuestión venezolana no resulta indiferente para las distintas lecturas sobre lo que ocurre, su historia y devenir, no solo para Venezuela, sino para la región en su conjunto. En definitiva, es parte del debate estratégico entre quienes sustentan una lógica de defensa y promoción del orden capitalista y los que confrontan con esa orientación y no siempre desde la misma trinchera. Esto último divide colectivos sociales y políticos en el establecimiento de una estrategia alternativa común y que reconoce defensores de los procesos de cambio, caso de Venezuela, o aquellos acérrimos críticos por izquierda.

Todos sabemos de la riqueza potencial por tenencias de reservas petroleras que contabiliza Venezuela, del mismo modo que se reconoce la necesidad de Estados Unidos y del orden capitalista por apropiarse de los bienes comunes, en lógica mercantil: los abundantes recursos materiales naturales que posee Nuestramérica, y especialmente la tierra de Bolívar y Chávez, en tanto los hidrocarburos son insumo estratégico no renovable de la producción mundial.

Siendo importante la base material y natural venezolana, lo que más preocupa al poder global del capitalismo es la experiencia de cambio instalada desde el discurso crítico, más aún si adquiere carácter masivo, tal como se presenta en Venezuela. Me tiento en pensar en Cuba, cuyo peligro más importante para Estados Unidos y el poder mundial es el ejemplo de que, aun con límites, se puede ir contra la corriente y el pensamiento hegemónico.

Además, si al valor ético, social o de revolución que incluye Cuba en el imaginario popular, se asocia un proceso sociopolítico, Venezuela, asentado en cuantiosas reservas pasibles de transformarse en recursos económicos; entonces, el problema es serio para el orden capitalista.

Las condiciones económicas iniciales de la Rusia o la China revolucionaria dificultaban cualquier estrategia imaginable de superación del capitalismo, algo que cambia al momento de la revolución cubana, con una inserción en la división internacional de trabajo definida por el campo del socialismo en los años 70/80, ya en plena guerra fría y competencia bipolar del sistema mundial. Son condiciones que desaparecieron con la caída del muro (1989) y la desarticulación de la Unión Soviética (1991). Los acuerdos de fines del 2004 entre Cuba y Venezuela gestaron la condición de posibilidad para pensar en una base material de lanzamiento de un ciclo que recreara la potencia del anticapitalismo.

Cuba aportaba la solidez de su historia revolucionaria con las debilidades económicas derivadas, entre otras cuestiones, de los cambios tecnológicos en los 60 (de procedencia y dominación estadounidense a tecnología soviética) y nuevamente en los 90, con los límites de recursos económicos para una compra exigida al contado en los mercados globales. Venezuela aportaba el petróleo en momentos de máxima elevación del precio internacional del petróleo, sin perjuicio de otros proyectos trascendentes como es el caso de Petrocaribe, con acción más allá de la Isla. Las ventajas específicas asociadas generaron enorme expectativa en la renovación de un proyecto regional por el socialismo.

Esto es lo que el imperialismo y las clases dominantes se propusieron detener, porque la asociación entre Cuba y Venezuela se extendía en novedosas iniciativas políticas que habilitaron la integración sin Norteamérica (Estados Unidos y Canadá), caso de la CELAC, ahora amenazada con el resurgimiento de la OEA a mano de las derechas y claro, de la ineficacia o debilidad de los propios procesos de cambio en Nuestramérica, que incluye la corrupción, que ya no es solo patrimonio de los gobiernos tradicionales y la derecha.

Venezuela pretende ser recuperada para el proyecto hegemónico de dominación capitalista. Tiene enormes reservas petroleras en momentos de crisis energética, en tanto parte de una crisis capitalista integral que tiene a los hidrocarburos como insumo estratégico del modelo productivo y de desarrollo mundial. Pero más importante aún es el ejemplo que instaló, incluso discursivamente, de una potencial revolución socialista.

Es importante recordar que en 1989 empezaba el derrumbe de la bipolaridad del sistema mundial y se ventilaban estrategias ideológicas discursivas sobre el “fin de la ideología” o de la “historia”, augurando un tiempo pacífico de dominación capitalista como horizonte deseado para la civilización contemporánea. Al mismo tiempo emergían los pueblos desde Caracas y más tarde desde Chiapas, del Alto en Bolivia, en Ecuador, en Argentina y en distintas ciudades y países para mostrar que la historia no es unidireccional y que la lucha de clases se manifiesta en acontecimientos que parecen predeterminados por la lógica de quienes dominan hasta que el pueblo hace visible su lucha.

Al tiempo que el capitalismo aparecía ganando su batalla contra el socialismo, desde la lucha popular y en especial desde Venezuela se iniciaba una nueva experiencia que generó expectativas populares de cambio político en todo el mundo. Se volvió a instalar la condición de posibilidad para pensar en la transición del capitalismo al socialismo, una asignatura pendiente a discutir en este bicentenario del nacimiento de Carlos Marx, o si se quiere, a 150 años de publicado el Tomo I de El Capital, y/o a 100 años de la revolución por el socialismo en Rusia.

También es cierto, que el proceso de transformación revolucionaria contiene los problemas internos, o que se asumen en las diferentes estrategias al interior del proceso en cada experiencia. Es un tema a balancear en la experiencia rusa y soviética³; china, cubana o vietnamita; incluso en las más recientes de Nicaragua o El Salvador, las que se reconocen en un mismo tronco teórico y práctico por la transformación socio-económica.

Al respecto, el economista venezolano José Félix Rivas señala que: “La confrontación por Venezuela tiene como objeto no sólo obtener un bajo precio del petróleo, sino principalmente garantizar el acceso a este recurso natural. Venezuela es poseedora de reservas naturales de gran importancia para el autómata global del Siglo XXI. Cuenta, además de grandes reservas de oro y petróleo, con otro tanto de minerales estratégicos. Además, posee agua y reservas vegetales. La economía venezolana es clave para el actual reacomodo estructural del capitalismo mundial”4.

El autor venezolano agrega que: “Esto significa que, detrás de los actores aparentes del conflicto político venezolano (la MUD, Almagro-OEA, entre otros) se agazapan los actores fundamentales como las grandes trasnacionales del petróleo, la banca de inversión y aquellas corporaciones mundiales que pueden beneficiarse de los recursos naturales y especialmente los minerales.” Continúa diciendo que “En el fondo, la confrontación que se expresa en el plano político como una insurrección de la derecha, es en realidad una faceta de la confrontación política por el control de la renta petrolera y, específicamente, por el dominio político del aparato del Estado. Esto lleva aparejado la intención de recuperar el control pleno de la política económica, junto con las otras políticas públicas y, de las instituciones fundamentales (Petróleos de Venezuela –PDVSA-, Banco Central, Ministerios de la Economía, banca y empresas públicas) que el proceso chavista, a pesar de las grandes limitaciones, ha logrado promover a través de ella una orientación a favor de los intereses nacionales. Para ellos es fundamental desmantelar la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, porque la fidelidad de la MUD es con el Comando Sur y la IV Flota.” Finaliza destacando: “De tal manera que, se trata de instalar un Gobierno de transición para el desmontaje del marco legal e institucional que actualmente le concede al Estado la administración soberana de los recursos naturales, que permite a la población trabajadora acceder a la tierra, a la vivienda, a la salud, a la alimentación, a la educación, a la tecnología, al control de la producción”5.

Corresponde la prolongada cita para entender con la propia prosa de un intelectual y profesional con responsabilidades en el proceso venezolano, los límites estructurales del capitalismo dependiente en Venezuela y los intereses en pugna para la reproducción de la lógica de la dependencia capitalista, lo que supone una disputa por la producción de riqueza.

 

Relación entre economía y política

No hay frontera clara entre ambas categorías, Economía y Política y, de hecho la disciplina teórica en origen respondía  a la denominación de Economía Política. Solo por razones ideológicas se transformó en la técnica de la “economics”, intentando una desvinculación de todo análisis social y menos de la crítica de la Economía Política que fundamentó Carlos Marx hace siglo y medio. Las matemáticas y la técnica desplazaron a las consideraciones históricas y sociales originarias en los estudios clásicos de la Economía Política.

Por eso, como no hay una sin otra, ni crítica a la una sin la crítica a la otra, es que no funcionan, a nuestro criterio, los análisis de realidad que asumen la falsa separación de la lucha de clases nacional, regional o mundial para considerar cualquier situación nacional. El cambio político en la región se frena al no avanzar en modificaciones estructurales de las relaciones sociales de producción y, éstas no se proyectan o procesan porque son débiles las iniciativas políticas populares que favorezcan nuevas culturas de consumo y producción que convoquen a constituir mayorías político-programáticas que sean condición de posibilidad para la transición del capitalismo al socialismo.

No alcanza con mediciones tradicionales para una crítica a la experiencia venezolana, aun cuando sean necesarias a los efectos de medir tendencias y procesos comparables con la lógica de evolución de la economía mundial capitalista.

Por eso, es que aun cuando habitualmente aludimos a datos que recogen las estadísticas oficiales, siempre hay que relativizarlos con análisis cualitativos con relación a la situación estructural de consolidación o no de una determinada configuración de relaciones sociales de producción.

