Alejandro Simonoff – Relaciones internacionales como disciplina crítica

En declaraciones del Ministro de Ciencia y Tecnología Lino Barañao ha considerado sin utilidad a las Ciencias Sociales y el Jefe de Gabinete, Marcos Peña, señaló que el pensamiento crítico ha causado mucho daño al país. Éstas son sólo algunos de los ejemplos de las desafortunadas expresiones que escuchamos a diario en contra de las Ciencias Sociales.

Tanto la investigación como la enseñanza de este tipo de saberes resultan una amenaza para el discurso neoliberal reinante que sostiene la inexistencia de alternativas y por ello se convierten en una voz que es necesaria callar.

¿Cómo podemos discutir abiertamente los asuntos públicos que nos involucran, desconociendo los procesos y estructuras? ¿Cómo podemos develar sus alternativas?

¿No sería útil tener miradas diversas sobre las evidencias que otorga el mundo actual para poder saber si los rumbos son correctos, o si es necesario corregirlos o cambiarlos?

El oficialismo asienta su discurso en una gramática de corte vitalista, vacío de signos empíricos, pero recubierto de entusiasmo que se asemeja a una forma de fanatismo irracional.

¿Cómo se articulan los diferentes actores del sistema internacional? ¿Cuáles son los criterios que los guían son cuestión indispensables a escrudiñar para tener una receta acertada para insertar el país en el mundo de un modo eficiente para nuestros intereses?

El Presidente Macri definió en la ONU a su política exterior como el desafío de “adaptarnos a las nuevas realidades de la interdependencia mundial.” Esta definición evidencia cuál es su percepción de esta tarea: el país debe “adaptarse” al mundo, asumiendo un rol pasivo y no interactuando sólo como mero espectador.

La búsqueda del desarrollo es el Norte fijado por esos capitanes de tormentas, aunque no haya existido ningún gobierno que no lo procurase, el problema no está allí, sino en los cómo, ahí se encuentran las divergencias y las falsas conciencias en disputa. Allí se esconde un claro intento por re-ideologizar la estrategia de inserción argentina acorde a los cánones del discurso neoliberal.

Se acusa a la anterior gestión de realizar una política ideológica, a partir de una lectura simplista en donde la Argentina tendría como prioridad el acercamiento al “eje del mal latinoamericano y mundial”, sin embargo un análisis estructural deja bien en claro que sus principales articulaciones fueron con Brasil y, en los últimos años del mandato de Cristina Fernández con el resto de los emergentes.

Decir que el país tenía una política aislacionista es erróneo, ya que si ello fuera así: ¿Brasil, China o Rusia están fuera del mundo?

Es cierto que existió, desde los tiempos del default una relación conflictiva con los centros financieros internacionales y que la crisis de 2008 arrasó con una política más pragmática que se habían construido hacia las potencias tradicionales.

El mundo dista de ser homogéneo y liderado por la tríada Estados Unidos, Europa Occidental y Japón, como cree la actual administración, ya que la bifurcación existe a partir del crecimiento chino, y no deja de ser un dato menor.

El gobierno tuvo la creencia ingenua de que el acercamiento a la Alianza del Pacífico, marcaría una ruptura con el pasado, y que el modelo económico de sus países miembros fuesen espejos en los cuales mirarse y que trajese flujos de inversiones, pero no atento a la estructura diversificada de nuestra economía, ni a la realidad internacional.

Este camino hacia el Pacífico, junto con el Acuerdo de Libre Comercio con la Unión Europea, está pensado como la primera estación de un recorrido que tendría como punto final la firma del TPP y del TTIP.

Pero la estrategia inicial resultaba engañosa, ya que sería como subirse a un tren sin locomotora, ya que excluía al principal motor de la economía mundial (China) y que expresan el interés de Washington contra ella, según lo expresado por el Presidente Obama.

El cimiento de ello se enmarca en una de las típicas tretas del pensamiento único mundial, ya que no existen alternativas: el mundo es uno y las únicas opciones son las que se ejecutan, de ahí la necesidad de deslegitimar lo anterior.

La diligente actitud de China de reemplazar a Estados Unidos en un nuevo TPP, no será un simple cambio de actores, sino también de dinámicas y objetivos, ya que con esa carta Beijing podría ganar la partida para fijar los rumbos del comercio del siglo XXI. ¿Qué lectura hace el gobierno argentino de esto?

La llegada de los republicanos a la Casa Blanca hizo esfumar estas estaciones de llegada -los mega-acuerdos regionales, salteando las vallas de la OMC-, y obligará a un serio replanteo de la estrategia de inserción argentina, ya de por sí más cargada fantasías que de realidades.

Nuestro país tiene una rica historia en el campo de los estudios internacionales, desde la creación de los primeros cursos de Licenciatura en la Universidad Nacional de Rosario con Juan Carlos Puig a la cabeza y la teoría de la Autonomía, pasando por los debates entre Mario Rapoport y Carlos Escudé sobre la inserción del país desde los años ochenta y llegando hoy a un escenario diverso y altamente calificado del que debemos estar orgullosos.

En un momento como el actual resulta ineludible enseñar y construir, desde una perspectiva crítica propia, conceptos para mejorar nuestra percepción sobre el mundo y no quedar presos de un discurso vacío de contenido y asentado sobre fantasías, más que en realidades.

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