Ana Clara Azcurra Mariani – Producciones audiovisuales de los sectores populares

Soy Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Buenos Aires y actualmente tengo una beca de Doctorado (en Ciencias Sociales) otorgada por la misma casa de estudios. Gracias a esto, tengo dedicación exclusiva para investigar, formarme y dictar un curso docente en una materia que se llama Seminario de Cultura Popular y Cultura Masiva.

Mi proyecto de investigación, que concluirá en una tesis doctoral, tiene como objetivo general realizar un exhaustivo análisis sobre las producciones audiovisuales más importantes de Argentina (cine y televisión) cuyo tema central es la vida de los sectores populares, haciendo especial foco en las nuevas producciones que empiezan a surgir al interior de los barrios y villas de la mano de sus propios habitantes en la última década. Mi particular interés nació de la constatación de que normalmente conocemos lo que representan y opinan sobre la vida en los márgenes los directores, guionistas y productores que pertenecen a los sectores medios y altos, que se comportan con mayor o menor cercanía y/o empatía con el tema, pero pocas veces prestamos atención a lo que tienen para decir quienes viven en la carencia material, en los barrios estigmatizados donde las ambulancias o los bomberos no ingresan, donde la lluvia equivale a inundación y donde el gatillo fácil se cobra decenas de vidas al año.

¿Por qué es importante una atención al detalle sobre esto? Porque las representaciones más importantes de los sectores populares que circulan en el cine, la televisión (en los noticieros y las series principalmente), los diarios y los “memes” suelen asociarlos al delito, el crimen, la imposibilidad de resolver problemas por fuera del alcohol, la droga y el infantilismo, la violencia, la militancia política como forma de ganar dinero, la falta de educación y de cultura general, el mal gusto musical y el derroche “improductivo” en objetos materiales como zapatillas, celulares o televisión satelital.

Este tipo de imaginarios que se construyen habilitan una experiencia mediática en principio poco heterogénea, que alimenta un enfrentamiento entre modos de vida que estarían “bien”, que serían “correctos” y otros, desviados, excesivos, condenables, asociados a los sectores más pobres. Conocer la construcción consciente o intersticial de este enfrentamiento en el entramado cine, televisión y periodismo va a concluir en conocer también la manera en que podemos apuntalar la democracia de voces, abogar por una educación política para comprender fenómenos sociales, y disolver idearios perversos sobre gran parte de la población argentina que abonan el miedo, la división y el distanciamiento entre sectores que en su mayoría comparten la pertenencia a la condición de trabajadores y explotados.

El análisis crítico de la cultura popular y de la cultura de masas exige rigurosidad  sobre lo que se elige cuestionar, describir, deshojar, pero también exige atención sobre quienes consumen y/o producen esos objetos. Elegir productos de la cultura popular como objetos de investigación es, también, hacer análisis sobre una de las dimensiones sociales donde se dirimen la mayor parte de los debates cotidianos porque, en general, es hablar de fenómenos masivos o que tienden a masificarse.

Que gran parte de la sociedad en la que trabajamos como cientistas sociales no sepa qué hacemos o con qué fines, es una falencia nuestra. Que nos demonicen mediáticamente o nos traten de inútiles, es parte de la ignorancia cotidiana a la que muchos periodistas nos mal acostumbraron. Pero lo más preocupante es que gran parte de la sociedad no se reconozca como sujetos que conforman la cultura sobre la que hablamos de manera rigurosa y no opinológica, que no se comprendan como parte productora de los fenómenos más extendidos de la sociedad y que estigmaticen a quienes producen conocimiento al respecto. Esto es materia habilitante para que sigamos pensándonos desde las Ciencias Sociales y Humanas, en mi caso como investigadora con toda la responsabilidad y el compromiso que me cabe. Al Estado le pertenece como responsabilidad indelegable apoyarse en nuestras conclusiones para la constitución de políticas públicas adecuadas, ya que nuestras investigaciones se financian con ese fin.

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