Muchas críticas al proceso económico en Venezuela, que se extienden a la faz política remiten a consideraciones  sobre la evolución del PBI, claramente a la baja en los últimos años en Venezuela o al funcionamiento de la macroeconomía según paradigmas mundiales que recogen las estadísticas de ofertas y demandas ofrecidas por las contabilidades nacionales, donde el desabastecimiento corrobora la caída del consumo de los sectores populares en Venezuela. Los mercados capitalistas, existentes en Venezuela, son dominados por el monopolio que ejerce el poder de la producción y circulación del capital, por lo que define el tipo de cambio real y con él el ilegal o paralelo con acciones inducidas para su sostenimiento. En ese marco juega el endeudamiento público, y claro, los límites de una política económica condicionada por la hegemonía de las relaciones capitalistas no superadas en la formación económica social venezolana.

La crítica de la Economía Política e incluso los teóricos clásicos de la revolución no avanzaron históricamente en la definición del nuevo modelo productivo y de desarrollo, tarea que corresponde a la creatividad del sujeto de la transformación revolucionaria de la sociedad. No hay en Marx camino trazado para la construcción del socialismo; ni en Lenin, más allá de las políticas asumidas bajo su liderazgo para correcciones en el proceso de la coyuntura, caso de la NEP. Fidel Castro comentando los cambios en el modelo económico del 2011 señalaba que no había definición ni modelo sobre la construcción del socialismo. Por eso insistimos en varias intervenciones en que el socialismo, al estilo de Mariátegui “no será calco ni copia, sino creación heroica”.

Por ello, se impone la simultaneidad del ensayo de construcción de la nueva sociedad del tránsito de las relaciones sociales de producción con la nueva forma de organización de la comunidad, incluso con perspectiva de transitoriedad de las relaciones estatales, algo que constituye parte del ensayo de las comunas en Venezuela. No hay dos tiempo, el de la política y el de la economía. Ambos se procesan en conjunto y por eso ante la desestabilización política promovido desde el poder mundial entre 2014 y el presente, diverso en iniciativas, el trasfondo ocurría con el descontento ante la insatisfacción de abastecimiento de necesidades de parte de la población más empobrecida. La respuesta gubernamental fue simultánea, con los CLAP, Comités Locales de Abastecimiento y Producción6,  y el poder en las comunas, diferenciado y a veces contradictorio con el poder burocrático estatal.

Aludiendo al poder comunal, Gilberto López y Rivas sostiene que “En el memorable documento Plan de la patria, más vigente que nunca en condiciones de riesgo extremo, el comandante Chávez planteó lo siguiente:

“Para avanzar hacia el socialismo, necesitamos de un poder popular capaz de desarticular las tramas de la opresión, explotación y dominación que subsisten en la sociedad venezolana, capaz de configurar una nueva sociedad desde la vida cotidiana, donde la fraternidad y la solidaridad corran parejas con la emergencia permanente de nuevos modos de planificar y producir la vida material de nuestro pueblo. Al presentar este programa, lo hago con el convencimiento de que sólo con la participación protagónica del pueblo, con su más amplia discusión en las bases populares, podremos perfeccionarlo, desatando toda su potencia creadora y liberadora”.

Agrega que “Es así que surge el Estado comunal, que es definido en la Ley orgánica de las comunas como la:

“Forma de organización política social, fundada en el Estado democrático y social de derecho y de justicia establecido en la Constitución de la República, en la cual el poder es ejercido directamente por el pueblo, con un modelo económico de propiedad social y de desarrollo endógeno sustentable, que permita alcanzar la suprema felicidad social de los venezolanos y venezolanas en la sociedad socialista. La célula fundamental de conformación del estado comunal es la Comuna.” (Ley orgánica de las comunas. Ministerio del Poder Popular Para las Comunas y Protección Social, 2010, Artículo 4.10).7

La alusión que hacemos a las comunas y a los CLAP lo asociamos al aprendizaje de la revolución bolivariana. Ya hemos mencionado que la prédica por el socialismo emerge a fines del 2004, ya que previamente el horizonte de construcción era de crítica al orden neoliberal hegemónico8, que empieza a tener horizonte por el socialismo desde la práctica concreta, desde el ejercicio del gobierno entre 1999 y 2004. Es la experiencia concreta la que define que no alcanza con la crítica al neoliberalismo, sino que se requiere ir más allá y en contra del capitalismo. Ese es el momento de la preocupación máxima del poder y el crecimiento del hostigamiento, exacerbado ante la muerte de Chávez y contra la nueva gestión de Nicolás Maduro.

Claro que enunciar el horizonte socialista no supone en sí mismo construir el socialismo, sino que resulta la premisa imprescindible como formulación para disputar consenso social masivo para revolucionar la sociedad. Recordemos el traspié electoral con Chávez en la conducción del Estado venezolano cuando se quiso constitucionalizar el rumbo socialista. El socialismo solo puede construirse con una subjetividad masiva y consciente para construir una nueva sociedad, contra el capitalismo y por el socialismo. Esa es la condición de posibilidad para afirmar el tránsito del capitalismo al socialismo.

Por eso las “guarimbas” y hasta el desconocimiento del legítimo ejercicio de la presidencia de Maduro, exigiendo elecciones anticipadas al tiempo que se ejercía el boicot económico, con desabastecimiento y mercado negro, claro que, también, con complicidades de la corrupción, que lamentablemente no desaparece en los gobiernos con pretensión de cambios profundos. La respuesta fue en la política y en la economía, con los CLAP, las comunas y la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente – ANC, luego en ejercicio y debate, para alimentar el consenso social al tiempo que se construye economía y política bajo condiciones de desestabilización por parte del poder local y mundial.

Es curioso cómo una vez que se asumió la convocatoria anticipada a elecciones, reclamada por la oposición, ésta demandó la postergación y ante la concesión, una mayoría opositora desistió de protagonizar la convocatoria, lo que pone de manifiesto el carácter no democrático de la estrategia opositora y la definición por una retomada de la estrategia del poder global para restituir a Venezuela al redil de la lógica capitalista. Este 20 de mayo, día previsto para la elección presidencial en Venezuela, no sólo se juega la continuidad del proceso venezolano sino, que podemos decir, también, el futuro de Nuestramérica.

 

Notas:

Doctor en Ciencias Sociales, UBA. Profesor titular en las Universidades Nacionales de Rosario y San Luis. Profesor de posgrado en Universidades públicas de Argentina. Presidente de la Sociedad Latinoamericana de Economía Política y Pensamiento Crítico, SEPLA. Director del Instituto de Estudios y Formación de la CTA Autónoma. Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP.

1. Marcos Roitman Rosenmann. Breve manual actualizado del golpe de Estado. Editorial Sequitur. Madrid, 2017. El texto incluye Métodos de la Acción no violenta de Gene Sharp y Operación Venezuela Freedom-2, del Comando Sur de EEUU.

2. Los 6 países son: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú.

3. Imprescindible leer la investigación del cubano José Luis Rodríguez bajo el título “El Derrumbe del Socialismo en Europa”, editado por RUTH Casa Editorial en La Habana, 2014.

4. José Félix Rivas Alvarado. “Venezuela: Enfrentando a un golpe no tan blando”. En: “Nuestra América XXI. Desafíos y Alternativas” Boletín n° 9 de Julio 2017, del Grupo de Trabajo de CLACSO sobre Crisis y Economía Mundial. http://docs.wixstatic.com/ugd/12e354_19b870c568ae48f4b634fb947c9d893f.pdf

5. Ibidem

6. Nicolás Maduro twiteó el 12/3/2018: “Ante las adversidades que enfrentábamos el 2016, comenzó el proceso de creación de los Comité Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP). Después de dos años, podemos decir con orgullo que funcionó. Venezuela está protegida”.

7. Gilberto López y Rivas. “Poder comunal-popular en Venezuela”. Texto completo en: https://www.lahaine.org/poder-comunal-popular-en-venezuela

8. El horizonte político de Hugo Chávez fue por el definido en ese tiempo como un proyecto de “Tercera Vía”, una lógica político ideológica inspirada en Anthony Giddens y asumida por Tony Blair y Bill Clinton.

Dossier Nº5: “Venezuela en la encrucijada. Las elecciones presidenciales frente a la ofensiva del capital”

El domingo 20 de mayo se llevaron a cabo las quintas elecciones presidenciales desde que el chavismo llegó al poder, allá por 1999. Junto con otras tres contiendas electorales de los últimos doce meses, fueron estos unos comicios que se hallaron -una vez más- atravesados por la encrucijada del período “progresista y de izquierda” de América Latina. No es para menos: Venezuela ha sido, de aquel ciclo político, el proceso más sobresaliente en términos de radicalidad e iniciativa política, cristalizado en la reinstalación del horizonte socialista luego de la implosión de la Unión Soviética. El proyecto bautizado como “Socialismo del Siglo XXI” ha vuelto a instalar una alternativa frente a la hegemonía del capital transnacional. En este dossier, los economistas Fernando Azcurra y Humberto Rojas Danglade -ambos docentes en universidades venezolanas- analizan críticamente la correspondencia entre esta categoría y la estructura económica venezolana.

