DOSSIER Nº 1: “CAMBIO DE ÉPOCA”

En la Argentina se está viviendo un momento de transición. Más allá del resultado de las próximas elecciones presidenciales, hay elementos de diversa índole que hablan de un cambio de escenario político, que se suma a una situación económica compleja e incierta que se diferencia del ciclo de expansión que se vivió –en términos generales– desde la salida de la crisis de 2001-2002 hasta el cierre del primer gobierno de Cristina Fernández.

El kirchnerismo llega al fin de su tercer período presidencial sin tener garantizada una línea de continuidad clara de lo que han sido su estilo de conducción política, sus posturas en el ámbito internacional y las políticas públicas que impulsó en pos de generar mejores condiciones de distribución del ingreso, entre otros aspectos relevantes. Al mismo tiempo, concluirá este período con un liderazgo que goza de altos niveles de legitimidad y con una estructuración a nivel nacional que, aunque no exenta de heterogeneidades importantes, no es comparable a la de ningún otro espacio político.

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Como toda coyuntura, la actual se vuelve comprensible a partir de su inscripción en una serie más amplia. Durante los últimos cuatro años se registró una demarcación creciente por parte de las distintas fracciones del gran empresariado (vinculadas al sector financiero, agroindustrial, exportador, etc.) respecto de las principales acciones del Gobierno Nacional. Esos sectores del poder económico son un componente central del polo político opositor que nuclea a franjas de la burocracia estatal (sobre todo del Poder Judicial), a sectores del campo periodístico refractarios al discurso que “politiza su trabajo”, a fracciones del sindicalismo, y a sectores medios y populares permeables a un discurso que limita las opciones a la disyuntiva república / transparencia / moderación y autoritarismo / corrupción / conflicto. A esto hay que sumar, por supuesto, a las fracciones del sistema político que expresan a estructuras tradicionales como el radicalismo, a desprendimientos del propio PJ como el massismo, y al emergente PRO, encabezado por Macri. De hecho, las contiendas electorales de 2013 y de 2015, la devaluación de 2014 y la crisis desatada con la muerte del fiscal Nisman son episodios de una dinámica de confrontación creciente que caracteriza el escenario que describimos.

Durante el último año, la reacción del propio oficialismo ha contribuido a alimentar esa confrontación. Si bien intentó el camino de la moderación como forma de llegar sin sobresaltos al recambio presidencial, el papel de ciertos actores fundamentales lo llevaron a la lógica del golpe a golpe. Frente a las limitaciones evidenciadas por el “modelo” de crecimiento con equidad (restricción externa, déficit energético, inflación, etc.), el kirchnerismo dejó de lado la vía de la “profundización” y buscó, en un primer momento, el camino que incluía la reinserción en el mercado internacional de crédito, haciendo gestos importantes hacia los organismos multilaterales. El fallo Griesa truncó esa pretensión y a partir de ahí se reinstaló la lógica de la polarización en el frente interno y las opciones heterodoxas se impusieron como la vía más viable para encarar los problemas estructurales mencionados (el eje China-Rusia sobre todo). El saldo, por ahora, ha sido la estabilidad, aunque los límites del patrón de acumulación y de la lógica de construcción política que encarna el kirchnerismo (liderazgo excluyente, dependencia de los recursos estatales, etc.) siguen vigentes.

La actual situación no es ajena a un escenario regional en el que las relaciones de fuerza vienen modificándose en favor de los intereses de los sectores de poder tradicionales y de la influencia estadounidense. Las dificultades del proceso venezolano y la debilidad creciente del gobierno brasileño, junto con una tendencia creciente a adoptar políticas más conservadoras en el caso del gobierno del PT, son los indicadores más salientes de un panorama que dista del que se estableció en el período previo.

El cuadro de situación se completa con algunos elementos que vale destacar. La ofensiva asumida por los sectores dominantes no ha encontrado un correlato en la acción de los trabajadores y el movimiento popular en general. La fragmentación en el movimiento sindical se ha profundizado, no sólo como manifestación de condiciones objetivas (situaciones de contratación, nivel de informalidad, etc.) sino también por el modo en que se posicionaron los distintos sectores de la dirigencia. Casi sin lugar para posturas autónomas, en el último período “opositores” y “oficialistas” mostraron tener en común una débil capacidad de movilización y las luchas que encararon fueron defensivas y estuvieron desarticuladas. Las experiencias de construcciones antiburocráticas o la formación de nuevos sindicatos, al igual que la construcción de herramientas que organicen a los trabajadores informales, han quedado aisladas o todavía se encuentran en un estadio incipiente. En otro orden, el crecimiento electoral demostrado por los partidos de la izquierda tradicional (trotskistas) que forman parte del FIT es también un elemento sobre el que hay que prestar atención, puesto que no sólo obedece a una crisis de las variantes progresistas, sino también a un proceso de estructuración e inserción propio. Junto con ello, aunque con un interés más ligado a una posible proyección que a su peso en la realidad, habrá que tomar nota de la emergencia de actores políticos que se constituyen como tales proviniendo de experiencias vinculadas con la izquierda social y el autonomismo.

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El dossier que presentamos con este primer número de Épocas parte de la idea de que en la Argentina están planteadas una serie de disyuntivas trascendentales para el futuro próximo. Está compuesto por un conjunto de trabajos que analizan diversas dimensiones de ese escenario particular y dejan planteadas algunas derivaciones posibles. Más allá de la diversidad de perspectivas y temas priorizados en cada artículo, un puñado de preguntas básicas aparecen como marco de referencia general y le dan coherencia a todas las interpretaciones. ¿Qué proyectos e intereses encarnan los polos políticos más visibles en el escenario actual? ¿Hay margen para proyectos alternativos que no se vinculen directamente a esos bloques? ¿Qué factores explican que un proyecto como el kirchnerista proyecte su continuidad en las políticas y figuras más conservadoras de ese proyecto? ¿Cuáles son los saldos principales del proceso histórico post-crisis de 2001 en el plano de la estructura de clases, el sistema productivo, el patrón de acumulación, las estructuras partidarias, la cultura política y la institucionalidad estatal? ¿Cómo explicar la consolidación y el crecimiento electoral de variantes políticas como la que expresa el PRO? Los artículos de este dossier, más que clausurar el debate, dejan abiertos numerosos interrogantes. Sin embargo, sí hay una conclusión que se puede extraer del conjunto de ellos: las ciencias sociales tienen aportes para ofrecer en pos de la comprensión y reflexión sobre los dilemas de la Argentina contemporánea.

Comité Editorial

Agosto 2015

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