Venezuela es también el pais que, bajo el liderazgo de Hugo Chávez, desafió la arquitectura política regional que responde a los intereses de Estados Unidos. Sustentándose en el ideario bolivariano de la Patria Grande, fue inspiración y motor de espacios de articulación como la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (CELAC) y la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP). No casualmente es el “vecino del norte” el principal interesado en sepultar la experiencia del chavismo, como analiza en uno de los artículos de este número la socióloga y docente universitaria Paula Klachko.

Por supuesto, lo que sucede en el país caribeño no se explica sin un contexto regional de reflujo de los gobiernos que -con múltiples diferencias- plantearon una impugnación al neoliberalismo. En este sentido, la batalla electoral del domingo pasado -en la que Nicolás Maduro fue reelecto con el apoyo del 31% del padrón electoral, 68% de los votos válidos- reviste una trascendencia continental: lejos de cerrar el escenario anterior, Venezuela seguirá siendo la arena privilegiada en la que se jugará la continuidad del llamado “ciclo progresista”, con unos resultados que, dado el contexto, representan un espaldarazo para el chavismo y los movimientos populares del continente. En otra exhaustiva nota, el economista y docente Julio Gambina reflexiona sobre estos problemas desde la perspectiva de la relevancia estratégica de los comicios venezolanos.

No es ajeno a nadie que Venezuela se encuentra en una profunda crisis que, atizada por una feroz guerra económica de ejecución local y mando internacional, desnuda debilidades del proyecto de Chávez y el gobierno de Nicolás Maduro. Reinaldo Iturriza López se cuenta entre los pocos referentes del movimiento popular venezolano que, desde una posición de apoyo al proceso, ejerce una crítica implacable a lo que considera tendencias burocráticas y reformistas. El sociólogo y ex ministro de dos carteras (Ministerio del Poder Popular para las Comunas y los Movimientos Sociales y Ministerio del Poder Popular para la Cultura) le brindó una entrevista a Épocas para hacer un balance de estas cuestiones. Otro tanto desarrolla el politólogo y analista Julián Aguirre luego de un año en Caracas como parte de una misión internacionalista.

En el momento histórico de la cuarta ola feminista, Épocas no podía dejar de preguntarse por los avatares del movimiento feminista y diverso en la nación sudamericana. La psicóloga Florencia Catelani nos retrata en una crónica su experiencia participando del espacio de mujeres de una organización popular del país de Simón Bolivar.

De este modo, pretendemos hacer un humilde aporte a una actualización necesaria de este proceso que implicó un parteaguas en la política regional, aquel que con el Caracazo abría nuevos caminos que en nuestro país, en aquel entonces, parecían cerrarse. Vapuleado y bastardeado como pocos, el chavismo es -con sus flaquezas y virtudes- quizá el ensayo más audaz de un posible orden poscapitalista. La perduración de esa perspectiva, junto con la supervivencia del chavismo como tal, se puso en juego -una vez más- el domingo. Y nuevamente  ha salido airosa.

Comité Editorial

Mayo 2018

“El chavismo tiene el desafío de reafirmar su apuesta por el socialismo”. Entrevista a Reinaldo Iturriza López, por Fernando Toyos

Sociólogo y autor de numerosos libros sobre la realidad de su país, Reinaldo Iturriza López fue ministro venezolano del Poder Popular para la Cultura y también titular del Ministerio del Poder Popular para las Comunas y los Movimientos Sociales. En esta conversación con Fernando Toyos para Épocas, analiza la actualidad política del chavismo, las confrontaciones planteadas por la oposición, y algunos de los desafíos que la Revolución Bolivariana tiene por delante.

Después de un año muy intenso, marcado por meses de violencia insurreccional y tres procesos electorales, ¿cómo llegó Venezuela al 2018?

Lo más importante es que llegó con paz. Durante 2017 estuvimos en varias oportunidades al borde de una lucha fratricida. Cualquiera que se forme una opinión sobre lo que ocurre en Venezuela a partir de la línea editorial de las principales transnacionales de noticias puede estar persuadido de que la violencia era algo inevitable: bien porque a la oposición, muy a su pesar, no le quedaba otra alternativa que apelar a la violencia para enfrentar a la “dictadura”, bien porque la “dictadura”, tal y como ocurre siempre con los regímenes represivos, no puede evitar apelar a la violencia para contener las protestas de la oposición.

No obstante, la realidad es muy distinta: el Gobierno nacional y, más allá, el chavismo como fuerza política, actuaron casi siempre como muro de contención, y en aquellos casos en que funcionarios policiales o efectivos militares estuvieron incursos en violaciones de derechos humanos, el Estado procuró actuar de manera ejemplarizante. Las líneas de fuerza que encabezaron las manifestaciones contra el Gobierno entre abril y julio hicieron todo lo posible por que la situación se desbordara, atacando de manera sistemática centros educativos públicos, centros de salud públicos, unidades de transporte público, el Metro de Caracas, oficinas gubernamentales, centros de acopio, vehículos de la red pública de transporte de alimentos, bases militares y por supuesto personas, llegando al extremos de linchar y quemar personas por ser o “parecer” chavistas.

¿Qué efectos tuvieron estos acontecimientos en términos políticos para el Gobierno y para la oposición?

Sabemos perfectamente bien que de estas situaciones poco o nada trasciende mediáticamente, mucho menos fuera de Venezuela, y que predomina la idea de un régimen autoritario, profundamente antipopular, que atropella a su pueblo. Lo cierto es que los niveles de crispación fueron tales que incluso una pequeña parte de la base social del antichavismo salió a votar el 30 de julio, para elegir Constituyente. Fue la primera vez desde 1998 que la base antichavista empleó el voto castigo contra su clase política, que apoyó en pleno, por acción u omisión, los hechos de violencia. Luego, el 15 de octubre, en las elecciones para gobernadores, la clase política volvió a ser derrotada, fundamentalmente por encontrarse fracturada, pagando el costo político de la derrota que significó la elección de la Constituyente y, con ella, el fin de la violencia.

Derrotado políticamente, el antichavismo volvió a concentrarse allí donde es más fuerte: en lo económico. La brutal agresión de la que es víctima la sociedad venezolana desde mediados de 2012, arreció después de la elección de la Constituyente. En nuestro país, las fuerzas económicas que controlan el mercado han impuesto un verdadero estado de excepción.

En Argentina, los medios dominantes vaticinaron la caída del gobierno de Nicolás Maduro durante la primera mitad del año, y sin embargo el chavismo sorprendió con sus victorias electorales. ¿Cómo se explican las mismas en un contexto que es, a todas luces, adverso?

Lo mismo hizo la oposición venezolana en 2016: vaticinó la caída del Gobierno durante la primera mitad del año. Acababa de obtener el control de la Asamblea Nacional, en diciembre de 2015. Luego, los distintos partidos que la integran no fueron capaces de ponerse de acuerdo en torno a la manera de sacar a Maduro.

¿Cómo se explican las victorias? Tiene que ver, justamente, con la manera como se lidia con la adversidad. Me parece que es justo reconocer que el chavismo en general, y Nicolás Maduro en particular, han acertado al optar por dirimir el conflicto de manera política, electoral. Desde que inició la Revolución Bolivariana, el hecho electoral fue dejando de ser un mero trámite para convertirse en una oportunidad para decidir entre dos proyectos de sociedad antagónicos. La violencia, a la que apeló en varias oportunidades la oposición en todos estos años, siempre generó el rechazo mayoritario de la sociedad, incluyendo una parte muy importante, y diría que casi siempre igualmente mayoritaria, de la base social del antichavismo.

Luego, lo comentaba más arriba, está el hecho de las fracturas en el seno del campo opositor, luego de la derrota que significó la elección de la Constituyente. Se podrían mencionar otras circunstancias, como por ejemplo el hecho de que la clase política antichavista no constituye una alternativa política, sino el retorno de lo mismo. La clase política chavista puede ser severamente cuestionada por el pueblo chavista en tanto que considera que no está siendo consecuente con el legado de Chávez, pero ¿qué legado va a defender la vieja clase política?

En nuestro país, los mismos medios dominantes que mencionamos anteriormente suelen referirse al Gobierno Bolivariano como “una dictadura”. ¿Podría desarrollar, a grandes rasgos, el funcionamiento del sistema político-electoral venezolano? Las reformas que el chavismo introdujo en el mismo, ¿van en el sentido de una ‘restricción de la democracia’, como suele decirse?

Es un sistema inclusivo: hoy votan millones de venezolanos que en el pasado ni siquiera tenían cédula de identidad. Su existencia como ciudadanos ni siquiera era reconocida por el Estado. Luego, los centros electorales comenzaron a distribuirse democráticamente. Se automatizó el sistema, se garantizó observación electoral nacional e internacional, pero sobre todo se garantizó que fuera un sistema auditable y, en tal medida, transparente. La oposición venezolana nunca ha podido probar una sola denuncia de fraude, incluyendo casos en que ofrecieron públicamente presentar tales “pruebas” y no lo hicieron. Eso sí: en aquellos lugares en los que gana la oposición, nunca tacha los resultados de fraudulentos.

¿Cómo llegaron a las elecciones de este año el gobierno y la oposición? Más allá de la coyuntura electoral, ¿en qué estado se encuentra el ‘chavismo salvaje’, ese chavismo de base al que te referís como el “sujeto de la revolución”?

El chavismo llegó unido y la oposición fracturada. La decisión de la mayoría de los partidos opositores de no participar tiene que ver en parte con esta situación, y con el hecho de que Estados Unidos hace todo lo posible por deslegitimar los resultados y, por tanto, al nuevo Gobierno.

Más allá de lo electoral, el chavismo tiene serios desafíos: contener a las fuerzas reformistas que anidan en su seno, revertir el proceso de repliegue de la política de parte importante de la población, renovar su clase política, reafirmar su apuesta por el socialismo, por la democracia participativa y protagónica, por la Comuna. Todo lo anterior nos permite orientarnos a la hora de tomar decisiones en lo económico, sin duda el problema central de la sociedad venezolana. Es decir, las decisiones que tomemos en lo económico deben conducirnos a derrotar el reformismo, fortalecer la Comuna, etc.

“La lucha de clases en Nuestra América: Venezuela en el ojo de la tormenta”, por Paula Klachko

Introducción

La historia de Venezuela, con su ubicación geopolítica estratégica frente al Mar Caribe, con sus 4.000 km de costa marítima y sus enormes reservas energéticas, minerales, acuíferas y biodiversidad, ha estado controlada directa o indirectamente por el imperialismo estadounidense, primero a través de la explotación latifundista de la tierra (cacao y café) y luego durante 100 años -hasta 1999- mediante la extracción de petroleo.

Como todas las experiencias nacionales nuestroamericanas, los diversos imperialismos nos han especializado en la monoproducción y han obstaculizado activamente mediante diversos mecanismos la posibilidad de un desarrollo capitalista independiente, con la anuencia de sus socios, las oligarquías locales, que tanto se beneficiaron como fracción parásita de esta vía de desarrollo capitalista¹. Esta vía mostró una continuidad con la herencia colonial y consolidó una estructura de desarrollo capitalista oligárquico y dependiente que caracteriza al movimiento orgánico² de las sociedades nuestroamericanas. Por ello, todo análisis de situación y sus relaciones de fuerza debe realizarse partiendo del conocimiento de dicha estructura y es, justamente, lo que es obviado u ocultado por variadxs analistas a la hora de referirse a la Venezuela de hoy: la Bolivariana.

Incluso, o peor, ciertxs intelectuales pseudoprogresistas a la hora de analizar el escenario histórico de la Revolución Bolivariana esfuman de un plumazo esas condiciones en las que se desarrolló y desarrolla, y atacan a este y otros procesos de cambio a favor de los pueblos, entre otros elementos, por “extractivistas” o por la falta de diversificación de la matriz productiva sin tener en cuenta en lo absoluto esta característica estructural de hace mas de 500 años.

El análisis de la situación en la República Bolivariana de Venezuela debe leerse en esta clave de enfrentamiento antiimperialista que reviste la lucha de clases en Nuestra América. El grave asedio que la pone en el ojo de la tormenta remite a la estrategia imperialista de reapoderarse de lo que consideraba “su” territorio y que ha perdido desde diciembre de 1998. Aunque el interés imperialista no es sólo por el control material de las enormes riquezas, sino también por la “amenaza” política que constituye el “mal ejemplo” del camino soberano e independiente que atenta contra la Doctrina Monroe y, potencialmente, contra el capitalismo mismo.

Además del negacionismo de dicha estructura, también se oculta o se justifica la permanente injerencia económica, política, diplomática y militar, primero colonial y luego imperialista en Nuestra América. Dicho intervencionismo ha sido mas evidente, profundo, omnipresente y directo en el área del Caribe (con la excepción de Cuba). Han controlado el territorio económico a través de empresas como United Fruit Company o Exxon Mobile; el terreno diplomático con la OEA o “Ministerio de Colonias” -como lo denominaran Fidel Castro y Raúl Roa-, y el escenario político mediante variadas técnicas, desde la compraventa de voluntades hasta la implementación y financiación de sangrientos golpes de Estado, escuadrones de la muerte o paramilitarismo contrarrevolucionario. Y también mediante intervenciones, ocupaciones o invasiones militares directas, como lo muestran los dolorosos ejemplos de Cuba en 1961, República Dominicana en 1965, Granada en 1983, la Nicaragua sandinista en los ochenta y Panamá en 1989, solo por mencionar los que sucedieron en los últimos 60 años³.

A diferencia de otros imperios en la historia que han gozado de una dominación relativamente estable durante varios siglos, el capitalismo en general y específicamente su fase imperialista4, no cesa de engendrar revoluciones. En los ‘90, sin embargo, con la caída de la URSS éste se sintió triunfante, aunque se mantenían de manera aislada y asfixiada las experiencias de Cuba, Viet Nam, Corea del Norte y China, que estaba dando pasos a su transición para no seguir el camino de la URSS. Ese unilateralismo imperialista les duró poco, pues las resistencias y luchas desplegadas en su “patio trasero” dieron lugar a articulaciones políticas populares que lograron acceder a varios gobiernos nacionales. Esta nueva ola emancipadora fue abierta por la experiencia venezolana con Hugo Chávez Frías a la cabeza.

La declaración de guerra de los EEUU a la Venezuela Bolivariana nace con la revolución misma, ante el gesto libertario y soberano de su jefe de Estado que no se cansó de echar funcionarixs imperiales que querían dictarle -como acostumbraban- las políticas a seguir.

Tal como lo demuestra la larga historia de intervenciones e injerencias directas, el imperialismo no esta dispuesto a permitir que pueda prosperar este camino de independencia re-abierto por la revolución bolivariana. Necesitan que esta experiencia, que se propuso la construcción del socialismo bolivariano y latinoamericano, fracase y se demuestre la inviabilidad de cualquier proyecto antiimperialista y anticapitalista. Por ello, esta vanguardia chavista y bolivariana que hoy sigue en pie aun con grandes sacrificios -como todas las revoluciones en la historia e incluso menos- se constituye como su enemigo principal.

Con la muerte (provocada5) en marzo de 2013 del líder moral, espiritual, político y militar, estratega inmenso que pensó y desarrolló la construcción de la Patria Grande como único camino posible de emancipación nuestroamericana, se agudiza la estrategia de aniquilamiento de la experiencia venezolana. Veamos a continuación entonces un resumen de los principales elementos que configuran la situación venezolana del último año.

 

Elementos centrales que configuran la situación actual

El escenario en el que se desarrolla la revolución bolivariana está compuesto por el profundo entramado organizativo popular que fue tejiendo la revolución, minado y obstaculizado por la estrategia de guerra de amplio espectro que viene desplegando el imperialismo estadounidense. Este concepto de guerra de amplio espectro6 o guerra de cuarta generación reconocido y explicado sin eufemismos en sus manuales7, se basa -como su nombre lo dice- en el ataque simultáneo8 y permanente de todos los aspectos de la reproducción social, económica, política, cultural y militar. Pero tiene un especial foco en la afectación de la vida cotidiana, desorganizándola9, generando miedos e inseguridades que tornan inviable un proyecto de desarrollo profesional o familiar desde la lógica individual y meritocrática que es la base del capitalismo. El hecho de que sistematicen la guerra de amplio espectro en sus manuales solo muestra, una vez más, la amplia experiencia que han ido adquiriendo en su larga historia injerencista10.

Tal como lo señalara Marco Teruggi, en esa guerra contrarrevolucionaria de amplio espectro existen tres niveles de mando puestos de manifiesto durante la ofensiva violenta entre abril y julio de 2017: el plano estratégico, que lo decide el Departamento de Estado de los EEUU; el operativo, que está a cargo del Comando Sur de los EEUU; y el táctico, en manos de la oposición interna de derecha11.

El despliegue de la violencia explícita de las llamadas guarimbas de febrero de 2014 que dejaron 43 muertos en el plan “la salida” para desalojar a Nicolás Maduro de la presidencia, se retoma con mayor violencia entre abril y el 31 de julio de 2017, esta vez dejando 131 muertos. De estos, sólo 13 fueron a manos de fuerzas de seguridad bolivarianas, por lo cual hay 40 efectivos procesados, detenidos o solicitados. La enorme mayoría fueron provocadas por disparos provenientes de las manifestaciones opositoras, o bien por accidentes en las propias barricadas o manipulación de artefactos explosivos caseros; y es importante mencionar la muerte de 5 personas producto de la quema y linchamiento de 29 personas vivas por ser o parecer chavistas12. Esto impactó muy negativamente aún en partes importantes de la base social opositora. También se destruyeron numerosas instalaciones materiales, energéticas e instituciones, desde hospitales y escuelas, pasando por mas de 500 unidades de transporte nuevas, mercados o depósitos estatales de alimentos. Las poblaciones de muchas ciudades resultaron rehenes de lxs opositores que las ocupaban y controlaban por días enteros paralizando toda actividad comercial y desplegando impunemente la violencia, ante un gobierno nacional que decidió no implementar la represión estatal tal como lo hubieran hecho cualquiera de los países occidentales capitalistas ante una centésima de estos disturbios, desencadenado una masacre social. Como lo hacían los gobiernos de la IV república en Venezuela, por ejemplo en el Caracazo: en solo dos días de genuina protesta popular se ha dejado un tendal de 3.000 muertos del campo popular.

Esta violencia de derecha desaparecería de un día para el otro luego de las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente, en las cuales, a pesar de las graves amenazas, cerca de 8.000.000 de venezolanxs acuden a las urnas.

Frente a dicha salida política (la convocatoria electoral para la Asamblea Nacional Constituyente) implementada por el gobierno revolucionario ante este complicado escenario, y la convocatoria de dos procesos electorales más en el término de cuatro meses para gobernaciones y alcaldías, las fuerzas contrarrevolucionarias activan con mayor dureza las vías de la guerra diplomática, la guerra económica y un férreo cerco militar.

Respecto de la primera, el converso Luis Almagro profundiza su actitud injerencista desde la Secretaría General de la OEA, luego del fracaso en aplicar la carta orgánica contra Venezuela, directamente intentando armar un gobierno paralelo. Mientras tanto, va tomando más protagonismo el denominado Grupo de Lima por iniciativa del recientemente renunciado Pedro Pablo Kuczynski  -quien definiera a América Latina13 como “un perro simpático que está durmiendo en la alfombrita y no genera ningún problema”. Esta alianza coaligó a todos los presidentes de derecha del continente para tildar de antidemocrática a Venezuela, incluyendo a importantes golpistas como Temer.

Las sanciones que impone el gobierno de Trump, acentuando la política agresiva de su antecesor, complican aún más la vida cotidiana del pueblo trabajador, pues “no sólo limitó la capacidad del gobierno de obtener divisas extras sino la de hacer y recibir pagos y negociar préstamos”. La imposibilidad de realizar pagos a través de entidades bancarias directamente amenazadas por Washington paralizó entregas de importantes cantidades de medicinas imprescindibles, como toneladas de insulina varadas en Panamá y medicamentos contra la malaria paralizados en la frontera con Colombia, entre otros casos. Los medicamentos no se producen en Venezuela sino que son importados por los grandes laboratorios que controlan de manera monopólica ese mercado.

En el plano de las relaciones diplomáticas internacionales dominadas, aun con grandes obstáculos, por el imperialismo estadounidense, vuelve a quedar en evidencia la doble vara o rasero cuando, levantando las supuestas banderas de la democracia, ocultan y apoyan las atrocidades cometidas, por ejemplo, por la monarquía absolutista de Arabia Saudita, donde se ejecuta a los jóvenes que protestan, a mujeres que se atreven a salir de sus cadenas, a homosexuales, etc. Esto es apenas un ejemplo entre miles de casos históricos con los que llenaríamos miles de páginas.

Si la guerra es la continuación de la política por otros medios, Luis Britto García agrega que la política es la continuación de la economía. En esta clave hay que leer la guerra económica desplegada en Venezuela. Pasqualina Curcio es la economista que en su libro “La mano visible del mercado”14 ha develado y explicado los diversos mecanismos de la guerra económica, como el ataque sistemático a la moneda, la inflación -y en los últimos meses la hiperinflación – inducida, el desabastecimiento programado y selectivo, en el marco de un creciente bloqueo financiero y comercial, cada vez menos encubierto, las sanciones estadounidenses, canadienses y de sus socios europeos que agravan el bloqueo, la suba manipulada de los índices del riesgo país que confecciona el gran capital para encarecer el crédito en terceros países (y obligarla a rendirse a los créditos del FMI, que llegan solo a cambio de condicionamientos políticos), entre muchos otros elementos que van trabando el desarrollo económico independiente de Venezuela.

Curcio señala que “los que dirigen estas acciones de guerra no convencional son las grandes corporaciones trasnacionales en complicidad con los monopolios nacionales de los alimentos, medicamentos y productos de higiene. El principal estratega es el imperialismo”. Comandan y operan: son la mano visible del mercado: “son las dueñas de las armas, las que boicotean el suministro de bienes esenciales, las que embargan el comercio, las que manipulan e inducen la inflación, las que publican indices de riesgos país manipulados. Son los propietarios de los medios hegemónicos de la comunicación, cuya participación es fundamental por ser los encargados de encubrir las acciones de guerra, de distraer y confundir al pueblo”15. La autora demuestra ademas la correspondencia o sincronicidad entre los momentos de profundización de esos mecanismos de guerra económica con aquellos de tensión política o procesos electorales.

Sin duda estos elementos generan un nivel de caotización de la vida cotidiana al acabar con el dinero que es la principal mediación de las relaciones sociales en el capitalismo. Pues, claro, en Venezuela no han dejado de tener un rol dominante las relaciones capitalistas, aunque las nuevas relaciones sociales de producción y reproducción de la vida pugnen por nacer. Porque la revolución ocurre, está viva, se disputa y entra en contradicción en cada territorio social. Sin embargo, en una experiencia social en la que se pretende salir de esas relaciones de explotación y de opresión y que  atraviesa por un estado de transición. La virtual desaparición del dinero impacta fuertemente pero no descalabra ni destruye al proceso revolucionario pues una parte importante de la población posee conciencia de las causas de esta situación. Ello se hace evidente cuando comparamos con otros casos históricos en que procesos hiperinflacionarios acabaron con gobiernos en poco tiempo, como es el caso del gobierno de Raúl Alfonsin en Argentina en 1989. Hiperinflación que, por cierto, también fue inducida ,al igual que en Nicaragua o en Zimbawe, como lo demuestra Curcio.

También en Venezuela se han desplegado sin cesar sabotajes y ataques a las instalaciones eléctricas, servidores de internet, y al sistema de transporte, al tiempo que es frecuente encontrar grandes depósitos de alimentos acaparados -y algunos de ellos en descomposición- para generar faltantes esenciales con la consiguiente zozobra en la población.16

Al objetivo de caotizar la vida cotidiana, romper los lazos sociales y generar desconfianza mutua, se suma el estímulo a las migraciones masivas para intentar una declaración de la ONU acerca de la existencia de una “crisis humanitaria” que legitime una invasión de fuerzas reaccionarias desde el exterior bajo la excusa de la “ayuda humanitaria”. Conocemos el concepto de humanidad descartable que el “american dream” tiene sobre lo que considera la periferia del capital. Estados Unidos es uno de los países causantes de la mayor cantidad de muertes en el mundo en el siglo XX: han sido responsables desde la Segunda Guerra Mundial por el fallecimiento de entre 20 y 30 millones de personas en guerras y conflictos esparcidos por el mundo.17

El experto independiente de las Naciones Unidas Alfred de Zayas, después de una visita a Venezuela ha señalado que este país “sufre una guerra económica, un bloqueo financiero, sufre un alto nivel de contrabando y desde luego necesita la solidaridad internacional para resolver estos problemas”. Y que esta situación no constituye una crisis humanitaria, sino que la crisis que se vive es fruto de esas sanciones. Son las sanciones “las que empeoran el desabastecimiento de alimentos y medicinas, es insoportable pensar que teniendo una crisis de malaria en el Amazonas venezolano, Colombia haya bloqueado la venta de medicamentos y Venezuela tuvo que obtenerla en la India”.18

El acecho imperialista se cierra con el imprescindible cerco militar listo para ser desplegado cuando consideren necesario o cuando generen las condiciones suficientes para hacerlo. Ya varias veces Trump ha declarado que no descarta la opción militar para Venezuela, basándose en el decreto de Obama que declara a la tierra bolivariana como una amenaza inusual y extraordinaria para los Estados Unidos, y así vienen obrando en consecuencia. En los últimos meses las declaraciones de altxs funcionarixs estadounidenses, como las del encargado de negocios de Estados Unidos en Venezuela, Todd Robinson, de clara injerencia; las giras emprendidas para buscar consenso contra Venezuela en los países latinoamericanos gobernados por la derecha, como la del ex Secretario de Estado Rex Tillerson, que acompañaron la movilización y alistamiento de tropas militares brasileras y colombianas en sus respectivas extensas fronteras con Venezuela con la presencia del jefe del Comando Sur, Kurt Tidd, del ejército de los Estados Unidos en Colombia; la movilización de tropas estadounidenses y aviones en Panamá; la instalación de la DEA y de una “task force” en el noreste argentino; al igual que una base móvil meses atrás en Tabatinga, Brasil; a las que hay que sumar las numerosas bases fijas preexistentes rodeando a Venezuela: nueve en Colombia, trece en Panamá, la de Guyana y las de las islas que quedan frente a sus costas en el Mar Caribe: Curazao, Aruba y Bonaire a 50 km, 25 km y 90 km, respectivamente. Y más recientemente las variadas amenazas del Secretario del Tesoro, Steven Munchin, en cuyo último intento injerencista en una reunión con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial juntó a representantes de 15 gobiernos de derecha para pedirles más presiones y sanciones contra Venezuela.

También se han intensificado los intentos de penetración y rupturas en las FANB (Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas), pues es claro que la unidad cívico-militar que recoge la concepción de pueblo en armas para una eventual guerra de defensa prolongada (de una revolución que, como ha establecido Chávez, es pacifica pero no desarmada) es la garantía última del proceso histórico chavista.

Se pudo observar la convocatoria abierta y sin tapujos al golpe de Estado militar, como lo hizo Tillerson y otrxs altos funcionarixs -lo que cae mal a las masas populares en nuestra América cuya memoria del horror y terrorismo de estado se mantiene activa- hasta el combate o apresamiento de algunos grupos menores que asaltaron unidades militares o fueron descubiertos en franca conspiración. Los llamados al golpe de Estado han sido denunciados y rechazados por el propio ministro de Defensa, general en jefe Vladimir Padrino López, quien afirmó que a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, por su fortaleza, cohesión moral, su conciencia patriótica, nacional y democrática no la divide nadie.

En el torbellino de esta guerra de amplio espectro que ametralla ofensivas en todos los planos, se evidencian contradicciones de una esquizofrénica derecha que goza de amplia impunidad en la prensa internacional pero que no pasa inadvertida en la población venezolana. A saber: hace años que piden elecciones presidenciales anticipadas, pero ante tres derrotas electorales consecutivas los principales partidos de la derecha deciden boicotearlas y abstenerse. Denuncian supuestos fraudes electorales -solo cuando pierden- y piden observación internacional electoral, y cuando el gobierno bolivariano así lo solicita a la ONU y a la UE, tanto esos partidos como los Estados Unidos hacen gestiones para impedirlo. Realizan negociaciones con el gobierno, por momentos más públicas o más secretas, con la mediación de importantes figuras políticas internacionales y presidentes de otros países, que al preciso instante de ser firmadas son frenadas por un llamado telefónico imperial que se lo impide, como ocurriera luego de las largas conversaciones sostenidas bajo la dirección del ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero en Santo Domingo. Piden “ayuda humanitaria” dadas las condiciones generadas por las sanciones y bloqueo comercial y financiero por ellxs mismxs imploradas a gobiernos de derecha. Es evidente que no quieren ni la paz ni la democracia pues saben que esos caminos conducen al afianzamiento del proceso revolucionario, el cual quieren aplastar cueste lo que cueste.

Con este análisis de algunos elementos que muestran la situación de Venezuela, en un sentido gramsciano, se observa la decisión de las fuerzas enemigas de la revolución bolivariana de pasar del grado de la relación de fuerzas políticas, en la que las fuerzas bolivarianas lograron conquistar el momento de la hegemonía -de ninguna manera absoluta y con contradicciones sobre todo en el plano económico- al momento de las relaciones de fuerza político-militares.

 

Respuestas políticas

Ahora bien, frente a todo este complejo cuadro, la gran pregunta es: ¿cómo se sostiene en pie la Revolución Bolivariana? Luego de semejantes y multidimensionales ataques que tienen grandes consecuencias en todos los planos y en particular afectan enormemente la vida cotidiana del pueblo, ¿cómo es que las fuerzas chavistas siguen ganando las elecciones mas limpias y transparentes del mundo, tal como dijera el ex presidente estadounidense Jimmy Carter y como continúa reafirmando tras el monitoreo de cada proceso el Consejo de Expertos Electorales de Latinoamérica?

En un mundo dominado por el capital como relación social más expandida y hegemónica, esta claro que quien controla la economía controla el poder. Y es por eso que la guerra económica se despliega con una inusitada violencia en Venezuela por quienes han perdido el poder hace casi 20 años. Hacer frente a esta situación es el principal desafío que no tiene resoluciones omniabarcadoras e inmediatas, pero para el cual se ensayan caminos de salida a la dependencia del petrodólar, como la canasta de monedas para la exportación del crudo y la criptomoneda Petro, al tiempo que se implementan permanentes mecanismos de protección al pueblo para frenar el impacto de la guerra económica. Sin estas políticas de protección no podría existir la resistencia heroica a esta guerra.

Lo cierto es que la capacidad de respuesta política de la dirección revolucionaria ha tomado vuelo frente a la decadencia de la derecha opositora que ha caído en todas clases de bajeza, algunas antes descritas, hasta llegar al punto de pedir la intervención armada contra su propio país. Así, frente a la estrategia insurreccional de la derecha -las guarimbas-, el gobierno chavista propuso la paz constituyente. Convocaron al poder constituyente originario del pueblo para rediscutir y fortalecer el proyecto revolucionario con votos y más democracia popular, participativa y protagónica.

La revolución -justamente por ser un revolución- reinventa permanentemente sus instituciones19, que pueden derivar en nuevas contradicciones y dar paso a la necesidad de parir otras nuevas, desde las más innovadoras aun dentro del campo de la tradición liberal burguesa, como la Asamblea Constituyente (no nos olvidemos que fue la Asamblea Constituyente la que dio paso al verdadero fin de la monarquía absolutista en Francia), hasta las que van por fuera de todo vestigio liberal-burgués, como las comunas, que, como su nombre lo indica, retoman lo mejor de la tradición revolucionaria: la primera experiencia de la comuna de París, pasando por los soviets y consejos obreros pero con raíces en la organización comunitaria nuestroamericana de nuestras comunidades originarias.

La respuesta popular a la convocatoria constituyente fue épica dadas las amenazas sobre su vida que sufrieron las personas que acudieron a votar. Hoy ya es parte de la gloria bolivariana el relato acerca de las columnas populares cruzando ríos y montañas para poder votar corriendo el riesgo. También fue contundente la participación popular y los resultados en las dos contiendas electorales que le siguieron en los últimos meses de 2017. En las de octubre para gobernadores el chavismo obtuvo el 54 por ciento del voto nacional, que se tradujo en ganar 18 (luego serán 19 cuando se repitan en diciembre las de Zulia) de 23 gobernaciones y la participación electoral fue de 61,14 %. Mientras que en las elecciones para 335 alcaldías, en 295 triunfaron candidatxs chavistas con mas del 47% de participación electoral, que -es importante aclarar- no son obligatorias. Estos triunfos chavistas explican la posición abstencionista que promueve el imperialismo estadounidense y que es acatado por varias de los principales partidos políticos de la oposición, pues saben que volverán a perder. Aunque varios de ellos participarán desacatando la orden.

En relación a la guerra económica y en el marco de un mundo cada vez más multipolar, se ha profundizado la relación con los nuevos aliados internacionales, como China, Rusia, Bielorusia e India. Y se viene propiciando la salida de la dependencia del petrodólar, sobre todo con la apuesta a la primer criptomoneda respaldada con petróleo y otros recursos minerales. Ya Trump ha sancionado un decreto que prohíbe toda transacción con petros por parte de cualquier persona real o jurídica desde o en los Estados Unidos, lo cual fue tomado en Venezuela como un indicador de su posible éxito. Como señala Atilio Borón “el inmenso ejército imperial no es suficiente para garantizar la perpetuidad de la hegemonía norteamericana. También se requiere la absoluta primacía del dólar. Y esto ya va siendo cosa del pasado. Por eso el ataque interminable contra la Venezuela Bolivariana”.

Pero centralmente, en la situación generada por la guerra económica no se descartan problemas internos relacionados con grados de corrupción y microcorrupción no atacadas con la necesaria rigurosidad hasta hace poco tiempo, o deficiencias causadas por inexperiencias o ineficiencias. Es la política de protección al pueblo que se traduce en una inversión social de más del 70% del presupuesto nacional y la variedad y enormidad de las Misiones y Grandes Misiones Sociales y Socialistas. Entre estas se destaca la Gran Misión Vivienda Venezuela con la construcción de 2.000.000 de viviendas equipadas para el pueblo desde 2011 hasta el comienzo de 2018, construidas en urbanismos que cuentan con servicios y transporte públicos, escuelas, plazas de juegos, campos de deportes, en algunos casos emprendimientos productivos rurales o industriales y un entorno verde y agradable. Muchas de ellas son grandes y nuevas ciudades ecosocialistas. Proyectan llegar a la construcción de tres millones de viviendas en 2019. Esto los torna el principal país constructor de vivienda social por habitante en el mundo. También es destacable el alcance de la cobertura del 100% de pensionadxs y jubiladxs recientemente sancionada.

Desde la asunción de Hugo Chávez como presidente hasta el año 2015 todos los indicadores sociales, educativos, de salud, laborales, indicaban una mejoría absoluta de la calidad de vida del pueblo en todas sus variables20. Importantes organizaciones de la institucionalidad oficial internacional han reconocido mediante sus mediciones dicha mejora sustancial en el índice de desarrollo humano (PNUD21), en los niveles de alimentación (FAO22) y en el reconocimiento de la reducción de la pobreza y la desigualdad (CEPAL23).

Y es a partir de ese año, 2015, con la agudización de la guerra económica que comienza a visualizarse cierta caída en algunos aspectos que el gobierno se esfuerza por morigerar. Sobre todo se observa el aumento de la pobreza medida por ingreso, dada la inflación -y luego hiperinflación- inducida.

De esta manera, a diferencia de los gobiernos neoliberales de la región donde la primer variable de ajuste consiste en achicar la inversión social, la educación, la salud y toda la estructura que hace en sus diversos aspectos a un país soberano, el gobierno bolivariano, por el contrario, aumenta la inversión social, no despide trabajadores e intenta, a través de distintos bonos, contrarrestar en algo la licuación salarial frente a la hiperinflación inducida24. Aún así consideramos que existen algunos puntos centrales en los que aún no se ha logrado congeniar las variables de control adecuadas para salir de las trampas de la clase dominante que tienen al pueblo y a su gobierno de rehén. Como, por ejemplo, la necesidad de nacionalizar el comercio exterior tan estratégico por la imprescindibilidad -por ahora- de importaciones tecnológicas y de consumo (alimentos y, sobre todo, medicamentos), así como la necesidad de revisar más profundamente los subsidios a las divisas para esas importaciones a unas corporaciones monopólicas que no los trasladan a los precios al consumidor/a, sino que especulan mediante el precio del dólar paralelo y el acaparamiento para el incremento constante de los precios hasta lograr inducir una hiperinflación.

Como la misma Curcio explica, se hace necesario establecer mayores controles por parte del Estado bolivariano al sector monopólico privado, en lo que hace a la asignación de divisas, el control de precios, la distribución de los bienes al tiempo que debe continuarse el camino ya emprendido de fortalecimiento de la producción nacional, con modelos de producción que promuevan las empresas de propiedad social.

En cuanto a la respuesta política al cerco militar, ésta ha consistido en preparar la reserva o milicia popular para la eventual necesidad de utilizar las armas en una guerra popular prolongada de resistencia y defensa de la nación. Esto se viene realizando mediante ejercicios militares populares soberanos de esta revolución pacífica pero no desarmada, que muestran el alto grado de unidad cívico-militar. El último se realizó en febrero de 2018 y se denominó “Ejercicio de Acción Defensiva Multidimensional Independencia 2018” en el que participaron 500.000 miembrxs de organizaciones populares, 300.000 milicianxs y 168.000 funcionarios militares.

En cuanto a las relaciones internacionales, Venezuela sigue activando y alimentando el ALBA, así como la relación con los estados del Caribe, que contrastando con su tamaño geográfico juegan un rol importante a la hora de frenar iniciativas de las derechas en los foros y ámbitos oficiales internacionales como la OEA. También continúan revitalizando la OPEP y el MNOAL y visitando países fuera del occidente capitalista en las giras de la “dignidad” que emprende el canciller Jorge Arreaza. Estos son algunos elementos de la coyuntura que sobresalen, pero los hay muchos mas sin duda. Como por ejemplo el esfuerzo organizativo popular en las comunas y consejos populares, la recuperación de tierras improductivas para hacerlas producir alimentos, entre otras iniciativas de la inmensa vida política del pueblo bolivariano.

 

Dos fuerzas que se contraponen

Después de Viet Nam, los cuadros políticos y militares del imperialismo de nuestro tiempo corroboraron que con la superioridad de las armas materiales no basta para acabar con la voluntad nacional – popular de un pueblo. Que, tal como decía Clawsevitz, el arma más fuerte en una guerra es el arma moral. Por ello, luego del fracaso de la vía insurreccional en Venezuela entre abril y julio de 2017, profundizaron la vía de la guerra económica que apunta a desarticular la reproducción social. Sin abandonar otros tipos de asedio que complementan este objetivo que apunta a desgastar esa poderosa moral revolucionaria.

De esta manera, en la actual coyuntura en la Venezuela Bolivariana se despliega una batalla moral entre dos fuerzas. Una disputa cultural-moral entre aquella tejida en la experiencia de lucha y organización, y otra que intenta disgregarla a fuerza de hacer prevalecer la competencia, el individualismo, la desconfianza mutua, la especulación, el parasitismo, en definitiva, los valores básicos del consumismo destructivo capitalista. En estos casi veinte años de gobierno bolivariano se ha desarrollado un impresionante tejido organizativo popular para resolver las históricas y variadas necesidades básicas insatisfechas, tarea en la que fueron encarando la formación intelectual y política revolucionaria. La construcción y toma de conciencia acerca de las mas variadas opresiones y las formas comunitarias de resolverlas ha hecho carne en una parte importante del pueblo, pero esta dura batalla cultural es un desafío permanente contra las poderosas usinas ideológicas del capital.

Ese camino de organización popular diverso y rico continúa abriéndose paso en las dificultades. Y todxs aquellxs que desarrollan sus proyectos de vida en esos marcos, es decir, organizadxs en alguna instancia militante y comunitaria pueden sin duda atravesar con más fuerza las mil y una batallas cotidianas que impone la guerra económica. En cambio, aquellxs que van por la senda de un proyecto de desarrollo familiar o personal individual se torna muy frustrante si no se tiene esa conciencia como arma de entendimiento de las circunstancias que organizan o desorganizan la vida. O peor, si se adopta la falsa conciencia que disemina el enemigo con alto poder de fuego mediático y cultural, que directamente conmina a pensar que la única salida individual para desarrollar el merito propio es el exilio. Los patrones culturales establecidos por la cultura capitalista hegemónica se tornan muy potentes en la conformación de los deseos y personalidad de buena parte de la juventud que se autoexilia en busca de esos modelos de vida difíciles de lograr.

Sin embargo, no podría explicarse la supervivencia de la Venezuela bolivariana sin la existencia de una gran reserva moral que tiene en claro aquella frase del patriota vietnamita Ho Chi Minh: “Nada que tenga que ver con la emancipación popular se logra sin sacrificios”. Esta disputa entre una fuerza moral revolucionaria y una fuerza regresiva se libra en un proceso político no exento de contradicciones y errores que indica que es una revolución viva, “en pleno desarrollo”, como dice el periodista Walter Martínez, como otros procesos en la historia, donde lo que predomina es el camino revolucionario. Lo que además se observa en todas las posiciones soberanas internacionales, sus alineamientos y solidaridad con las causas de los pueblos del mundo.

Son las fuerzas revolucionarias y restauradoras que pugnan dentro del propio proceso revolucionario. La restauración no sólo viene de afuera del país o de afuera de las fuerzas revolucionarias. También al interior de la revolución pugnan ambas fuerzas nacidas y por nacer25.

Como se viene insistiendo desde las bases sociales chavistas, las comunas son la garantía del crecimiento o refuerzo de esa moral y conciencia revolucionaria y del proyecto colectivo y protagónico del pueblo. El desarrollo de las comunas constituye un antídoto contra el sálvese quien pueda, base de retorno del mando del capital sobre la sociedad y el petróleo venezolanos.

 

Perspectivas

En otro artículo26 mencionábamos que la revolución bolivariana necesita ganar tiempo dado que, como explicaba el vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Álvaro García Linera,  ninguna revolución sobrevive y, menos aun se desarrolla, de manera aislada y cercada. Se necesita la unidad e integración regional como el oxígeno.

Las próximas elecciones presidenciales del 20 mayo en Venezuela sin duda relegitimarán al gobierno del presidente obrero Nicolás Maduro y serán un triunfador modo de ganar tiempo. Este es un año clave para la posibilidad de retomar el impulso de la ola emancipadora interrumpida por el triunfo electoral de Macri en la Argentina y el posterior golpe de Estado “blando” o jurídico-legislativo-mediático contra Dilma Rousseff, continuado con el encarcelamiento de Lula en Brasil. El 27 de mayo se realizarán elecciones en la vecina Colombia, sin demasiadas expectativas triunfantes para opciones progresistas como la de Gustavo Petro, pero que pueden posicionarlas como alternativas opositoras al neoliberalismo en su versión fascista-uribista que probablemente se imponga.

Diferente es en la frontera sur del imperio, cuando el 1 de julio se desarrollen las mega-elecciones de 18.311 cargos en México, pero en las que se juega sobre todo la presidencia. Existen grandes posibilidades de triunfo del candidato nacionalista-progresista Andrés Manuel López Obrador, quien podría devolverle a México el rol de dignidad perdido por la posición entreguista de los gobiernos de las últimas décadas. No hay que tener una visión conspirativa para darse cuenta por la experiencia con este mismo candidato en dos ocasiones anteriores, con la reciente de Honduras, y las diversas formas de “lawfare” que se están implementando, que los más sofisticados métodos de fraude están siendo cocinados en las usinas del poder para impedir el triunfo del candidato del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA). Luego, en octubre, tendrá lugar el proceso electoral en Brasil en el que, o bien Lula si es liberado, será presidente -según muestran todos los sondeos-, o se desenvolverá una intensa lucha de clases y de calles provocada por su encarcelamiento y la posibilidad de que el nazi Jair Bolsonaro llegue a la presidencia. Con esta última posibilidad se abre un panorama de alta conflictividad social que habrá que ver cómo se desarrolla.

Por lo tanto, las perspectivas en un plano regional pueden traernos alguna mejora en la correlación de fuerzas políticas institucionales a los pueblos en general y a la Venezuela bolivariana en particular, que refuercen la correlación de fuerzas subjetivas a favor de los pueblos. Pues, como decía recientemente Rafael Correa: hay que recordar que en los ‘90 estábamos mucho peor. De esta manera, en la región puede darse o bien el acceso de fuerzas progresistas o nacional-populares a algunos gobiernos geopolíticamente claves, o bien un escenario de ascenso de las luchas de masas si se obturan mediante fraudes o encarcelamientos la expresión político institucional de la lucha de clases. En ambos escenarios Venezuela, junto a Bolivia, Cuba, El Salvador y Nicaragua no quedan solas, pero sin duda sería más favorable el primero.

El otro elemento sustancial en las perspectivas de este año que puede indicar un signo favorable al destrabe del desarrollo y las dificultades de la guerra económica en la vida cotidiana del pueblo venezolano, es lo que el Ministro del Poder Popular de Planificación, Ricardo José Menéndez Prieto, señalaba como el “cambio de curva”. Tiene que ver con la recuperación del precio del petróleo y la baja de obligaciones de pago de la deuda externa en 2018, a diferencia del año anterior en el que se mantuvieron bajos los precios del crudo (es la primera vez en la historia que el petróleo baja por 5 años consecutivos), y muy altas las obligaciones de la deuda. El cambio de esta curva puede oxigenar a la economía venezolana para profundizar la puesta en marcha de los 14 motores económicos27. El afianzamiento de las relaciones de intercambio con China, Rusia, Irán, India y otros países es el complemento que puede potenciar estas perspectivas.

Si las condiciones económicas generales logran mejorar o al menos estabilizarse mediante la buena administración de la renta petrolera, los ingresos por la criptomoneda petro y la reducción de las obligaciones de la deuda, y si se logra afectar el poder de regulación de los monopolios importadores de repuestos, maquinarias y medicinas, habrá mayores posibilidades de que la fuerza moral revolucionaria se imponga por sobre la fuerza destructora del capital en su metáfora hobbesiana: la guerra de todxs contra todxs, o la consigna del darwinismo social utilizada para justificarla: la ley del más fuerte. Pero, sin duda, en este “ganar tiempo” somos los pueblos y las organizaciones populares los que debemos mantener encendidas las llamas de la defensa de la revolución bolivariana como vanguardia de la emancipación nuestroamericana, tal como lo fue en el siglo XIX. Si bien Venezuela está en el ojo de la tormenta, sigue resistiendo y puede retomar su fuerza de huracán para seguir derramando la esperanza en la humanidad.

 

Notas:

Paula Klachko. Socióloga (UBA). Docente UNAJ y UNGS.

* La primera versión de este artículo fue realizada para la Revista Cuadernos Marxistas nº14, CEFMA, mayo 2018.

  1. Véase la obra de Agustín Cueva El desarrollo del capitalismo en América Latina: ensayo de interpretación histórica, Siglo XXI editores, 1990.
  2. En el sentido de Gramsci, véase Análisis de situación. Relaciones de fuerza, en http://www.gramsci.org.ar/TOMO3/065_analisis_situc.htm
  3. Las intervenciones armadas de los EEUU sobre Nuestra América tiene una larga, triste y abundante historia que se remonta desde la anexión de tierras mexicanas en 1846 hasta la actualidad. Véase el listado en http://www.voltairenet.org/article125406.html . Por otra parte véase los trabajos de varixs de nuestros grandes intelectuales orgánicos populares, como Gregorio Selser, Atilio Borón, Ana Esther Ceceña, Stella Calloni, Telma Luzzani, entre otrxs.
  4. El sujeto del imperialismo es la oligarquía financiera trasnacional. Tal como lo definiera Lenin en su clásica obra (El imperialismo, fase superior del capitalismo): la fusión de las diversas fracciones de la gran burguesía (bancaria, industrial, comercial, etc.) con el apoyo permanente de sus estados nacionales de los países centrales.
  5. Vease Sangronis Godoy, Astolfo La muerte de Hugo Chávez : la vida por su pueblo, Editorial Insurgente, C.A., 2017.
  6. Véase diversos artículos de Ana Esther Ceceña y el Observatorio Latinoamericano de Geopolítica http://www.geopolitica.ws/
  7. El de Eugene Sharp, Operaciones Freedom y otros.
  8. Véase Villapol, Gustavo “Las cuatro operaciones contra Venezuela”, en http://cuatrof.net/2018/03/20/las-cuatro-operaciones-contra-venezuela/
  9. Es interesante mencionar que Cristina Fernández de Kirchner se refirió a la desorganización de la vida cotidiana que producen las políticas neoliberales, en este caso en la Argentina.
  10. Un brillante artículo recientemente publicado por Atilio Borón nos sigue ilustrando al respecto: “La insoportable sobrevivencia del gobierno bolivariano”, en https://www.telesurtv.net/bloggers/La-insoportable-sobrevivencia-del-gobierno-bolivariano-20180320-0002.html. Así mismo la economista Pasqualina Curcio en el libro que aquí citaremos realiza una comparación con el caso chileno en los 70 en torno a la guerra económica.
  11. Idea expresada por Teruggi en Voces del mundo, del 4 de julio de 2017.
  12. Vease descripción exhaustiva con nombres y apellidos en http://albaciudad.org/2017/07/lista-fallecidos-protestas-venezuela-abril-2017/
  13. “Estados Unidos se enfoca en aquellas áreas donde hay problemas. Como el Medio Oriente. No invierte mucho tiempo en América Latina pues es como un perro simpático que está durmiendo en la alfombrita y no genera ningún problema”, véase video en https://www.telesurtv.net/news/PPK-America-Latina-es-como-un-perro-simpatico-para-EE.UU.-20170226-0034.html
  14. Ediciones MINCI, Caracas, 2017.
  15. Idem p. 27.
  16. Véase a manera de ejemplo uno de los últimos hechos de este tipo https://www.youtube.com/watch?v=PcnwUuCsHX8
  17. Véase listado detallado en http://www.resumenlatinoamericano.org/2016/04/19/estados-unidos-ha-matado-a-mas-de-20-millones-de-personas-en-37-naciones-victima-desde-la-segunda-guerra-mundial/
  18. https://www.telesurtv.net/news/Experto-ONU-Alfred-de-Zayas-Venezuela–20180220-0053.html
  19. Luis Wainer suele señalar la permanente reinvención de la institucionalidad en la Revolución Bolivariana. Véase por ejemplo su artículo: “Antiimperialismo en tiempos de resistencia neoliberal latinoamericana”, en Del no al ALCA a UNASUR, Karg, juan Manuel  y Lewit, Agustin comp., ediciones CCC, Buenos Aires, 2015.
  20. Véase la descripción de la evolución de cada variable en http://www.mppp.gob.ve/libro/. Para ejemplificar con una variable general el cambio del cuadro de situación social, mostramos que entre 1998 y 2014 la participación del 20% de hogares mas ricos en el ingreso total, se redujo 9,4 puntos. En 1998, la razón entre el porcentaje de ingresos del 20% más rico y el 20 % más pobre era de 13 veces, en tanto que en 2014, ese indicador se ubicó en 7,3 veces. Por lo tanto, la brecha de ingresos entre el 20% más rico y más pobre se redujo 5,7 veces. La distribución del ingreso mejoró al pasar el índice de Gini de 0,486 en 1998 a 0,382. reduciéndose los niveles de desigualdad y siendo el más bajo de América Latina.
  21. Venezuela pasó durante el gobierno Bolivariano de Desarrollo Humano Medio a Desarrollo Humano Alto: 0,76 (2013 y se sigue manteniendo) http://www.ve.undp.org/content/venezuela/es/home.html
  22. La FAO concedió un reconocimiento al Gobierno Venezolano por lograr reducir a la mitad el porcentaje y el número de personas con hambre o subnutrición en el país antes de 2015, http://www.fao.org/americas/noticias/ver/en/c/230150/ . Al respecto de la situación nutricional de Venezuela en enero de 2018 recomendamos fuertemente el importante artículo de Pablo Solana “El hambre en Venezuela. Datos duros y manipulación”, en: https://www.nodal.am/2018/01/el-hambre-en-venezuela-datos-duros-y-manipulacion-por-pablo-solana/
  23. Véase declaraciones de la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, por ejemplo en: https://www.telesurtv.net/news/Cepal-subraya-reduccion-de-pobreza-en-Venezuela-20170922-0018.html
  24. Por ejemplo en un informe de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) mostraba que en 2016 la República Bolivariana de Venezuela comunicó al Fondo Monetario Internacional (FMI) una inflación del 254,9%, mientras que el salario mínimo se incrementó en cuatro oportunidades (marzo, mayo, septiembre y noviembre) y la variación acumulada fue del 180,8%. a lo que hay que sumarle, para el mismo período, el bono de alimentación que se paga a los trabajadores, que se incrementó en cinco oportunidades y pasó de 6.590 bolívares a finales de 2015 a 63.720 bolívares en noviembre de 2016. En conjunto, estos componentes del salario se elevaron un 454%. https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/42001/4/EEE2017_Venezuela_es.pdf
  25. Al respecto, es sumamente ilustrativo el reciente episodio de injusto encarcelamiento de 32 campesinxs que habían recuperado tierras improductivas amparadxs en la Ley de Tierras, que luego de 11 días serán liberadxs, reivindicadxs, reconocidxs, al tiempo que entregadas las tierras y alentadxs a continuar con las recuperaciones y el combate contra autoridades corruptas por el propio presidente Nicolás Maduro Moros. Véase https://www.youtube.com/watch?v=8hlxQbb-vHg&feature=em-uploademail
  26. “La revolución bolivariana al acecho imperial”, en http://www.resumenlatinoamericano.org/2018/02/23/la-revolucion-bolivariana-al-acecho-imperial/
  27. Véase https://www.telesurtv.net/news/Asi-estan-conformados-los-9-motores-de-la-economia-productiva-20160119-0050.html